sábado, 20 de mayo de 2017

Divergencias

La degeneración religiosa de este conflicto no favorece a Israel: Hamás, aunque con una agenda nacionalista, se reconoce como parte de la Umna árabe musulmana, una corriente antioccidental y aparentemente en alza en todo el mundo islámico, a pesar de su superficial ortodoxia salafista, mientras que el nacionalismo religioso israelí necesariamente choca por lo menos con parte del halájico-talmudista, de mayor rigor rabínico y que, aunque ya no es mayoritario entre los judíos desde hace más de un siglo, es el único que ha mantenido una continuidad de dos mil años y retiene una presencia viva en la diáspora, desde Nueva York, pasando por París, hasta Buenos Aires.
Y la deriva fundamentalista, como si no bastara con haber abrazado a judíos y musulmanes en la zona, se ve alimentada desde la distancia en Estados Unidos por un evangelismo integrista que apoya sin fisuras el expansionismo mesiánico de la derecha israelí, creyendo que sólo la restauración del reíno de Israel sobre la totalidad del espacio bíblico, a expensas de los árabes, hará posible la segunda venida de Jesús... y finalmente, dicho esto en sordina, la inevitable conversión de los judíos al cristianismo.

Roberto Blatt, Biblia, Corán, Tanaj: Tres lecturas sobre el mismo dios.

Había comenzado a leer este libro con gran interés, tanto por las buenas críticas con que venía precedido, como por la curiosidad que me despertaba el objeto de su estudio: realizar un análisis comparativo de las tres religiones abrahámicas, Judaísmo, Cristianismo e Islám. La tesis del ensayo quedaba anunciada ya desde las primeras páginas y en cierta manera era previsible, además de ser impecable desde un punto de vista histórico. Según Blatt, los distintos puntos de vista con los que las tres religiones han contemplado sus libros sagrados han sido determinantes a la hora de decidir su estructura y evolución política. Tanto, que su presente de hostilidad más o menos declarada, más o menos larvada, es una conclusión lógica de estas estructuras ideológicas, creadas hace más de un milenio.

Sin embargo, creo que el libro fracasa en el análisis detallado que hace de estos modos de pensar de las tres religiones y su plasmación en la historia. No porque sus conclusiones sean equivocadas, sino por que la amplitud del tema no se presta a ser resumida trescientas páginas escasas. Estamos hablando de más de dos mil años de historia, que afectan de pleno a dos continentes, Europa y Asia, mientras que en los dos últimos siglos su repercusión ha llegado a ser mundial. La exhaustividad pretendida queda así en conflicto con la profundidad lograda, de manera que muchos fenómenos y acontecimientos quedan reducidos a meras citas, mientras que otros centrales se describen de manera esquemática y apresurada. El libro, por tanto, divaga, salta de un lugar a otro, de un tiempo a otro, sin conseguir centrarse hasta los últimos capítulos, los mejores de toda la obra. Quizás porque son los que se refieren directamente al mundo moderno, en concreto, al dilema sin solución planteado por el resurgimiento de integrismos agresivos en las tres religiones.

sábado, 13 de mayo de 2017

No cine, cine real

Oskar Fischinger, bocetos para Fantasía (1940, Walt Disney)


Últimamente, la exposiciones del CaixaForum madrileña me habían dejado bastante frio. Ya les había comentado el mal sabor de boca, cuando no irritación, que me había producido la muestra de Ramón Casas, puesto que bajo el disfraz de pretendida modernidad que nos quiere vender la muestra, no se ocultaba otra cosa que un artista esponja, demasiado atento a los gustos de su época. Hoy la he visto de nuevo y mi opinión se ha visto confirmada, a la que se ha venido a añadir que Casas me parece un pintor aburrido, sin otro interés que el mero histórico. Alguien cuya obra no tiene relación alguna con nuestro presente, al menos con el mío.

Por suerte, me esperaba una gran sorpresa en la otra muestra que se puede visitar allí. Tanta, que no venía preparado para disfrutarla con la atención que se merece, de manera que tendré que ir especialmente a verla, para poder degustar cada una de sus piezas por entero. Porque la mitad de la exposición Arte y Cine: 120 años de intercambios está formada por escenas de películas, así que hay que sentarse y ocupar el tiempo en contemplarlas. Algo que, como bien me ocurrió con la vecina muestra de Bruce Banner en el MNCARS, requiere varias horas de dedicación.

martes, 2 de mayo de 2017

La red y la expansión (VIII)

Doch unter Ranavalona I, der Witwe und Nachfolgerin des Königs, setzte ein Terrorregime mit Christenverfolgung und weitgehender Schließung des Landes ein. Es wurden aber keineswegs alle Neuerungen rückgängig gemacht. An de Küste blieb Handelstationen, und ein Franzose, der Schmied Jean Laborde, konnte als technisches Faktotum der Monarchin östlich der Hauptstadt Tanararive mit 1000 Arbeitern Werkstätten zur Herstellung jener Güter errichten, die nicht länger aus Europa bezogen werden sollten. Nach dem Tod der Königin begann in einer Phase überstürzter Verwestlichung unter ihrer Sohn die Rivalität englischer und französischer Vertreter am Hof. Laborde war französischer Konsul geworden. Doch von 1864 bis 1895 regierte der kluge Minister Rainilairivony das Land, kraft Ehe mit der neuer Königin und danach mit ihren beiden Nachfolgerinnen. Da Frankreich die einst von Ludwig XIV, ausgesprochene Annexion Madagaskar nie widerrufen habe, entschied sich der Premier im Einvernehmen mit der Königin für die Partei Englands. 1869 wurden er und die Königin evangelische Christen. Die Elite schloss sich an, Katholische Missionare, die inzwischen ebenfalls eingetroffen haben, wurden zunächst verfolgt und konnten Bekehrungen ohnehin nur bei Randgruppen erzielen. So wurden sie zu Verfechtern einer französischen Intervention, die nach Eröffnung der Suezkanals strategisch interessant geworden war, aber nach dem deutsch-französischen Krieg zunächst nicht im Frage kam. 1878 starb Laborde, der stets zu vermitteln versucht hatte. Ein ernsthafter Grunde für eine westlicher Einmischung lag aber nicht vor, so dass man durchaus erwarten konnte, das die Merina der Weg der Verwestlichung aus eigener Kraft weiter gehen würden. Denn sie und andere Afrikaner haben so geschickt und innovationsfreudig auf die neuen Verhältnisse reagiert, dass keineswegs zu erwarten war, dass der wachsende wirtschaftliche und kulturelle Einfluss Europas binnen weniger Jahre auch zur politischen Besitzergreifung des Kontinents führen würde.

Wolfgang Reinhard, La dominación del mundo 

Pero bajo Ranavalona, viuda y sucesora del rey, se estableció un régimen de terror con persecuciones de cristianos y cierre del país. Sin embargo, no se eliminaron en todo caso los avances anteriores. En la costa permanecían las factorías comerciales y un francés, el herrero Jean Laborde, consiguió crear, como consejero técnico del monarca, una factoría de 1000 trabajadores al este de la capital Tanararive, para fabricar todos aquellos artículos que ya no se podían obtener de Europa. Tras la muerte de la reina, durante una fase de acelerada occidentalización bajo el gobierno de su hijó, dio comienzo la rivalidad entre los representantes ingleses y franceses ante la corte. Laborde fue nombrado cónsul de Francia. Sin embargo, entre 1864 y 1895 gobernó el país un ministro capaz, Rainilairivony, gracias a la boda con la nueva reina y luego con sus dos sucesoras. Puesto que Francia no había renunciado a la declaración de anexión de Madagascar, realizada por Luis XIV, el primer ministros se decantó, en connivencia con la reina, por el partido inglés. En 1869 ambos se convirtieron al cristianismo evangélico,. La élite se les unió y los misioneros católicos, que entre tanto se habían introducido en el país, fueron primero perseguidos y luego sólo pudieron convertir grupos marginales. Así se conjuró el peligro de una intervención francesa, que se había tornado de interés estratégico tras la apertura del canal de Suez, pero que no pudo materializarse debido a la guerra francoprusiana. En 1878 murió Laborde que siempre había intentado mediar. No existían serias razones para una intervención occidental, de manera que se podía esperar, que la dinastía Merina encontrase un camino propio hacia la occidentalización. Porque ellos y otros africanos habían respondido de una manera tan astuta y favorable a las novedades, que nada hacía sospechar que en pocos años una conquista Europea del continente siguiese a la creciente influencia económica y cultural.

Cuando se relata la expansión colonial europea del siglo XIX, se suele citar el caso de Japón como excepción en un panorama donde los diferentes gobiernos nativos fueron derrotados, humillados y derribados por las fuerzas del colonialismo. Sólo los japoneses fueron capaces de sustraerse a esa tónica, para encontrar su propio camino a la modernidad. Tan acertado que en pocas décadas no sólo habían conseguido unirse al concierto de las naciones, como única potencia no occidental a la que se respetaba, sino incluso lanzar su propio imperialismo y derrotar a otros poderes hegemónicos, como Rusia en 1905.

Sin embargo, esto es un espejismo. Nuestra visión de la evolución de las sociedades extraeuropeas está distorsionada por el echo de que fue cortada en seco por las intervenciones militares europeas. Si se examina con cuidado la historia de los diferentes estados asiáticos, es fácil comprobar que antes de que los ejércitos coloniales se hicieran con el poder o simplemente trastocaran irremediablemente esos países, las sociedades nativas habían comenzado a responder a la presión económica y cultural occidental. Unas respuestas que no se limitaban, como se podía creer equivocadamente, al cierre de fronteras, la prohibición de ideas foráneas o la persecución de occidentales. En muchos casos, se produjeron auténticas revoluciones radicales que pusieron a esas sociedades en el camino de la modernidad, sólo detenidas por la conversión de esas tierras en colonias y protectorados.

Como prueba basta el caso de Siam en Asia, el otro país asiático que consiguió mantener su independencia enfrentando entre sí a los poderes coloniales vecinos, Inglaterra y Francia. Sin embargo, es mucho más interesante el caso Africano. No sólo porque la conquista europea fue allí mucho más tardía, dejando mayor espacio a un desarrollo independiente, sino porque viene a derribar bastante de los argumentos que justificaron esa conquista. Los mismos que aún hoy sirven para sostener el racismo resurgente.

sábado, 29 de abril de 2017

La impotencia del arte

En résumé, la guerre, parce qu'elle se révèle invisible et insoutenable, met les pouvoirs de la peinture à l'épreuve. De cette épreuve, cette art sort diminué, doutant de lui-même, tenté par le renoncement e la griserie des souvenirs. S'il survit, c'est sous le signe de l'échec et voué à un hors-temps étrange, faux présent à distance du présent commun, faux présent tout imprégné de passé. Il relève d'une histoire de l'art presque entièrement détachée de l'histoire des sociétés humaines. Jusque-là, il n'avait pas enduré telle séparation, ne cessant d'entretenir des relations serrées avec la société contemporaine, art religieux des époques dominées par la église, art politique et symbolique au service des monarchies et des révolutions, art simplement réaliste encore. Plus exactement: quand il était arrivé qu'une forme artistique se métamorphosât en manière, sinon en maniérisme, en exercice de style, le contrecoup était intervenu bientôt. Caravage a mis un terme à la prolifération des maniéristes.  David a finit avec les élégances factices du style galant. Manet a rompu sèchement avec le formalisme en quoi avait dégénéré le néoclassicisme. Rien de tel cette fois, ni réformateur, ni sauveteur inattendu.  C'est la peinture tout entière, à commencer par le plus moderne, la plus aventureuse, qui se trouve en procès. L'abstraction, tel que la comprennent Ball et Klee n'est elle même que refus de la réalité, esquive, exil le plus loin possible du présent, de l'insupportable présent.

Pilippe Dagen, El silencio de los pintores 

En resumen, la guerra, por mostrarse invisible e insoportable, pone a prueba el poder de la pintura. De esta prueba, este arte sale debilitado, dudando de si mismo, tentado por la renuncia y la embriaguez del recuerdo. Si sobrevive, es con el estigma del fracaso y avocado a un extraño estar fuera del tiempo, un falso presente distanciado del presente común, un falso presente impregnado del pasado. Se renueva desde una historia del arte casi completamente disociada de la historia de las sociedades humanas. Hasta entonces, no había experimentado tal separación, sin haber cesado de mantener estrechas relaciones con la sociedad coetánea, como arte religioso en los periodos de dominio de la iglesia, como arte político y simbólico al servicio de monarquías y revoluciones, incluso como arte simplemente realista. Más en concreto, cuando ocurría que una forma artística se metamorfoseaba en manera, sino en manierismo, en ejercicio de estilo, el contragolpe se producía de inmediato. Caravaggio puso fin a la proliferación de manieristas. David terminó con las elegancias ficticias del estilo galante. Manet rompió de manera definitiva con el formalismo en el que había degenerado el neoclasicismo. Nada de esto en esta ocasión, ni reformado, ni salvador inesperado. Toda la pintura, por entero, comenzando con la más moderna, la más aventurera, se halla ante el tribunal. La abstracción, tal y como la entendían Ball y Klee no es ella misma que rechazo de la realidad, huida, exilio lo más lejos posible del presente, de ese insoportable presente.

Hace ya muchos años, en la Thyssen madrileña, se expusó una muestra de nombre 1914!, que pretendía trazar la relación del arte moderno con la primera guerra mundial. Leyendo mis notas de aquel entonces, en ella llamaba la atención la falta de una producción de guerra procedente de los muchos artistas vanguardistas que se vieron atrapados, incluso muertos, en el conflicto. Lo achacaba a manipulación por parte de la exposición, preocupada por demostrar la ecuación Arte+Denuncia,  cuando en realidad esta ausencia era indicio de un problema más de fondo. No se trataba de que la exposición no quisiera mostrar, es que simplemente no había casi nada que mostrar. Un hecho que la exposición intentaba ocultar por todos los medios.

Ese vacío es el objeto de estudio del libro de Philipe Dagen que he estado leyendo estas últimas semanas. Como en muchos otros aspectos históricos, la primera guerra mundial también marca una cisura en la evolución del arte occidental, pero no porque supusiera un acicate en la producción pictórica europea, ni llevase a nuevas ideas estéticas, sino porque apenas ha dejado huella alguna, al menos directa. Al contrario que en el pasado, cuando la la pintura se ufanaba en glosar guerras y  acontecimientos históricos, hasta el extremo que esa pintura, la de historia, la dedicada a ilustrar un tema de importancia, era la piedra de toque de la valía de un pintor. Quien no la cultivase, no merecía es nombre.

Sin embargo, en la primera guerra mundial no hay una pintura de historia como tal, ni oficial ni contestataria. Una ausencia fácil de explicar, por la censura, en el caso de ésta última, pero completamente inexplicable para la primera, que debería haber sido promovida por la propaganda patriótica. No se trata, sin embargo, de una coincidencia, sino de un rasgo característico del arte de esa época. El silencio de la pintura al que se refiere Dagen es común  a todos los pintores  de esa época, tanto de los académicos como de los vanguardistas, tanto de los que fueron testigos de la matanza en primera línea de fuego, como de los que permanecieron a salvo en la retaguardia. Tanto de viejos como de jóvenes, de alemanes como franceses, de muertos y de supervivientes.

Solo queda un silencio incómodo. Como si la guerra no hubiera sucedido jamás, como si se pretendiese borrarla por completo, eliminándola del arte. 

jueves, 27 de abril de 2017

Doble Naturaleza

El imaginario de la España vacía ha sido construido desde fuera, con metáforas condescendientes y crueles como las de Las Hurdes o con anales vergonzosos como los de la crónica negra y criminal. Su paisaje se ha caricaturizado siglo tras siglo por el mal de Maritornes. Ha sido lugar de destierro y ha sufrido dictadores que la han destruido con grandes violencias mientras vindicaban y celebraban su dignidad en los discursos. Nunca ha sido dueña de sus propias palabras. Siempre ha estado contada por otros. Y es ahora, cuando ya apenas existe, cuando sólo es un mito en la consciencia dispersa de millones de familias, cuando toma la palabra. Se reinventa y expresa a través de los nietos y bisnietos de quienes la habitaron y fueron arrancados de sus solares. Toma forma de enumeración de adjetivos que nadie usa en la calle pero que, puestos en un libro o recitados por un actor, adquieren el poder de una invocación mágica. Se levanta como una neblina leve o como un aroma que sólo perciben unos pocos hiperestésicos olfativos. Pero está. Persiste. Permanece. La España vacía, vacía sin remedio, imposible ya de llenar, se ha vuelto presencia en la España urbana. 

Sergio del Molino, La España vacía.

Como sabrán, el libro que acabo de citar ha acabado convertido en uno de los grandes éxitos del año pasado. Ha sido precisamente su fama la que me ha atraído a él, a mí, que no suelo leer libros contemporáneos. Y no sólo por su fama, sino porque yo también soy descendiente de esa España vacía, como tantos habitantes de ese país. Nacido en Madrid, sí, pero con cada uno de sus abuelos procedentes de una esquina de Castilla. Acostumbrado de niño al peregrinar vacacional por los pueblos de origen, hasta adquirir, como indica el título de la entrada, una doble naturaleza. De ciudad, incapaz de aclimatarse en otro lugar, pero enamorado hasta la médula de esos paisajes vacíos, casi desérticos, de La Mancha y de la vieja Castilla.

Pero volviendo al libro. Lo primero decir que no es lo que me esperaba. En el sentido de que no es un libro de historia que busque una explicación a ese éxodo tan reciente, ni pretenda trazar sus causas, caminos o consecuencias. Se diría que son tan evidentes que no hace falta investigarlas. A cambio, lo que tenemos es un largo ensayo sobre las distintas gentes que habitan ese vacío o que tienen, de algún modo, sus raíces en él. Ni siquiera se trata de un relato antropológico, como esa perspectiva podría hacer suponer, sino más bien mitográfico, casi mitopoyético, en busca de las muchas proyecciones y plasmaciones que el vacío humano, el campo siempre olvidado y postergado, ha tenido en la literatura y el cine de este país.

De hecho, el mayor reproche que se le puede hacer al libro es precisamente ser otro fabulador de mitos. Un libro de viajes, realizado por alguien de ciudad, en unos espacios, entre unas gentes, a las que no pertenece, a las que le es imposible comprender. Como si fuera un Unamuno o un Azorín moderno que emprendiese una andadura Por tierras de Portugal y España o por La ruta de Don Quijote. Unas obras que como otras igual de famosas o, por el contrario, completamente olvidadas, sólo utilizan esos espacios vacíos como espejo donde reflejar sus obsesiones e ideales. Al igual que cualquier turista moderno que permanece ciego a los habitantes de las tierras que visita, reducidos a objetos que capturar en una foto o, como mucho, depositorios de lecciones morales e iluminaciones espirituales que nunca llegaron a sospechar.

No, no estoy exagerando. Si esos intelectuales de antaño veían a España como esencialmente distinta a Europa, fuera para bien o para mal, como depositaria de valores eternos o irremediable cenagal del atraso, ese sentido de la excepcionalidad hispana también se aparece en este texto. Cierto que como fantasma, como pesadilla final de la cultura peninsular,  en forma retorcida y distorsionada, pero no menos real y presente. Porque si en el resto de Europa hay una reconciliación entre campo y ciudad, de manera que aquel aún está habitado y es una fuerza pujante en sus sociedades, aquí, como bien se señala en el texto, se ha producido una gran cisura. La victoria definitiva de la ciudad sobre la aldea, borrada definitivamente del mapa o reducida a mero recordatorio folclórico, por, para y a la medida de los turistas.

Esa dicotomía es irreversible, preñada de paradojas y contradicciones. No ya que cualquier vida en ese vacío interior, cada vez más despoblado, no sea otra cosa que simil y remedo, rememoración ritual de lo que ya no es, ni podrá ser; sino que donde ese campo revive y florece sea precisamente en las ciudades. Sea entre los descendientes de los emigrantes campesinos, ya sin pueblo al que volver, pero que quizás precisamente por eso buscan una identidad en el recuerdo de sus ancestros. Puesto que en la ciudad, en su soledad y aislamiento, no hay ni raíces ni comunidad. Ningún lugar al que volver y volverse.

O ya en casos aún más extremos, a la vuelta definitiva al campo. Pero no al lugar de donde una vez se procediera, sino a otro distinto. Precisamente donde el vacío permita construir el ideal.

viernes, 21 de abril de 2017

La red y la expansión (VII)

Nach einer Simulationsrechnung hätte um 1850 die Bevölkerung Afrikas südlich der Sahara 100 betrachten können, wegen der Verluste durch der Sklavenhandel seien es aber nur 50 Millionen gewesen, Außerdem sei damit Afrikas Anteil an der Bevölkerung des Atlantisches Raum von 30 Prozent um 1600 auf 10 um 1900 gefallen. Doch selbst wenn diese Ergebnisse zutreffen - was haben sie zu bedeuten? Hatte Afrika darunter zu leiden, dass seine Produktivität in Gestalt des jungen Männer im besten Alter nach Amerika transferiert wurde? Hat der Bevölkerungsverlust die binnenafrikanische Nachfrage unter eine Marge schrumpfen lassen, die für wirtschaftliches Wachstum unabdingbar gewesen wäre? Oder wurde Afrika, ein landwirtschaftliches benachteiligten Kontinent, durch der Sklavenhandel vom Bevölkerungsüberschuss entlastet, den es nicht mehr ernähren konnte? Immerhin gibt es Indizien dafür, dass selbst schlecht versorgte Sklaven in Amerika immer noch bessert ernährt waren als Afrikaner zuhause. Entspricht die afrikanische Zwangsmigration der freiwilligen europäischen Massenauswanderung des 19./20. Jahrhunderts, durch die vermieden wurde, dass Bevölkerungswachstum das wirtschaftliche Wachstum aufzehrte? Fest steht, dass zumindest einige Hauptsklavenhandelsgebiete wie Nigeria und Ghana am weitesten entwickelten Ländern des Kontinents und zu Vorreitern der Dekolonisation wurden.

Wolfgang Reinhard, Der Unterwerfung der Welt

Según una simulación la población de África al sur del Sahara podría haber alcanzado los 100 millones en 1850, pero debido a las pérdidas causadas por el tráfico de esclavo sólo era de 50. Además el peso de África en la población del área Atlántica cayó del 30 al 10 por ciento entre  1600 y 1900. Pero aunque hay que aceptar estos resultados, ¿qué significan en realidad? ¿Fue transferida la productividad Africana hacia América, en forma de hombres jóvenes en su mejor edad? ¿Redujo la pérdida de población la demanda interna africana hasta un nivel que hizo imposible su crecimiento económico? ¿O fue África, un continente eminentemente agrícola, liberado por el tráfico de esclavos de su exceso de población, al que ya no podía alimentar?  En este sentido existen indicios de que los esclavos llevados con tanta dificultad a América estaban mejor alimentados que los Africanos que se quedaron en ella. ¿Se corresponde la deportación de africanos con la migración voluntaria masiva de europeos en los siglos XIX y XX, que evito que el crecimiento demográfico agotase el crecimiento económico? Es seguro que al menos algunas zonas de esclavos, como Nigeria y Ghana llegaron a ser de los países más desarrollados del continente y precursores de la descolonización.

Ya les había comentado, en entradas anteriores de esta serie, las profundas diferencias entre la primera ola de expansión Europa, según se las contemple en el entorno asiático o en el atlántico. En Oriente, los Europeos se limitaron a controlar las vías de comunicación marítimas, construyendo una red dispersa de bases comerciales que muy raramente tenían proyección en el interior. Para los imperios y reinos de Asia, los europeos no eran más que una curiosidad, a los que se podía cerrar las puertas y expulsar cuando se quisiera, tolerados sólo en calidad de comerciantes y portadores de curiosidades científicas y técnicas. De hecho, la presencia de estas redes comerciales marítimas globales sirvió para crear un boom de las industrias asiáticas, como los tejidos de algodón en la India o la porcelana en China, de manera que, al parecer de algunos, la revolución industrial bien pudo haberse desencadenado allí, en vez de Inglaterra. O al menos las mismas condiciones estaban presentes en ambas partes.

La escena cambia cuando nos movemos a la cuenca Atlántica. Allí los Europeos, no sólo castellanos y portugueses, sino también franceses, holandeses e ingleses, se hicieron con inmensos espacios, desplazando y destruyendo a los pobladores originales. El choque fue tan brutal que las poblaciones autóctonas fueron diezmadas, de manera que apenas un siglo tras el descubrimiento, las epidemias, las guerras y los trabajos forzados pueden haberla reducido a un diez por ciento de su cifra original. Además, se produjo una auténtica europeización del medio ambiente americana, de manera que los cultivos y animales europeos pasaron a ser parte integral de ese otro ecosistema , mientras que los productos americanos deberían esperar al siglo XVIII para cobrar importancia en Europa.

Tan radical y profunda, tan catastrófica, fue la conquista y colonización de América, que sus consecuencias saltaron al otro lado del Atlántico, a África. La necesidad de mano de obra, acuciada por la desaparición de los habitantes autóctonos, llevó a la constitución del comercio de esclavos transatlántico, una de las mayores vergüenzas de la expansión europea, tildado en ocasiones de auténtico genocidio.

martes, 18 de abril de 2017

El alma en su encierro



No, no les voy a hablar de esa cosa en imagen real con el nombre de The Ghost in the Shell que han estrenado hace poco. Baste decir que su traducción española, el alma de la máquina, dice bastante sobre las intenciones de sus creadores... o de lo poco que han entendido la situación los traductores. Porque no se trata de que las máquinas tenga alma, sino de aquella idea del racionalismo cartesiano, en la que el ser humano era un espíritu encerrado en un artilugio mecánico. Con todos los problemas filosóficos que la relación entre materia y alma, llevada a ese extremo irreconciliable, conllevaba.

Sí les voy a contar que el estreno ha servido para que me haga con el manga original de Shirow Masamune, que no había leído hasta ahora, y para que vuelva a ver el anime de Oshii Mamoru. Ése que hace más de veinte años dio comienzo a todo.