domingo, 9 de octubre de 2011

100 AS (LXIXb): The Tell Tale Heart (1953) Ted Parmelee













Como todos los domingos, ha llegado el momento de revisar la lista de mejores cortos animados recopilada por el festival de Annecy, aunque en esta ocasión nos moveremos a la que yo llamo la "lista b" para encontrarnos con uno de esos cortos míticos que por alguna razón se escurrió de la lista oficial. Se trata de Tell-Tale Heart, producido por la UPA en 1953 y dirigido por Ted Parmelee sobre diseños de Paul Julian y narrado por James Mason.

Puede extrañar que me explaye tanto en reseñar todos los colaboradores en el corto (especialmente para los que sufran de algún tipo de autoritis) pero en este caso tanto la eficaz narración de James Mason como los diseños de Paul Julian son esenciales para construir la atmósfera de este corto, especialmente los diseños del dibujante americano, que bebiendo de las fuentes de la vangüardia, el expresionismo y  el surrealismo, consiguen dotar a esta versión del cuento de Poe del toque de locura alucinatoria que todo lector experimenta con su lectura.

Por supuesto, un corto animado no se limita a unas bellas ilustraciones o a un perfecto trabajo de doblaje. Se requiere algo más...

¿O no?

 Como ya he señalado en otras ocasioens, la labor de la productora UPA durante la década de los 50 en el campo de la animación comercial y no tan comercial, constituyó uno de los hitos de esta forma. No sólo consiguió romper el monopolio del estilo Disney, que desde los 40 no tenía rivales, sino demostró que esta forma podía utilizar los estilos del modernismo artístico, entonces en plena vigencia, para dirigirse al público, liberando a la animación experimental e independiente del ghetto excluyente en que se la había encerrado, tanto por parte del público como de la crítica (y en el que en cierta manera, aún sigue encerrado)

Esta conexión con la vanguardia no se limitó simplemente a la copia de los estilos artísticos de su tiempo, esto en sí, no hubiera supuesto ninguna revolución, sino que se plasmo en una investigación constante de los límites y las limitaciones de la forma, la cual daría paso, en otros países y en otras escuelas muy distintas, a esa larga tradición de la animación experimental e independiente a la que me refería. En ese sentido, este corto es quizás el mejor ejemplo de esa puesta en tela de juicio de los fundamentos de la disciplina, tan similar, salvando las distancias, a los intentos coetáneos de John Cage, por  delimitar las fronteras entre el ruido y la música.

Y es que si algo llama la atención de este corto es precisamente que está desprovisto casi por completo de animación, excepto unos pequeños fragmentos distribuidos aquí y allá por el corto, y que son apenas perceptibles. De hecho, la mayor parte del corto, no es otra cosa que una presentación de diapositivas, donde los diseños de Paul Julian se exploran mediante movimientos de cámara, se superponen los unos a los otros para simular transiciones o se modifican levemente para dar la idea del paso del tiempo.

Un estilo que, como digo, está en los límites de lo que se podría llamar animación, pero que sigue siendo, al conseguir transmitir, de manera notable, el cambio y el transcurrir del tiempo, pero sobre todo, al convertirse, de forma inesperada, en la mejor manera de traducir a imágenes ese clima alucinatorio y desasosegante del cuento de Poe.

Como siempre, aquí le adjunto el corto completo. Véanlo con atención, porque están uds ante la mejor adaptación de ese cuento de Poe (no la mejor adaptación de Poe, que eso recaería en las dos recreaciones mudas de The Fall of the House of Usher)