domingo, 16 de diciembre de 2018

La lista de Beltesassar: Conclusiones II

En la entrada anterior, les recordaba como en el periodo cubierto por la selección de cortos del misterioso profesor Beltesassar, de 1990 a 2010, se había obrado un cambio cualitativo en el mundo de la animación. Esa revolución, porque no merece otro nombre, había consistido en la introducción de la animación 3D, que en pocos años había pasado de ser una curiosidad, de acabado tosco y burdo, a convertirse en la forma dominante, capaz de substituir y suplantar la propia realidad. Toca ahora examinar con brevedad como esa nueva forma había afectado a las tradicionales, tanto en su apreciación como en su proceso productivo, tanto en sus formas comerciales como en las vanguardistas/experimentales.

La primera constatación es que el ordenador se ha convertido en una herramienta insustituible en el proceso animado. En la animación comercial, sea americana, europea o el anime japonés, ha conseguido que la gran mayoría de los defectos usuales e inevitables de la animación tradicional, dibujada primero en papel y luego transferida a acetatos, hayan desaparecido por completo. Por ejemplo, el temblor en la imagen debido al uso de distintos acetatos entre cada plano ha sido erradicado, así como las diferencias en color debidas a tener que pintarlos uno por uno, en ocasiones por diferentes manos.  Asímismo, aunque los diseños, e incluso la animación en primer borrador, puedan seguir siendo realizadas a mano, acaban siempre por ser escaneadas. La liberación del formato físico, sea papel o acetato, permite hacer correcciones, incluso reconstruir toda la secuencia, en un tiempo mucho menor y casi sin costes, fuera del de las horas de trabajo del operador.

Añádase la capacidad de generar sintéticamente fondos, vehículos y maquinaria de complejidad casi ilimitada, así como que es posible insertar tantas acciones animadas como se quiera, sin perder nitidez como ocurría al apilar los acetatos, y se tendrá que en apenas una década la calidad media de todas las producciones animadas, incluso las más ajustadas de presupuesto, se ha elevado por encima de los productos estrella de periodos anteriores. Por poner un ejemplo, si Akira (1987, Katsuhiro Otomo) sigue asombrando, no es ya porque no exista nada parecido, puesto que las tecnologías digitales permitirían rehacerla con una calidad incluso superior. Es porque sabemos que está hecha a mano y que con ella se llegó al límite de lo que permitían los métodos tradicionales.

Esta explosión de posibilidades y facilidades técnicas debería haber llevado a un renacimiento de la animación de dibujos tradicional, lo que ahora llamamos 2D. Sin embargo, de forma paradójica, no ha sucedido así. En occidente, en especial en los EE.UU. estas dos décadas han visto como la animación 2D ha sido abandonada, hasta parecer anticuada, una forma ya muerta y apolillada. En mi opinión, hay dos factores para ese cambio. En primer lugar, ha habido una abrumadora respuesta favorable hacia la 3D por parte del público, al que le ha fascinado la brillantez hiperreal de esta nueva técnica. Hasta tal punto, que estas nuevas producciones, en especial las de Pixar, han sido consideradas como, por fin, "maduras" y "adultas"  por parte de la crítica, en claro desprecio a toda la historia anterior de la animación.

Este éxito popular ya hubiera bastado para inclinar a los grandes estudios hacia la 3D, puesto que su negocio no es hacer avanzar el arte, sino recaudar dinero, pero aún hay otro factor, no menos importante. Producir animación 3D es más barato que la 2D no sólo por razones técnicas, sino por razones laborales. En la 2D se necesitan animadores que sepan dibujar bien  y que tengan la capacida de traducir esos diseños en movimientos verosímiles, dotados de energía y gracia. Esa tarea sólo está al alcance de unos pocos artistas con instinto, imaginación, dotes y una larga formación, mientras que en la 3D, la ayuda de los algoritmos permite emplear a animadores con mucha menor pericia y experiencia. Con mucho menor sueldo, por tanto. No es de extrañar, en consecuencia, que gran parte de la animación 3D sea impersonal y genérica, mero uso de una panoplia de recursos preconfigurados que pueden invocarse con un solo click.

Otra paradoja es que, frente a la clara decadencia de la 2D en Occidente, la animación fotograma a fotograma (la stop-motion de los anglosajones) ha experimentado un renacimiento inesperado. En principio, parecía que ésta iba a ser la más afectada por el auge de la 3D, puesto que competían por el mismo nicho estético, el de llevar la tridimensionalidad a un arte que en el fondo era plano. No ha ocurrido así, de manera que se ha podido ver como directores de la talla de Henry Selick han gozado al fin de una merecida fama, que había recaído, de manera injusta, en figuras tan insatisfactorias como Tim Burton. De manera similar, otros directores con larga carrera en la imagen real, en especial Wes Anderson, han seguido la vía contraria a la de tantos animadores de antaño, para hacer sus pinitos en el mundo animado con especial éxito, tanto de público como estético. Resultado inesperado, esta segunda juventud de la stop-motion, que en parte se debe a que los muñecos utilizados en esa forma han devenido auténticos robots, capaces, por su materialidad innata, de combatir a la 3D en su propio terreno.

Hasta aquí la animación comercial. ¿Pero qué ocurre con la animación vanguardista/experimental? Se podría haber esperado una resistencia a ultranza de los artistas consagrados, conocidos por técnicas creadas y refinadas antes de esta revolución. Pues bien, aunque es cierto que ha habido reticencias, al final todos han acabado aceptando estas nuevas tecnologías, para adaptarlas a su sentir y descubrir sus auténticas posibilidades. Ésas que en la animación comercial, tan preocupada por crear una realidad más real que la percibida, se suelen dejar de lado. Así, un creador tan característistico como el suizo Schwizgebel, conocido por trabajar  con la técnica de animación con pintura sobre cristal, ha trasladado su lienzo al ordenador, replicando de manera milimétrica en ese nuevo medio los efectos por los que era famoso y añadiendo algunos más. Otra artista no menos importante, la alemana Bärbel Neubauer, quien construía complejas secuencias animadas pintando directamente sobre el celuloide, ha utilizado los algoritmos matemáticos del ordenador para crear nuevas formas abstractas en constante movimiento, mutación y transformación.

Esto, en lo que concierne a los artistas consagrados y que podrían tener problemas de adaptación. Las nuevas figuras surgidas en el periodo 1990-2010 han crecido ya con el ordenador como herramienta de trabajo - y la Internet y Youtube y los smartphones -, de manera que sus posibilidades y ventajas son para ellos naturales, asumidas y asimiladas. No es de extrañar que entre ellos, cuando han podido y cuando su trabajo ha sido reconocido, hayan surgido las aproximaciones más radicales al uso del ordenador. Nombres como el de Mirai Mizue que crea tapices abstractos con decenas de animaciones simultáneas que bailan de manera sincronizada, son ejemplos de como transcender ese estancamiento estético que aqueja a la animación tradiciónal.

¿Conclusión? Que a pesar de todas mis quejas, con las que les he estado agobiando cada semana, vivimos una época maravillosa. 

Esto acaba de empezar y nadie puede aventurar que nos traerá.

martes, 11 de diciembre de 2018

Las cuentas pendientes (y IV)

Ahora bien, pese a que la Brigada Político Social haya cambiado de nombre, lo cierto es que sus agentes han continuado sirviendo en las Fuerzas de Seguridad, y muchos de ellos se han reciclado en la lucha antiterrorista. De hecho, entre este personal, que no ha sido objeto de ninguna depuración, destacan algunas figuras emblemáticas, como el «superagente» Roberto Conesa, probablemente el más conocido. Conesa ingresó en la policía en 1939 y fue adquiriendo experiencia en la lucha contra las guerrillas republicanas de los maquis del Norte, convirtiéndose rápidamente en un especialista de los interrogatorios y de la obtención de confesiones por medio de la tortura -como bien recordarán los acusados del proceso de Burgos-. En los últimos años del franquismo, y transformado en un torturador de renombre, Conesa logrará auparse hasta la cima de la Brigada Política Social. En 1976, al suprimirse este último cuerpo, es nombrado jefe superior de la policía de Valencia. En enero de 1977, tras los desastrosos resultados que está obteniendo la policía en el  caso Oriol, el nuevo director general de la Seguridad del Estado, Mariano Nicolás, exgobernador civil de Valencia, decide llamar a su antiguo jefe de policía. Éste regresa a Madrid, substituye al comisario encargado de la investigación, y en menos de dos semanas consigue resolver el asunto. Varios testigos referirán posteriormente el espanto que se apoderó de ellos al descubrir de pronto en primera plana de todos los medios el rostro del hombre que tanto sufrimiento les había infligido unos años antes. En marzo, Martín Villa le nombra director de la recién creada Brigada Antiterrorista, es decir, los GEOs. Le felicita además por su eficacia en el caso Oriol y lo condecora con la medalla de oro al merito policial. Conesa se pone al frente de la Comisaría general de Información, bajo la que se oculta la antigua Brigada Político Social. En el otoño de 1978, será enviado en misión especial al País Vasco, al frente de unos sesenta policías, con el fin de actualizar la información sobre ETA. Procede entonces a la detención de cerca de 180 personas pertenecientes a los círculos nacionalistas vascos, arrestando indiscriminadamente a los miembros activos y a los ya retirados de la organización e interrogando asímismo a sus familiares o a los militantes de otros partidos alejados de toda actividad terrorista. En 1979 sufre un infarto de miocardio y queda apartado de toda actividad laboral.  Una vez alcanzada la edad de la jubilación, se retira definitivamente de la policía.

Sophie Baby, El mito de la transición pacífica.

En la entradas anteriores, les había hablado de como se ha creado un mito casi indestructible sobre una transición remanso de paz que en realidad no fue tal, sino con un grado de violencia similar al de la Italia coetánea, sumida en una sangrienta guerra sin cuartel entre terrorismo de izquierda y derechas. Asímismo, y en nuestro caso,  la pervivencia en el recuerdo de ambas ramas del terrorismo ha tenido muy diferente suerte. Aun cuando ambos fueron casi igual de violentos, el de la derecha ha quedado casi olvidado, salvo hechos excepcionales como la matanza de Atocha; mientras que el de izquierda sigue siendo utilizado como arma arrojadiza en el combate político, producto de la larga trayectoria de ETA durante los 80 y 90. Sin embargo, hay un tercer tipo de violencia que ha desaparecido por completo de la memoria e incluso de la reflexión histórica: el ejercido por el propio estado.

No es de extrañar, ya que la existencia de esa violencia niega de pleno el mito de la transición pacífica e incluso su legitimidad. Si los poderes existentes usaron la fuerza, la violencia, la intimidación y el amedrentamiento contra su propia población, sus credenciales democráticas quedan claramente en entredicho. Por otra parte, documentar y probar esos hechos delictivos del estado es harto difícil. Algunos, como la guerra sucia contra el terrorismo ejemplificada no sólo por el GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación) , sino por su posible predecesor, el nebuloso BVE (Batallón Vasco Español), pertenecen al ámbito de las operaciones secretas, cuya envergadura sólo suele salir a luz muchas décadas tras los hechos, tras la desclasificación de los archivos oficiales. Otros, como la tortura en las comisarías, suelen terminar siendo silenciadas por el miedo y la indefensión de sus víctimas, temerosas de volver a ser succionadas por ese torbellino del terror y el sufrimiento. No obstante, como bien hace Baby en el libro que vengo comentándoles, sí es posible realizar un estudio de esa violencia estatal, aunque sea fragmentario. Incluso es posible dividirlo en dos periodos, los separados por la disolución del TOP (Tribunal de Orden Público) franquista y su substitución por la Audiencia Nacional, el 4 de enero de 1977

domingo, 9 de diciembre de 2018

La lista de Beltesassar: Conclusiones I

Como les había anunciado la semana pasada, he llegado al final de las compilaciones de cortos realizadas por el misterioso profesor beltesassar. Ha sido un largo camino, comenzado hace cinco años, el 19 de mayo de 2013, y me temo que en ese periodo se han modificado demasiadas cosas, tanto en el mundo de la animación como en mi apreciación de esa forma.

Empecemos por la propia lista de Beltesassar. Esa persona o personas anónimas comenzaron a distribuir sus antologías en 2007, hasta totalizar un total de 17 compilaciones, de tamaño e interés muy variados. Así, cuando escribí la primera de estas entradas, podía pensar que las colecciones de Beltesasatr constituían un conjunto abierto, al que habría de añadirse más y más entregas. Un concepto, el de obra en construcción, que era uno de sus principales atractivos, puesto que el grueso de los cortos eran contemporáneos,  en concreto de las décadas de 1990 y 2000. Ofrecía por tanto, una visión necesaria, muy de agradecer, de las nuevas tendencias y caminos de la animación, en sus vertientes no tan comerciales o directamente independientes y experimentales.  Obras aisladas que con demasiada frecuencia terminan siendo invisibles, reducido su poco impacto al paso por festivales primero, a lo que acabe subido a las plataformas de streaming luego.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Las cuentas pendientes (y III)

Al margen de estas campañas puntuales, la acción armada de ETA se propone frenar toda veleidad de resistencia ciudadana o de « colaboración » con el enemigo, sembrando progresivamente el terror entre la población vasca. La organización elige como blanco a aquellos individuos a los que previamente ha estigmatizado como adversarios de la causa nacionalista, lo que deja la puerta abierta a la práctica de un terrorismo indiscriminado. Un análisis detallado de las víctimas civiles de ETA permite entrever a un tiempo las fórmulas con las que se califica a este enemigo y el lugar que ocupan los civiles que escapan a ese etiquetado simbólico. Dejando a un lado a los empresarios, que se convierten en blanco de la banda por motivos principalmente vinculados con la extorsión de fondos, y a los representantes de la administración, que sufren las acciones de ETA en el contexto de su enfrentamiento con el Estado, la quinta parte de los civiles asesinados por ETA serán atacados por su compromiso político, confirmado o supuesto. Al ser considerados como enemigos ideológicos decididos a oponerse frontalmente al proyecto que acaricia el movimiento de liberación nacional de los radicales vascos, esas personas pueden ser simpatizantes de la extrema derecha (antiguos miembros de la Guardia de Franco, carlistas tradicionalistas o presuntos integrantes de los grupos antiterroristas que causan estragos en el País Vasco), o militantes regionales de los partidos parlamentarios nacionales. La UCD, partido fundado por Adolfo Suárez e iniciador de la reforma democrática, se cuenta entre las formaciones más afectadas, ya que en el otoño de 1980 tres miembros del ejecutivo regional mueren asesinados, mientras otros sufren diversos ataques, como Gabriel Cisneros, un diputado de notable reputación, víctima de un intento de secuestro en julio de 1979 - del que logrará escapar, aunque gravemente herido -, o las víctimas de largos secuestros, como Javier Ruperez, de quien ya hemos tenido ocasión de hablar. También morirán asesinados dos militantes de Alianza Popular, el partido que dirige Manuel Fraga, exministro de Franco y duramente hostil a ETA desde sus inicios. En noviembre de 1979 se llega a asesinar incluso a un militante del PSOE, acusado de ser un « colaborador de las fuerzas represivas ».

Sophie Baby. El mito de la transición política.

 En la entrada anterior, les comentaba el estudio y conclusiones de Baby sobre la violencia de extrema derecha, en donde primaba la paradoja de su rápido eclipse en los primeros años de la transición. Sin embargo, se me olvidó señalar otra extrañeza no menos notable: su desaparición casi completa de la memoria colectiva. Aunque casi tan mortífera como el terrorismo de izquierdas, al menos en sus años de mayor pujanza, la mayoría de la población guarda la idea equivocada de que el terrorismo fue en su mayoría de un solo bando. De la derecha, como mucho, se recordará la matanza de abogados laboralistas en la calle Atocha, en enero de 1977, pero poco más.

Este olvido tiene un origen claro. Como señalaba en esa misma entrada, los  mismos sectores radicales de la derecha, al darse cuenta de que no podían volver a traer el franquismo con sus solas fuerzas, hallaron refugio en la Alianza Popular de Fraga, esperando conquistar el poder con los votos; o, cuándo esto se mostró también un callejón sin salida, depositando sus esperanzas en un golpe militar.  El fracaso del golpe, a su vez, asestó un golpe mortal a la extrema derecha, que durante un par de décadas no se atrevió a manifestarse públicamente con orgullo. Por el contrario, el terrorismo de izquierda continúo mucho más allá del periodo estricto de la transición, en forma de las acciones del GRAPO y sobre todo ETA, condicionando el desarrollo y la política de la joven democracia. Hasta un punto que incluso hoy, cuarenta años tras la aprobación de la constitución, usar el nombre de ETA y de etarra constituye un arma política de especial contundencia.

sábado, 1 de diciembre de 2018

El mundo/el museo entero

La Piedad Despla, Bartolomé Bermejo


Aunque pueda sonar a sacrilegio, les tengo que decir que he salido más satisfecho de la visita a la exposición de Bartolomé Bermejo, abierta ahora mismo en el Prado, que de la celebratoria del segundo centenario de esa pinacoteca. Por mucho que ésta sea mucho más grande y ambiciosa que aquella, además de  haber sido anunciada a bombo y platillo en todos los medios. Dígamos que tengo debilidad por las exposiciones mínimas, más aún cuando se centran en un pintor cuya obra se desarrolla en un periodo que encuentro fascinante: la transición del gótico al renacimiento.

Parte de mi atracción por este periodo y estos artistas se debe que su figura se suele hallar envuelta en un denso manto de misterio. Estamos acostumbrados, por influencia del romanticismo y de las vanguardias, a imaginar a artistas cuya vida, su ideología, sus conflictos y aspiraciones, se revelan en el lienzo. Sin el conocimiento detallado de la biografía del pintor, de sus ideas y su personalidad, la obra se quedaría coja, amputada de gran parte, sino todo, su impacto e importancia. Esa necesidad por completar lo visto ha servido de acicate a profundos y detallados estudios, que llegan a crear la ilusión en los lectores de poderconocer íntimamente al artista, ser, sino su amigo, al menos alguien cercano a él. Lo suficiente para compartir su arte, cuando no replicarlo.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Las cuentas pendientes (y II)

No obstante, el análisis ha mostrado que el objetivo último no consistía en proteger un ámbito ideológico amenazado, sino en reconquistar asímismo un espacio público ocupado por grupos enemigos - procediendo para ello a reafirmar una identidad vacilante -. Enfrentada a una evolución histórica que parece cada vez más inexorable, lo que intenta la extrema derecha con sus iniciativas de carácter proactivo es construirse un espacio identitario propio y conquistar una esfera de influencia en el marco político que se está organizando. De hecho, da la impresión de que, tras la aprobación de la Ley para la Reforma Política y desde los mismos inicios de 1977, los grupos de extrema derecha renuncian a poner en práctica una estrategia global de terror. A partir de ese momento de contentan con instrumentalizar las acciones terroristas de sus oponentes, con intimidar a la oposición durante los periodos electorales, y con reafirmar su presencia en el espacio público mediante periódicas demostraciones de fuerza. El sector social más nostálgico del franquismo se integra en el proceso de reforma: los líderes del búnker, cono Girón de Velasco, que se halla al frente de la Confederación de Excombatientes, se suman al juego parlamentario pasando a engrosar las filas de Alianza Popular, y el propio Blas Piñar, dirigente de Fuerza Nueva, termina por mostrarse más proclive a la estrategia electoral que a la acción directa. De ese modo, los militantes más radicales quedan desprovistos de todo apoyo organizativo. Los únicos que seguirán disfrutando de un respaldo activo - al menos de forma oficiosa, serán los grupos que se lancen a la lucha contra el terrorismo vasco - lo que explica el impacto de sus crímenes. Por lo demás, después de 1979, la extrema derecha acabará poniendo todas sus esperanzas en una reacción del ejército. Deja por tanto el destino de la patria en manos de los militares, renunciando con ello a convertirse en protagonista autónoma de la historia: demuestra así inscribirse en la tradición de la extrema derecha española, además de confesarse incapaz de toda renovación, ya sea en el plano ideológico o en el estratégico, lo cual la abocará a la desaparición política.

Sophie Baby, El mito de la transición pacífica

En una entrada anterior, ya les había esbozado las líneas generales del interesantísimo ensayo sobre la Transición Española, escrito por la historiadora francesa Sophie Baby. Frente a una versión oficial en el que ese cambio histórico se  presenta como sosegado y meditado, caracterizado por la responsabilidad y el consenso entre una derecha que buscaba con sinceridad la democratización del país y una izquierda que había renunciado a sus veleidades revolucionarias, el análisis de Baby deja bien a las claras como la Transición fue acompañada de una violencia política casi sin igual en los turbulentos años setenta, marcados por el último brote del terrorismo marxista y fascista. De hecho, sólo un país supera, y no por mucho, el número de víctimas de la transición española: la Italia de los años de plomo, asediada por la violencia de las Brigadas Rojas y los grupos de extrema derecha. Frente a lo ocurrido en estos dos países, las actuaciones de la Baader-Meinhoff en Alemania apenas merecerían reseñarse, si no hubieran ocurrido en el clima político posterior a 1968, donde el sistema occidental se imaginaba a sí mismo amenazado y en quiebra. A punto de derrrumbarse ante el menor empujón.

La transición fue así, según ha comenzado a señalarse, no un plan maestro diseñado por las élites de uno y otro bando, a cuyo desarrollo la población asistió pasiva y se limitó a dar su aprobación cuando se le pidió. Por el contrario, y como es habitual en los sucesos humanos, fue un proceso con mucho de improvisación, mucho de chapuza, y sobre todo, mucho miedo. Miedo de las élites franquistas más jóvenes y menos radicales a perder el poder político y económico, lo que les llevó a desmontar de manera controlada el sistema,  proponiendo leyes y reformas que hubieran sido impensables años antes, por su corte democrático y avanzado. Miedo de las izquierdas a quedar neutralizadas y silenciadas en una España cuyo nuevo sistema, aunque imperfecto y limitado, hubiera sido aprobado por la comunidad internacional, exlusión de la que se libró el PCE justo antes de las primeras elecciones del 77, pero que sí afectó a otros partidos más extremistas que permanecieron prohibidos. Miedo, sobre todo, de la población a que se repitiera otra guerra civil, con su cortejo de ejecutados, represaliados y exiliados, catástrofe de la que las muchas violencias de la transición parecían ser el anuncio.

domingo, 25 de noviembre de 2018

La lista de Beltesassar (CCXXV): The Story of Stuff (La historia de las cosas, 2007) Louis Fox


























Como todos los domingos, continúo con mi revisión de la lista de cortos animados realizada por el misterioso profesor Beltesassar. Esta vez ha llegado el turno de The Story of Stuff (La historia de la cosa), corto realizado en 2007 por Louis Fox para The Story of Stuff Project, movimiento ecologista que intenta obrar un cambio fundamental en el modo que nuestra sociedad utiliza sus recursos naturales.

En la entrada anterior, con el Runaway (Desbocado, 2009) de Cordell Barker, había quedado de manifiesto un tema que pocas veces se suele asociar con la animación: la política. Dado que la animación es una forma para niños, tiene que ser amable y ligera, apartando la mirada de las cuestiones polémicas e incómodas. Sin embargo, desde sus inicios, animación y política siempre han ido de la mano, no sólo como medio de inculcar a los niños los valores de la sociedad a la que pertenecen, sino como medio de propaganda dirigido hacia los mayores. Así, durante la Segunda Guerra Mundial, todos los contendientes rivalizaron en utilizar la animación para concienciar a la población de la necesidad de mayores sacrificios o levantar su moral. Propósito en el que la animación norteamericana, con el apoyo de una industria construida  y consolidada en tiempo de paz, se llevó la palma.

The Story of Stuff es, por tanto, uno de los últimos ejemplos de esa vertiente tan importante en la historia de la animación. En este caso, desde un punto de vista ecologista de ambiciones mundiales, puesto que, en su concepción, conservar el planeta equivale a modificar por entero nuestro sistema productivo y el aparato político que lo sustenta. En concreto, pasar de una economía lineal, que esquilma el planeta para fabricar productos que se tiran a la basura casi enseguida, a una economía circular, en la que se intente aprovechar y reutilizar al máximo los escasos recursos de los que disponemos. Un cambio que supone un claro cambio de mentalidad, la del despilfarro y la despreocupación, pero sobre todo el dejar de considerar a personas, animales y ecosistemas como meros recursos comercializables, válidos sólo en la medida que tienen valor para ser explotados o para comprar los productos de la explotación.

Cada cual puede pensar lo que quiera sobre este mensaje. En mi opinión, está en lo cierto, y para demostrarlo sólo hay que pensar en como han crecido, en las últimas décadas nuestras necesidades energéticas personales. No sólo el incremento sin medida de los aparatos que tenemos que tener enchufados a la red, ordenadores, televisores, móviles, tabletas, consolas y tantos otros, consumiendo electricidad sin tasa, sino la velocidad con que hay que renovarlos porque consideramos que se han quedado anticuados. Por poner un único ejemplo, si en los 70 bastaba con tener un teléfono fijo en casa para toda la familia, aparato que podía tardar décadas en dejar de funcionar, ahora todos los miembros de la familia tienen su móvil, que hay que cambiar por obligación cada par de años, siga siendo funcional o no. Sin contar con que esos productos son de altísima tecnología y requieren materiales escasos, por lo que suponen un coste de producción y transporte cada vez más elevado , al proceder su componentes de las cuatro esquinas del mundo.

¿Vamos a peor, entonces?. Pues sí. Y tanto más cuanto en estos tiempos recientes se ha producido un claro giro hacia la derecha política en nuestras sociedades, cuando no hacia la extrema derecha. Partidos políticos para los que uno de sus enemigos es precisamente el movimiento ecologista, que con su regulaciones y protecciones nos impediría gozar de riquezas sin cuento, al alcance de todos por una bicoca. Sin darse cuenta nos acerca paulatinamente a un abismo del que, si caemos en él, ya no podremos escapar. Nos faltarán todos esos recursos que hemos malgastado.

No les entretengo más. Como siempre, aquí les dejo el corto. Véanlo y mediten sobre su mensaje. Quizás no sea una maravilla, desde el punto de vista estético, pero lo que dice es de máxima urgencia. Hoy más incluso que cuando se rodó. 



sábado, 24 de noviembre de 2018

Escapando de uno mismo

Roy Lichtenstein, Poster contra el apartheid
Hay ocasiones en que conseguir ese éxito que acarrea la fama definitiva puede suponer casi una maldición. Esa forma final, que por su propio acierto se ve repetida por doquier, conocida e identificada por todos, puede llegar a ocultar, a borrar, la obra posterior de ese artista. El creador se ve aprisionado así por un dilema ineluctable. Si continúa en ese modo que le dio la fama, se le acusará, casi de inmediato, de repetirse, de haber perdido su inspiración, para pasar a ser considerado ser flor de un día, meteoro destinado al olvido. Si intenta salir de ese callejón sin salida, marchar a la aventura en busca de una nueva voz, se juzgarán sus nuevos intentos como fallidos, por debajo de su época de gloria, signo de una decadencia que se sentenciará irreversible.

Algo así sucede con Lichtenstein, artista del movimiento Pop famoso entre los famosos. A principios de los sesenta encontró un estilo propio que pronto devino icónico, símbolo característico de la época de trangresión y rebeldía que solemos llamar los años 60. Su manera era muy sencilla: tomar una viñeta de un cómic barato, cuanto más banal y anodina mejor, y ampliarla a las dimensiones de un lienzo de importancia. En ese proceso, los puntos de color puro del procesos tricromático se hacían visibles, mientras que el trazo negro de los contornos tomaba una intensidad inuisitada, añadiendo aún extrañeza a esas imágenes sacadas de contexto, ante las que el espectador desconocía como juzgarlas. No eran bellas en sí, no se proponían transmitir un mensaje político, sólo parecían formar parte de una broma privada, sin gracia fuera de los círculos en que se contaba, de un juego cuyas reglas no se revelaban a los extraños.

martes, 20 de noviembre de 2018

Voces y Miradas


Ya sabrán que me hago lenguas de la política expositiva del MNCARS, institución empeñada en trazar las muchas vías laterales del arte posterior a 1945 y las vanguardias históricas. Un tiempo artístico que el aficionado medio suele menospreciar, puesto que el arte de ese periodo va a quebrar los dos últimos tabúes de la tradición cultural Europea, el de la belleza y el del propio arte, hasta desembocar en el todo vale, todo me es indiferente, indisociable de nuestro presente postmoderno. El único pero que puedo poner a este loable afán es que demasiadas veces se produce un embotellamiento expositivo, como es el caso. Con cinco muestras simultáneas en el mismo museo, siempre hay alguna que se me queda sin ver, mientras que otras las visito de manera apresurada, sin poder saborearlas con fruición.

Dejemos a un lado las jeremiadas. Ya les hablado de la magnífica exposición de Dorothea Tanning, tan importante no sólo por la reivindicación de una pintora de gran inspiración, sino además por tratarse de una excepción aparente, la de mujer artista, dentro un movimiento, como el surrealista, tan machista y sexista en muchas de sus manifestaciones. En esa misma planta, la tercera del edificio antiguo del MNCARS, pueden visitarse otras dos exposiciones de no menor interés. Una dedicada al artista conceptual uruguayo Luis Camnitzer y otra al fotógrafo italiano Luigo Ghirri.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Busquedas/identidades

Quel Amor, Dorothea Channing

Una consideraciones antes de comentar la exposición de Dorothea Tanning - Detrás de la puerta invisible, otra puerta, es el subtítulo -, abierta en el MNCARS. En estos últimos tiempos, coincidiendo con el auge del feminismo, se está procediendo a rescatar a muchas artistas femeninas del olvido en que se hallaban sumidas. Injusto olvido, añado, puesto que bastantes de ellas tienen poco que envidiar a sus contemporáneos masculinos. E incluso aunque no fuera aí, no puedo imaginarme mayor alegría, para cualquier aficionado al arte, que descubrir nuevos nombres, enfrentarse a nuevas experiencias. Encontrar, en definitiva otras visiones que rompan los diques en los que nos hemos aconstumbrado a embalsar a nuestras afinidades artísticas. Tanto más importante cuanto más viejo se va siendo, como es mi caso, y esa sensibilidad embota, dejando su lugar al hastío y la indiferencia, incluso ante los grandes maestros.

Queda mucho por hacer, no obstante. Entre otras, cosa la revisión completa del canón, para decidir quien, de entre los grandes nombres masculinos, debe ceder su lugar a los grandes nombres femeninos. Así ha ocurrido, por ejemplo, con Artemisia Gentileschi, cuyo lugar en el panteón artístico del XVII es, al fin, innegable e inatacable. Y no por las circunstancias biográficas que rodearon su trayectoria, sino por su propia valía. Asímismo, en lo que se refiere a la historia del surrealismo, cada vez es más frecuente encontrar en sus exposiciones toda una constelación de nombres femeninos, que supieron adaptar el movimiento a su propia sensibilidad y preocupaciones, sin deberles nada a sus coetáneos masculinos. Tanto más chocante cuanto el surrealismo, en su vertiente masculina, era refractario a la presencia creadora de la mujer, reducida a musa y objeto del deseo, pero nunca considerada como protagonista.  Por ello, en larga y longeva injusticia, las artistas surrealistas quedaron ocultas tras la sombra de sus colegas masculinos, apenas atisbadas como modelos, citadas como amantes.

Así, a las listas del surrealismo se han añadido nombres como Dora Maar, Kay Sage, Meret Oppenheim, Leonora Carrington, Remedios Varó y tantas y tantas otras. De obra más que interesante y que resulta difícil de concebir por qué han permanecido tanto tiempo en la penumbra, aparte de por lo obvio. 

Y entre ellas, Dorothea Channing