sábado, 16 de septiembre de 2017

¿El punto de inflexión?

¿Does the seventeenth century evidence support this analysis? Certainly the major revolts almost broke out in a period of unparalleled climatic adversity, notably when a "blocked climate" produced either prolonged precipitation and cool weather or prolonged drought (1618-23, 1629-32, 1639-43, 1647-1650, 1657-8). Some areas suffered for longer: both Scotland (1637-49) and Java (1643-71) suffered the longest droughts in their recorded history. The century also saw a run of "landmark winters", including some of the coldest months on record, and two years "without a summer" (1628 and 1675); and an unequalled series of extreme climatic events - the freezing of the Bosporus (1620) and Baltic (1658); the drying up of China's Grand Canal (1641); the maximum advance of the Alpine glaciers in  1642-4. In 1641 the river Nile at Cairo fell to the lowest level ever recorded, while Scandinavia experienced its coldest winter ever recorded. These various climatic aberrations accompanied a major episode of global cooling that lasted at least two generation: something without parallel in the past 12,000 years. The famines caused by this change in the global climate caused what we would today be called a humanitarian crisis in which millions of people starved to death.

Geoffrey Parker, Global Crisis

¿Permiten las pruebas del siglo XVII corroborar este análisis? Con seguridad las revueltas principales casi siempre ocurren en periodos clímaticos adversos sin precedentes, especialmente cuando un "clima bloqueado" bien produce precipitaciones prolongadas y frío o una sequía persistente (1618-23, 1629-32, 1639-43, 1647-1650, 1657-8). Algunas zonas sufrieron incluso más: tanto Escocia (1637-49) como Java (1643-71) experimentaron las seguías más largas que se han registrado. El siglo también presenció una cadena de "inviernos clave", incluyendo algunos de los meses más fríos regustrados y dos años "sin verano" (1628 y 1675), además de una serie sin igual de sucesos climáticos extremos: la congelación de las aguas del Bósforo (1620) y del Báltico (1658), el secado del Gran Canal Chino (1641) o el avance máximo de los glaciares alpinos (1642-44). En 1641 el nivel del río Nilo a su paso por Cairo cayó por debajo de los niveles antes registrados, mientras que la península escandinavia sufrío su peor invierno registrado. Estas diferentes aberraciones climáticas acompañaron un episodio principal de enfriamento global que duró al menos dos generaciones: algo sin paralelos en los últimos 12.000 años. Las hambrunas causadas por este cambio en el clima global causaron lo que hoy llamaríamos una crisis humanitaria, en la que millones de personas murieron de hambre.

Geoffrey Parker es uno de los grandes historiadores mundiales del periodo que antes se llamaba como Edad Moderna, siglos XVI al XVIII, y ahora se prefiere denominar Premodernidad. Es también uno de los proponentes de una "Great Divergence" temprana, dentro del debate sobre el auge y dominio de Europa durante el siglo XIX y XX. Frente a la postura tardía, que lo retrasa a finales del XVIII e incluso a comienzos del XIX, para Parker este giro en la historia mundial tuvo lugar a mediados del siglo XVII. Una postura a la que yo también me adhiero.


Global Crisis, con el subtítulo War, Climate Change and Catastrophe in Seventeenth Century (Guerra, cambio climático y catástrofe en el siglo XVII) es una análisis extenso, 700 páginas de texto, profundo y complejo de ese siglo crucial. Lo primero que llama la atención de este siglo es que, comparado con los que le preceden y suceden, es especialmente belicoso. No por el número de guerras, sino por su extensión y mortandad, que no vuelven a ser igualados, salvo excepciones, hasta el no menos sangriento siglo XX. Encuadrando el siglo, se tienen los 30 años de la guerra del mismo nombre, 1618-1648, que dejaron asolado y despoblado el espacio del Sacro Imperio Romano Germánico; mientras que en la segunda parte del siglo, de 1640 a 1680 tiene lugar la caída de la dinastía Ming en China y su substitución por la dinastía Quing.


jueves, 14 de septiembre de 2017

La ruptura (I)

Selon toute probabilité, la plupart des fidèles  de cette religion tiennent pour une aberration monstrueuse la caution que prétendent trouver dans l'Islam ceux qui commettent des attentats meurtriers, prennent des otages, les soumettent a la torture et les assassinent. Et sans doute est-il préférable d'éviter tell formule hâtive qui tendrait à faire de tout "islamique" un terroriste en puissance: il serait d'une égale absurdité de suspecter en chaque catholique un Torquemada ou en chaque juif un rabbin Kahane. Plus encore, en pratiquant l'amalgame et l'insinuation, on risque fort de souder dans un réflexe hostile et solidaire les rangs de population qui se sentent soudain l'objet d'un soupçon inique e difus.
Pourtant, ce serait fait preuve de l'aveuglement des compagnons de route de nier un fait: la multiplication des actes terroristes et de prises d'otages s'inscrit dans une stratégie  antioccidentale efficace mis au point par certains états du Moyen Orient, et nomme par les spécialistes le "conflit a baisse intensité". Dans cette perspective, l'usage du vocabulaire islamique, et notamment de l'injonction du jihad, dans son sens le plus belliqueux de "guerre sainte contre les ennemies de Dieu", constitue un précieux auxiliaire pour recruter une mouvance de sympathisantes et d'exécutants au sein d'une jeunesse sinistrée qui considère qu'elle n'a pas plus rien a perdre et qui voit, à tort ou à raison, dans l'Occident haï e opulent la cause de tous ses maux. On se fourvoierait à sous-estimer l'impact de pareilles mots d'ordre.

Gilles Kepel, Les banlieues de l'Islam

Con toda probabilidad, la mayor parte de los fieles de esta religión consideran una aberración monstruosa la pretensión de encontrar en el Islam a aquellos que cometen atentados mortíferos, tomar rehenes, los someten a tortura y les asesinan. Y sin duda es preferible evitar la formula apresurada que haría de todo islamista un terrorista en potencia: sería igual de absurdo suponer en todo católico un Torquemada o en caja judío un rabino Kahane. Aún más, al utilizar esa yuxtaposición e insinuación, nos arriesgamos a desperar un reflejo solidario hostil entre los grupos de población que se sienten repentinamente objeto de una sospecha inicua y difusa.
Sin embargo, sería mostrarse ciego, como los compañeros de viaje, si se negase un hecho: la multiplicación de actos terroristas y de toma de rehenes se inserta en una eficaz estrategia antioccidental practicada por ciertos estados de Oriente Próximo y llamada por los especialistas "conflicto de baja intensidad". Desde esta perspectiva, el uso del vocabulario islámico y especialmente de la jihad, en sus sentido más belicoso de "guerra santa contra los enemigos de Dios", constituye un auxiliar precioso en el reclutamiento de simpatizantes y ejecutores en el seno de una juventud fracasada que considera que no tiene nada más que perder y que ve, de manera correcta o equivocada, que la causa de todos sus males es el Occidente odiado y opulento. Se equivocaría quien subestimase el impacto de semejantes consigna.

Acaba de terminar este libro de Gilles Kepel cuando sucedieron los atentados de Barcelona. Preferí retrasar la escritura hasta que todo se hubiera normalizado - al ritmo que va la actualidad patria, no ha tardado mucho - pero también porque estos hechos luctuosos ya no me afectan como los hicieron los del 11-S o los del 11M. Pareciera que la violencia, en forma de atentado sangriento, aquí o en otra parte del mundo, se ha convertido en parte cotidiana de nuestras vidas. Cada muerte, cada grieta en la convivencia, tiene así cada vez menos valor. Es simplemente otro más en la lista, un paso más en un conflicto que, a mi entender, están ganando los radicales: las formas extremas de religión que pretenden eliminar las conquistas de los estados laocos.

Resulta curioso, leyendo el párrafo de Kepel, lo apropiado que resulta su conclusión al tiempo presente. Pero no es un artículo de actualidad. Se trata de un libro publicado en 1987 que intentaba analizar y explicar las causas de un fenómeno nuevo, la aparición del Islam como un fenómeno político en Francia en los años 80, al socaire de la Revolución Islámica en Irán. Puede sorprender esa fecha temprana. Para nosotros, el Islam, como fuerza política y revolucionaria, no se tuvo en cuenta hasta el shock que supusieron los atentados del 11-S en Nueva York. De repente, descubrimos que minorías implantadas en nuestra sociedad tenían - y exigían - necesidades para las que nuestra sociedad no tenía cabida o que no habían sido consideradas en su construcción. Un problema de construcción social que no habría tenido tanta repercusión sino fuera, precisamente, por esa deriva violenta cuya expresión es el terrorismo islámico.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Múltiples variantes

Los cuadernos de Lee Lozano.
Como ya les he indicado en muchas condiciones, el MNCARS madrileño se halla inmerso en una tarea de revisión de las artes post-1945, a la que muchas veces se unen excursiones por las vías secundarias de las vanguardias históricas. Dos afanes que convierten a esta institución en la más viva del panorama madrileño, plena por tanto en recompensas y descubrimientos. En ese sentido, ya les había hablado hace unos días de la concienzuda muestra sobre el NSK, Neue Slovenische Kunst, que aún se puede visitar durante algunos días más. Es el momento de hablar de otras tres, más pequeñas, pero no por ello menos interesantes.

La primera es la dedicada a la artista norteamericana Lee Lozano, activa sólo durante una década, la de los sesenta, pero cuya obra es fascinante, digna de reflexión y meditación. No tanto por lo que nos haya quedado y podamos ver, sino por los problemas y enigmas que plantea en su evolución e interpretación. Lozano pasó de ser una artista esencialmente expresionista, cuyo arte se basaba en la insolencia y rebeldía propia de la época en que nació la contracultura, a convertirse en una pintara fundamentalmente abstracta, cuya obra parecía no querer decir nada, pero debía exhibirse en unas condiciones de presentación e iluminación muy concretas.

martes, 29 de agosto de 2017

Was ist Kunst?



Ya sabrán de mi admiración por la política de exposiciones del MNCARS. Desde hace ya por lo menos una década, se ha embarcado en trazar la historia del arte occidental de 1950 hasta el presente, un tiempo que, en la memoria del aficionado, suele quedar bastante borroso, cuando no confuso. Fuera de algunos hitos esenciales, el expresionismo abstracto de Pollock y Rothko, o el pop de Warhol y Rauschenber, el resto suele quedar reducido a un batiburrilo de fenómenos contradictorios que no llegan a emular los logros de la vanguardia plena. Aquella que dominó Europa de 1880 a 1940, que fue combatida por los totalitarismos de izquierda y de derecha, y que ahora ha adoptado los ropajes de un nuevo clasicismo. Otra nueva síntesis, por tanto, frente a la del renacimiento y el barroco.

Sin embargo, esa aparente caída en la calidad - y repercusión - del arte contemporáneo es sólo ilusoria, como bien viene demostrando el MNCARS en sus exposiciones. En concreto, durante este verano, con cuatro muestras que voy a tener que comentar muy superficialmente, a pesar de su importancia. La más relevante, por su cercanía, es la dedicada al NSK, Neue Slovenische Kunst o Nuevo Arte Esloveno, cooperativa artística fundada en ese país en los años 80 y formada por tres facciones, Laibach, grupo de rock industrial cercano al punk, IRWIN centrado en las artes plásticas y SNST (Teatro de las hermanas de Escipión Násica), en las artes escénicas y que luego se reencarnó en el Teatro Cosmocinético Piloto Rojo y el en Gabinete Cosmocinético Noordung.

jueves, 24 de agosto de 2017

Los limbos de la historia


Like most such people, Irena Lypszyc did not know much about her new surroundings. She was in Wysock, in Polesia, when the German invasion came. When the Jews of the town were rounded up for execution in September 1942, she ran into the swamps with her husband. It does not seem that she had ever previously spent much time out of the doors. The two of them lived on berries and mushrooms for a few days before deciding to risk making contact with the outside world. Irena decided that she would stand on the first road she found, hail the first person she saw, and ask for help.
The man approaching her had a doubled-barreled gun on his shoulder and agreed to her request without batting an eye. As she came to understand, he was a natural rebel, living from smuggling and moonshine far away from any center of power, opposing whichever political system claimed authority over him. In interwar Poland he had hidden communists; when the Soviets invaded he had sheltered Poles from deportation by the NKVD; and now that the German had come he was helping Jew. He did not really seem to see a difference between one sort of rescue and another. 
Irena told his story but did not betray his name.

Timothy Snyder, Black Earth

Como la mayoría de esa gente, Irena Lypszyc no conocía mucho de su nueva morada. Estaba en Wysock, en Polesia, cuando llegaron los alemanes. Cuando los judíos de la ciudad fueron reunidos para ser ejecutados en septiembre de 1942, huyó a los pantanos con su marido. No parece que hubiera vivido en el campo durante mucho tiempo antes. Ambos sobrevieron a base de bayas y setas durante unos días antes de atreverse a tomar contacto con el mundo exterior. Irena decidió que se plantaría en el primer camino que encontrase y abordaría al primero que pasase, para pedirñe ayuda.
El hombre que se la aproximó tenía una escopeta de dos cañones al hombro y, sin pestañear, se mostró de acuerdo con su petición. Llegó a comprender que era un rebelde de nacimiento, que vivía del contrabando y del tráfico de alcohol, lejos de cualquier centro de poder, oponiéndose a cualquier sistema político que pretendiera tener autoridad sobre él. En la Polonia de entreguerras había escondido a comunistas, cuando los soviéticos invadieron protegió a polacos contra las deportaciones de la NKVD, y ahora que estaban los alemanes ayudaba a los judíos. No parecía ver diferencia alguna entre salvar a unos u otros.
Irena narró su historia pero no quiso traicionar su nombre.

El mayor defecto de este libro de Timothy Snyder sobre el holocausto es también su mayor virtud. Este historiador se hizo famoso con otra obra anterior, Bloodlands, en la que describía el limbo mortífero en que el este de Europa - Polonia, Bielorrusia, Ucrania, los países Bálticos - cayó durante  la Segunda Guerra Mundial. Algunas de esas zonas llegaron a sufrir una triple ocupación - soviética, nazi y luego de nuevo soviética - que se saldaban con purgas, deportaciones y, en el caso nazi, con una política de exterminio sin límites. Aplicada, no se olvide, primero a los judíos y luego a los eslavos, cuya población, según los términos del Hungerplan, debía ser reducida al menos en 30 millones en la Rusia Europea.

Esta especialización de Snyder lastra un tanto el libro, cuyo objetivo resulta ser demasiado ambicioso. Se propone realizar un análisis del holocausto a escala europea, de Francia a la URSS, pero dedica su mayor atención y esfuerzo a la misma área geográfica que Bloodlands, de Polonia a los Urales, del Báltico al Mar Negro, mientras que otras regiones y casos son descritos superficialmente. Entre ellos, la colaboración asesina de la Francia de Vichy, el milagro danés, el rigor de la deportación en Holanda o la eficiencia mortífera del holocausto en Hungría, que en apenas seis meses de 1994 consiguió asesinar a la mitad de sus población judía... y estamos hablando de varios cientos de miles. Sin olvidar la contribución espontánea de los fascistas croatas, los Ustachas, o del gobierno de Antonescu en Rumanía, que limpiaron sus países de judíos sin intromisión alemana.

sábado, 19 de agosto de 2017

Los límites

Resulto, sin embargo, que en nuestro caso aquel emisor desconocido había cometido un terrible faux pas, pues había enviado su misiva, un larguísimo mensaje grabado  en casi un kilómetro de cinta registradora, sin introducción, gramática, ni lexicón. Cuando me enteré de aquello, lo primero que me pasó por la cabeza fue que en realidad aquel mensaje no estaba destinado a nosotros, y habíamos dado con él por pura casualidad, tal vez sólo porque estábamos situados en la línea de transmisión entre dos civilizaciones que habían establecido ya un diálogo previo. También cabía la posibilidad de que sus destinatarios fueran todas las civilizaciones que, alcanzado un cierto "nivel de conocimiento", fueran capaces de tanto de localizar la difícilmente detectable señal como de descodificar su significado. La primera eventualidad, la de una detección fortuita, eliminaba el problema de "no haber respetado las reglas". En cambio en la segunda, el problema en cuestión adquiría una dimensión nueva y en cierta manera enriquecida: la información (según imaginaba yo) había sido protegida contra los posibles receptores "no deseados".

La voz del amo, Stanislaw Lem

En otra entrada anterior ya había compartido mis impresiones sobre esta novela de Stanislaw Lem. He podido leerla ahora en castellano, gracias a la editorial Impedimenta, y mi admiración por este escritor se ha visto reforzada. Sigue siendo, por tanto, uno de mis autores favoritos.

No porque sea un autor redondo, ni mucho menos perfecto. Sus personajes suelen ser meros vehículos para sus historias y disquisiciones filosóficas, en demasiadas ocasiones reducidos a simples etiquetas. No obstante, en compensación, las descripciones de los ambientes futuros en los que se desarrollan sus novelas son realmente magistrales. De las de estar presenciando lo que se nos cuenta, aunque normalmente sea incomprensible de lo ajenos que son esos otros mundos a nuestra experiencia. Extrañeza irreductible que es la puerta de entrada a la auténtica importancia de las novelas de Lem: obras donde se transciende la ciencia- ficción. No estamos en el ámbito de la novela de aventuras, o rosa o melodramática, con un leve barniz de técnica futurista. Ni siquiera en el de la obra de divulgación-anticipación, a lo Verne, que busca adivinar lo que nos deparará el futuro y mostrarlo de manera racional, alcanzable en un futuro cercano. La obra de Lem, por el contrario, pone en tela de juicio todo lo que conocemos. Tanto, en modo menor, nuestras expectativas ante la ciencia ficción, como, en modo mayor, los fundamentos que suponemos sólidos e inmutables a la ciencia.

viernes, 11 de agosto de 2017

El azar y la necesidad

Der "Blitzkrieg" von 1940 steht also nicht in Zusammenhang mit jener Hitler zugeschriebenen "Blitzkrieg-Strategie". Nach dieser Theorie sollte angeblich das große Ziel der "Westmacht" oder "Weltherrschaft" nicht mehr in einer einzigen totalen Anstrengung wie im ersten Weltkrieg, sondern ettapenweise anhand eines "Steufenplans" durch das Führen kurzer "Blitzkrieg" erreichen werden. Doch Hitler hatte zu diesem Zeitpunkt keinen Krieg gegen die Westmächte geplant - und schon gar keinen "Weltkrieg". Schließlich befand sich die Wehrmacht infolge der Versailler Vertrages noch in Aufbaustadium uns wurde von eigenem Generalstab als nicht "kriegsbereit" eingestuft. Es waren vielmehr Großbritannien und Frankreich, die Hitler nach dem deutschen  Einmarsch in Polen den Krieg erklärten. So hatte der Diktator durch seine gescheiterte Vabanque Politik das Deutsche Reich in eine schwer ausweglose Lage manövriert. Ein Krieg gegen die kräftemäßig überlegenen Westmächte erschien kaum gewinnbar. Da die Zeit langfristig gegen Deutschland arbeitete, gab es eigentlich nur noch die Chance, die Flucht nach vorn anzutreten, alles auf eine Karte zu setzen und der Gegner durch einen Überaschungsangriff zu überrumpeln. Doch gerade vor diesem Wagnis schreckte die deutsche Führung unter der Trauma des im Ersten Weltkriegs gescheiterten Schlieffensplan zurück

Karl.Heinz Frieser, Blitzkrieg-Legende (El mito de la guerra relámpago)

La guerra relámpago de 1940 no está relacionada con una estrategia de guerra relámpago aprobada por Hilter. Según esta teoría el objetivo del poder en occidente o del dominio mundial no debía ser alcanzado con un esfuerzo único y completo como en la Primera Guerra Mundial, sino escalonadamente mediante un plan por etapas siguiendo las directrices de una corta guerra relámpago. Pero Hitler no había planeado en ese tiempo una guerra contra las potencias occidentales, mucho menos una guerra mundial. La Wehrmacht se encontraba aún en proceso de reconstitución tras el tratado de Versalles y era considerada como no apta para el combate por el propio Mando Supremo. Fueron Gran Bretaña y Francia los que declararon la guerra a a Hitler tras la entrada de las tropas alemanas en Polonia. De esa manera, el dictador, con su política fracasada de jugar a la ruleta quien había llevado a Alemania a una situación sin salida. Una guerra contra la superioridad material de las potencias occidentales no parecía que fuera posible ser ganada. Como el tiempo, a largo plazo, jugaba contra Alemania, sólo existía una posibilidad: jugárselo todo a un carta y arrollar al contrario con un ataque por sorpresa. Pero precisamente esa apuesta aterrorizaba al mando alemán, traumatizado por el fracaso del plan Schlieffen en la Primera Guerra Mundial

Dentro de la historia de la Segunda Guerra Mundial, la campaña de Francia de 1940 ocupa un lugar especial, sobre todo si se compara con lo que vino después. Al contrario que la operación Barbarroja y el horror que se desato en el frente del este, genocidios varios incluidos, el ataque alemán contra los aliados occidentales tiene el carácter de una operación "limpia", incluso "caballerosa". Se podría estudiar de un modo objetivo, desapegado, sin tomar partido por un bando o por el otro, incluso con cierta admiración por el lado alemán. En apenas mes y medio, las tropas alemanes consiguieron doblegar al que se consideraba entonces mejor ejército del mundo, el francés. Es más, esa derrota sin paliativos se obró en apenas diez días, los que median entre el 10 de mayo de 1940, comienzo de la ofensiva alemana, y el 20 de ese mes, cuando las divisiones panzer llegan a Abdeville, en la costa del canal, atrapando al cuerpo expedicionario británico y las mejores unidades franceses en la bolsa de Dunquerke.

El secreto de ese éxito, para los contemporáneos y varias generaciones posteriores, se resumía en una sola palabra: Blitzkrieg. La guerra relámpago habría sido concebida por los alemanes como una técnica revolucionaria para romper el bloqueo de la guerra de trincheras al que la potencia de fuego moderna había llevado en la Primera Guerra Mundial. En ese conflicto, las batallas duraban semanas y meses, consistiendo en bombardeos masivos por parte de la artillería seguidos de asaltos igualmente masivos por parte de la infantería, sólo para conquistar unos pocos kilómetros de trincheras y perder decenas de miles de hombres en el intento. La Blitzkrieg, por el contrario, hacía uso de bombardeos quirúrgicos por parte de la aviación contra centros de mando, aeródromos y vías de comunicación, seguidos por la irrupción de masas de blindados que rompían el frente para avanzar cientos de kilómetros hacía la retaguardia y cercar a la infantería del enemigo, aún atrapada en la defensa de las líneas originarias. Luego, sólo había que hacer prisioneros a las unidades desorganizadas y sin suministros que no se hubieran disuelto en ese empuje inicial.

A esa técnica revolucionaria se unían otros dos factores, según el mito creado en aquel entonces y transmitido a las historias de postguerra. Por una parte, la superioridad técnica y bélica de los tanques alemanes, frente a los cuales los aliados no podían oponer medios comparables para detenerlos. Por otra parte, la elaboración de un plan estratégico, el famoso golpe de hoz o Sichelschnitt, que lanzaba el grueso de las fuerzas alemanas contra el gozne entre las tropas francesas desplegadas en la línea Maginot y las unidades móbiles aliadas enviadas para defender Bélgica. Los aliados se habrían visto así inermes ante un enemigo que les superaba en todos los aspectos, frente al que sus recursos y su doctrina de combate eran insuficientes, de manera que su victoria era segura desde el primer día de la campaña. Ese diez de mayo fatídico.

Eso es lo que dice el mito y lo que la mayoría hemos leído en las historias antiguas de la Segunda Guerra Mundial. Sólo que no es cierto, como muy bien demuestra Frieser en el libro que les comenta.