Die große Cholerapandemie von 1830-1832, in der Georg Friedrich Hegel und Graf Neidhart von Gneisenau umkamen, hat sich besonders tief ins westeuropäische Bewusstsein eingegraben. Die Rascheit der Invasion, ihre an einen mikrobiellen Mongolensturm erinnernde Annäherung aus Asien und die Hilflosigkeit der Opfer führten zu einer Dämonisierung der "neuen Pest". Die Seuche weckte Ängste: Ängste der Reichen von der Unterklassen, die als Transporteure des Todes galten, Ängste der Armen, von der Obrigkeit vergiftet zu werden, die damit das Problem der Arbeitslosigkeit lösen wollte, Ängste vor der neuerdings als "primitiv" gesehenen Orient, dem sich die "zivilisierte Welt" seit wenigen Jahrzehnten so unvergleichlich überlegen fühlte und der nun seine fortdauernde subversive Kraft bewies. In England, Frankreich und Deutschland versuchten Mediziner sich auf ihre Ankunft vorzubereiten, nachdem die ersten beunruhigenden Nachrichten aus Russland eingetroffen waren. Man wusste nicht über die Ausmaß und Wege der Ansteckung und über mögliche Gegenmaßnahmen; die genausten Beschreibung der Cholera, die es gab, stammten von britischen Ärzten in Indien, waren aber im Europa wenig zur Kenntnis gekommen werden.
Jürgen Osterhammel, La Transformación del Mundo
La gran pandemia de cólera de 1830 a 1821, en la que murieron Georg Friedrich Hegel y el conde Niedhart von Gneisenau, se ha instalado profundamente en la consciencia de Europa occidental. La rapidez de la invasión, próxima en el recuerdo a una invasión mongola bacteriana, y la impotencia de las víctimas condujeron a la demonización de la "nueva Peste". La plaga despertó miedos: miedo de los ricos frente a los desposeídos, que se consideraban transmisores de la muerte, miedo de los pobres a ser envenenados por las autoridades, que así querían solucionar el problema del desempleo. Miedo a un nuevo estado de cosas que probaba así la continua fuerza subversiva de un Oriente visto como "primitivo" y que se sentía superado como nunca antes desde hace unos pocos decenios por el "mundo civilizado". En Inglaterra, Francia y Alemania los médicos intentaron prepararse frente a su llegada, tras recibir las primeras noticias intranquilizadores de Rusia. No se conocía la virulencia, los modos de contagio o las probables contramedidas, las descripciones que había más precisas del Cólera procedían de los médicos británicos en la India, pero no habían llegado a ser muy conocidas en Europa.
En su estudio de los goznes o umbrales que tuvieron lugar en el siglo XIX y que distinguen al mundo moderno industrial tecnificado del premoderno, Osterhammel analiza en gran detalle uno que suele pasar desapercibido en las narraciones históricas habituales: La enfermedad y las pandemias. La historia factual, incluso la social y económica, demasiado preocupada por las convulsiones de la élite, las crisis económicas o los cambios repentinos, suele olvidar con demasiado frecuencia la descripción de la vida cotidiana en tiempos pasados. No ya los actos habituales, sino el modo en el que esas personas ya muertas contemplaban su vida, su desarrollo y, por supuesto, su posible final. Una muerte que para estos habitantes del pasado venía y era esperada debido principalmente a enfermedades infecciosas. Con bastante frecuencia en el transcurso de una pandemia.
El concepto de la epidemia mortífera es algo que hemos olvidado en nuestras sociedades opulentas, incluso en los países desarrollados. No es que no siga habiendo enfermedades infecciosas, como la Tuberculosis, pero la existencia de medidas profilácticas, vacunas, antibióticos y sistemas sanitarios casi universales, permite contener su propagación y mantener a raya su virulencia. Enfermedades como el SIDA, las muchas hepatitis o la tuberculosis quedan reducidas en la memoria a un lento goteo limitado a grupos de riesgo. Un peligro que no nos va a afectar a nosotros, quienes no pertenecemos a esas minorías desfavorecidas, incultas o con conductas de riesgo. Sólo habría una excepción que nos retrotraería a esos tiempos premodernos: el ébola, pero por ahora esta epidemia es sólo cuestión de africanos subdesarrollados.