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jueves, 3 de diciembre de 2020

Adoctrinamientos invisibles

Aurelia Navarro, Desnudo
Aurelia Navarro, Desnudo

El sábado pasado pasé a ver la muestra Invitadas, que se puede visitar en el museo del Prado. Como sabrán, se trata de una exposición política, en el mejor sentido de la palabra, con un objetivo doble: mostrar como la ideología patriarcal del siglo XIX halló un vehículo de propaganda en la pintura oficial, la consagrada en concursos y  premios, además de indicar como el arte realizado por mujeres fue sistemáticamente excluido y ocultado, como impropio de ese género. En ese sentido, resulta incomprensible la falsa polémica levantada por ciertos medios de izquierda, por la cual esta exposición sería ejemplo de los mismos vicios que pretende denunciar. Con demasiada frecuencia -y es algo con lo que me topado en múltiples ocasiones-, la pureza política a ultranza acaba desembocando en cometer similares injusticias a las que se denuncian. Baste recordar cuantos revolucionarios en pro de la libertad y la igualdad han terminado convertidos en tiranos.

Antes de analizar la exposición, un apunte personal: el periodo artístico en el que se centra me resulta bastante indiferente, cuando no cargante. Cuando la colección de pintura del siglo XIX del museo del Prado estaba concentrada en el Casón del Buen Retiro, su visita era para mí como cruzar un árido desierto: fuera de su inicio, los seguidores de Goya, y su final, un magnífico retrato de Juan Gris, el resto me parecía aburrido y prescindible. En general,  ese hastío me ocurre no sólo con la pintura del siglo XIX español, sino con toda la europea de ese periodo. No soporto ese arte destinado a contentar  y no molestar a la burguesía, concebido como medio de amasar fortunas, condecoraciones y distinciones, ni sus muchos movimientos de revival en busca de una pureza perdida, echada a perder por el progreso. Los artistas que admiro de este tiempo son los que se quedaron un poco al margen, fuera de esas corrientes mayoritarias: los precursores de la modernidad y la vanguardia, tal y como esta se enseñaba hace cuarenta o cincuenta años.

viernes, 27 de diciembre de 2019

Sin poderse permitir el descanso

Francisco de Goya, Desgracias aceacidas en el tendido de la plaza de Madrid © Museo del Prado

Como deben ya saber, el Museo del Prado cierra la celebración de su centenario con una exposición-mamuth dedicada a los dibujos de Goya. En ella se han incluido todos sus dibujos conservados en el museo, casi sin excepción, abarcando bocetos, diseños, borradores, apuntes, dibujos preparatorios, sucesivas pruebas de impresión, grabados finales, etc, etc. De hecho, es tan exhaustiva que se puede decir que ése es su mayor defecto, puesto que acaba por toparse con diferentes limites: los de espacio, reproducibilidad y resistencia humana.

Por poner un ejemplo. Una buena cantidad de la obra gráfica de Goya son dibujos preparatorios y pruebas de impresión para sus series de grabados. En esos casos es muy interesante, casi esencial, acompañar esos ensayos del resultado final, como se hizo, hace ya muchos años, en la muestra de Los caprichos realizada por la Real Academia de Bellas Artes. Sólo así se puede apreciar su trabajo creativo de Goya, además de comparar las múltiples diferencias y correcciones entre las sucesivas versiones. Cambios no sólo debidos al perfeccionamiento de la concepción inicial o al descubrimiento de nuevas posibilidades compositivas, sino a la imposibilidad de traducir de forma directa las idiosincracias de una técnica, la del dibujo a lapiz o pluma, en otra bien distinto, la del aguafuerte. Por desgracia, esa posibilidad de análisis se hurta al visitante de  muestra, salvo ocasiones muy contadas,  como con el grabado de la Tauromaquia incluido al comienzo.

miércoles, 15 de agosto de 2018

Fantasías/Advertencias

Desfile nocturno de los 100 demonios

Ayer tenía la intención de realizar mi visita anual al museo de la Real academia de bellas artes de San Fenando, cuando me topé con que estaba cerrado durante todo agosto. Por suerte, se mantenían abiertas dos exposiciones temporales, ambas de gran interés, así que el día no se fue al traste.

La primera entra dentro de esa obsesión occidental con el Japón, cuya última manifestación es la invasión reciente de manga y anime. Una referencia que no está traído por los pelos, ya que lo  que la muestra busca rastrear es como las leyendas de monstruos sobrenaturales, los yokai, tan típicas del folklore de cualquier nación, sufrieron una metamorfosis a finales del siglo XIX, comienzos del XX. En esa época pasaron de ser potencias reales, peligrosas y temibles, capaces de dañar y matar a quienes caían en sus garras, para convertirse en imágenes entrañables con las que divertir a la infancia, tornándose cada vez más monas y adorables. Confundiéndose con esa pasión por lo kawai tan característica de la cultura popular japonesas, cuya última plasmación sería la serie Yokai Watch o los muchos muñecos comercializados.

lunes, 30 de marzo de 2015

Melancolías íntimas, soledades colectivas

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
De mí murmuran y exclaman:
 
                                                —Ahí va la loca soñando
Con la eterna primavera de la vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

—Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna primavera de la vida que se apaga
Y la perenne frescura de los campos y las almas,
Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?


Rosalía de Castro, En las orillas del Saar

Si he elegido este poema para hablar de Rosalía de Castro, no ha sido por su fama, que puede trabajar en su contra, sino por la fuerte resonancia personal que ese texto guarda para mí. Dada su presencia en todas las antologías, se encontraba también en los textos escolares de mi juventud, por lo que supuso mi primer encuentro con su poesía, mi conexión tempraqna con una persona cuya sentimentalidad era cercana a la mía... y lo sigue siendo.

La cuestión es que hay muchas Rosalías (y perdonen por utilizar su nombre propio, ya sé que no debería hacerlo, pero las viejas constumbres se resisten a morir). La poetisa decimonónica cuya obra se ve afectada por los resabios y lugares comunes de su tiempo, que la alejan de la sensibilidad actual. La escritora refundadora de toda una lengua, la gallega, que gracias a ella, recuperaba su lugar como vehículo de cultura. al igual que lo había sido en el medievo. La literata anfibia, capaz de moverse con igual de soltura en dos lenguas emparentadas pero casi irreconciliables, al igual que sus hablantes, pero al mismo tiempo, excelsa y defectuosa en ambas. La narradora y conservadora de las constumbres y esencias de su pueblo,  ya a punto de ser arrumbadas por el progreso y la emigración, rayana con el constumbrismo, pero al mismo tiempo cronista de la desolación íntima, de los paisajes baldíos donde unos pocos - o unos muchos - se ven forzados a habitar.

Cada uno de esos aspectos habría bastado asegurar  a Rosalía un puesto en los manuales de literatura como poetisa excelsa, para al mismo tiempo para relegarla al olvido, como tantos otros nombres famosos. Es, no obstante, de la conjunción de todos los elementos antes citados, de donde surge una Rosalía que es cercana y actual...  al menos para aquellos que (nos) sentimos como ella.


martes, 23 de diciembre de 2014

Placeres Privados

Ribera, El Olfato
En Madrid, se han abierto - o recuperado - una serie de espacios expositivos cuya función y permanencia son más que dudosos, al no quedar claro a quién o a qué institución representan. Uno de estas salas es la que recibe el curioso nombre de CentroCentro, ubicada en el antiguo edificio de correos, que ahora se ha convertido en una extraña amalgama de antiguas funciones postales, nueva sede del ayuntamiento madrileño, atracción abierta a las visitas turísticas y recinto de exposiciones varias e inconexas.

La última que aún permanece abierta allí es la dedicada a la colección privada de pintura de Juan Abelló, poderoso financiero e industrial de la transición. No voy a dedicarme aquí a realizar una semblanza de las actividades económicas y políticas de este personaje, baste decir que en ambos mundos, el de los negocios y el del gobierno, ninguna fortuna es inocente, ninguna carrera es pura, sino que cualquier éxito, y más en nuestra patria, sólo se consigue a base de intrigas, traiciones, pasteleos, untes y componendas. Lo que sí que quiero señalar es que en el ámbito del arte la colección Abelló es una de las mejores,dejando traslucir un evidente gusto, bien informado y sensible, ya sea el suyo o el de sus asesores.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Enumeraciones y Repeticiones/Poeta de la Democracia (I)

I believe a leaf of grass is no less than the journeywork of the stars,
And the pismire is equally perfect, and a grain of sand, and the egg of the wren,
And the tree-toad is a chef-d'ouvre for the highest,
And the running blackberry would adorn the parlors of heaven,
And the narrowest hinge in my hand puts to scorn all machinery,
And the cow crunching with depressed head surpasses any statue,
And a mouse is miracle enough to stagger sextillions of infidels,
And I could come every afternoon of my life to look at the farmer's girl boiling her iron tea-kettle and baking shortcake. 

Walt Whitman, Leaves of Grass (edición de 1855)

Creo que una brizna de hierba no es menor que el diario viaje de las estrellas
Y que la formica es igualmente perfecta, y un grano de arena y el huevo del reyezuelo
Y que la rana arborea es una obra maestra en grado sumo
Y que la zarzamora adornaría las salas del cielo
Y que la menor articulación de mi mano ridiculiza toda maquinaria
Y la vaca, paciendo con su cabeza inclinada sobrepasa a cualquier estatua
Y que un ratón es milagro suficiente para asombrar a sextillones de infieles
Y que podría pasar todas las tardes de mi vida mirando a la hija del granjero mientras hierve el agua en su tetera de hierro y cuece un pastel

Aunque todavía quede algo de tiempo para el aniversario, el caso es que este año es el décimo de existencia de este blog. Dudo que quede alguien que lo haya seguido desde sus primeros tiempos, así que les cuento que el primer año fue bastante difícil para el recién nacido y casi estuvo a punto de perecer antes desarrollarse , por falta de regularidad en sus publicaciones. Curiosamente, por ese tiempo, verano-otoño de 2005, me hallaba enfrascado en la lectura de Whitman, cuya influencia se filtró en las pocas entradas de aquel periodo, mezclada con otra de mis obsesiones de entonces, el manga YKK.

Ahora, como podrán haberse dado cuenta, vuelvo a releer a Whitman, en la misma magnífica edición de entonces. Se trata una de la Library of America que recoge tanto la primera versión de Leaves of Grass, publicada en 1855, como la definitiva de los años 90, llamada "deathbed edition" ya que unicamente la muerte del poeta evitó que volviera a sacar una nueva edición, ampliada, remozada y corregida, como llevaba haciendo durante los cuarenta años anteriores, en los que el libro engordó de 150 páginas a casi 500.

martes, 21 de octubre de 2014

Soul to Soul


I started early, took my dog,
And visited the sea;
The mermaids in the basement
Came out to look at me,

And frigates in the upper floor
Extended hempen hands,
Presuming me to be a mouse
Aground, upon the sands.

But no man moved me till the tide
Went past my simple shoe,
And past my apron and my belt,
And past my bodice too,

And made as he would eat me up
As wholly as a dew
Upon a dandelion’s sleeve—
And then I started too.

And he—he followed close behind;
I felt his silver heel
Upon my ankle,—then my shoes
Would overflow with pearl.

Until we met the solid town,
No man he seemed to know;
And bowing with a mighty look
At me, the sea withdrew
Comencé temprano, tome mi perro
Y visité al mar
Las sirenas del sótano
Salieron a verme

Y las fragatas del piso superior
Extendieron su manos de cáñamo
Pensando que yo era un ratón
Embarrancado en las arenas

Pero nadie me movió hasta que la marea
Superó mi sencillo pie
Y fue más allá de mi delantal, y mi cinturón
Y mi corsé también

E hizo como si fuera a tragarme
Tan completamente como el rocío
Sobre la manga de un diente de león
Y entonces yo también comencé

Y él - él me siguió de muy cerca
Sentía su talón de plata
Sobre mi tobillo - entonces mis zapatos
Desbordarían perlas

Hasta que nos encontramos la sólida ciudad
Que nadie parecía conocer
E inclinándose con profunda mirada
Ante mí, el mar se retiró

Detrás de todo poeta anida un misterio.

Estudiando su biografía, sus cartas, los testimonios de sus contemporáneos. Analizando sus versos, comparándolos con otros suyos, con los de sus coetáneos, trazando su evolución estilistica, creemos poder guardarlo en una cajita, etiquetarlo y archivarlo. Olvidarlo, en definitiva, para que no nos moleste ni nos turbe.

martes, 5 de agosto de 2014

On a Highway to Insanity

La dame que je suivait développant sa taille élancée dans un mouvement qui faisait miroiter les plis de sa robe en taffetas changeant, entoura gracieusement de son bras nu une longue tige de rose trémière, puis elle se mit à grandir sous un clair rayon de lumière, de telle sorte que peu à peu le jardin prenait sa forme, et les parterres et les arbres devenaient les rosaces et les festons de ses vêtements, tandis que sa figure es ses bas imprimaient leur contours aux nuages pourprés du ciel. je la perdait ainsi de vue à mesure qu'elle se transfigurait, car elle semblait s'évanouir dans sa propre grandeur: "Oh! Ne fuis pas! m'écriai-je... car la nature meurt avec toi!
Disant ces mots, je marchais péniblement à travers les ronces, comme pour saisir l'ombre agrandie qui m'échappait, mais je me heurtait à un pain de mur dégradé, au pied duquel gisait un buste de femme. En le relevant, j'eus le persuasion que c'était le sien... Je reconnus de traits chéris, et portant les yeux autour de moi, je vis que le jardin avait pris l'aspect d'un cimetière. Des voix disaient: "Le univers est dans la nuit".

Gérard de Nerval, Aurelia.

 La dama a la que seguía, desplegando su talle en un movimiento ágil que parecía reflejar los pliegues cambiantes de su vestido de tafetán, rodeó con su brazo desnudo un largo tallo de malvarosa, y a continuación comenzó a crecer bajo un claro rayo de luz, de manera que poco a poco el jardín tomaba su forma, y los setos y los árboles se convertían en los rosetones y los festones de sus vestidos, mientras que su rostro y su orla imprimían sus contornos a las nubes purpuras del cielo. La perdía de vista a medida que se transfiguraba, porque parecía desvanecerse en su propia grandeza. "Oh, no huyas" gritaba "porque la naturaleza muerte contigo".
Pronunciando esas palabras, andaba penosamente entre las zarzas, como si quisiera agarrar la sombra enorme que se me escapaba, pero acabé topándome con un muro en ruinas, a cuyos pies yacía un busto de mujer. Cuando lo levante, tuve la convicción de que era el suyo. Reconocí unos rasgos queridos y, mirando a mi alrededor, vi que el jardín se había convertido en un cementerio. Unas voces decían "El universo está sumido en la noche".

Les comentaba en otras entradas de mi afinidad por los escritores peripatéticos, aquellos que consideran, como yo, que pasear, y meditar paseando, constituye una parte irrenunciable de su vida y de su arte. Les señalaba también de mi atracción/repulsión por los escritores cuya obra y vida, es combate constante por no ser arrojados a las tinieblas de la depresión y la locura, en las cuales habrán de apagarse inevitable e irremediablemente cualquier luz que pudiera iluminar y dirigir su existencia; preferencia que, en este caso, se debe a mi miedo por seguir ese mismo destino.

Gérard de Nerval pertenece a ambas categorías. Su obra es la narración de un continuo vagar, que no sólo se traduce en la descripción minuciosa de esos vagabundeos, sino que su escriturar adopta ella misma la forma de un camino trazado por el azar, en la que la única hilazón entre ideas y párrafos es la de la divagación, la de una larga cadena de alusiones y similitudes, sólo a medias visibles, en gran parte ocultas, para siempre, en la cabeza del escritor. Por otra parte, la obra de Nerval se caracteriza por un continuo baile entre lo visto y lo imaginado, entre lo real y lo recreado, entre la razón y el sueño, en el que no sólo el lector acaba por perder la clave que le permita distinguir entre ambos mundos, sino que el propio escritor acaba viviendo en un mundo nuevo, mezcla de ambos ámbitos y que termina por abolirlos por completo, a modo de laberinto eterno e interminable, sin salida que encontrar o buscar, puesto que fuera de él ya no existe nada más.

martes, 17 de junio de 2014

Forged Travels

Cette maxime, repartit la reine, provient de votre religion, amoindrie para les doctrines ombrageuses de vos prêtres. Ils ne vont à rien a moins qu'à tout immobiliser, qu'à tenir la société dans les langes et l'indépendence humaine en tutelle. Dieu a-t-il labouré et semé les champs? Dieu a-t-il fondé des villes, édifié des palais? A-t-il placé à notre portée le fer, l'or, le cuivre et tous ces métaux qui étincellent à travers le temple de Soliman? Non. Il a transmis à ses créatures le génie, l'activité, il sourit à nos efforts et, dans nos créations bornées, il reconnaît le rayon de son âme, dont il a éclairé la nôtre. En le croyant jaloux, vous limitez sa toute-puissance, vous déifiez vos facultés, et vous matérialisez les siennes. Ô roi! les préjugés de votre culte entraveront un jour le progrès des sciences, l'élan du génie, et quand les hommes seront rapetisses, ils rapetisseront Dieu à leur taille, et finiront par le nier.

Gerard de Nerval, Voyage en Orient.

Esa máxima, respondió la reína, proviene de vuestra religión, disminuida por la doctrinas sombrías de vuestros sacerdotes. No ven otra que cosa que inmovilizar todo, que a retener la sociedad en sus ligaduras, la independencia humana en tutela. Dios ha labrado y sembrado los campos? Dios ha fundado ciudades, edificado palacios? Ha puesto a nuestro alcance el hierro, el oro, el cobre y todos esos metales que brillan en el interior del templo de Salomón? No. El ha trasmitido el genio y la actividad a sus criaturas, sonríe a nuestros esfuerzos y, en nuestras creaciones limitadas, reconoce la luz de su alma, con la que ha iluminado la nuestra. Si le pensamos celoso, limitamos su omnipotencia, divinizamos nuestras facultades, banalizamos las suyas. O rey! Los prejuicios de vuestra religión acarrearan un día el progreso de las ciencias, el impulso del genio y cuando los hombres sean hechos pequeños, reducirán a Dios a su tamaño y terminarán por negarlo.

Debo a las exposiciones del MNCARS algunos de mis descubrimientos literarios tardíos... y curiosamente, otros, como Robert Walser o Bruno Schulz se los debo a la animación, algo de lo que debería hablar algún día. A Raymond Roussel lo encontré en una exposición dedicada en exclusiva a él, mientras que supe de Gerard de Nerval en otra muestra reciente, en la que se exploraban diferentes visiones artísticas sobre la memoria biográfica. En este último caso, dos factores principales fueron los que me movieron a hacerme con alguna obra de ese escritor romántico. En primer lugar su obsesión por recrear y reforjar su contexto histórico, obsesión que le llevó a imaginarse descendiente de Napoleón I, a lo que se une, en segundo lugar, el lento proceso de disociación mental que le llevó a rechazar su imagen fotografiada/dibujada, como si ésta perteneciera a otra persona desconocida.

Lo primero que conseguí de Nerval, y que ahora estoy leyendo, es su Voyage en Orient, aparente registro de sus andanzas por Egipto, Palestina, El Líbano y Turquía en la década de 1840. Mi decisión se debió, en parte, por mi afición a la literatura de viajes, de la cual este libro es uno de sus mejores muestras... y como de habitual tengo que explicar esto último, no sea que alguien se lleve a engaño. Cuando pensamos en literatura de viaje, normalmente pensamos en la guía, el libro escrito para que nosotros desde nuestras casas planeemos nuestras futuras vacaciones, o en lo que los anglosajones llaman el travelogue, la lista de sitios que hay que ver, convenientemente rellenada y marcada por el viajero. La mejor literatura de viajes, por el contrario, es la que se aparta de estos dos tópicos, bien porque la lejanía en el tiempo hace imposible reencontrar en la actualidad lo narrado, tornándolo así lo escrito en documento histórico, bien porque el viaje es en realidad un viaje interior del narrador, en el que lo importante son sus peripecias y aventuras, y no tanto ese factor turístico, repetible y compartible de las guías de viajes.