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viernes, 22 de noviembre de 2019

El desgarro de lo pasado

Aunque sea un instante, deseamos
descansar. Soñamos con dejarnos.
No sé, pero en cualquier lugar
con tal de que la vida deponga sus espinas.


Un instante, tal vez. Y nos volvemos
atrás, hacia el pasado engañoso cerrándose
sobre el mismo temor actual, que día a día
entonces también conocimos.


                                                      Se olvida
pronto, se olvida el sudor tantas noches,
la nerviosa ansiedad que amarga el mejor logro
llevándonos a él de antemano rendidos
sin más que ese vacío de llegar,
la indiferencia extraña de lo que ya está hecho.


Así que a cada vez que este temor,
el eterno temor que tiene nuestro rostro
nos asalta, gritamos invocando el pasado
–invocando un pasado que jamás existió–


para creer al menos que de verdad vivimos
y que la vida es más que esta pausa inmensa,
vertiginosa,
cuando la propia vocación, aquello
sobre lo cual fundamos un día nuestro ser,
el nombre que le dimos a nuestra dignidad
vemos que no era más
que un desolador deseo de esconderse. 


Jaime Gil de Biedma, Aunque sea un instante, de la compilación Las personas del verbo

Una pregunta muy frecuente, cuando se habla del sistema educativo, es la de qué hay que enseñar a los niños, de entre todo el conocimiento existente. Por supuesto, esa pregunta nunca se plantea de modo abstracto, sino con un objetivo muy concreto: qué se debe aprender para estar preparados para el mundo actual. El problema -y lo que hace que esta cuestión no admita respuestas sencillas,. incluso resulte estéril- no es el qué enseñar, sino qué consideramos el mundo actual. el de ahora o el de un futuro aún por ser definido. La educación, desde que se entra en el colegio hasta que se consigue un título universitario, bien puede abarcar más de 20 años, un periodo en el que pueden producirse infinidad de revoluciones tecnológicas. Por que se hagan una idea, yo comencé a estudiar en una sociedad en que el ordenador, el móvil y la Internet no existían e incluso, en ciertos aspectos, eran  inimaginables. Sólo comenzaron a ser una realidad, al alcance de todos, cuando me gradué en 1990, pero aún entonces estaban reservados para unos pocos privilegiados. Hubo de pasar una década para que fueran de uso común, y aún otra más para llegar a este mundo de redes sociales, smartphones, conectividad continua y desaparición de la privacidad.

¿A qué esta introducción? Pues simplemente a que lo aprendemos en la escuela no es más que un adelanto, recayendo sobre el estudiante la responsabilidad de mantenerse al día, seguir profundizando y ampliando sus conocimientos. Por concretar, acercándome al tema literario de esta entrada, cuando en mis manuales escolares de 1980 se hablaba de la literatura de la segunda mitad del siglo XX, la exposición quedaba limitada a largas listas de nombres, simples enumeraciones en las que sólo de muy tarde se destacaba algún autor o novela aislado, quedando el resto sin resaltar. Se evitaba cualquier juicio de valor, cualquier amago de jerarquía, que era imposible de construir en aquel instante, aún demasiado cercano a los hechos. Rafael Sánchez Ferlosio, por ejemplo, sólo era citado de pasada como autor de El Jarama, de manera que he tenido que esperar hasta ayer, sin exagerar, para enterarme de que es un prosista excelso, quizás el mejor de la postguerra. Gil de Biedma, por otra parte, quedaba oculto, enterrado, entre lo que se llamaban por aquel entonces novísimos, una etiqueta que tanto servía para un roto como para un descosido. 

viernes, 15 de noviembre de 2019

A tientas, sin conformarse nunca

Antorcha en mano, como un centinela,
la noche se pasea por la ciudad dormida.
En las casas de luces fabulosas,
todos reparten besos de buenas noches.

Entre quejas y a oscuras suenan las bajantes,
por las gotas de lluvia encantadoras.
La tenue luz de las farolas
se desliza en lejanos y empedrados pasajes.

Una hermosa mano abre una puerta suavemente,
corre por la calle el brillo de unos ojos febriles.
No hay luz en la avenida, no resuenan los pasos
de los transeúntes en lo oscuro, detrás de las fachadas.

El viento aparece en el camino, desnudo y perfumado,
La lluvia extiende su cuerpo en el vestíbulo.
En la mudez de la casa sus alientos se enredan
y cantan inspirados, emocionados, estremecidos…

En el camino de la noche, los ojos se posan, expectantes.
Clama el arroyo: “¿Quién es su amado?”.
Las ramas de los árboles susurran al oído:
“Me temo que aquí, entre los presentes,
no está su amado”.

La calle está apagada, no retumba en lo oscuro
el paso de ningún caminante tras el muro.
Surcando los cielos, con ánimo abatido,
la nube se transforma en una gris columna de humo.

¿Para quién reirá la magia de sus ojos?
¿En qué labios sus labios buscarán los besos?
¿Qué melena desenredarán sus manos?
¿A quién, en la intimidad, ya borracho,
le contará sus cuentos?

¿Por qué me empeño en este tantear a oscuras?
¿Por qué despierta espero, una vez y otra vez, su llegada?
¿Acaso algún amor ha perdurado en el pecho de un hombre?
No… no volverá conmigo. Nunca.

Un rostro se pierde en las tinieblas.
El viento da un portazo.
Un muerto, en el fondo de su tumba,
de la esperanza mundanal, de la absurda esperanza
se carcajea.

Forugh Farrojzad, Muro, Un cuento en la noche.

Les he hablado ya, en multitud de ocasiones, de la profunda impresión que me produjo encontrarme con la poesía de Forugh Farrojzad. Se ha convertido en uno de mis poetas favoritos, sin discusión, a la misma altura y sin tener que deberle nada a cualquier de sus colegas masculinos -de ahí que haya hablado de poetas y no poetisas, para recalcar esa igualdad-. No es de extrañar, por tanto, que cuando vi un volumen de sus poesías completas me hiciera con él al instante. Para, acto seguido, ponerlo en lo alto de la pila de libros para leer.

¿Qué me ha aportado la lectura de estas poesías completas? Dada su muerte prematura, su obra poética no es muy extensa, apenas alcanzando lo que podría ser una novela de tamaño medio. Dadas las alturas a las que se elevaron  sus dos últimos libros -Otro Nacimiento, de 1964, y el póstumo Tengamos fe en el comienzo de la estación del frío, de 1975-, podría temerse que los anteriores -Cautiva., de 1955, El muro, de 1956 y Rebelión de 1959- fueran mucho menores, apenas ejercicios preparatorios para su florecimiento posterior. No es así, por suerte. Algunos de los mejores poemas de Farrojzad -o de los que resuenan con más fuerza en el lector- se encuentran en esa obra temprana.

¿Por qué es así? En cierta manera, podría decirse que debía ser así. Salvo excepciones -los poetas épicos-, la lírica es una tarea que sólo puede acometerse cuando se es joven. Se necesita una mente agil y fresca, capaz de relacionar contrarios lingüísticos que hagan saltar arcos voltaicos entre ellos. Abrir, en definitiva nuevas vías semánticas en las que nadie había pensado antes, pero que nos parecen evidentes e incontestables, una vez creadas. Es preciso además, contar con ese ímpetu y esa fe que sólo confiere la juventud, para quien nada es imposible,puesto que todo puede ser creado al instante con sólo invocarlo. Fuerza, seguridad y confianza tan difícil de conjurar en la edad madura, cuando las derrotas, las frustraciones y los desencantos se han ido acumulando uno sobre otro, aplastándonos bajo su peso.

Virtudes, fortalezas, dones, que son imprescindibles en una poesía de combate como la de Farrojzad. No en el sentido de una lucha por un nuevo sistema político -aunque bastante hay de eso-, que tornase la poesía prosaica y utilitaria, prematuramente envejecida, una vez que las aspiraciones sociales se modificasen. Si algo posee la lírica de Farrojzad es  su carácter personal, de estar anclado en una cultura, una ascendencia y una vivencia propias e intransferibles, lo que no impide que se reflejen en sus poemas, tornándose tema esencial, los muchos impedimentos políticos y sociales que encuentra en su camino. Impidiendo que ame en libertad, hable con su propia voz, actúe a su capricho. Sin que nadie le dicte cómo, o la censure, reprima o constriña. 

Hay, en consecuencia, un dolor desgarrador en toda la poesía de Farrojzad. Esas limitaciones impuestas a su vida -por ser mujer, por ser poetisa, por ir a la contra de religión, tradición y convencionalismos sociales-  imbuyen toda su poesía, gravitan en cada verso. Su peso abruma cada aspecto de su vida, cada decisión y cada pensamiento, tiñendo y condicionando como la poetisa la contempla, como la expresa en sus poemas. Sólo así se comprenden los nombres negativos, angostos y agobiantes, de sus primeros libros, Cautiva y El muro, o que el tercero se titule  simplemente Rebelión. Así, sin tapujos y componendas. Farrojzad no puede vivir como se le exige, como se le dicta y ordena, no por mero capricho transgresor, sino porque doblegarse, someterse, claudicar, supone renunciar a su humanidad. A ser según su naturaleza, a sentir el mundo de manera personak, a vivir de manera plena.

Y sin embargo, a pesar de esa rebelión, de su clamor contra la opresión -religiosa y social-, de desgarrarse ante nuestro ojos, no puede negar su cultura y su tradición. Mejor dicho, aunque su lenguaje es eminentemente moderno, trufado de los hallazgos del expresionismo y del surrealismo, sus imágenes nos remiten -como ocurría en nuestros poetas del 27- a todo el pasado literario de su lengua, a esas grandes glorias cuya lectura es esencial, como si fueran mantillo, para que pueda florecer un gran poeta.

Por eso su voz, en casi milagrosa mezcla, es a la vez antigua y moderna. Arrebatada por los torbellinos de la experimentación, hacia casi hacerse incomprensible, pero al mismo tiempo con la sonoridad, la calma, el equilibrio de los clásicos.

De quienes que no pertenecen a un tiempo en concreto, sino a todos ellos, sin que importe tampoco la edad de sus lectores.

domingo, 28 de abril de 2019

La sororidad de las melancólicas (y II)

Pero si llego a aceptar mi soledad. Estoy tan sola, y no tengo por amigo ni siquiera un libro, ni siquiera un recuerdo que acariciar, un nombre amado o que amé, no tengo nada en este mundo para evocar con alegría o por lo menos con cierta sensación de calma, de bienestar. Eso es lo que me aterroriza: nada, nada, me une o enlaza a este mundo, nada sino el miedo, las humillaciones pasadas, mi oscuro rencor, mi odio mudo. Cómo es que aún persisto, Qué fuerza, qué milagro estoy cumpliendo.

 Alejandra Pizarnik, diarios, anotación del 4 de junio de 1960

En una entrada anterior, les hablaba, con demasiada brevedad, de la obra poética de la argentina Alejandra Pizarnik. Una poesía de gran profundidad y no menor audacia, que rápidamente se apartó del autismo que caracteriza a la vanguardia mal digerida, para construirse un mundo propio de enigmas y símbolos, de gran fuerza y resonancia sentimental. Un paisaje desolado, un desierto sin término, en donde la poetisa vagaba, clamando por la infancia idealizada, por el amor inalcanzable. Anhelos que la realidad, o mejor dicho, el orden establecido de las cosas, quebraba, derribaba y ensuciaba a cada instante, sin permitir siquiera espacio a la esperanza.

Una obra que se intentaba interpretar separándola del suicidio que interrumpió su labor creativa. La intención es evitar que Pizarnik quede etiquetada, reducida y restringida, como poetisa suicida, al igual que Anne Sexton o Silvia Plath, de forma que sus versos sólo cobren sentido en función de ese acto final. Un empeño loable y necesario, cierto, pero que, en mi caso, me parece una amputación de la figura de esta poetisa. Si sólo porque en ella había reconocido a un miembro de la sororidad de las melancólicas, a cuya rama masculina pertenezco. Sus miedos, sus temores, sus ansias, eran en gran parte los míos, salvando las distancias, de forma que profundizar en su psique era explorar también la mía.

Por tanto, pueden imaginarse el interés que sentía por leer sus diarios. En gran parte, por una idea equivocada, la de que fueran a constituir una piedra Rosetta para entender su poesía y su personalidad. Como si allí, en esas anotaciones, estuvieran las claves, escritas y descritas por ella misma, que la llevaron al borde de la locura, luego al suicidio. Grave error el mío, porque en todo diario abundan los silencios. Por muy privado que sea, aunque lo consideremos un diálogo a solas con uno mismo, sincero y sin tapujos, en la mente del diarista siempre permanece la imagen de que alguien, conocido o desconocido, habrá de leerlo después. Como consecuencia, muchas veces se calla lo esencial. Lo que no podemos revelarnos ni a nosotros mismos.

domingo, 14 de abril de 2019

La sororidad de las melancólicas (y I)

cuidado con las palabras
                                       (dijo)
tienen filo
                te cortarán la lengua
cuidado
             te hundirán en la cárcel
cuidado


             no despertar a las palabras
acuéstate en las arenas negras
y que el mar te entierre
y que los cuervos se suiciden en tus ojos cerrados
cuídate
            no tientes a los ángeles de las vocales
no atraigas frases
                            poemas
                                         versos
no tienes nada que decir
nada que defender
sueña sueña que no estás aquí
que ya te has ido
que todo ha terminado


Alejandra Pizarnik 

Cuando se llega a cierta edad, se suele caer en la falsa impresión de que ya se conoce todo. No que se haya leído todo, cosa imposible de por sí, sino que el pasado está cartografiado por completo. Se cree saber a dónde se debe ir y a dónde no, a dónde merece la pena y a dónde no se hallará nada de provecho. Sin embargo, cada vez que recaigo en ese autoengaño, siempre hay algo que viene a revelarme su falsedad. De ordinario, en forma de artistas cuya biografía se superpone en el tiempo a la mía, pero de los que jamás había oído hablar, a pesar de ser mis coetáneos. En esta ocasión, en la obra poética de Alejandra Pizárnik, muerta cuando yo era apenas un infante, y que he venido a descubrir, literalmente, ayer mismo, atraído por las ediciones de sus obras que venía encontrándome en las librerías, por un vago e informe recuerdo de haber oído, sin saber dónde, que su obra merecía la pena. Incluso que era esencial.
Mi lectura de su obra, de su poesía, de sus diarios, de su prosa y cartas, ha venido a confirmar ese presentimiento y ha sido, además, un viaje de (re)descubrimiento. En gran medida, porque al punto me di cuenta de que ella pertenecía a esa sororidad de las melancólicas, internacional y difusa, cuyos miembros no se conocen entre sí, pero se reconocen al instante, y a cuya rama masculina creo pertenecer. Membresía que, en su caso, se extendía a otra sociedad aún más exclusiva, la de las poetisas suicidas, con la cual, asímismo, me siento estrechamente relacionado. Por miedo a seguir ese mismo camino en algún momento.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Las vías interrumpidas

Poesía Zaum

Acaba de comenzar la temporada de exposiciones de este año y la Fundación Mapfre se ha colocado en los primeros puestos, con lo que puede ser una de las muestras del año. Su nombre es De Chagal a Malevich: El arte en revolución, y recorre, de forma exhaustiva , esos veinte años que van de 1910 a 1930, cuando arte ruso, luego soviético, se erigió como uno de los motores de la vanguardia. Hasta el cierre de los experimentos artísticos con la consolidación del totalitarismo estalinista, que consagró, como arte único, el realismo socialista.  Tan capaz en sus resultados técnicos, pero tan aburrido, incluso repelente, en sus aspectos temáticos.

La categoría de esta exposición no está en que se exploré territorios vírgenes. El arte ruso de las vanguardias es un invitado habitual en el panorama expositivo madrileño. Hace nada que estuvo abierta la exposición dedicada al Dadá ruso en el MNCARS, pero si nos remontamos más atrás, habría que citar la muestra de la Thyssen del 2006 o, aún más atrás, la del Central Hispano en 1993. Sin contar las monográficas centradas en un único artista, como las de Rodchenko o Malevich. Todas ellas girando alrededor de los mismos problemas y, se podría decir, casi con parecida selección de obras, de manera que visitarlas se asemeja, en ocasiones, al reencuentro con viejos amigos.

jueves, 15 de junio de 2017

Espejismos

La poesía no quiere saber qué hay al final del camino; concibe el texto como una serie de estratos translucidos en cuyo interior las distintas partes - las distintas corrientes verbales y semánticas -, al entrelazarse o desenlazarse, reflejarse o anularse, producen momentáneas configuraciones. La poesía busca, se contempla, se funde y se anula en las cristalizaciones del lenguaje, Apariciones, metamorfosis, volatilizaciones, precipitaciones de presencia. Estas configuraciones son tiempo cristalizado: aunque están en perpetuo movimiento, dan siempre la misma hora - la hora del cambio. Cada una de ellas contiene a las otras, cada una está en las otras; el cambio es sólo la repetida y siempre distinta metáfora de la realidad.

Octavio Paz, El mono gramático.

Ya en otras ocasiones, les he hablado de mi admiración por el escritor mejicano Octavio Paz. Ella me ha llevado a que, entre otras cosas, haya estado leyendo estas últimas semanas una integral de sus poemas, completada por las muchas traducciones de poesía, francesa, inglesa, oriental, en las que se embarcó.

A pesar de lo mucho que me gustó el primer omnibus de su obra poética, el llamado Libertad bajo palabra, compilado por el propio autor en los años cincuenta, abordé la lectura de su poesía posterior con cierta aprensión.  En parte, porque Libertad bajo palabra adolecía de ser una obra de juventud, que mostraba demasiado bien a las claras los muchos tanteos, vagabundeos y vueltas atrás que Paz había dado antes de encontrar una voz propia. Su primera parte estaba lastrada por un clasicismo teñido de modernismo que pronto se revelaba estéril a la hora de expresarse, simplemente porque todo lo que podía decirse con esas herramientas estaba ya dicho, sin que fuera posible evitar repetirse. Sólo en la segunda parte, cuando Paz asimilaba las influencias de la vanguardia, especialmente el surrealismo, su voz comenzaba a ser personal, a mostrarnos un mundo nuevo en donde tanto el lector como el autor podían aventurarse sin saber lo que en él les esperaba, aunque fuera perderse sin destino.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

A tientas

corredores sin fin de la memoria,
puertas abiertas a un salón vacío
donde se pudren todos los veranos,
las joyas de la sed arden al fondo,
rostro desvanecido al recordarlo,
mano que se deshace si la toco,
cabelleras de arañas en tumulto
sobre sonrisas de hace muchos años,


a la salida de mi frente busco,
busco sin encontrar, busco un instante,
un rostro de relámpago y tormenta
corriendo entre los árboles nocturnos,
rostro de lluvia en un jardín a obscuras,
agua tenaz que fluye a mi costado,


busco sin encontrar, escribo a solas,
no hay nadie, cae el día, cae el año,
caigo en el instante, caigo al fondo,
invisible camino sobre espejos
que repiten mi imagen destrozada,
piso días, instantes caminados,
piso los pensamientos de mi sombra,
piso mi sombra en busca de un instante
,

Octavio Paz, Piedra de Sol, Libertad bajo Palabra

En alguna entrada ya muy anterior, les contaba que Octavio Paz ocupaba un lugar muy especial en mis jerarquías literarias: ser el escritor que no había leído al que más admiraba. Desde entonces he intentado ir supliendo esa carencia, en gran parte para descubrir si mi ignorancia tenía razón o no. El Laberinto de la soledad, ese largo ensayo sobre el ser mexicano, fue mi primer Paz y afortunadamente vino a confirmar la idea que tenía de este escritor: una de las grandes glorias modernas de la lengua castellana. Animado por esa buena impresión, me atreví con un volumen de su poesía, Libertad bajo palabra, que recoge su obra temprana... y aquí mis sentimientos fueron encontrados.

Algo característico del modo en que la poesía de Paz puede leerse ahora mismo, es que este escritor se preocupó desde fecha muy temprana por reunir sus poemas en volúmenes recopilatorios. Este esfuerzo no se debía sólo a intentar recopilar lo que andaba dispersos en ediciones agotadas de libros y revistas, sino que obedecía también a una preocupación por eliminar errores y patinazos en la publicación, además de intentar corregir los poemas en lo que pudieran tener de fallidos y reconstruir el modo en que son apreciados por lector. Un último punto que podemos considerar de mezcla impresionista, porque el orden y la cercanía en que se leen los poemas puede crear nuevas asociaciones inesperadas, construir por mera acumulación nuevos significados y perspectivas. Ofrecer así una visión sobre una vida y una obra que no es la auténtica vivida y escrita, sino otra recreada e imaginada.

Debido a ello, el corpus final de la poesía de Paz siempre estuvo en construcción, independientemente de cuando hubiera quedado escrito cada poema. Las diferentes compilaciones siempre estaban abiertas y se modificaban periódicamente, no sólo en su contenido retrospectivo, sino en sus sucesivas ampliaciones hacia el futuro, a medida que Paz iba añadiendo más y más poemas a su producción. De esa manera, en el caso de Libertad bajo palabra, no hay una edición final y definitiva, sino muchas variadas, a medida que poemas antiguos iban entrando y saliendo, se reescribían y mutaban, mientras que el libro pasaba de ser un arcón de todo lo escrito por el poeta hasta la última revisión a referirse exclusivamente a su poesía temprana, la de 1935-1957

viernes, 16 de diciembre de 2016

Rebeliones

Dejaré las líneas
y dejaré también de contar los números
De entre las limitadas formas geométricas
me refugiaré en las grandes extensiones
del sentimiento.
Estoy desnuda, desnuda, desnuda
como los silencios entre las palabras de amor estoy desnuda
y todas mis heridas son de amor
de amor, amor, amor, amor
He hecho que atravesara
esta isla perdida
la revolución del océano
y la explosión de la montaña
y que la despedazara, fue el secreto de aquel ser unido
de cuyos pedazos más nimios nació el sol.

Forugh Farrojzad, Tengamos fe en el comienzo de la estación del frío

La tercera poetisa cuya obra he estado leyendo estas últimas semanas es la iraní Forugh Farrojzad, en concreto su último libro, Nuevo Nacimiento. Ha constituido un auténtico descubrimiento al que llegué por auténtica casualidad, gracias a las notas de la edición de Hiperión de los poemas de Yosano Akiko, donde se la nombraba como una de las grandes poetisas de este siglo, ambas hermanadas en inspiración, aliento poético e ideales estéticos y políticos. Tengo, por tanto, que leer más de su obra, sus libros primeros, además de ver el documental que rodó, La casa es negra, sobre un hospital de leprosos en Tabriz.

Gran parte de mi interés se debe a que Farrojzad, al contrario que Yosano y Lasker-Schuler, sigue siendo siendo una voz actual y polémica. Una persona y una obra por quien aún la gente puede llegar a las manos, no como Lasker-Schuler, que pertenece a la amplia categoría de los egregios olvidados - aquellos de los que se habla, pero no se les lee - o como Yosano, apresada en su categoría de símbolo de la literatura japonesa, cumbre indiscutible, elefante sagrado intocable. Algo similar ocurre en parte también con la figura de Farrojzad, ya que es calificada regularmente como la poetisa moderna por antonomasia en lengua iraní, renovadora del lenguaje poético de ese país, así como influencia y modelo insoslayable de todo poeta posterior. Sólo que en su caso es odiada y despreciada en su país en la misma medida que se le admira.

martes, 6 de diciembre de 2016

Fuego

Sosteniendo mis pechos
entre las manos, silenciosamente
descorro el velo del misterio
¡Aquí hay flores 
de un intenso color escarlata!
  
Yosano Akiko, Midaregami (Pelo enredado)

La siguiente poetisa que he leído estos meses de otoño ha sido la japonesa  Yosano Akiko. No ha sido un descubrimiento reciente, ya sabía de ella y de su obra desde hace una década, aunque no recuerde como fue que llegué a enterarme de su existencia. Lo que sí he aprendido esta vez, y que la hace más excepcional, son sus circunstancias biográficas. Nacida en el Japón de finales del siglo XIX, en una cultura que caminaba hacia la occidentalización, debiendo decidir por tanto qué conservaba de sus estructuras tradicionales y qué no, Yosano rompió los moldes estrictos según los que debía regirse una mujer japonesa de aquel entonces... y de la inmensa mayoría del mundo.

No es ya que decidiera ser escritora - y de poesía prohibida,, como ya veremos -, es que su vocación fue acompañada de un deseo de independencia, que la llevó a romper con su familia y seguir su propia camino sin tener que responder a nadie. Eso en 1900, ni más ni menos. Añádase que esos primeros pasos como escritora independiente, sin haber llegado a cumplir los veinte, se entretejen con la relación adúltera con un escritor ya consagrado como Yosano Tekkan, que pronto derivó en un casi  menage a trois con la también poetisa Yamakawa Tomiko. Un trío que se resolverá con la boda concertada de Yamakawa y el matrimonio de Akiko y Tekkan,  tras un último viaje de los tres juntos antes de la despedida definitiva. 

Por supuesto, lo importante en Yosano no son estas complicaciones románticas, aunque de ellas se nutra toda su poesía posterior. Lo distintivo en su figura es haber sido una de las pioneras del feminismo en Japón, una mujer que defendió la igualdad de su sexo a capa y espada, junto con el derecho a vivir la vida de la manera que se le antojase, sin tener que responder ante nadie. Pero sobre todo y ante todo, la libertad de poder expresarse sin ataduras, para mostrar así sus sentimientos íntimos, sus deseos y apetencias personales sin miedo ni vergüenza. Hablar sin miedo y sin tapujos de como veía ella el mundo y lo experimentaba, rompiendo así con los moldes impuestos por morales arcaicas o imperativos sociales.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Torbellino

Wir trennten uns im Vorspiel der Liebe,
An meinem Herzen glitzerte noch hell dein Wort -
Und still verklangen wir im Stadtgetriebe,
Im Abendschleier der Septembertrübe
In einem schluchzenden Akkord.

Doch in der kurzen Liebesouvertüre,
Entschwanden wir von dieser Erde fort,
Durch Paradiese bis zur Himmelstüre,
Und es bedurfte nicht der ewigen Liebesschwüre,
Und nicht der Küsse blauer Zaubermord.

Und meiden doch seitdem uns wie zwei Diebe -
Und nur geheim betreten wir den Ort,
Wo uns vergoldete - die Liebe.
Bewahren wir sie, daß sie nicht erfriere,
Oder im Alltag blinder Lust verdorrt.
Ich weinte bitterlich - wenn ich es einst erführe.


Obertura, Else Lasker-Schüler

Nos separamos en el preludio del amor
En mi corazón aún brillaba luminosa tu palabra -
Y callados resonamos en los engranajes de la ciudad
en el velo de la tarde del neblinoso septiembre
en un acorde lastimero

Pero durante la corta obertura del amor
nos arrebatamos a esta tierra
a través del paraíso hasta las puertas del cielo
Y no fue preciso un juramento eterno de amor
Ni el beso del amoratado hechizo asesino

Y nos evitamos desde aquel día como dos ladrones
Y sólo secretamente visitamos el lugar
Donde nos hizo de oro - el amor.
Cuidamos que no se congele
o que en el día a día se agote su ciego placer
Lloré amargamente - la primera vez que lo experimenté.


Durante esta tres semanas he estado leyendo unas breves antologías de tres grandes poetisas del siglo XX: la alemana Else Lasker Schüler, la japonesa Yosano Akiko y la iraní Forug Farrojzad. Aunque pertenecen a ámbitos culturales muy distintos y, en el caso de Farrojazad, a una época muy posterior, las tres comparten un mismo substrato ideológico. Se trata de mujeres independientes, que deciden vivir a su manera, lo que les lleva a chocar con sociedades tradicionales y ciertamente discriminatorias hacia los derechos de la mujer, incluso hoy en día. Este deseo de libertad no se limitó a sus actos - no habrían pasado en ese caso de ser consideradas unas excéntricas, o mucho peor, unas locas - sino que se extendió a una obra literaria, e incluso cinematográfica en el caso de Farrodjzad, en donde se atrevían a expresar sin tapujos ni reparos el modo en que ellas sentían y experimentaban el amor y el sexo.

Se embarcaron así en la destrucción voluntaria de un modelo de mujer impuesto por sus respectivas sociedades, aquella despojada de su sexualidad, que obviamente les llevó a entrar en conflicto con los defensores de la decencia y las autoridades religiosas.  Precisamente ésas que de nuevo quieren volver a dictarnos como vivir y sentir, primero en el oriente musulmán desde 1979, más recientemente en el occidente que se creía  postcristiano, con el auge del integrismo protestante.

martes, 26 de enero de 2016

Laberintos sin salida

No sé a qui adreç mon parlament,
perquè és llong temps no em parle ab amor
e dona al món no sent de ma tristor.
Així mateix, jo no n'he sentiment.
 
Ausias March, Cancionero, Canción CXI

No se a quien dirigir mi soliloquio
pues no hablo con Amor desde hace tiempo
y no hay mujer que sufra con mi pena
yo mismo estoy también sin sufrimiento


Es triste, muy triste, que lo primero que se me ocurra al escribir unas notas sobre el excelso poeta que es Ausias March, sean temas políticos

El primero de ellos, por supuesto, es como la cerrazón de los nacionalismos, especialmente el que se llama nacional pero es sólo castellano, ha venido a privarnos de grandes tesoros literarios a los habitantes de esta piel de toro: los de la herencia común de las diferentes lenguas que forman parte, mal que bien, de este país llamado España. Como bien decía Unamuno, cualquier persona nacida en Iberia, debería ser capaz de leer con fluidez sin mucho esfuerzo al menos en otras tres lenguas peninsulares: Portugués, Gallego y Catalán, en el caso de ser de habla castellana. Sin embargo, de nuevo en el caso castellano, no es ya que no tengamos idea alguna de los logros literarios de un país independiente pegado al nuestro, Portugal, pero que parece haber cesado de existir en nuestras muestras, es que ni siguiera nos preocupamos por las literaturas de esas otras lenguas que son tan españolas como la castellana, por mucho que pese a los proponentes del nacionalismo de raíces mesetarias.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Ortodoxias heterodoxas

...Suppose he should relent
And publish Grace to all, on promise made
Of new Subjection; with what eyes could we
Stand in his presence humble, and receive
Strict Laws impos'd, to celebrate his Throne
With warbl'd Hymns, and to his Godhead sing
Forc't Halleluiah's; while he Lordly sits
Our envied Sovran, and his Altar breathes
Ambrosial Odours and Ambrosial Flowers,
Our servile offerings. This must be our task
In Heav'n, this our delight; how wearisom
Eternity so spent in worship paid
To whom we hate. Let us not then pursue
By force impossible, by leave obtain'd
Unacceptable, though in Heav'n, our state
Of splendid vassalage, but rather seek
Our own good from our selves, and from our own
Live to our selves, though in this vast recess,
Free, and to none accountable, preferring
Hard liberty before the easie yoke
Of servile Pomp.

John Milton, Paradise Lost

...Suponed que Él rectificase
y publicase un indulto para todos, con la condición
de nuevo sometimiento; con que mirada podríamos
permanecer humildes en su presencia, y aceptar
duras leyes impuestas, par celebrar su Trono
con armoniosos himnos y a sus divinidad cantar
forzados Aleluyas, mientras Él señorial se sienta
nuestro envidiado soberano y su altar exhala
aromas de ambrosia y flores de ambrosía
nuestras ofrendas serviles. Esa debe ser nuestra labor
en los cielos, ese nuestro deleito,  qué agotador
pasar la eternidad en adoración adeudada
a quien odiamos. No persigamos
lo  imposible por la fuerza, lo otorgado por el favor
inaceptable, aunque sea  en los cielos, nuestro estado
de esplendida servidumbre, pero más bien busquemos
nuestro bien por nosotros mismos, aunque sea en estos vastos espacios,
libre, y sin deberle nada a nadie, prefiriendo
la dura libertad al suave yugo
de la pompa y el boato servil

La paulatina laicización de la sociedad, al menos en occidente, ha llevado a que gran parte de la literatura del pasado, aquélla de tono religioso, sea cada vez menos transitada. No es  una conclusión inesperado, puesto que gran parte de esas obras están tan  convencidas de la verdad de la doctrina que propagan, que poco esfuerzo hacen para intentar comunicar esas ideas a quienes no las profesan. Esto, en el mejor  de los casos, pues tampoco es infrequente que esa fe sin fisuras de sus autores se traduzca en el desprecio y la mofa de los no convencidos, en actitud propia de fanáticos ignorantes, que tan repelentes resultan en un mundo moderno aconstumbrado a poner en tela de juicio cualquier afirmación y exigir pruebas convincentes para aceptarla.

Curiosamente, de ese rechazo, mejor dicho de ese olvido neutro y por tanto peor que cualquier desprecio, se han librado los escritos de los muchos místicos que produjo el cristianismo. Esta pervivencia quizás se deba al punto de locura, de desaforamiento, provocado por la imposibilidad de comprender el misterio divino, consustancial a toda experiencia mistica. Un estado mental de arrebato, que por definición queda fuera de toda explicación racional, y por ello mismo, resulta fascinante para cualquiera, aunque se halle, como es mi caso, en el polo opuesto intelectual. Esa coincidencia y concordancia entre antípodas puede deberse a que el místico, al intentar representar ese contacto íntimo inefable con la divinidad, recurre a otro tipo de sentimientos humanos básicos y fundamentales, fuera del marco religioso, y por ello mismo, abiertos a ser sentidos y compartidos por otras muchas personas diferentes, aunque sea apelando a registros sentimentales muy distintos de los teológicos.

martes, 3 de noviembre de 2015

Universos y celdas

Mordí mujer, me hundí desvaneciéndome
desde mi fuerza, atesoré racimos,
y salí a caminar de beso en beso,
atado a las caricias, amarrado
a esta gruta de fría cabellera,
a estas piernas por labios recorridos:
hambriento entre los labios de la tierra,
devorando con labios devorados.

Pablo Neruda, Yo soy, Canto general.

Ezra Pound, de quien les he hablado en varias entradas anteriores, y Pablo Neruda pertenecen a la misma categoría de poetas. Los creadores que durante el siglo XX se embarcaron en el proyecto de escribir un poemario universal en el que cupiesen todos los paisajes, todas las historias, todas las vivencias. Más restringido, cierto, en el caso de Neruda que en el de Pound, ya que el escritor chileno se circunscribió a la realidad americana y compuso su obra magna, Canto General, en unos pocos años tras la segunda guerra mundial, mientras que el poeta británico pretendía construir en sus Cantos un Museo Británico portátil   - en la adecuada expresión de Stan Brakaghe - quedando la tarea inacabada a su muerte, tras largas décadas de añadidos, correcciones, abandonos y retornos.

Ambos son poetas de profunda inspiración, tocados por el impulso de las vanguardias europeas, aunque más experimental, más radical estéticamente, el inglés que el chileno. Neruda siempre se preocupó porque las imágenes turbulentas de su poesía no enturbiaran el mensaje que quería comunicar, mientras que en Pound la forma superaba y desbordaba al contenido, hasta convertirlo en enigma y rompecabezas. A pesar de la engañosa dificultad del uno y de la falsa facilidad del otro, ambos se han convertido en símbolos de sus literaturas respectivas, en autores que han llegado a encarnar el espíritu de sus tierras y de quienes no se puede prescindir, si realmente se quiere conocer ambas lenguas en profundidad.

Una posición central indiscutible que, no obstante, se ve lastrada, dañada, minada en sus obras magnas por sus posicionamientos políticos, fascismo en el caso de Pound, Estalinismo en el caso de Neruda, que llegan a ocupar por entero el espacio de su literatura, substituyendo todo lo demás por la necesidad de propagar los propios convencimientos ideológicos, sin admitir la posibilidad de dudas, mucho menos errores, en ellos.

martes, 13 de octubre de 2015

Laberintos y tinieblas

J'étais dans une de ces forêt où le soleil n'a pas accès mais où, la nuit, les étoiles pénètrent. Ce lieu n'avait le permis d'exister, que parce que l'inquisition des États l'avait négligé. Les servitudes abandonnées me marquaient leur mépris. La hantise de punir m'était retirée. Par endroit, le souvenir d'une force caressait la fugue paysanne de l'herbe. Je me gouvernais sans doctrine, avec une véhémence sereine. J'étais l'égal des choses dont le secret tenait sous le rayon d'une aile. Pour la plupart, l'essentiel n'est jamais né, et ceux qui le possèdent ne peuvent l'échanger sans se nuire. Nul ne consent à perdre ce qu'il a conquis à la pointe de sa peine! Autrement ce serait la jeunesse et la grâce, source et delta auraient la même pureté.
J'étais dans une de ces forêts où le soleil m'a pas accès mais où, la nuit, les étoiles pénètrent pour d'implacables hostilités

René Char, Pénombre, Fureur et  mystère 

Estaba en uno de esos bosques en donde el sol no tiene acceso, pero donde la noche, las estrellas, penetran. Ese lugar solo tenía derecho a existir porque la inquisición de los estados lo había descuidado. Las servidumbres abandonadas me señalaban su desprecio. La obsesión por castigar me había sido retirada. A mi alrededor, el recuerdo de una fuerza acariciaba la fuga campesina de la hierba. Me regía sin doctrina, con una vehemencia serena. Era el igual de las cosas de las que el secreto se encontraba bajo el rayo de un ala. Para la mayoría, lo esencial nunca nace y los que lo poseen no pueden intercambiarlo sin dañarse.¡Nadie consiente en perder lo que a conquistado a punta de penas! De otro modo ocurriría que juventud y gracia, fuente y desembocadura tendrían la misma pureza.
Estaba en uno de esos bosques en donde el sol no tiene acceso, pero donde la noche, la estrellas, penetran por implacables hostilidades
Mi primer contacto con la poesía de René Char tuvo rasgos de decepción. Mi creciente olvido del francés, unido a la concentración y entrega que este escritor exige de sus lectores, me llevaron a perder el rumbo en mi lectura, a extraviarme a mitad de un poema, sin llegar a destino, ni haber apreciado el camino propuesto. Sin embargo, aquí y allá, quedaban imágenes poderosas, semejantes a ruinas de una civilización desaparecida, que me impedían abandonar definitivamente la tarea de leer a Char.

Es más, me impelían a volver a intentarlo, en algún otro momento.

No tardé mucho en hacerlo. Esta vez no en antología, sino en poemarios completos, tal y como él había compilado sus versos a medida que se acumulaban. La diferencia entre ambos viajes por Char fue notable. En primer, toda antología adolece de un defecto fundamental: ser como un invernadero donde se acumulan plantas y árboles de muy diferentes orígenes, cuya única relación es compartir un espacio ajeno al suyo. La lógica y la evolución interna de un poemario completo se pierde así, así como las múltiples relaciones, alusiones y referencias, que como si fueran estratos de sedimento, se van a acumulando en la memoria del lector, aclimatándolo y naturalizándolo en las tierras extrañas y desconocidas de un poeta.

Eso es lo que me faltaba en mi primera lectura, fragmentaria y deslavazada. Eso es lo que encontré en la segunda.

sábado, 1 de agosto de 2015

Elegías

As a lone ant from a broken ant-hill
from the wreckage of Europa, ego scriptor
The rain has fallen the wind coming down
out of the mountain
Lucca, Forti dei Marmi, Berchthold after the other one...
parts reassembled
...and within the crystal, went up swift as Thetis
in colour rose-blue before sunset
and camine and ambar

Como una homiga solitaria de un hormiguero destruido
del naufragio de Europa, ego scriptor
La lluvia ha caído, el viento baja
de las montañas
Lucca, Forti dei Marmi, Berchthold tras el otro
las piezas de nuevo montadas
...y en el interior del cristal, ascendió tan ágil como Tetis
en el color rosa-azulado de antes del atardecer
y en carmín y ambar.

Ezra Pound. The Pisan Cantos (1948)

Les había indicado ya como los 30 primeros cantos de Ezra Pound, publicados en 1930, son una de las obras maestras absolutas de la poesía del siglo pasado. En ellas se mezclan todo tipo de referencias, históricas, políticas, religiosas, mitológicas, literarias y artísticas, así como diez lenguas distintas, latín, griego, inglés, francés, italiano, alemán, español, provenzal, chino y japonés, para crear un conjunto que escapa a toda clasificación. Una obra que no tiene un propósito definido, ni una estructura clara, que parece limitarse a divagar sin rumbo, pero que acaba por adquirir una coherencia y una resonancia inusitadas. La de una persona que de repente descubre que no hay civilizaciones, sino civilización, que no hay historias, sino historia, que no hay culturas, sino cultura. Un continuum artístico-ideológico sin límites ni jerarquías, donde todas las experiencias, todos los descubrimientos, son válidos, tengan el origen que tengan.

Les contaba también como en las sucesivas entregas de los cantos, su calidad y su interés iba decayendo de modo notable, coincidiendo con la fascinación del autor por el fascismo Mussoliniano. evolución que le llevo a pasar la segunda guerra mundial en Italia, como colaborador consciente de ese régimen en contra de su patria de origen. Los cantos del XXXI al LXXI adoptan así poco a poco un carácter panfletario en el que Pound sólo se preocupa por convencernos de un ideario político que no acaba de quedar muy claro, fuera de la maldad y el engaño inherente a la democracia liberal tal y como había sido constituida en occidente tras la Guerra de Independencia Norteamericana. La trampa de esos sistemas queda expresada simplemente en que la libertad de la que estos regímenes se ufanan, se ve siempre contradicha por la realidad de un poder económico que impone sus designios a la ciudadanía... una tesis que puede ser muy cierta - y creo que lo es - pero que no acaba de funcionar en formato poético, y mucho menos como justificación del fascismo

Los últimos cantos llegan a ser tan aestéticos, si me permiten el neologismo, que da la impresión que Pound ha perdido su musa poética por completo. Tanto que estuve a punto de interrumpir su lectura, para no estropear el buen sabor de boca que me habían dejado los XXX primeros.

Fue entonces cuando me topé con The Pisan Cantos, escritos por Pound tras la Segunda Guerra Mundial. Y volví a enamorarme de este poeta y de la forma única que el había creado.

jueves, 25 de junio de 2015

Ubicuidad, simultáneidad

And beneath: the clear bones, far down,
Thousand on Thousand.
"What gain with Odysseus,
"They that died in the whirlpool
"And after many vain labours,
"Living by stolen meat, chained to the rowingbench,
"That he should have a great fame
"And lie by night with the goddess?
"Their names are not written in Bronze
"Nor their rowing sticks set with Elpenor's
"Nor have they mound by sea-bord.
"That saw never the olives under Spartha
"With the leaves green and then not green,
"The click of light on the branches;
"They saw not the bronze hall not the ingle
"Nor lay there with the queen's waiting maids,
"Not had they Circe to couch-mate, Circe Titania,
"Not had they meats of Kalüpso
"Or her silk skirts brushing their thighs.
"Give! What were they given?
"Ear-wax
"Poison and Ear-wax
"And a salt grave by the bull field,
"neson amumona, their heads like sea crows in the foam
"Black splotches, sea-weed under lightning
"Canned beef of Apollo, ten cans for a boat load"

Ezra Pound, The Cantos, Canto XX

Y abajo, los huesos límpios, muy abajo.
Miles sobre miles
"¿Qué ganaron con Odiseo
 "Los que murieron en el remolino
"Y tras muchos vanos trabajos
"viviendo de carne robada, encadenados al remo,
"para que él alcanzara gran fama
"y se acostase con la diosa?
"Su nombres no están grabados en bronce
"Ni sus remos junto al de Elpenor
"Ni tienen un túmulo al borde del mar
"No vieron los olivos de Esparta
"Con sus hojas verde y entonces no verdes
"El brillo de la luz en las ramas;
"No vieron el zagüan de bronce ni el hogar
"Ni yacieron allí con las damas de honor de la reina
"ni tuvieron a Circe como compañera de lecho, a Circe Titania
"Ni recibieron carne de Calipso
"Ni sus faldas de seda rozaron sus muslos.
"¡Eh! ¿Qué se les dió?
Cera para los oídos
Veneno y cera
Y una tumba salada junto al campo del toro
neson aumona, sus cabezas como cuervos marinos en la espuma
Manchas negras, algas bajo el relámpago
El buey enlatado de Apolo, diez latas por barco.

Me hallo embarcado en la lectura de Los Cantos de Ezra Pound, una tarea autoimpuesta que me empieza a parecer semejante a las labores y trabajos de los compañeros anónimos de Ulises, extraviados en su navegar sin fin, casi sin destino, para pronto descubrir que el retorno a la patria, mejor dicho, cualquier puerto amigo, les estaba vedado. Para explicarlo al que no sepa de que hablo: Estoy leyendo un larguísimo poema épico de casi 800 páginas, dividido en más de cien cantos, que constituye uno de los centros de la modernidad literaria, en cuyas páginas se cruzan e interfieren versos escritos en al menos diez idiomas distintos (inglés, francés, italiano, español, alemán, chino, griego, latín, provenzal, gaélico), con los que se "citan" y se hacen "referencia" a los hechos históricos y las obras literarias de otras culturas. Eso sí, sin orden, plan, guía, claves, propósito o finalidad aparente.

Como pueden apreciar, no había medido bien el peso de la carga que había decidido transportar y que acarreo con bastantes dificultades desde hace ya varias semanas. Pero antes de compartir mis impresiones sobre Pound y sus Cantos, como poeta y como poema, es necesario referirse a ese otro aspecto inseparable de su personalidad: Su compromiso político... aunque sea el "equivocado". Pound es una de tantas personalidades importantes de la cultura de primeros del siglo XX que eligió voluntariamente ponerse de lado del fascismo. Con tal fe y entrega, que pasó la guerra mundial en Italia, en el bando enemigo de su país, e incluso llenó algunos de sus cantos de esa época, los 72 y 73, escritos en italiano, con elogios al combate de las potencias del Eje contra los Aliados, además de insultos e invectivas contra estos.

Con frecuencia se ha querido disculpar a Pound por su pertenencia al bando equivocado, al igual que se ha hecho con Knut Hansom o con Celine. Falta de visión, confusión ideológica, rebelión justa pero mal encauzada, han sido argumentos que se han elegido para exculpar a estos escritores egregios del pecado de no haber sido de izquierdas, o como poco antifascistas. Sin embargo, al menos en el caso de Pound, estos sofismas a posteriori en seguida se revelan como lo que son: falsos y convenientes. El compromiso de Pound con el fascismo es más que sincero, tal y como lo revelan sus escritos de guerra, entre lo mejor del inmenso océano, desierto y selva, todo al mismo tiempo, que son sus cantos.

El fascismo de este escritor es por tanto una realidad innegable, que no podemos barrer debajo de la alfombra porque nos afea el salón. Hay que aceptarlo como lo es, sin intentar disimularlo.

Y dicho esto, pasemos a hablar de la poesía Los Cantos, que es lo que realmente (nos) interesa.

martes, 19 de mayo de 2015

Recuerdos

Como en una intuición, más que en una percepción, por primera vez en su vida adivinó la hermosura de todo aquello que sus ojos contemplaban. Y con la visión de esa hermosura oculta se deslizaba agudamente en su alma, clavándose en ella, un sentimiento de soledad hasta entonces para él desconocido.
El peso del tesoro que la naturaleza le confiaba era demasiado para su sólo espíritu aún infantil, porque aquella riqueza parecía infundir en él una responsabilidad y un deber, y le asaltó el deseo de aliviarla con la comunicación de los otros. Mas luego un pudor extraño le retuvo, sellando sus labios, como si el precio de aquel don fuera la melancolía y aislamiento que lo acompañaban, condenándole a gozar y a sufrir en silencio la amarga y divina embriaguez, incomunicable e inefable, que ahogaba su pecho y nublaba sus ojos de lágrimas.


Belleza Oculta, Ocnos, Luis Cernuda

Les hablaba, hace unas cuantas entradas, de mi admiración por la poesía de Cernuda, ya desde tiempos de mi adolescencia, cuando me encontré con su obra durante las clases escolares de literatura. No les oculte tampoco que mis preferencias se centran en sus dos libros tempranos, Los placeres prohibidos y Donde habite el olvido, de los que me arrebataba el torbellino de ideas y palabras, de pasiones y sentimientos, de surrealismo tránsido de significado, que había causado su creación y regido su forma definitiva.

La poesía posterior de Cernuda se apartó de ese modelo juvenil, para aquietarse y serenarse, volviéndose clásica, aunque sin recurrir a las formas clásicas. Así, en su nuevo modo, logró continuar siendo moderno, pero sin muchos de los aspavientos de la vanguardia. Ese cambio formal es comprensible, ya que las cumbres de aquellos dos poemarios difícilmente podían volver a ser alcanzadas. De hecho, el propio Cernuda llegó a repudiar en cierta medida aquellos dos libros, al considerarlos un ejercicio de exhibicionismo sentimental, indigno de lo que él pretendía con su poesía.

Independientemente de esta consideración, lo cierto es que, comparada con aquellas dos tempestades en verso, la obra posterior de Cernuda pierde un tanto. Sigue habiendo poemas definitivos, relámpagos en cielo sereno - nunca mejor dicho - pero la mayoría de su versos tienen un carácter de normal, de familiar, que contrasta fuertemente con su poesía anterior. Esos dos libros primeros quedan así constituidos como excepción, quiebro y desvío, impidiendo con su singularidad que podamos juzgar correctamente al Cernuda de todos los días posteriores, ese poeta que se sobrevivió a sí mismo - y a la guerra y al exilio - y continuó escribiendo durante muchas décadas más.

Y luego esta Ocnos, la otra excepción en su obra.

martes, 5 de mayo de 2015

Soledad, fiel compañera

Para unos vivir es pisar cristales con los pies desnudos; para otros vivir es mirar el sol frente a frente.

La playa cuenta días y horas por cada niño que muere. Una flor se abre, una torre se hunde.


Todo es igual. Tendí mi brazo; no llovía. Pisé cristales; no había sol. Miré la luna; no había playa.


Qué más da. Tu destino es mirar las torres que levantan, las flores que abren, los niños que mueren; aparte, como naipe cuya baraja se ha perdido.


 Luis Cernuda, Los Placeres Prohibidos

En este año (o años) que estoy dedicando a leer sólo poesía, estoy aprovechando para reencontrarme con varios de mis escritores favoritos. Algunos ya han pasado por estos anotaciones, caso de Walt Whitman o Emily Dickinson en lengua inglesa, César Vallejo en la castellana. Ahora ha llegado el turno de otro, de ésos de cuya palabra me enamoré en mi juventud y cuyo recuerdo me sigue acompañando a medida que envejezco, aunque cada relectura viene acompañada de ilusión y miedo. Ilusión por volver a disfrutar de sus versos, miedo por encontrar que en el tiempo transcurrido, en el camino recorrido, se me ha perdido esa sensibilidad especial que es necesaria para apreciarles.

El poeta del que les hablo es Luis Cernuda, uno de nuestros grandes del veintisiete, poeta por cuyos versos siento una afinidad especial, casi como si hubieran sido escritos por mi y para mí, especialmente en sus obras primeras, las escritas antes de sus múltiples exilios, todos ellos definitivos y sin término, excepto el de la muerte. Por supuesto, al hablar de Cernuda es un lugar común citar su identidad sexual, cómo esa homosexualidad le llevó a considerarse una excepción, cuando no un excluido. Un aislamiento y una soledad cuya experiencia cotidiana dotan de un hondo sentimiento de desesperación a sus versos, cercano al torbellino y al remolino, sin escape ni salvación posible.

Sin embargo, esa orientación sexual, que una y otra vez se trasluce en sus verso, cuando no se muestra clara y meridiana, rutilante y solar, cegadora y gozosa, no es una cárcel que encierre a Cernuda en un espacio angosto y asfixiante, reservado para unos pocos correligionarios, esos que hoy etiquetaríamos como LGBT. No, el milagro de Cernuda es que su sentimiento se vuelve universal, por muy distinto que el objeto o los objetos de su pasión sean de los nuestros. En realidad, su tribu es otra (mejor dicho, es también otra) lo que permite que en él, en sus palabras, muchos nos reconozcamos, encontremos quien siente igual que nosotros, sintamos, por un breve instante, que no estamos sólos, que alguien, en alguna parte, en cierta medida, podría comprendernos.

martes, 21 de abril de 2015

Belleza y compromiso

Dans les rues de la ville il y a mon amour. Peu importe où il va dans le temps divisé. Il n'est plus mon amour, chacun peut lui parler. Il ne se souvient plus; qui au juste l'aima?

Il cherche son pareil dans le voeu des regards. L'espace qu'il parcourt est ma fidélité. Il dessine l'espoir et léger l'éconduit. Il est prépondérant sans qu'il y prenne part.


Je vis au fond de lui comme une épave heureuse. A son insu, ma solitude est son trésor. Dans le grand méridien où s'inscrit son essor, ma liberté le creuse.


Dans les rues de la ville il y a mon amour. Peu importe où il va dans le temps divisé. Il n'est plus mon amour, chacun peut lui parler. Il ne se souvient plus; qui au juste l'aima et l'éclaire de loin pour qu'il ne tombe pas?


Allégeance, René Char

En las calles de la ciudad, se halla mi amor. Poco importa a donde va en su tiempo aparte. Ya no es mi amor, cualquiera puede hablarle. Ya no se acuerda; ¿quién lo ama ahora?

Busca su igual en la promesa de las miradas. El espacio que recorre es mi fidelidad. Dibuja la esperanza y la conduce ligera. Es dominante sin tomar parte.

Miro en su fondo como en un pecio dichoso. Sin saberlo, mi soledad es su tesoro. En el gran meridiano donde se inscribe su ascenso, mi libertad lo ahonda.

En las calles de la ciudad, se halla mi amor. Poco importa donde va en su tiempo aparte. Ya no es mi amor, cualquiera puede hablarle. Ya no se acuerda; ¿Quién lo ama ahora y lo ilumina de lejos para que no caiga?

Como sabrán los lectores de este blog, he llegado a medio dominarme en varios idiomas.  No es ya que sirvan para comunicarme con los hablantes de esas nacionalidades y hacer negocios en este mundo en el que lo único que importa es el beneficio monetario. No, lo auténticamente importante es que suponen la puerta de entrada a sus literaturas, al amplio mundo de su historia, su cultura y su pensamiento. Y si hablamos de literatura, o de expresión escrita en general, hay dos niveles cuya comprensión constituye el máximo al que se puede aspirar, la prueba de que realmente se domina y se comprende ese otro idioma.

Se trata, en mi opinión, de los registros de la poesía y de la filosofía. Ámbitos aparentemente opuestos, pero que considero hermanados en su dificultad. El uno, el de la versificación, por su afán de prensar en pocas palabras y líneas vastas extensiones de pensamiento, el otro, por su obsesión en hallar la expresión perfecta e irrefutable, que finalmente aboliese las ambigüedades del lenguaje. Por supuesto, parte de la alta consideración en que tengo a estas formas, se debe a mi enamoramiento juvenil por ambas, atracción y fascinación que acabó por formar parte irrenunciable de mi personalidad, aunque la vejez y la decadencia comiencen a hurtarme la capacidad para disfrutarlas y comprenderlas.

Hecha esa introducción comprenderán ahora porque intento leer a los poetas en sus lenguas originales, aunque, desgraciadamente, se me escapen muchas de las relaciones, de las obviedades lingüísticas, que son evidentes para un hablante nativo. Asímismo, la lista de poetas, de grandes poetas, que uno tiene en la memoria, es parcial e incompleta, reducida a aquellos autores que tuvieron repercusión e influencia más allá de sus fronteras, en nuestro propio país y literatura, pero cuya importancia y valor real pueden ser muy distintos cuando se miran desde el interior y el presente de una lengua.

Todo esto, esta larga introducción a la introducción, viene a cuento porque a René Char, el poeta francés del siglo XX, llegué por casualidad, buscando libros de poetas surrealistas en la tienda del Museo Magritte de Bruselas. Por alguna razón, su nombre me llamó la atención, creí recordar haber leído que alguien en alguna red social, había expresado su alegría, su gozo al descubrirlo. Así que me decidí, compré el libro, una selección de sus poemas, y lo puse en lo alto de la pila para leer. Esa misma pila que no sé si llegaré a agotar algún día.

Y como en las auténticas experiencias literarias - mejor dicho, en cierto tipo de experiencias literarias - no sé muy bien que decir. Aparte de una cosa, que tras haberlo leído dos veces, y casi naufragar en ambos periplos, tengo que volver a leerlo entero otra vez más, pero esta vez en versión completa, buscando esos poemas que no fueron elegidos para la antología y que pueden ser tanto o más importantes que los he disfrutado - o no - en esta ocasión.

Y quizás eso es lo más importante.

jueves, 9 de abril de 2015

Tiempo sin eternidad

What might have been is an abstraction
Remaining a perpetual possibility
Only in a world of speculation.
What might have been and what has been
Point to one end, which is always present.
Footfalls echo in the memory
Down the passage which we did not take
Towards the door we never opened
Into the rose-garden.


T.S. Eliot, Burnt Norton, Four Quartets


Lo que podía haber sido es una abstracción
convertida en una posibilidad perpetua
sólo en un mundo de especulación
Lo que podía haber sido y lo que fue
apuntan a un destino, que siempre está presente
El echo de las pisadas repercute en la memoria
bajando el pasaje que no tomamos
Hacia la puerta que nunca abrimos
Hacia el jardín de las rosas.


Tras mucho tiempo de tenerlo dormitando en una de las estanterías de mi biblioteca, me he atrevido al fin con el volumen de la obra poética (casi) completa de T.S. Eliot, y lo primero que me ha sorprendido es su brevedad. No les descubro nada diciéndoles que es uno de los poetas fundamentales del siglo, pero asímismo se trata de un poeta cuya obra (casi) se reduce a sus poemas-hito: The Wasted Land, The Love Song of J. Alfred Pruffock, The Hollow Man y The Four Quartets. Fuera de ellos, quedan otros poemas no menos importantes, pero cuya longitud total apenas llega a igualar la de estos cuatro grandes.

Se trata de un poeta, por tanto, de inmenso poder de concentración, capaz de resumir en unos cuantos versos, en un puñado de poemas, una visión completa y coherente de la existencia humana - ya veremos cual -, pero sin quedarse limitado a ese aspecto de elaborador ideológico/temático. Muy al contrario, Eliot es al mismo tiempo un mago del lenguaje inglés, capaz de armonizar en un mismo espacio y casi en un mismo verso, registros cultos y populares, lenguaje arcáico y recién creado, la serenidad de los  mitos milenarios y el rugir del progresos.

No obstante, esa misma brevedad, esa misma concisión, puede jugar en contra de su apreciación por el lector moderno, demasiado aconstumbrado a leer sin leer, a pasear apresurado la vista por los textos debido a la falta de tiempo. Ese lector, y más de uno avezado, pueden encontrar que Eliot acaba sin haber apenas empezado, como si te dejase abandonado a tus propios medios en mitad de un descampado. La poesía de Eliot - como casi toda poesía, pero en este caso más cierto aún - exige la relectura, una, dos, tres veces, hasta que sus palabras, sus giros y sus ideas, sean tan conocidas que pasen a formar parte de uno mismo.