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viernes, 10 de diciembre de 2021

Muret 1213, Martín Alvira

Si el campo de batalla puede quedar más o menos delimitado, mucho más difícil es saber dónde estaba el campamento del rey de Aragón, una cuestión clave a la hora de interpretar el desarrollo del choque. No pocos especialistas han hablado de campamentos en plural: uno del ejército del rey de Aragón y otro de las tropas de Raimon VI de Tolosa o de las milicias tolosanas. La cuestión no está clara. Las fuentes medievales hablan de un campamento, pero lo ocurrido en algunas fases de la batalla invita a la duda. Si sólo hubo un campamento, debió ocupar una extensión bastante grande, mucho mayor que la villa de Muret a tenor de las cifras de tropas que se barajan, lo que en parte respondería a estos interrogantes. Por otro lado, es probable que las tiendas estuvieran lo suficientemente juntas como para poder ser fortificado rápidamente, tal como propuso el conde de Tolosa en el consejo de guerra previo al choque.

Muret 1213, La batalla decisiva de la guerra contra los cátaros. Martín Alvira

En la segunda década del siglo XII se libraron tres batallas que podrían llamarse decisivas. Las Navas de Tolosa, en 1212,  decantó a favor del campo cristiano el forcejeo por los valles del Guadiana y el Tajo que caracterizó el siglo XII peninsular. La llamada reconquista iba así a alcanzar su conclusión en la primera mitad del siglo XIII, salvo por el enclave del reino de Granada. Bouvines, en 1214, convirtió al reino de Francia en la potencia predominante de Occidente durante el siglo XIII, asegurando su supervivencia frente a las apetencias del reino de Inglaterra y del Sacro Imperio Romano Germánico. La tercera batalla, Muret, librada en 1213 y narrada en el libro citado de Martín Alvira, aseguró que el Languedoc iba a ser una parte de Francia y no una posesión del reino de Aragón, que había tejido una densa red de vasallaje, durante la segunda mitad del siglo XII, entre los condados y ducados al norte de los Pirineos

Muret es una batalla que me ha fascinado desde que oí hablar de ella, siendo joven, mientras que las Navas me ha resultado algo indiferente. Por utilizar una frase hecha, la cabeza me estalló al saber lo que había ocurrido allí. No fui el único, ya que nuestra derecha nacionalista ha tenido graves problemas para aceptar y justificar el resultado de ese combate. De hecho, José María Pemán, en ese engendro historiográfico que se llama La Historia de España contada con sencillez, consiguió el milagro de narrar la batalla sin contarnos nada de ella. ¿La razón? Sus convicciones nacionalcatólicas eran incapaces de aceptar y asimilar que uno de los héroes de la jornada de Las Navas contra los musulmanes, el rey cruzado de Aragón Pedro II, hubiera podido morir al año siguiente luchando contra otros cruzados al mando de Simon de Monfort. Defendiendo, ni más ni menos, a los herejes albigenses del Languedoc, vasallos de  Aragón, que habían sido condenados por el Papa.

sábado, 25 de septiembre de 2021

De la guerra a la unificación, Daniel Fernández de Lis

Entre los efectos que tuvo la derrota de Sagrajas fue que Alfonso (VI) solicito ayuda para hacer frente al a amenaza almoravide al resto de reinos cristianos. El efecto de esta doble búsqueda de aliados extrapeninsulares fue, en palabras de Salvador Martínez, que <<si por un lado los reinos europeos se "europeízan", por otro los reyezuelos musulmanes del sur se "africanizan" y España entera se "desgozna" ante la incapacidad de absorber tanto cambio en tan breve tiempo>>.

En efecto, los caballeros francos que acudieron lo que hicieron, al ver que el enemigo había retornado a África y que la amenaza se había reduci9do, fue no hacer caso del requerimiento de Alfonso para que regresaran a sus tierras. Permanecieron en la corte intrigando y buscando un alianza matrimonial conveniente o simplemente hacer son las fabulosas riquezas de las que llevaban años oyendo hablar.

De la guerra a la unificación, La historia de León y de Castilla desde 1037 hasta 1252. Daniel Fernández de Lis

En una entrada anterior, ya les había comentado el primer libro de Fernández de Lis sobre la historia de los reinos cristianos occidentales de la península ibérica: Asturias, León y Castilla. Esa obra trataba sobre sus orígenes y consolidación tras la conquista islámica de la península, mientras que esta segunda entrega -en lo que espero sea una trilogía- versa sobre su expansión hacia el sur. Un proceso que alternaba entre avances propiciados por la descomposición Al-Andalus en reinos de taifas y frenazos ante la irrupción en la península de los imperios del Magreb: Almorávides y Almohades. 

De ese tira y afloja entre cristianos y musulmanes - así como de las divisiones y conflictos entre los propios reinos cristianos-,  Fernández de Lis nos ofrece una buena visión de conjunto, no tan lograda como en la entrega anterior. Muchas secciones consisten en amplios extractos de otras obras, algo que nos sirve para darnos cuenta de los muchos debates históricos aún abiertos, pero distrae un tanto de la exposición de una época tan plena en acontecimientos. No voy a entrar en un análisis de ese periodo -a Fernández de Lis le lleva 400 páginas para 2 siglos, frente a las 200 de su obra anterior para más de 3 siglos-, sino que me voy a centrar en tres temas concretos: el gozne que supone el siglo XI para la historia europea, la fragilidad de las construcciones estatales medievales y la extraña historia del título imperial español, el imperator totium hispaniarum.

sábado, 18 de septiembre de 2021

De Covadonga a Tamarón, Daniel Fernández de Lis

Más arriba quedó apuntado que la situación en los dominios musulmanes, que en el momento de la subida al trono de Alfonso (I) complicaba mucho la existencia del reino de Asturias, se tornó favorable al poco tiempo, no sólo para su supervivencia, sino incluso para su expansión

 En la década de los años 730-740 se había producido un recrudecimiento de las aceifas musulmanas en tierra asturiana, dirigidas por el valil Uqba. No parece que se tratara de un intento de someter y eliminar el foco de resistencia astur, sino más bien de expediciones con la mera intención de saqueo.

Sin embargo, a partir del año 740, los invasores árabes dejaron de poner su mirada en el reino de Asturias para preocuparse de problemas internos. El factor que ocasionó esta situación fue la revuelta bereber del año 740. Hubo un segundo elemento que tendría un gran efecto, pero , aunque su detonante se produjo al final del reinado de Alfonso I, sus consecuencias afectaron a sus sucesores; la llegada de Abderraman I, de la dinastía Omeya, a la península huyendo de Damasco en el año 755 y su proclamación como emir al año siguiente, tras su victoria en la batalla de Al-Musara (cerca de Córdoba).

De Covadonga a Tamarón, Daniel Fernández de Lis

La historia de los reínos cristianos del norte peninsular, del siglo VIII al X, siempre me ha fascinado. ¿A qué se debió que unos núcleos aislados, cuya extensión no pasaba de unos estrechos valles de montaña, consiguieran sobrevivir al poder aplastante del Emirato/Califato de Córdoba? ¿Qué ocurrió para que unos reinos débiles, siempre amenazados de destrucción a manos de su poderoso enemigo del sur, iniciaran una expansión irreversible,  durante los siglos XI al XIII, hasta casi eliminar la presencia árabe en la península? Son preguntas que exigirían un estudio conjunto de la sociedad, la economía y los avatares históricos en los siglos posteriores a la conquista árabe, sólo para apuntar una respuesta. Por desgracia, de los siglos VIII y IX apenas tenemos otra cosa que mitos y leyendas fundacionales. Distorsionadas con evidente intencionalidad política tanto en el siglo IX, por los círculos religiosos de la corte de Alfonso III, como en el XXI, por el auge del ultranacionalismo patrio.

La cuestión principal es que los siglos VIII y la primera mitad del IX constituyen nuestra "edad oscura" particular. Obscura no en el sentido de atrasada, sino de impenetrable al estudio histórico. Las primeras fuentes cristianas son del reinado de Alfonso III, en el último tercio del siglo IX, mientras que las árabes son ya del siglo X. Tiempo suficiente para embellecerlas, convertirlas en mito, así como para hacerlas encajar en el ideario político de la época. Algo que es más que evidente en el detallado relato - en contraste con la parquedad de datos referentes a sus sucesores- que las fuentes cristianas hacen de Pelayo y Covadonga, el uno elevado al más alto rango de las élites visigodas, la otra con caracteres de batalla decisiva. Sin embargo, es probable que Covadonga no pasara de ser una escaramuza local, mientras que Pelayo, a lo sumo, sería un reyezuelo del área con conexiones con los gobernadores visigodos del norte, como vendría a demostrar el casamiento de su hija, Ermesinda, con el  antiguo  dux de Cantabria. 

jueves, 29 de abril de 2021

Las nieblas de nuestro medievo (III)

Lo mejor era mantener e intensificar la estrategia del hambre. Ordeno pregonar ante las murallas que todo aquel que osara salir de la urbe sería quemado vivo. Desde ese punto, emergió el Campeador más sanguinario y brutal, que aplicaba medidas extremas contra todo aquel que consiguiese apresar. Cumplió sus amenazas y mandó a la hoguera a algunos ante los ojos de todos; ciertos días, llegó a quemar hasta a diecisiete personas. A otros los arrojaba a perros para que los despedazaran vivos. Los que lograban escapar de este destino atroz era porque resultaban capturados sin que lo supiera Rodrigo y eran enviados a &laquo;tierra de cristianos&raquo; para ser vendidos allí como esclavos, sobre todo jóvenes y mujeres vírgenes. Si tenía conocimiento de que algún reo tenía parientes ricos en Valencia lo torturaba colgándolo en los alminares de las mezquitas de fuera de la villa y apedreándolo allí mismo. Algunos musulmanes de Alcudia cuando entendían que aquellos correligionarios estaban a punto de morir, solicitaban que fueran liberados y que les permitiesen vivir con ellos en el arrabal.

David Porrinas González. El Cid, Historia y mito de un señor de la guerra.

Hablar de El Cid es una tarea difícil. Al contrario que otros personajes históricos, permanece vivo en la memoria popular, aunque sea en forma de leyenda. El debate, por tanto, no queda restringido a los círculos académicos, en términos casi incomprensibles para los legos, sino que afecta e involucra creencias aprendidas durante la infancia, inseparables de la propia personalidad. Tanto peor cuanto el Cid ha adquirido, a lo largo de la historia, tintes de mito fundacional, encarnación de las esencias de un país, bandera en torno a la cual reunirse para defenderse del enemigo.

En ese sentido, como bien señala David Porrinas en el último capítulo de su excelente libro sobre El Cid, es válido y pertinente realizar un ejercicio de metahistoria, Ya desde el mismo momento de su muerte, en 1099, comienza un proceso de mitificación, de inclusión de elementos bigger than life, evidente incluso en las mismas crónicas contemporáneas y que alcanza su primera cumbre literaria con el Cantar del Mío Cid, escrito hacia 1200. Una datación que, al modo postmoderno, nos ofrece una pista sobre lo que realmente estaba contando esa obra anónima: si las andanzas de El Cid tenían lugar en tiempo de la amenaza almorávide, el poeta del Mío Cid era contemporáneo del ascenso de los almohades. 

domingo, 11 de abril de 2021

Las nieblas de nuestro medievo (y II)

Ellos solos conocen las estratagemas para introducirse en castillos y ciudades bien guardadas. Estrictamente unidos, codo con codo -sólo son vulnerables en desbandada o en marcha- construyen una fortaleza viviente en medio de la batalla, un muro inquebrantable, erizado de picas, un abrigo seguro donde puedan refugiarse los señores que les pagan, para así recobrar el aliento, y de donde salen los dardos que, matando los caballos, dislocan las cargas contrarios. La presencia de estos partidarios de Satán introduce el desorden en el seno de las guerras más justas, dificulta el lance regular, leal; todas las reglas se tornan hueras puesto que no hay defensa que les resista, ni armaduras ni murallas, y son capaces de acosar a la caballería en sus refugios más seguros. En realidad, envenenan la cristiandad: la corrompen de igual modo que los heréticos.

Georges Duby, El domingo de Bouvines.

Dos consideraciones. Es cierto que esta serie de entradas está dedicada a nuestro medievo, por lo que una mención a la batalla de Bouvines de 1214 -narrada además por un historiador francés- quedaría fuera de lugar. Sin embargo, al inicio del siglo XIII se libran tres batallas campales -las Navas en 1212, Muret en 1213 y la propia Bouvines- que tienen una importancia capital en la historia Europea de la Baja Edad Media: van a reconfigurar el mapa político europeo, sancionar tendencias de largo plazo o resolver conflictos que se arrastraban desde generaciones, sin olvidar la rareza que una batalla campal tiene en la  guerra medieval, no digamos ya tres tan seguidas. En el caso de Bouvines, esa batalla va a poner punto final al  conflicto secular entre los Plantagenet normando-ingleses y los Capetos de la Île-de-France. Los Capetos y el reino de Francia se erigirán como potencia europea, que afianzará su dominio sobre Normandía, Aquitania y Occitania, al tiempo que extenderá su control a Nápoles y Sicilia una vez que se extinga la dinastía alemana de Hohenstaufen.

Por otra parte, aunque reconozco su importancia e influencia, tengo muchos problemas con los libros de Georges Duby. Aunque recoge hechos y conclusiones muy interesantes, me da la impresión de que tiende a divagar: sus libros no tratan en realidad del tema propuesto en el título, sino que éste sirve como excusa para investigar lo que le interesa a Duby. En concreto, en este análisis de Bouvines, las causas y consecuencias de la batalla quedan difuminadas, de manera que parece surgir de la nada y disolverse en ella. En realidad, de lo que nos habla Duby es de un algo que en mi juventud se llamaba &laquo;mentalidad colectiva&raquo;. Ese concepto hace referencia a la estructura ideológica de una sociedad, en la que todos somos educados y que determina nuestras acciones. Se establece así un circuito de realimentación, en donde una estructura socioeconónica crea unas ideas para sustentarse a sí misma -al modo marxista- pero donde ésas ideas modifican y transforman, a su vez, la misma estructura de la que surgen -en oposición al marxismo-.

domingo, 28 de marzo de 2021

Las nieblas de nuestro medievo (I)

 El modelo de combatiente cristiano que lucha al servicio de un califa almohade como medio para ganarse la vida tiene en la figura de Gerardo Sempavo un &laquo;ejemplar&raquo; verdaderamente interesante. Son muchas las lagunas y dudas que tenemos en torno a esete personaje, pero todo permite pensar que se trata esencial mente de un &laquo;hombre de frontera&raquo; a caballo entre dos mundos, que hace de la actividad militar un modo de vida y un medio de promoción económica y social. Aparece en la escena política peninsular a mediados de los años sesenta del siglo XII cuando -aprovechando las dificultades que los Almohades tenían en la zona levantina para imponerse a Ibn Mardanis y en connivencia con el rey de Portugal- se hizo con el control de un buen número de fortificaciones y ciudades: entre 1165 y 1169 arrebató a los musulmanes Trujillo, Évora, Cáceres, Montánchez, Serpa y Jurumeña. En el último de los años citados estuvo a punto de conquistar el núcleo almohade más importante en la zona, Badajoz, y sólo la colaboración entre la guarnición norteafricana y las fuerzas de Fernando II de León -preocupado por el avance de la influencia lusa en la zona- consiguió detenerlo.

Francisco García Fitz, Las Navas de Tolosa

Les confieso que el Medievo peninsular es una época que me fascina. Sin embargo, comparado con otros periodos, mi conocimiento es muy fragmentario e imperfecto. Puede ser una ilusión mía, pero encuentro que es muy fácil conseguir información detallada de la Edad Media de otras regiones europeas, pero es bastante complicado hacer lo mismo en lo referente a la evolución de nuestros reinos peninsulares. Mas allá de la consabida retahíla de reyes y dinastías, la evolución política, social y cultural queda muy difuminada. En especial, las complejas relaciones entre las coronas hispanas y de éstas con el Islám, entidades que demasiadas veces quedan aisladas, encarceladas, en su propio entorno. Se transmite la impresión de que su historia se puede explicar sólo por sí misma, cuando lo contrario es la norma.

Gran parte de esta falta de información se debe a nuestra turbulenta historia contemporánea. El nacionalcatolicismo franquista utilizó los diferentes mitos fundacionales peninsulares, en especial los del reíno de Castilla, para justificar la legitimidad de su régimen, prefigurado desde la antigüedad más remota. Ese espejismo sigue demasiado vivo en nuestro presente, como parte del ideario propagado por ciertos partidos políticos y sus voceros intelectuales. Por otra parte, como reacción deformante, en los nacionalismos periféricos se han construido mitos similares de carácter local, tan endebles y tan influyentes como sus contrarios ideológicos. 

Por eso es de agradecer un libro como el de García Fitz, que toma un acontecimiento con fuertes connotaciones ideológicas, como Las Navas de Tolosa, para realizar un análisis transversal de las diferentes sociedades ibéricas en la segunda mitad del siglo XII. En los círculos nacionalistas antes citados, la batalla de 1212 entre cristianos y musulmanes se idealiza como cumbre de la reconquista, símbolo de la unidad de España y, de forma velada en nuestro presente, prueba fehaciente de la única religión verdadera. Sin embargo, todo ese ramaje ideológico oculta una realidad mucho más interesante: las múltiples relaciones que entrelazaban y separaban los reinos medievales, sin importar la religión de cada cual. En sus encuentros y desencuentros primaban mucho más los intereses políticos del momento que los ideales sacrosantos.

miércoles, 21 de octubre de 2020

Contra la entropía

 As manuscripts were translated from Syriac and Pahlavi into Arabic, scholars in Baghdad began to realize the extent of ancient learning, and therefore how much lay out of reach. Al-Mansur himself had written to the Byzantine Emperor asking for scientific texts. It was no secret that many ancient Greek manuscripts lay hidden behind the fortified walls of Constantinople, a city that had eluded invasion and so preserved its ancient monuments and libraries. The Emperor responded by sending a chest of scientific books including Euclid's Elements. In the following decades, scholars translated it into Arabic, initiation a rich tradition of mathematical study. The original copy has not survived, but there is a similar version, made about a hundred years later in Constantinople, which is now in the Bodleian Library. Its careful Greek script, with neat diagrams illustrating the mathematical hypothesis, has been annotated in the margins by its first owner, Arethas of Patrae, Bishop of Cesarea, as he tried to master Euclid's theorems. Al-Mansur's copy was the first, that we know of, to arrive in Baghdad. If there was an earlier version of The Elements in Syriac, it has not survived, and it appears that al-Mansur did not get its copy translated right away; the first Arabic version was produced in the reign of Harum al-Rashid.

Violet Moller, The Map of Knowledge

A medida que se traducían manuscritos al árabe desde el siriaco y el persa, los sabios bagdadíes comenzaron a darde cuenta de la extensión del conocimiento de la Antigüedad y de lo mucho que aún estaba fuera de su alcance. El mismo Al-Mansur escribió al emperador bizantino para solicitarle textos científicos. No era secreto alguno que muchos manuscritos se guardaban tras las murallas de Constantinopla, ciudad que se había hurtado a la conquista y así había conservado sus monumentos y bibliotecas antiguos. El emperador respondió con el envío de un arcón de libros de ciencia, que incluía Los elementos de Euclides. En décadas sucesivas, los sabios bagdadíes lo tradujeron al árabe, dando inicio a una rica tradición de estudios matemáticos. La copia original no ha sobrevivido, pero hay una versión similar, escrita un siglo más tarde en Constantinopla, que se conserva en la biblioteca bodleiana. Su cuidadosa caligrafía griega, con claros diagrámas ilustrativos de sus hipótesis matemáticas, fue glosado al margen por su primer propietario, Aretas de Patras, obispo de Cesaréa, a medida que intentaba dominar los teoremas euclidianos. La copia de Al-Mansur fue la primera, que sepamos, en llegar a Bagdad. Si exisitó una versión anterior en siriaco de Los Elementos, no ha sobrevivido y parece que Al-Mansur no ordenó traducir su copia al instante. La priemra versión árabe se creó durante el reinado de Harum al-Rashid.

The Map of Knowledge, de Violet Moller, es un libro que traza cómo se transmitió  el conocimiento de la antigüedad durante ese largo periodo histórico llamado Edad Media. No es una cuestión baladí, ni mucho menos. Por unas razones u otras, a nuestros días sólo ha llegado un exiguo porcentaje de la producción de los escritores grecolatinos. Algunos de forma fragmentaria, otros en traducciones a otros idiomas, como el copto, el árabe o el siriaco. De hecho, aún hoy, gracias a descubrimientos casuales en bibliotecas de monasterios o tumbas egipcias, junto con el uso de nuevas tecnologías que nos permiten leer manuscritos raspados, los famosos palimpsestos, se siguen recuperando obras perdidas desde hace milenios, como ciertos libros de Cicerón o tratados de Arquímedes.

¿Cómo se llegaron a perder estos libros? Como es fácil imaginar, la entropía, en forma de guerras, incendios o mero deterioro, ha hecho desaparecer muchos de estos manuscritos venerables. Por ejemplo, hasta el siglo XV se conservó en Constantopla un ejemplar único de los últimos libros de la historia de Diodoro de Sicilia, que se perdió durante el saqueo otomano de esa ciudad. Otros fueron destruidos por razones ideológicos, con demasiada frecuencia a manos de los cristianos, como ocurrió con toda la literatura anticristiana de los siglos II al IV o incluso con obras de padres de la Iglesia, como ciertos libros de Orígenes, que se consideraban próximas a la herejía. Sin embargo, para entender lo que aconteció hay que prestar atención a dos factores: el negocio bibliográfico en la antigüedad y los intereses del público.

sábado, 25 de enero de 2020

Detrás de cada objeto

Grifo de bronze andalusí conservado en el Duomo de Pisa

El principal peligro de todo museo de arqueología es el de convertirse en una tienda de venta de cerámicas. Ya saben, esos comercios al borde de la carretera, en zonas turísticos, donde dormitan desde decenios multitudes enteras de vasijas panzudas, acompañadas de muestras horteras de  escultura popular en barro. Sin embargo, lo que todo visitante de un museo -y todo museógrafo- debería tener en la mente es que cada objeto tiene una historia detrás. Más importante aún, cada fragmento de cerámica es un holograma de la sociedad que lo creó. Cómo se modeló, cómo se secó y horneó, cómo se pintó y decoró, nos está señalando el nivel tecnológico de la sociedad. El cómo y para qué fue usado, incluso el cómo se destruyó y por qué- sirve de puerta a la mentalidad colectiva, las creencias y aspiraciones, de esa cultura. Por último, detrás de cada objeto hay una persona, incluso un grupo. Gentes emparentadas, conocidas entre sí, que manejaron ese objeto, lo guardaron con cuidado y acabaron por deshacerse de él, ya fuera de manera voluntaria o forzada. Seres humanos como nosotros, con quienes nos conectaría el mero hecho de sostener ese cuenco, esa vasija, esa estatuilla.

Estas reflexiones, breves, toscas e incompletas, vienen a cuento de la magnífica exposición Las artes del metal en Al-Ándalus, que se puede visitar en el Museo Arqueológico Nacional. Una muestra que no se queda en los meros objetos, tal y como nos han llegado, sino que explora toda su dimensión, desde su creación a partir de las materias primas, hasta los azares de de su conservación y transmisión hasta nuestros días. Esa dimensión humana, esencial y necesaria, a la que me refería al principio.

martes, 26 de febrero de 2019

Historia(s) de España (IV)

En acción mancomunada, en 1177, Alfonso el Casto y Alfonso VIII conquistaron Cuenca, ciudad que se incorporó a Castilla, y en la que ambos soberanos debieron ratificar los acuerdos de Sahagún  y quizá iniciaron conversaciones sobre la cuestión del vasallaje zaragozano. Las conversaciones iniciadas en Cuenca continuaron y concluyeron en el pacto de Cazola (1179) por el cual el castellano eximió al catalano-aragones del vasallaje que le debía por el reino zaragozano y por el que quedaron reservadas a la conquista de aragoneses y catalanes las zonas de Valencia, Játiva y Denia; por su parte, Alfonso el Casto renunció a sus derechos .-los que tenía en el tratado de Tudillén de 1151- en la reconquista de los territorios situados más allá del puerto de Biar y, por lo tanto, renunció al reino de Murcia. 

Julio Valdeón, Jose María Salarach y Javier Zaballo Feudalismo y consolidación de los pueblos hispánicos (siglos XI-XV)

Ya les he señalado en otras entradas los muchos problemas que aquejan a la historia de España dirigida por Tuñón de Lara en los años 80, ese intento fallido por escribir una historia de España libre de las taras de la propaganda franquista. Entre las carencias de la obra, y muy principal, el dividir la historia de España en secciones estancas, como ocurría en el tomo anterior, donde se relataba la historia de Al-Ándalus de forma separada a la de los reínos cristianos. Se consigue una clara unidad en el relato, cierto, pero se pierde de vista de manera completa que esas entidades estaban relacionadas íntimamente. Lo que ocurría en una de ellas impactaba en las demás, tanto en los acontecimientos políticos como en las manifestaciones culturales, de forma que podría decirse que unas no podían vivir sin las otras, por muy profundos que fueran los fosos que los dividían.

Este error se repite en el volumen que ahora comento, dedicado a los reinos cristianos de la Baja Edad Media, de manera que tenemos por un lado la historia de Castilla, por otro la historia de Aragón, y, como apéndice, la historia de Navarra. Quedan completamente desdibujadas las intensas relaciones entre los tres reinos ya desde el siglo XI, ocultando fragmentos de historia cruciales sin los cuales es imposible entender la evolución de la Península Ibérica en esos cinco siglos. Por ejemplo, la lucha entre los tres hijos de Sancho III el Mayor por la herencia de la corona de Navarra; la primera unión castellano-aragonesa y la guerra civil que desencadenó en Castilla; los varios tratados de reparto de la península entre Castilla y Aragón; las guerras repetidas entre ambos por el control de Murcia/Alicante; o los complejos vaivenes políticos, casi acrobacias de volatinero, una vez que los tres reinos son controlados por reyes de la casa de Trastámara.

Esto ya lo esperaba y estaba preparado para aceptarlo, pero no me imaginaba que en este tomo surgirían, de manera inesperada, esos problemas nacionales que creímos superados con la constitución del 78, pero que ahora han vuelto a resurgir con inusitada potencia. Conflictos que se filtran y emergen en las páginas de este volumen, pero no porque se busquen sus raíces en ese pasado mitificado, sino porque abundan en él extrañas decisiones metodológicas. Cambios arbitrarios que se dejan sin explicar y que apuntan a una intencionalidad política oculta.

Pero vayamos por partes.

jueves, 7 de febrero de 2019

Historia(s) de España (III)

En el Islam medieval, y particularmente en el Occidente musulmán, muchas prendas de vestir de idéntico tejido, forma y nombre, eran corrientes a hombres y mujeres. Así, los musulmanes de ambos sexos se ponían encima de la piel una camisa (qamis) de lino o algodón y unos calzones largos (sarawil) que se ajustaban al talle con un cordón (tikka) o un cinturón. Se podía substituir la camisa por una amplia túnica de seda blanca, la zihara, sobre la cual se ponía una blusa de tela fina (gilala). En invierno, hombres y mujeres usaban sobre esta ropa ligera una pelliza enguatada (mahiuw o mihla) o bien un chaquetón de piel de oveja o de conejo (farw).

Las mujeres se envolvían en un manto (buruf o mitraf) que cubría la parte superior del cuerpo o bien se envolvían en un amplio trozo de tela (izar o milhafa), cuyas puntas se liaban a la cabeza (ta'dib).

Niñas y niños iban vestidos iguales. Protegían sus pies y sus piernas con unas medias calzas (yawrab) de lana que llegaban hasta la rodilla. En invierno se usaban unos ligeros botines forrados de fieltro (juff) que en verano eran substituidos por chapines con suela de madera (yanka) o por alpargatas con suela de esparto (balga) o de corcho (qurq).

A primera vista, los hombres se distinguían de las mujeres por el tocado. Los hombres iban descubiertos o llevaban en la cabeza un simple gorro de lino (kufiya) o un casquete de fieltro (sasiya). Las mujeres se tocaban con una trozo de tela (lifafa) y ponían encima un velo más amplio, la miqna'a, cuyas puntas caían sobre el pecho. El jimar era una especie de pañuelo de gasa que se ataba a la nuca y cubría el rostro por debajo de los ojos.

Historia de España de Tuñón de Lara. Tomo III. España Musulmana. Rachel Arié

En las entradas anteriores, me he estado quejando de las muchas carencias de los primeros tomos de la Historia de España que Tuñón de Lara dirigiera a principios de los años 80. La mayor parte se resumen en que su modo de narrar la historia sigue anclado en el pasado, a pesar de sus pretensiones de ser renovadora. Otros problemas eran de orden metodológico, como el claro desorden en muchas de sus secciones, el desequilibrio cronológico en los contenidos, la tendencia a suponer ciertos hechos conocidos por el lector, junto la falta casi absoluta de notas que ayuden a suplir las posibles algunas. Esto último esencial en un tiempo en que Wikipedia y Google eran inimaginable, de forma que la resolución de cualquier duda o el cotejo de datos exigían largas búsquedas bibliográficas.

Pues bien, este tomo dedicado a los ocho siglos de Al-Andalus es una muestra de las alturas a las que se podía haber elevado la historia de Tuñón de Lara. No es un caso único, pues lo mismo ocurre con el que narra la historia de la América Hispana. En ambos, en apenas 500 páginas, los dos autores se las arreglan para dar una visión completa y equilibrada de esos periodos históricos. No tanto en los hechos y acontecimientos políticos, que en aquellos tiempos se consideraban casi secundarios, frente a las leyes y procesos de largo recorrido que se creía dominaban la historia, sino en los aspectos sociales, religiosos y culturales. En general, en cualquier elemento que definía la vida cotidiana de las personas de ese pasado, único modo de que podamos hacernos una idea de como experimentaban y concebían su existencia. Una auténtica ventana al pasado, por muy frágil, fragmentaria y provisional que sepamos que es.

miércoles, 30 de enero de 2019

Historia(s) de España (II)

...Baste decir que Hispania se encontraba entre los lugares en los que Melania tenía grandes propiedades agrícolas...

... Ésta (Hispania), por ejemplo, figura como hemos dicho entre las regiones en las que Melania tenía grandes propiedades... 

...Los testimonios antiguos nos informan sobre elementos de la nobleza hispánica que contaban con grandes propiedades agrícolas, entre otros, la familia de Teodosio, Flavio Salustio, Lectorio, Salustio Aventino, Teresia - esposa de Paulino de Burdeos que tenía posesiones en Hispania  -, Melania, Helpidius, Marcelo, Eufrasio Perpétuo y Pompeyo Lucino, los hermanos Didimo, Veriniano, Lagodio y Teodosio.

Historia de España de Tuñón de Lara, volumen II. Romanismo y Germanismo. El despertar de los pueblos hispánicos. Juan José Sayas Abengoechea. Luis A. García Moreno.

En la entrada anterior, les había ya indicado mi decepción con la Historia de España de Tuñón de Lara, al menos en sus primeros volúmenes. Es una pena, puesto que esa obra fue la primera, apenas caído el franquismo, en intentar trazar una historia de España libre de la exaltación nacional y religiosa del régimen anterior. Aquélla en la que historia de nuestra nación se explicaba en términos de la ideología de los vencedores de la guerra civil, empeñados en mostrar que los españoles habían sido españoles desde tiempos de Altamira, además de presentir el cristianismo antes de que éste les hubiera sido predicado. Distorsiones interesadas que ahora vuelven con fuerza, si es que alguna vez se habían marchado.

Pero vayamos con el libro. El principal problema que tengo con este volumen es como se ha distribuido su contenido. Abarca unos 700 años de historia, del año 300 al 1000, lo que viene a corresponder con lo que ahora se conoce como Antigüedad Tardía, esa lenta transición del Imperio Romano a los reínos germanos sucesores que concluye hacia el año 600, seguida por la Alta Edad Media propiamente dicha, es decir, la constitución del poder carolingio en la Europa Occidental, su disolución en los futuros reinos feudales yl os últimos coletazos de las invasiones bárbaras, vikingos y húngaros principalmente. Pues bien, de un total de 500 páginas, 200 se dedican en exclusiva al siglo IV, mientras que de las restantes, otras 200 se centran en las invasiones germanas y el reino visigótico. Apenas 100 se destinan a los tres siglos, del 700 al 1000, en que se produce el nacimiento y desarrollo de los reinos cristianos del norte de la península, tras la invasión árabe.

martes, 23 de enero de 2018

Tiempos de cambio

Or, les chevaliers avaient reçu de Dieu lui même la vocation de combattre., Où allaient-ils  porter leurs coups? Contre les infidèles. Il devient peu à peu clair que, dans le mouvement de purification où la imminence de la fin des temps vient d'engager la chrétienté d'Occident, seule la guerre sainte est licite. Au peuple de Dieu qui s'avance vers la Terre Sainte, il importe d'avoir apaisé toutes ses discordes intestines; il doit cheminer dans la paix. Mais à sa tête, le corps de ses guerriers ouvre sa marche; il disperse par sa vaillance les sectateurs du Malin. Au lendemain du millénaire, la chevalerie d'Occident résiste aux bandes de pillards qui sortent des pays sarrasins, elle les pourchasse, elle les vainc et, dans de tels succès, sauve son âme.

Georges Duby, L'An mil

Porque los caballeros habían recibido del mismo Dios la misión de combatir. ¿Dónde iban a dar rienda suelta a sus golpes? Contra los infieles. Se torna claro poco a poco que, dentro del movimiento de purificación en el que la inminencia del fin de los tiempos acaba de poseer a la Cristiandad Occidental, sólo es lícita la guerra santa. Al pueblo de Dios que marcha hacia la Tierra Santa, le importa haber apaciguado todas sus discordias intestinas: debe marchar en paz. Pero a su cabeza, los guerreros abren el camino. Ellos dispersan con su valor a los seguidores del Maligno. Al día siguiente del milenario, la caballería de occidente resiste las bandas de saqueadores que salen de los países sarracenos, los persigue, los vence y, con ese éxito, salva su alma.

Les adelanto que la lectura de esta obra de Duby me ha defraudado bastante. Más incluso de lo que debiera, puesto que hay que reconocer que el enfoque utilizado por este historiador para analizarlo es bastante poco corriente. Duby intenta darnos una visión lo más próxima y sin distorsiones de las décadas a ambos lados del año mil, para lo que inserta largos extractos de los anales y crónicas contemporáneas, comentadas por apenas unas pocas y breves explicaciones. El objetivo es que escuchemos la voz de la gente de ese tiempo sin intermediarios, que lleguemos a comprender su mentalidad, incluso a compartir sus afanes. Sin embargo, por razones que ya veremos, me da la impresión de que el autor no llega a lograr sus propósitos, a lo que hay que añadir que el libro no ha respondido a mis expectativas. Desavenencia de la que Duby no tiene ninguna culpa, vaya por adelantado.

¿Y por que no ha conseguido cumplir con lo que yo esperaba? Digamos que me esperaba un relato más detallado de los múltiples cambios que ocurrieron en este periodo. Más orientado también a resolver y explicar el misterio de un persistente mito histórico, el mismo que inspira el nombre de libro. Según esa leyenda, la cristiandad occidental habría atravesado un periodo de terror colectivo en las décadas a ambos lados del año 1000. Se esperaba, se nos dice, una inminente segunda venida de Cristo con su correspondiente apocalipisis, que bien tendría que haber tendido lugar en el milenario de su nacimiento, ese año mil al que se refiere el libro, o bien en el de su muerte, en el 1033. El milenio que se cumplía en esas fechas sería además el mileno al que se refería el apocalipsis, al cual habría de suceder otro milenio más, de triunfo del cristo resucitado, hasta la batalla final que culminaría con la derrota definitiva de Satán y los demonios.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Comienzos y finales

La imagen que surgía de todo esto era violenta y lúgubre. En los propios cronistas y en la elaboración de sus materiales por el romanticismo del siglo XIX resalta, ante todo, el aspecto lúgubre y terrorífico de la última Edad Media; la crueldad sangrienta, la soberbia vocinglera, la codicia, la pasión, la sed de venganza y la miseria. La exagerada y vana pompa multicolor de las famosas solemnidades y fiestas de corte, con su resplandor de alegorías desgastadas por el uso y de insoportable lujo, son las que ponen en el cuadro los tonos más luminosos. 
¿Y ahora? Hoy irradian para nosotros  sobre la imagen de aquella época la elevada y maravillosa gravedad y la profunda paz de los van Eyck y de Menling; aquel mundo de hace medio milenio parécenos lleno de un luminoso brillo de alegría sencilla, de un tesoro de sosegada ternura. El cuadro violento y sombrío se ha transformado en un cuadro apacible y sereno. Y todas las manifestaciones de la vida de aquel periodo que aún conocemos directamente, además de las artes plásticas, son una expresión de belleza y de tranquila sabiduría: la música de Dufy y de sus compañeros, la palabra de Ruusbroeck y de Tomás Kempis. Incluso allí donde aún repercuten directamente la crueldad y la miseria de la época, en la historia de Juana de Arco y en la poesía de François Villon, sólo elevación y emoción emanan, sin embargo, de las figuras.
¿En qué descansa, pues, esta profunda diferencia entre las imágenes de la época, aquélla que se refleja en el arte y aquella otra que nos forjamos por medio de la historia y la literatura?

Johan Huizinga. El otoño de la edad media

Al igual que el libro de Norman Cohn, In search of the Millenium, que ya les comenté en entradas anteriores, El otoño de la edad Media, de Johan Huizinga, se ha convertido en un clásico de la investigación histórica. Ambos se siguen leyendo y siguen siendo buenas introducciones a los temas y periodos históricos que tocan. Todo ello, a pesar de las décadas transcurridas desde su publicación, de los muchos cambios en la metodológía y filosofía de la historia, o de las ingentes cantidades de datos nuevos que han sido descubiertos desde los años 30 y 50, fechas de concepción de las obras respectivas.

De hecho, desde el punto de vista de un lector del sur de Europa, sea la península ibérica, sea la itálica, el mayor defecto de ambas es su restricción geográfica. En su análisis de los movimientos milenaristas europeos durante la Baja Edad Media, Cohn se circunscribe a los valles del Rin y del Danubio, con alguna excursión a regiones vecinas, como la Bohemia husita o la Inglaterra de Wat Tyler y Wycliff. Huizinga es aún más restrictivo, puesto que su estudio se centra en las tierras al oeste del Rin y el norte del Loira. En concreto, a lo que constituyó el malogrado Condado/Ducado de Borgoña, estado situado a lo largo del curso del Rin, junto con el norte del estado francés, presa de las convulsiones de la Guerra de los Cien Años.

sábado, 5 de agosto de 2017

Los laberintos de la fe (II)

Towards the end of the twelfth century various Spanish cities, and notable Seville, witnessed the activities of mystical brotherhoods of Moslems. Those people, who were known as Sufis, were "holy beggars", who wandered in groups through the streets and squares, dressed in patched and particoloured robes. The novices amongst them were schooled in humiliation and self-abnegation: they had to dress in rags, to keep their eyes fixed on the ground, to eat revolting foodstuffs; and they owed blind obedience to the master of the group. But once they emerged from their noviciate, these sufis entered a realm of total freedom. Disclaiming book-learning and theological subtleties, they rejoiced in direct knowledge of God. Indeed, they felt themselves united with the divine essence in a most intimate union. And this in turn liberated them from all restraints. Every impulse was experienced as a divine command; now they could surround themselves with worldly possessions, now they could live in luxury - and now too, they could lie or steal or fornicate without qualms of conscience. For since inwardly the soul was wholly absorbed in God, external acts were of no account.

Norman Cohn The Pursuit of the Millenium

Hacia el final del siglo XII, distintas ciudades españolas, especialmente Sevilla, presenciaron las actividades de la hermandades místicas musulmanas. Esas personas, conocidas como sufitas, era "mendigos santos", que vagaban en grupos por plazas y calles, vestidos con ropas multicolores y llenas de parches. Sus novicios eran educados en la humildad y la abnegación; tenían que vestir de harapos, mantener la mirada en el suelo, comer alimentos repugnantes, además de una obediencia ciega al maestro del grupo. Pero una vez que terminaban su noviciado, estos sufitas entraban en un dominio de libertad completa. Despreciando el saber de los libros y las sutilezas teológicas, se ufanaban de conocer directamente a Dios. En verdad, se sentían unidos con la esencia divina de la forma más íntima y esto a su vez les libraba de todas la ataduras. Todo impulso se percibía como orden divina: ahora podían rodearse de riquezas, vivir lujosamente, y ahora también podían mentir, robar y fornicar sin remordimientos de consciencia. Por que en su interior el alma estaba sumida en la divinidad y los actos externos no tenían repercusión en ella.

Les hablaba en una entrada anterior de como me habían dejado bastante frío los dos libros que había leído sobre el cristianismo medieval y las herejía surgidas en su seno. A pesar de los muchos datos que contenían, se quedaban cortos a la hora de describir el clima social e intelectual que había propiciado su nacimiento, junto con las repercusiones que había tenido su desarrollo, represión y derrota. A pesar de la narración de batallas y asedios, de las persecuciones y ejecuciones, de las muchas controversias religiosas, algo muy importante se escapaba: llegar a comprender porque esas ideas, aparentemente absurdas cuando se las contempla desde nuestro presente, habían levantado esos odios inextinguibles, habían amenazado con derribar sus sociedades de origen, habían merecido esa venganza inmisericorde, una vez abatidos.

De esa carencia no se puede acusar al libro de Norman Cohn que les comento en esta entrada. De hecho, el único defecto del libro es que su campo de análisis se reduce a la Europa Noroccidental y Central: Francia septentrional, Inglaterra, los Países Bajos, Alemania, Bohemia, lanzando sólo miradas de refilón a lo que ocurría en Provenza, Italia o los reínos cristianos de España. Una pena, porque pocos libros han conseguido reflejar con mejor fidelidad ese ambiente de frenesí que acompañaba a estos movimientos heréticos, milenarios y revolucionartos: ese hacer posible, durante un breve periodo de tiempo, lo que poco antes era inconcebible. De ahí, quizás, que el libro siga siendo publicado y leído con avidez aún hoy, cuando de su primera edición hace ya sesenta años.

jueves, 27 de julio de 2017

Los laberintos de la fe (I)

El catarismo reúne  varias corrientes heréticas latentes desde comienzos del siglo XI: corriente antisacerdotal y antisacramental, tendencias ascéticas con respecto a los tabúes sexuales y alimentarios, rechazo del latín litúrgico, aspiración al contacto personal con Dios, ya directamente o mediante la palabra evangélica. Y aún va más lejos. Al rechazar el juramento pone en tela de juicio uno de los fundamentos de la sociedad feudal. Sobre todo se opone al catolicismo de modo radical en el doble plano institucional y doctrinal. Está regido por una verdadera organización eclesiástica, formada por una categoría inferior de fieles, un clero de perfectos y obispos. Su base es una creencia dualista, la existencia de un principio del mal y de un principio del bien en lucha universal y perpetua el uno contra el otro, aunque en la mente de la mayoría de los cátaros el dios del mal resulta inferior al dios del bien. El Dios del Antiguo Testamento, creador de la materia, puede asimilarse al principio del mal que se enseña en la Iglesia. Los cátaros mantienen asambleas de enseñanza y de oración (sólo admiten un Pater ligeramente modificado) y practican una especie de bautizo, el consolamentum, administrado con imposición de manos por un perfecto.

Jacques le Goff, Historia de las Religiones Siglo XXI, tomo 7

Por varias razones que no vienen al caso, se me ha acumulado una pequeña pila de libros que he terminado de leer, pero que no he comentado en este blog. Debido a esto, en alguna ocasión me voy a ver obligado a comentar dos libros al mismo tiempo, aunque no me guste mucho. Ése es el caso de esta entrada, en que les hablaré de dos libros de temas relacionados, el uno una historia de la corriente principal del cristianismo, centrado en la edad media y la reforma. El otro, una crónica de las muchas corrientes heréticas que aquejaron la iglesia medieval, pero especialmente aquellas que tuvieron lugar en la baja edad media: cátaros, Wycliff y Wat Tyler, los husitas.

Debo confesarles que la historia de la iglesia medieval me apasiona. En la Alta Edad Media, la cristiandad occidental se fragmentó en multitud de iglesias locales, como las de rito mozárabe en la España musulmana, con poca o nula obediencia a los decretos de un papado romano demasiado lejano. Éste por su parte, tenía poco de autoridad religiosa y sí demasiado de poder temporal, de manera que no era extraño que las luchas de poder en su seno acabasen en violencia y asesinato, incluso de los propios pontífices. El marasmo de la iglesia católica occidental solo se solucionó en el siglo XI, con la llegada de papas reformistas al estilo de Gregorio VII, pero fue sólo para abrir un nuevo tipo de conflictos: esta vez entre el poder civil y el religioso. Únase a esto el ascenso de herejías poderosas como las citadas, que a punto estuvieron de derribar la supremacía del catolicismo en su tierras de origen; el descrédito el papado en los siglos XIV y XV, especialmente en la juntura de ambos, con el continuo nombramiento y deposición de papas y antipapas; o el fracaso del movimiento conciliar del XV, que cerró el paso a una profunda reforma de la iglesia.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

¿Raíces?

Estuche para espejo

Aunque muy interesante, la exposición Los pilares de Europa, La Edad Media en el British Museum, que se puede visitar en el CaixaForum madrileño, adolece de un grave error metodológico.  En pocas palabras ¿Qué Edad Media? La Edad Media europea es un larguísimo periodo que abarca del siglo V al XV, cuyas fronteras temporales no estaban bien delimitadas y aún se discuten, y en donde se producen cambios culturales, sociales y tecnológicas de tal magnitud que hacen imposible extraer elementos comunes a todo ese intervalo. Por ponerles un ejemplo. imaginen una exposición de nombre: El ascenso de Europa, que abarcase del año 1000 al 2000 e intentase poner al mismo nivel el siglo XI y el XX, como portadores de las mismas inquietudes culturales. Se me mondarían de la risa ¿no? Pues eso es lo que intenta esta exposición.

Por otra parte, dado que el origen de los objetos expuestos está en el museo británico, a la idea de la Edad Media se superpone un concepto británico que no es corriente nuestro ámbito cultural ni completamente traducible. Se trata el de las Dark Ages o edades obscuras. Para nosotros, ese termino alude a un tiempo de retraso e ignorancia que suponemos inherente a la Edad Media, para resolverse con el Renacimiento. Sin embargo, en el mundo anglosajón tiene un significado mucho más concreto y restringido. Se trata de periodos sobre los que no hay documentación histórica  o ésta es muy pobre. En particular, y referido a la historia de las Islas Británicas, el siglo y medio entre el año 400 y el 550, aproxidamente. Desde que desaparece de las fuentes escritas la provincia de Britania, tras que el pretendiente al título de emperador romano, Constantino IV, llevase las legiones allí destacadas a luchar en la Galia; hasta que los historiadores del reino franco en el siglo VI vuelven a incluir esa región en su ámbito de interés, esta vez como un revoltijo de pequeños reinos anglosajones, celtas y británicos en continua guerra entre sí y sin vestigios de romanidad alguna. El Latín, por ejemplo había desaparecido por completo, substituido por el Gaelico y un primitivo Inglés, mientras que las ciudades de época romana no eran otra cosa que inmensos campos de ruinas abandonados.

martes, 5 de julio de 2016

El mundo entero

Hieronymus Bosch, El Bosco, El jardín de las delicias
Lo primero, un fuerte reproche al Museo del Prado, que ha aprovechado la ocasión de la retrospectiva de El Bosco para subir el precio de las entradas a 16 Euros. No se si darán cuenta que con esta medida se están convirtiendo en un coto cerrado para turistas despistados, visitantes que vendrán una vez porque estaba en el paquete que contrataron y ya no volverán, mientras que imposibilitan el acceso a los que nos gustaría ir más a menudo, para disfrutar y conocer su amplísima colección. Ahora bien, dado que en los últimos años todas las instituciones culturales están cobrando por la entrada a las exposiciones temporales que organizan, está cada vez más claro que el arte se considera de nuevo un lujo de las élites, al menos de aquéllas que puedan pagárselo y comprar los abalorios pertinentes.

Luego no se quejen si el arte y la cultura son odiados y despreciados por la mayoría de la población. Mejor dicho, ignorados como algo inútil en la vida diaria, como una pérdida de tiempo y de dinero.

Volviendo a la exposición de El Bosco. Uno está aconstumbrado a exposiciones multitudinarias, donde hay que hacer cola para ver los cuadros, con la consiguiente degradación en la visión de los mismos; pero ésta se lleva la palma, de manera que la primera vez que fui tuve que irme sin poder ver alguna de las pinturas... o sin haber llegado a apreciar otras por entero. Ocurre que el Bosco es uno de esos pintores que conoce hasta el más ignorante y que gran parte de la gracia de su pintura es explorar el inagotable mundo de criaturas, monstruos y espantos que pueblan  sus cuadros, así que en esta exposición no sólo están garantizadas las multitudes, sino que los visitantes se van a quedar mucho, mucho tiempo frente a las obras, ocasionando esos atascos a los que me refería.

No sé muy bien  como se podría solucionar esto y me da que al Museo del Prado le da un poco igual, ya que va a llenarse bien la bolsa con estas multitudes de visitantes. Eso sí, tengo la impresión de que pocos se van a ir habiendo aprendido a conocer mejor a este pintor y que lo único que va a recordar la mayoría son las incomodidades que sufrieron para ver a este pintor tan raro, tan extraño y tan incomprensible... y por eso mismo tan fascinante.

martes, 26 de enero de 2016

Laberintos sin salida

No sé a qui adreç mon parlament,
perquè és llong temps no em parle ab amor
e dona al món no sent de ma tristor.
Així mateix, jo no n'he sentiment.
 
Ausias March, Cancionero, Canción CXI

No se a quien dirigir mi soliloquio
pues no hablo con Amor desde hace tiempo
y no hay mujer que sufra con mi pena
yo mismo estoy también sin sufrimiento


Es triste, muy triste, que lo primero que se me ocurra al escribir unas notas sobre el excelso poeta que es Ausias March, sean temas políticos

El primero de ellos, por supuesto, es como la cerrazón de los nacionalismos, especialmente el que se llama nacional pero es sólo castellano, ha venido a privarnos de grandes tesoros literarios a los habitantes de esta piel de toro: los de la herencia común de las diferentes lenguas que forman parte, mal que bien, de este país llamado España. Como bien decía Unamuno, cualquier persona nacida en Iberia, debería ser capaz de leer con fluidez sin mucho esfuerzo al menos en otras tres lenguas peninsulares: Portugués, Gallego y Catalán, en el caso de ser de habla castellana. Sin embargo, de nuevo en el caso castellano, no es ya que no tengamos idea alguna de los logros literarios de un país independiente pegado al nuestro, Portugal, pero que parece haber cesado de existir en nuestras muestras, es que ni siguiera nos preocupamos por las literaturas de esas otras lenguas que son tan españolas como la castellana, por mucho que pese a los proponentes del nacionalismo de raíces mesetarias.

sábado, 6 de junio de 2015

Mostrando el Pasado (y VI): Problemas, limitaciones y ausencias

Estatua Orante de Pedro I de Castilla

En la entrada anterior de mi revisión del nuevo montaje del MAN me quedé sin espacio cuando le llegaba el turno a las salas dedicadas a los reinos cristianos medievales. No obstante, esta detención aunque casual, ha sido muy oportuna. ya que remeda la que el propio MAN ha buscado en su narración de la historia peninsular. El hecho que se busca subrayar con esta interrupción es que la España actual es heredera directa de esos reinos medievales, siendo su evolución pareja a la del resto de la cristiandad occidental,  hecho que incluso ahora, en estos tiempos laícos cuando no de negación directa de la divinidad, sigue pesando sobre nosotros.

Por esa razón, haberse llevado las colecciones medievales cristianas, junto con las de la edad moderna, a las nuevas salas de la planta primera, aisladas así del resto del objeto, es una decisión muy apropiada, ya que anuncia el comienzo de un tiempo nuevo: cómo la península Ibérica acabó integrada en el occidente cristiano, revertiendo un proceso de integración en el Islám que a principios del siglo X parecía una conclusión hecha y que durante los siglos XI y XII se mantuvo como una posibilidad.

Dejando esto a un lado, esta cisura espacial denota también un cambio en el origen de los objetos expuestos que ya les había comentado referente a las salas visigóticas y árabes. No estamos tratando ya, salvo excepciones, con objetos encontrados en excavaciones arqueológicas, sino con artefactos rescatados de edificios en ruina o derribados, o con conjuntos procedentes de colecciones nobiliarias y reales. O por redundar más aún en esta idea, no hablamos de artefactos culturales de civilizaciones desaparecidas, perdidos y vueltos a recuperar, sino de materiales que una civilización consideró valiosos como signos de identidad, para así ser salvados de la destrucción que les amenazaba... o ser reconstruidos cuidadosamente si esta se había producido.

jueves, 4 de junio de 2015

Mostrando el pasado (yV): Problemas limitaciones y ausencias

Lápida del presbítero Crispín

Siguiendo con mis notas al nuevo montaje del museo arqueológico, ha llegado el momento de las salas dedicadas al medievo: Visigodos, árabes y cristianos. Como ya les había dicho, el principal problema de la reforma es que a pesar del aumento del espacio expositivo da la impresión que éste ha disminuido, a lo que no ayuda la reducción en el número de piezas.

Entiéndase bien, en áreas como la romana o la protohistórica, que rebosan de piezas, esta saca ha ayudado a aligerar la exposición, permitiendo que sea más accesible al público. Aún así, y debido a esa misma abundancia de objetos, no puede evitarse cierta sensación de agobio, de estar perdidos tanto en el tiempo como en el espacio. La exposición es así, al mismo tiempo, pedagógica y críptica, ya que, como les contaba, se han eliminado muchas de las explicaciones, mapas y maquetas del antiguo montaje, sin que hayan sido substituidos por otras nuevas.

No obstante, en zonas tan ricas como la romana y la prerromana, estas quejas mías no son más que pijoterias, ya que a pesar de los defectos que aún quedan, los problemas de exponer tal número de piezas de un modo coherente han sido resueltos de forma bastante elegante y muy ilustrativa. Muy diferente, por el contrario, es el caso de las salas a la Edad Media, donde es evidente que sí se ha producido una importante reducción del espacio expositivo, las piezas se acumulan sin casi dejar espacio para disfrutarlas, mientras que reina una evidente confusión en el dónde y cuándo de lo que se muestra.

Parte de esta confusión se debe a modificaciones en los modelos historiográficos, muy evidentes en la sala dedicada al paso de la antigüedad romana a los reinos sucesores germanos. Si en la narración de la prehistoria se han dejado a un lado los parámetros de la antigua arqueología cultural, en lo que se refiere a la caída del imperio romano se intenta evitar la singularidad de ese hecho, para hablar  en cambio de Antigüedad Tardía, entendida como un extenso periodo de transición del siglo IV al VIII durante el que, lenta y paulatinamente, el mundo romano se habría transformado en la cristiandad medieval, mientras que las invasiones bárbaras no pasarían de ser una anécdota.