sábado, 18 de agosto de 2018

Los hielos eternos

During further attempts to obtain information from the Inuit, the officers discovered that an Inuit woman, Iligluk, had an impressive ability for drawing maps. Lyon spent most time with her as she covered a strip of dozen sheets of paper with large scale sketches, while Parry attention was caught by Iligluk's depiction of what seemed to be a strait leading westward just to the north of her own island of Amitioke. By now other Inuit were enthusiastically drawing maps, but Parry noticed that 'no two charts much resembled one another. Iligluk was in a different class from the others, and the officers encouraged her to draw small-scale maps and taught her to 'box the compass' so that she could align natural features correctly. To their delight, after tracing the coast north of Winter Island, Iligluk 'brought the continental coast round to the westward, and afterwards to the SSW, so as to come within three or four days' journey of Repulse Bay', If she was correct, then the ships were near the northeastern tip of America, and once round that, the way westward should lie open. As Lyon described Iligluk's maps, he confessed that 'this little Northwest Passage set us all castle-building, and we already fancied the worst part of our voyage over'.

Glyn Williams, Artic Labyrinth

En el curso de intentos posteriores de obtener información de los Inuit, los oficiales descubrieron que una mujer Inuit, Iligluk, poseía una habilidad impresionante a la hora de trazar mapas. Lyon la acompaño durante la mayor parte del tiempo que ellas pasó rellenando docenas de hojas de papel con amplios esquemas. Mientras, Parry estaba absorto con por la descripción que Iligluk había hecho de un estrecho con dirección oeste justo al norte de su isla de Amitioke. En ese momento, otros Inuit estaban dibujando con entusiasmo mapa tras mapa, pero Parry señaló que « no había dos que se parecieran ». Iligluk estaba muy por encima de ellos, así que los oficiales la animaron a « seguir la brújula », de manera que los accidentes geográficos quedaran alineados correctamente. Para su alivio, tras trazar el perfil de la costa al norte de Winter Island, Iligluk « hizo girar el borde costero hacia el oeste y luego hacia el sursuroeste, a una distancia de cuatro días de viaje de Repulse Bay » Si estaba en lo cierto, los barcos estaban cerca de la punta noroeste de América y una vez doblada la vía hacía al oeste debía quedar abierta. Cuando Lyon describió los mapas de Iligluk, confesó que « este pequeño paso del noroeste nos llevó a construir castillos en el aire, como si viéramos ya tras de nosotros lo peor de nuestro viaje»

Les confieso que tengo debilidad por los relatos de exploraciones polares.  Mi fascinación tiene un doble origen, vernesco, de un lado, televisivo, de otro. El nombre de la novela de Verne es, por supuesto, Las aventuras del capitán Hatteras, donde el capitán homónimo y su buque Forward se pierden en el laberinto de islas del norte de Canada, buscando paso libre de hielos hacia el polo norte del planeta. La televisiva es una serie documental que vi siendo niño, dedicada a los viajes del explorador noruego Roald Amundsen. Un aventurero que fue, ni más ni menos, el primero en navegar el paso del noroeste, llegar al Polo Sur y, junto con el italiano Nobile, alcanzar el Polo Norte en dirigible, entre  otras muchas aventuras, no todas con éxito, que sería largo de relata aquí.

A lo largo de los años, espigando aquí y allá, conseguí hacerme una idea más o menos aproximada de como se había llegado a explorar los dos pasos, el del noreste y el del noroeste, así como llegado a los dos Polos y cartografiado el vasto continente antártico. Sin embargo, me faltaba una obra de conjunto en la que todos esos datos estuviesen recogidos juntos, una laguna que la obra de Williams que les reseño ha venido a suplir en parte. Y digo en parte, porque se centra en la exploración del paso del noroeste, con referencias sumarias al otro paso, y ninguna sobre la conquista de los polos. Éste es su mayor defecto, si es que eso se puede llamar así, y ya si quisiese ponerme tiquismiquis, me da la impresión de que la expedición de Amundsen de 1903, la que navegó finalmente el paso, queda un tanto desdibujada, comparada con la abrumadora cantidad de detalles de los intentos anteriores.

Pero son sólo defectos menores, porque la realidad es que el libro me ha fascinado. Leyéndolo he vuelto a ser, por unos días, el niño aquél que se quedaba embobado con las penalidades del capitán Hatteras y la travesía de Amundsen. En este libro está todo lo que yo recordaba y mucho más. El coraje temerario que supone adentrarse por mares desconocidos, en medio de un laberinto de islas casi deshabitadas, fuera de los Inuits, y completamente inhospitas para un europeo, con el peligro constante de quedarse atrapado entre los hielos y verse obligado a invernar. Con el frío, las enfermedades, principalmente el escorbuto, y el hambre acechando a cada instante. Con la soledad, la obscuridad y el tedio pesando sobre el espíritudurante días, semanas y meses interminables, royendo las fuerzas, carcomiendo la resistencia. 

Todo ello, no se olvide, sin GPS para orientarse, radio para comunicar las dificultades, ni posibilidad de ser rescatados en caso de catástrofe. Cualquier ayuda estaba a miles de kilómetros, en otro continente, sólo se pondría en marcha al cabo de varias años sin noticias y aún entonces, podría tardar meses en estar preparada.

viernes, 17 de agosto de 2018

Fanáticos y destrucciones

The pages of history go silent. But the stones of Athens provide a small coda to the story of the seven philosophers. It is clear, from the archaeological evidence, that the grand villa on the slopes of the Achropolis was confiscated not long after the philosophers left. It is also clear that it was given to a new Christian owner.
Whoever this Christian was, they had little time for ancient art that filled the house. The beautiful pool was turned into a baptistery. The statues above it were evidently considered intolerable: the finely wrought images of Zeus, Apollo and Pan were hacked away. Mutilated stumps is all that remain of the faces of the gods; ugly and incongruous above their still delicate bodies. The statues were tossed into the well. The mosaic on the floor of the dining room fared little better. Its great central panel, which had contained another pagan scene, was roughly removed. A crude cross pattern, of vastly inferior workmanship, was laid in its place.
The lovely statue of Athena, the goddess of wisdom, suffered as badly as the statue of Athena in Palmyra had. Not only was she beheaded she was then, a final humiliation, place face down in the corner of a courtyard to be used as a step. Over coming years, her back would be worn away as the goddess of wisdom was ground down by generation of Christian feet.
The "triumph" of Christianity was complete.

Catherine Nixey, The Darkening Age

Los libros de historia callan, pero las piedras de Atenas nos dan un breve epílogo a la historia de los siete filósofos (los últimos representantes de la Academia platónica). El registro arqueológico es claro: la gran mansión en la falda de la Acrópolis fue confiscada al poco de marcharse los filósofos. Así como que fue cedida a un nuevo propietario cristiano.
Fuera quien fuera, tenía poco tiempo que perder con el arte antiguo que llenaba la casa. El bello estanque fue transformado en un baptisterio y las estatuas que lo dominaban, es evidente, fueron consideradas intolerables. Las finamente talladas imágenes de Zeus, Apollo y Pan fueron desfiguradas a golpes. Unas facciones mutiladas es lo único que queda de los rostros de los dioses. Feas e incongruentes,  sobre unos cuerpos aún delicados. Las estatuas fueron luego arrojadas al pozo. El mosaico en el suelo del comedor no tuvo mejor suerte. Su gran panel central, que contenía una escena pagana fue retirado sin miramientos. Un patrón cruciforme, de muchísima peor ejecución, se colocó en su lugar.
La encantadora estatua de Atenea, la diosa de la sabiduría, sufrió un tratamiento igual de malo que el de la Atenea de Palmira. No sólo fue decapitada, sino que, como humillación final, se la colocó boca abajo en una esquina del patio, para ser usada como escalón. Durante los años que siquieron, su espalada sería erosionada por generaciones de pies cristianos, al igual que lo había sido su consideración como diosa de la sabiduría.
El " triunfo" de la Cristiandad era completo.

Por utilizar un lugar común, se puede decir que este libro, que narra la turbulenta transición del paganismo al cristianismo en el Imperio Romano, ha venido precedido de un pequeño escándalo. Por ponerles un ejemplo, casi al inicio Nixey narra como la estatua de la Atenea/Allat de Palmira fue hecha pedazos y desfigurada en el siglo IV, un destino repetido en el siglo XXI, esta vez con la imagen reconstruida que se custodiaba en el museo arqueológico de esa ciudad. La única diferencia entre ambas destrucciones estriba en que la más reciente fue realizada por los miembros del ISIS, mientras que la más antigua estuvo a cargo de fanáticos cristianos.

Este símil puede parecer exagerado a algunos, incluso intolerable, ya que, alegarán, no tiene sentido comparar una religión respetada por millones de fieles, que presume de caridad y compasión, con las acciones de un puñado de extremistas rabiosos y despiadados. Sin embargo, lo que ha realizado Nixey en este libro es, simplemente, narrar un secreto a voces. Como sabrán, entre los siglos IV y V de nuestra era, el cristianismo reemplazó por completo al paganismo, llevando al cierre de sus templos, la retirada de las estatuas de los dioses y la pérdida de gran parte de la literatura y filosofía grecolatinas. Esto es conocido, pero lo que no se suele contar es cómo se llevó a cabo ese proceso. Si fue de forma pacífica o violenta, si fue acompañado por destruciónes o no, si la pérdida del saber fue involuntaria o planificada.

Esto es lo que se propone contarnos Nixey y el resultado no es muy favorable para ese cristianismo triunfante de los siglos IV y V, que queda retratado como un grupo de fanáticos ignorantes. O al menos sus sectores más combativos y revolucionarios.

miércoles, 15 de agosto de 2018

Fantasías/Advertencias

Desfile nocturno de los 100 demonios

Ayer tenía la intención de realizar mi visita anual al museo de la Real academia de bellas artes de San Fenando, cuando me topé con que estaba cerrado durante todo agosto. Por suerte, se mantenían abiertas dos exposiciones temporales, ambas de gran interés, así que el día no se fue al traste.

La primera entra dentro de esa obsesión occidental con el Japón, cuya última manifestación es la invasión reciente de manga y anime. Una referencia que no está traído por los pelos, ya que lo  que la muestra busca rastrear es como las leyendas de monstruos sobrenaturales, los yokai, tan típicas del folklore de cualquier nación, sufrieron una metamorfosis a finales del siglo XIX, comienzos del XX. En esa época pasaron de ser potencias reales, peligrosas y temibles, capaces de dañar y matar a quienes caían en sus garras, para convertirse en imágenes entrañables con las que divertir a la infancia, tornándose cada vez más monas y adorables. Confundiéndose con esa pasión por lo kawai tan característica de la cultura popular japonesas, cuya última plasmación sería la serie Yokai Watch o los muchos muñecos comercializados.

martes, 14 de agosto de 2018

Luchando por el cambio

There is no consensus among social scientists about the conditions under which radical flanks either harm or help a social movement. In our estimation, however, many successful non violent campaigns have succeeded because they systematically eroded or removed entirely the regime's sources of power, including the support of economic and military elites, which may have hesitated to support the opposition if they have suspected that the campaign would turn violent. The more a regime's supporters believe  a campaign may become violent, or that their interests will be gutted if the status quo is changed, the more likely that those supporters and potential participants may perceive the conflict to be a zero-sum game. As a response, regime supporters are likely to unite to counter the perceived threat, while potential participants may eschew participations for the reasons just identified. A unified adversary is more harder to defeat for any type of campaign. In conflicts perceived as zero-sum games, it is difficult for erstwhile regime supporters to modify and adapt their ideologies and interests according to shifts in power. Instead, they will fight tooth and nail to keep their grip of power, relying on brutal force if necessary. There is less room for negotiation, compromise, and power sharing when regime members fear that even small losses of power will translate into rolling heads. On the other hand, our central point is that campaigns that divide the adversary from its key pillars of support are in a better position to succeed. Non-violent campaigns have a strategic advantage in this regard.

Erica Chenoweth, Maria J. Stephan. Why Civil Resistance works

No hay un acuerdo entre los científicos sociales sobre en qué condiciones la aparición de frentes radicales pueden favorecer o perjudicar un movimiento social. En nuestro análisis, sin embargo, muchas campañas no violentas que han tenido éxito lo han hecho porque erosionaron sistemáticamente las fuentes de poder del régimen o las eliminaron por completo, incluyendo el apoyo de las élites militares y económicas, que podrían haber dudado en apoyar a la oposición si la campaña se hubiese vuelto violenta. Cuanto más creen los partidarios de un régimen que una campaña se tornará violenta, es tanto más probable que estos partidarios y los participantes en la campaña la conciban como un juego de suma cero. Como respuesta, es probable que los partidarios del régimen se unan para contrarrestar la amenaza percibida, mientras que participantes en potencia pueden rehuirla por las razones ya apuntadas. Un adversario unido es más difícil de derrotar para cualquier tipo de campaña. En conflictos concebidos como juegos de suma cero, es difícil que los partidarios anteriores del régimen modifiquen y adapten sus ideologías de acuerdo con los cambios de poder. Por el contrario, lucharan con uñas y dientes para mantenerse en él, recurriendo al uso de la fuerza si es necesario. Queda menos espacio para la negociación, el compromiso y la compartición del poder cuando los miembros del régimen temen que haya depuraciones incluso con pequeñas cesiones. Por otra parte, nuestro argumento central es que las campañas que separan al adversario de sus fuentes fundamentales de poder están mejor situadas para ganar. Las campañas no violentas tiene la ventaja estratégica a este respecto.

Gracias a la web La página definitiva descubrí este corto ensayo, pero aún interesantísimo, de las científicas políticas americanas Erica Chenoweth y Maria Stephan. En él, se plantea un problema de gran importancia en el mundo moderno: cuál es el mejor método para obrar un cambio político en condiciones de ocupación, opresión o dictadura. Con mayor precisión, si son más efectivas las insurgencias armadas y los movimientos terroristas o lo son las campañas de resistencia pacífica. Un estudio que rehuye las especulaciones sin fundamente, sino que toma como base objetiva una larga lista de movimientos, pacíficos y violentos, desde 1900 hasta hoy, analizando con medios estadísticos cuáles tuvieron éxito, cuáles no, y por qué razones. Sistematización y comparación que se complementa con cuatro análisis exhaustivos de movimientos particulares. La primera intififada palestina, a medias pacífica, a medias violenta, que acabó fracasando; la rebelión popular pacífica contra el gobierno autoritario de Marcos en Filipinas, que triunfó; la revolución islámica iraní, también pacífica y también triunfante; y por último, el fracaso del movimiento pacífico contra la dictadura Birmana, a finales de los ochenta.

Pues bien, las conclusiones de Chenoweth y Stephan son que, estadísticamente, los movimientos pacíficos tienen más posibilidades de triunfar que los violentos, por una abrumadora diferencia. Es decir, no sólo la inmensa mayoría de los cambios políticos se han debido a campañas no violentas, sino que, considerando sólo los violentos, la tasa de triunfo en ese conjunto es bastante baja. Además, cuando se comparan los regímenes sucesores de estas revoluciones, se observa que los surgidos de movimientos violentos tienden a ser dictatoriales y autoritarios, llevan aparejada a la represión sangrienta de los perdedores y dejan profundas cicatrices en las sociedades afectadas, que pueden llevar incluso a la guerra civil o la contrarrevolución pasados algunos años.

Es una tesis que yo comparto, aunque sea por razones éticas, pero la pregunta obvia es: ¿Por qué esa diferencia tan clara?

jueves, 9 de agosto de 2018

Nuevas guerras, viejas creencias

Mais la comparaison est trompeuse, car elle suggère que le monde de l'Islam est aussi centralisé que feu le monde soviétique - nonobstant la dissidence chinoise -, et que la Mecque constitue réellement, pour retourner la célèbre formule, le Moscou de l'Islam. Il n'est rien, et le monde musulman n'est ni monolithique ni homogène. Il comporte une pluralité de centres en compétition acharnée pour l'hégémonie sur les valeurs politico-religieuses. Son rapport avec l'Occident, et la modernité que celui-ci invente et diffuse, s'avère plus complexe, profond, intime que l'antagonisme idéologique  et militaire tranché que prévalait entre États-Unis  et Union Soviétique. Il n'existe pas de Komintern islamiste dont les mouvements radicaux à travers la planète appliqueraient les instructions comme les partis communistes de chaque pais suivaient aveuglément la ligne stalinienne eu égard aux intérêts de l'URSS.

Gilles Kepel, Fitna

Pero la comparación es engañosa, ya que sugiere que el mundo islámico está tan centralizado como lo fuera el soviético - a pesar dela disidencia china -, y que la Meca en realidad consituye, por darle la vuelta a la famosa fórmula, el Moscú del Islám. No lo es en absoluto, mientras que el mundo musulmám no es ni monolítico ni homogéneo. Se compone de una pluralidad de centros en competición encarnizada por la hegomonía en el campo de los valores políticos y morales. Su relación con Occidente y la modernidad que inventó y difunde, se revela más compleja y profunda que el antagonismo económico y militar que prevalecía entre los Estados Unidos y la URSS. No existe un Comintern islamista cuyas instrucciones sean aplicadas por los movimientos radicales dispersos por el planeta, de manera similar a como los partidos comunistas de cada país seguían ciegamente las línea estalínista en consideración a los intereses de la URSS.

Para el mundo entero, que los presenció en directo, los atentados del 11-S fueron como un rayo en un cielo sereno. Nadie los esperaba, nadie los previó. Ni ellos, ni la irrupción del islamismo radical como actor en la política contemporánea. Y eso que había habido multitud de signos ya desde 1980.

El primer aviso fue el triunfo de la revolución islámica en Irán y la constitución de una teocracía, que barrió tanto a las fuerzas laicas como a los partidos de izquierda, y que aún goza de perfecta salud. Otro lo fue la constitución de una guerrilla islámica en Afganistán contra los invasores soviéticos, que consiguió derrotarles con el apoyo estadounidense, pakistaní y saudí, para luego ir mutando en formas cada vez más radicales, cuyo último estadio fue el régimen fanático de los talibanes. O la confusa y mortífera guerra civil argelina de los 90, con islamistas del  GIA y fuerzas gubernamentales rivalizando en cometer atrocidades.

Aún así, antes del 2001 esos fenómenos no nos parecían otra cosa que excepciones. O si lo prefieren, vistos desde un eurocentrismo aún dominante, cosas del tercer mundo, de salvajes atrasados a los cuales la modernidad aún no había llegado. Dolores de parto necesarios para el advenimiento de un progreso que no tardaría en cimentarse y producirse. Sin embargo, lo que se nos escapaba es que en todos los países del área islámica, de forma solapada, se estaba desarrollando un proceso de reislamización, paralelo a la decadencia y muerte del bloque comunista. Poco a poco, las fuerzas laícas, progresistas o de izquiersas eran marginalizadas, mientras que la fe rediviva ganaba adeptos y apoyos, como única corriente capaz de imponerse no sólo a un estado de Israel invencible en los aspectos militares, sino en especial a un occidente cuya influencia cultural se filtraba hasta los aspectos más recónditos de la vida cotidiana. Integrismo y reacción que, de forma paradójica, se granjearon el respaldo de la izquierda europea, quien veía en la protección de esas concepciones culturales una forma de lucha contra el neocolonialismo y el racismo, sin percatarse que protegía a los verdugos de sus camaradas ideológicos.

martes, 31 de julio de 2018

Romper el encierro

Fotografía de Marc Pataut documentando el movimiento "Ne pas plier"
En entradas anteriores les había hablado de la exposición que el MNCARS ha dedicado al maestro del Arte Cinético Eusebio Sempere. Por ¿casualidad? esta muestra coincide con la dedicada por el Museo Thyssen al fundador del Op Art, Victor Vasarely. Sin embargo, esta coincidencia fortuita se puede llevar un poco más allá, ya que en la misma planta del MNCARS donde está la exposición de Sempere, se pueden visitar la de otros tres artistas cuyos fundamentos estéticos son diametralmente opuestos a los de esos dos maestros de la abstracción.

La abstracción, como sabrán, es un relativo recién llegado al arte occidental, siempre preocupado desde el siglo XV por la representación cabal y racional del mundo. Sin embargo, desde su "invención" en 1910, la abstracción tomó por asalto el espacio estético occidental, hasta casi convertirse en la forma por antonomasia, aquélla a la que tendía por necesidad la investigación formal que comenzó en las décadas centrales del siglo XIX. Sin embargo, contra la abstracción siempre se ha levantado una objeción esencial: su carácter autista, desligado y desinteresado de los aconteceres humanos y la marcha de la sociedad. De hecho, en su desarrollo posterior a la Segunda Guerra Mundial. la abstracción "ortodoxa" se encerró en un geometrismo debilitante y paralizante, que la llevó a los callejones sin salida que resultaron ser tanto el Op Art como el arte cinético.

viernes, 27 de julio de 2018

Escindido

Porque não acrediteis que eu escrevo para publicar, nem para escrever nem para fazer arte, mesmo. Escrevo, porque esse é o fim, o requinte supremo, o requinte temperamentalmente ilógico, da minha cultura de estados de alma. Se pego numa sensação minha e a desfio até poder com ela tecer-lhe a realidade interior a que eu chamo ou A Floresta do Alheamento, ou a Viagem Nunca Feita, acreditai que o faço não para que a prosa soe lúcida e trémula, ou mesmo para que eu goze com a prosa — ainda que mais isso quero, mais esse requinte final junto, como um cair belo de pano sobre os meus cenários sonhados — mas para que dê completa exterioridade ao que é interior, para que assim realize o irrealizável, conjugue o contraditório e, tornando o sonho exterior, lhe dê o seu máximo poder de puro sonho, estagnador de vida que sou, burilador de inexatidões, pajem doente da minha alma Rainha, lendo-lhe ao crepúsculo não os poemas que estão no livro, aberto sobre os meus joelhos, da minha Vida, mas os poemas que vou construindo e fingindo que leio, e ela fingindo que ouve, enquanto a Tarde, lá fora não sei como ou onde, dulcifica sobre esta metáfora erguida dentro de mim em Realidade Absoluta a luz ténue e última de um misterioso dia espiritual.

Fernando Pessoa, Libro del desasosiego

Porque no creáis que escribo para publicar, ni para escribir, ni incluso para crear arte. Escribo porque ése es el fin, el refinamiento supremo, la destilación temperamentalmente ilógica, de mi cultivo de los estados del almo. Si tomo una sensación mía y la devano hasta poder tejer con ella la realidad interior que llamo Bosque del aislamiento o Viaje nunca hecho, creo que lo hago no para que la prosa sea lúcida o trémula, o incluso para gozar con la prosa - aunque más quiero eso, más un refinamiento final , como un caer bello en un paño sobre los escenarios por mí soñados - sino para dar un exterior cumplido a lo que es interior, par que sí se realiza lo irrealizable, se conjugue lo contradictorio, y volvi´ñendo al sueño exterior, le dé su poder máximo de sueño puro, estancante de la vida que soy, cincelador de las inexactitudes, paje doliente de mi alma Reína, leyéndole durante el  crepúsculo no los poemas que están en el libro abierto sobre mis rodillas, de mi Vida, sino de los poemas que voy construyendo y fingiendo que leo, y ella fingiendo que oye, mientras la Tarde, allá fuera, no sé donde, como yo, dulcifica esta metáfora que se yergue dentro de mí, Realidad Absoluta, a la luz tenue y última de un misterioso día espiritual.

Entre las muchas cegueras intelectuales que nos trae la vejez está la de creernos ya de vuelta de todo. Pensar que ya nada podrá conmovernos, puesto que hemos visto, escuchado, presenciado y leído absolutamente todo. Empeorado porque, debido a ello, hemos cesado de buscar, ya que pensamos no encontrar jamás, y así nos cerramos a las experiencias que podrían hacernos reverdecer. Traer de nuevo al presente a ese yo nuestro más joven al que tanto envidiamos, quizás porque tenemos miedo que se sienta repelido por nuestra conformidad actual.

La perorata anterior viene a que no ha sido hasta ahora que he descubierto a Fernando Pessoa, escritor portugués de importancia capital en la literatura occidental. Entono el mea culpa, tanto más contrito, cuando además no he llegado a él por impulso propio, sino empujado por mi reciente aprendizaje del portugués. Como práctica, me compré unos cuantos libros en esa lengua, entre ellos el Libro del desasosiego que comento en esta entrada. No por una razón especial, mucho menos una admiración que aún no tenían sino porque me sonaba el nombre del autor y de la obra. A pesar de su carácter de tarea, o quizás precisamente por eso, este libro llevaba ya bastantes años cogiendo polvo en mis estanterías, hasta que mi visita la reciente exposición Pessoa y su tiempo, en el MNCARS, picó mi interés y me animó a leerlo de una vez por todas.

Momento en que me di cuenta de lo estúpido que había sido. De lo mucho que me había perdido dejando a Pessoa a un lado, como si no me interesase.

martes, 24 de julio de 2018

Perdido

Lorenzo Lotto, Retrato de un caballero joven

Supongo que ya les he comentado varias veces como varían las apetencias artísticas a medida que se envejece. Uno acaba por apartarse de los grandes maestros, un poco hastiado de encontrárselos por todas partes, y toma cariño por figuras de segunda fila, cuya obra ha quedado en la penumbra. Se pueden poner muchas excusas para justificar estas preferencias, pero lo cierto es que detrás de ellas se oculta un solo deseo: el de volver a enamorarse con pasión de una obra de arte, el dejarse arrebatar por el torbellino del descubrimiento repentino, aunque quizás el objeto no lo merezca y antaño ni le hubiéramos dedicado una sola mirada. Ese es el objetivo, pero, para serles sinceros, debo confesarles que rara vez se alcanza. Al final, a estas edades, sólo se puede remedar lo ya sentido, extraer los sentimientos del almacén en el que duermen, vestirse con ellos, aparentar.

Dejemos a un lado las confesiones. Esta introducción era sólo para que entendiesen el poderoso atractivo que exposiciones como la de Lorenzo Lotto, abierta recientemente en El Prado, ejercen sobre mí. No es que el nombre de este artista sea desconocido para el aficionado. Cualquiera que se haya preocupado por la pintura veneciana recuerda un par de retratos magníficos, de ésos que te llevan a querer ver más, a descubrir el artista detrás de esas maravillas, a confirmar que esos logros no eran una excepción, un golpe de suerte. Esta exposición permite cumplir ese deseo, al explorar la obra de este pintor veneciano en profundidad, abarcando toda su biografía y sus diferentes etapas estilísticas.