viernes, 11 de agosto de 2017

El azar y la necesidad

Der "Blitzkrieg" von 1940 steht also nicht in Zusammenhang mit jener Hitler zugeschriebenen "Blitzkrieg-Strategie". Nach dieser Theorie sollte angeblich das große Ziel der "Westmacht" oder "Weltherrschaft" nicht mehr in einer einzigen totalen Anstrengung wie im ersten Weltkrieg, sondern ettapenweise anhand eines "Steufenplans" durch das Führen kurzer "Blitzkrieg" erreichen werden. Doch Hitler hatte zu diesem Zeitpunkt keinen Krieg gegen die Westmächte geplant - und schon gar keinen "Weltkrieg". Schließlich befand sich die Wehrmacht infolge der Versailler Vertrages noch in Aufbaustadium uns wurde von eigenem Generalstab als nicht "kriegsbereit" eingestuft. Es waren vielmehr Großbritannien und Frankreich, die Hitler nach dem deutschen  Einmarsch in Polen den Krieg erklärten. So hatte der Diktator durch seine gescheiterte Vabanque Politik das Deutsche Reich in eine schwer ausweglose Lage manövriert. Ein Krieg gegen die kräftemäßig überlegenen Westmächte erschien kaum gewinnbar. Da die Zeit langfristig gegen Deutschland arbeitete, gab es eigentlich nur noch die Chance, die Flucht nach vorn anzutreten, alles auf eine Karte zu setzen und der Gegner durch einen Überaschungsangriff zu überrumpeln. Doch gerade vor diesem Wagnis schreckte die deutsche Führung unter der Trauma des im Ersten Weltkriegs gescheiterten Schlieffensplan zurück

Karl.Heinz Frieser, Blitzkrieg-Legende (El mito de la guerra relámpago)

La guerra relámpago de 1940 no está relacionada con una estrategia de guerra relámpago aprobada por Hilter. Según esta teoría el objetivo del poder en occidente o del dominio mundial no debía ser alcanzado con un esfuerzo único y completo como en la Primera Guerra Mundial, sino escalonadamente mediante un plan por etapas siguiendo las directrices de una corta guerra relámpago. Pero Hitler no había planeado en ese tiempo una guerra contra las potencias occidentales, mucho menos una guerra mundial. La Wehrmacht se encontraba aún en proceso de reconstitución tras el tratado de Versalles y era considerada como no apta para el combate por el propio Mando Supremo. Fueron Gran Bretaña y Francia los que declararon la guerra a a Hitler tras la entrada de las tropas alemanas en Polonia. De esa manera, el dictador, con su política fracasada de jugar a la ruleta quien había llevado a Alemania a una situación sin salida. Una guerra contra la superioridad material de las potencias occidentales no parecía que fuera posible ser ganada. Como el tiempo, a largo plazo, jugaba contra Alemania, sólo existía una posibilidad: jugárselo todo a un carta y arrollar al contrario con un ataque por sorpresa. Pero precisamente esa apuesta aterrorizaba al mando alemán, traumatizado por el fracaso del plan Schlieffen en la Primera Guerra Mundial

Dentro de la historia de la Segunda Guerra Mundial, la campaña de Francia de 1940 ocupa un lugar especial, sobre todo si se compara con lo que vino después. Al contrario que la operación Barbarroja y el horror que se desato en el frente del este, genocidios varios incluidos, el ataque alemán contra los aliados occidentales tiene el carácter de una operación "limpia", incluso "caballerosa". Se podría estudiar de un modo objetivo, desapegado, sin tomar partido por un bando o por el otro, incluso con cierta admiración por el lado alemán. En apenas mes y medio, las tropas alemanes consiguieron doblegar al que se consideraba entonces mejor ejército del mundo, el francés. Es más, esa derrota sin paliativos se obró en apenas diez días, los que median entre el 10 de mayo de 1940, comienzo de la ofensiva alemana, y el 20 de ese mes, cuando las divisiones panzer llegan a Abdeville, en la costa del canal, atrapando al cuerpo expedicionario británico y las mejores unidades franceses en la bolsa de Dunquerke.

El secreto de ese éxito, para los contemporáneos y varias generaciones posteriores, se resumía en una sola palabra: Blitzkrieg. La guerra relámpago habría sido concebida por los alemanes como una técnica revolucionaria para romper el bloqueo de la guerra de trincheras al que la potencia de fuego moderna había llevado en la Primera Guerra Mundial. En ese conflicto, las batallas duraban semanas y meses, consistiendo en bombardeos masivos por parte de la artillería seguidos de asaltos igualmente masivos por parte de la infantería, sólo para conquistar unos pocos kilómetros de trincheras y perder decenas de miles de hombres en el intento. La Blitzkrieg, por el contrario, hacía uso de bombardeos quirúrgicos por parte de la aviación contra centros de mando, aeródromos y vías de comunicación, seguidos por la irrupción de masas de blindados que rompían el frente para avanzar cientos de kilómetros hacía la retaguardia y cercar a la infantería del enemigo, aún atrapada en la defensa de las líneas originarias. Luego, sólo había que hacer prisioneros a las unidades desorganizadas y sin suministros que no se hubieran disuelto en ese empuje inicial.

A esa técnica revolucionaria se unían otros dos factores, según el mito creado en aquel entonces y transmitido a las historias de postguerra. Por una parte, la superioridad técnica y bélica de los tanques alemanes, frente a los cuales los aliados no podían oponer medios comparables para detenerlos. Por otra parte, la elaboración de un plan estratégico, el famoso golpe de hoz o Sichelschnitt, que lanzaba el grueso de las fuerzas alemanas contra el gozne entre las tropas francesas desplegadas en la línea Maginot y las unidades móbiles aliadas enviadas para defender Bélgica. Los aliados se habrían visto así inermes ante un enemigo que les superaba en todos los aspectos, frente al que sus recursos y su doctrina de combate eran insuficientes, de manera que su victoria era segura desde el primer día de la campaña. Ese diez de mayo fatídico.

Eso es lo que dice el mito y lo que la mayoría hemos leído en las historias antiguas de la Segunda Guerra Mundial. Sólo que no es cierto, como muy bien demuestra Frieser en el libro que les comenta.

sábado, 5 de agosto de 2017

Los laberintos de la fe (II)

Towards the end of the twelfth century various Spanish cities, and notable Seville, witnessed the activities of mystical brotherhoods of Moslems. Those people, who were known as Sufis, were "holy beggars", who wandered in groups through the streets and squares, dressed in patched and particoloured robes. The novices amongst them were schooled in humiliation and self-abnegation: they had to dress in rags, to keep their eyes fixed on the ground, to eat revolting foodstuffs; and they owed blind obedience to the master of the group. But once they emerged from their noviciate, these sufis entered a realm of total freedom. Disclaiming book-learning and theological subtleties, they rejoiced in direct knowledge of God. Indeed, they felt themselves united with the divine essence in a most intimate union. And this in turn liberated them from all restraints. Every impulse was experienced as a divine command; now they could surround themselves with worldly possessions, now they could live in luxury - and now too, they could lie or steal or fornicate without qualms of conscience. For since inwardly the soul was wholly absorbed in God, external acts were of no account.

Norman Cohn The Pursuit of the Millenium

Hacia el final del siglo XII, distintas ciudades españolas, especialmente Sevilla, presenciaron las actividades de la hermandades místicas musulmanas. Esas personas, conocidas como sufitas, era "mendigos santos", que vagaban en grupos por plazas y calles, vestidos con ropas multicolores y llenas de parches. Sus novicios eran educados en la humildad y la abnegación; tenían que vestir de harapos, mantener la mirada en el suelo, comer alimentos repugnantes, además de una obediencia ciega al maestro del grupo. Pero una vez que terminaban su noviciado, estos sufitas entraban en un dominio de libertad completa. Despreciando el saber de los libros y las sutilezas teológicas, se ufanaban de conocer directamente a Dios. En verdad, se sentían unidos con la esencia divina de la forma más íntima y esto a su vez les libraba de todas la ataduras. Todo impulso se percibía como orden divina: ahora podían rodearse de riquezas, vivir lujosamente, y ahora también podían mentir, robar y fornicar sin remordimientos de consciencia. Por que en su interior el alma estaba sumida en la divinidad y los actos externos no tenían repercusión en ella.

Les hablaba en una entrada anterior de como me habían dejado bastante frío los dos libros que había leído sobre el cristianismo medieval y las herejía surgidas en su seno. A pesar de los muchos datos que contenían, se quedaban cortos a la hora de describir el clima social e intelectual que había propiciado su nacimiento, junto con las repercusiones que había tenido su desarrollo, represión y derrota. A pesar de la narración de batallas y asedios, de las persecuciones y ejecuciones, de las muchas controversias religiosas, algo muy importante se escapaba: llegar a comprender porque esas ideas, aparentemente absurdas cuando se las contempla desde nuestro presente, habían levantado esos odios inextinguibles, habían amenazado con derribar sus sociedades de origen, habían merecido esa venganza inmisericorde, una vez abatidos.

De esa carencia no se puede acusar al libro de Norman Cohn que les comento en esta entrada. De hecho, el único defecto del libro es que su campo de análisis se reduce a la Europa Noroccidental y Central: Francia septentrional, Inglaterra, los Países Bajos, Alemania, Bohemia, lanzando sólo miradas de refilón a lo que ocurría en Provenza, Italia o los reínos cristianos de España. Una pena, porque pocos libros han conseguido reflejar con mejor fidelidad ese ambiente de frenesí que acompañaba a estos movimientos heréticos, milenarios y revolucionartos: ese hacer posible, durante un breve periodo de tiempo, lo que poco antes era inconcebible. De ahí, quizás, que el libro siga siendo publicado y leído con avidez aún hoy, cuando de su primera edición hace ya sesenta años.

sábado, 29 de julio de 2017

Lo que desconocemos

Pintor de Antimenes, Hidria
En el Caixaforum madrileño se acaba de abrir una muestra, Agón!, dedicada, en principio, al deporte en la Grecia Clásica. Digo en principio porque hacia la mitad de la visita la exposición varía su enfoque, ampliándolo hacia la cultura, el mito y la vida cotidiana. Y aquí nos topamos con un problema básico en el conocimiento que tenemos de la antigüedad clásica y que por supuesto no es culpa, ni responsabilidad, de esta muestra.

Aparentemente, si visitamos los museos o consultamos las bibliotecas, disponemos de una ingente cantidad de datos sobre la vida de griegos y romanos durante la Era Antigua. Muchos de sus escritos han sido de lectura común y cotidiana, al menos en colegios y universidades, hasta ayer mismo, mientras que sus mitos e historias eran conocidas casi por cualquiera, como ocurre con las series de televisión de actualidad. Incluso ahora, cuando empieza a ser patente una desconexión definitiva entre nuestra civilización y el recuerdo que tenemos de la suya, al pasear por los museos se encuentran objetos y útiles que continúan siendo reconocibles, sin que su diseño o su función hayan cambiado mucho en estos dos milenios.

Sin embargo esa continuidad es un espejismo. No porque sea cierto el dogma del postmodernismo, según el cual es imposible la comunicación entre civilizaciones, de manera que los antiguos ya no son nuestros contemporáneos, ni su pensamiento accesible. Muy al contrario, lo que ocurre es que cuanto más aprendemos de ellos, nuestro conocimiento se descubre superficial e incompleto, sin posibilidades de completarse por falta de datos esenciales. La ventana con la que observamos ese mundo pasado está distorsionada por el hecho de que quienes nos hablan son personas de una clase social determinada - la élite, normalmente -  y de unas ciudades muy precisas - las capitales de imperios y hegemonías -. Sin querer, igualamos Grecia con Atenas, Roma con la ciudad que dio nombre a su Imperio,. Fuera quedan metrópolis como Alejandría, Éfeso, Pérgamo o Antioquia; o las muchas formas en que el sistema romano se plasmó en las ciudades de su Imperio.

jueves, 27 de julio de 2017

Los laberintos de la fe (I)

El catarismo reúne  varias corrientes heréticas latentes desde comienzos del siglo XI: corriente antisacerdotal y antisacramental, tendencias ascéticas con respecto a los tabúes sexuales y alimentarios, rechazo del latín litúrgico, aspiración al contacto personal con Dios, ya directamente o mediante la palabra evangélica. Y aún va más lejos. Al rechazar el juramento pone en tela de juicio uno de los fundamentos de la sociedad feudal. Sobre todo se opone al catolicismo de modo radical en el doble plano institucional y doctrinal. Está regido por una verdadera organización eclesiástica, formada por una categoría inferior de fieles, un clero de perfectos y obispos. Su base es una creencia dualista, la existencia de un principio del mal y de un principio del bien en lucha universal y perpetua el uno contra el otro, aunque en la mente de la mayoría de los cátaros el dios del mal resulta inferior al dios del bien. El Dios del Antiguo Testamento, creador de la materia, puede asimilarse al principio del mal que se enseña en la Iglesia. Los cátaros mantienen asambleas de enseñanza y de oración (sólo admiten un Pater ligeramente modificado) y practican una especie de bautizo, el consolamentum, administrado con imposición de manos por un perfecto.

Jacques le Goff, Historia de las Religiones Siglo XXI, tomo 7

Por varias razones que no vienen al caso, se me ha acumulado una pequeña pila de libros que he terminado de leer, pero que no he comentado en este blog. Debido a esto, en alguna ocasión me voy a ver obligado a comentar dos libros al mismo tiempo, aunque no me guste mucho. Ése es el caso de esta entrada, en que les hablaré de dos libros de temas relacionados, el uno una historia de la corriente principal del cristianismo, centrado en la edad media y la reforma. El otro, una crónica de las muchas corrientes heréticas que aquejaron la iglesia medieval, pero especialmente aquellas que tuvieron lugar en la baja edad media: cátaros, Wycliff y Wat Tyler, los husitas.

Debo confesarles que la historia de la iglesia medieval me apasiona. En la Alta Edad Media, la cristiandad occidental se fragmentó en multitud de iglesias locales, como las de rito mozárabe en la España musulmana, con poca o nula obediencia a los decretos de un papado romano demasiado lejano. Éste por su parte, tenía poco de autoridad religiosa y sí demasiado de poder temporal, de manera que no era extraño que las luchas de poder en su seno acabasen en violencia y asesinato, incluso de los propios pontífices. El marasmo de la iglesia católica occidental solo se solucionó en el siglo XI, con la llegada de papas reformistas al estilo de Gregorio VII, pero fue sólo para abrir un nuevo tipo de conflictos: esta vez entre el poder civil y el religioso. Únase a esto el ascenso de herejías poderosas como las citadas, que a punto estuvieron de derribar la supremacía del catolicismo en su tierras de origen; el descrédito el papado en los siglos XIV y XV, especialmente en la juntura de ambos, con el continuo nombramiento y deposición de papas y antipapas; o el fracaso del movimiento conciliar del XV, que cerró el paso a una profunda reforma de la iglesia.

miércoles, 26 de julio de 2017

Los otros caminos


Además de la exposición dedicada a la pintura veneciana del siglo XVI, que ya les comenté hace unos días, en el museo Thyssen se puede también visitar una muestra monográfica dedicada a la artista francesa Sonia Delaunay. Como suele ocurrir en estos casos, el de las exposiciones que tienen como centro a una mujer artista, las preguntas que plantea van más allá de la calidad de la obra mostrada. Afectan, más bien, al modo en que seguimos viendo y considerando el arte.

El primer punto, como pueden imaginarse, se refiere al papel y consideración de la mujer en el arte. La existencia y trabajo de Sonia Delaunay no son desconocidos, ni mucho menos, para el aficionado, pero esto se debe sólo a una incómoda circunstancia: venir junto con su marido Robert. De hecho, la manera de referirse a ella suele ser hablar de Robert y Sofia Delaunay, como si ésta fuera inseparable de aquél, su arte una dependencia necesaria e inevitable del de su esposo. Hasta tal manera, que cuando la obra de Robert entra en declive, la figura de Sonia se difumina, sin importar que siga trabajando o que le sobreviva en varios decenios.

sábado, 22 de julio de 2017

La lista de Beltesassar (CLXXIX): I met the Walrus (Me cité con la morsa, 2007) Josh Raskin



Hacia el futuro

Lambert Sustris

Para todos los que hemos sido educados en  la idea del impresionismo como conclusión y semilla de la pintura europea, la escuela veneciana, considerada así como precursora de ese movimiento, ocupa un lugar especial. En esta concepción, el conflicto entre color y dibujo, nacido con el renacimiento, se dirime a favor del color, que lleva necesariamente a la mancha, y de allí a la abstracción. Las aspiraciones originales del renacimiento toscano y romano quedarían por tanto un tanto a trasmano. Casi como una vía muerta que sólo llevaría, siglos más tarde, al gélido esplendor del neoclasicismo y a la rigidez risible de tanta pintura decimonónica, de ésa que sólo servía para cubrir paredes desnudas en los ministerios.

Pueden imaginarse, por tanto, que recibí con especial emoción la noticia de que la Thyssen iba a organizar una exposición dedicada a la pintura veneciana del renacimiento. Después de ver El Renacimiento en Venecia: Triunfo de la belleza y destrucción de la pintura, que así se llama, les puedo decir que la exposición no defrauda y que en ella hay un buen puñado de obras maestras, además de algunos descubrimientos inesperados. Podría haber sido mucho mejor, es cierto, pero para ello habría necesitado más salas, precisamente con las que no cuenta desde que la Fundación Cajamadrid echó el cierre con la crisis. Aunque si finalmente la condesa Thyssen hace las maletas y se lleva su colección, van a tener espacio de sobra para alquilar en el museo.

No obstante, sí que les tengo que decir que la dejé con un cierto regusto amargo. Aunque la muestra es claramente una celebración de ese momento cumbre de la pintura europea - que se lo digan sino a Tiziano, Veronés y Tintoretto -, no me acaba de cuadrar ese ".. y destrucción de la pintura" con que se cierra el subtítulo de la exposición y concluye su recorrido. Dicho así, da la impresión de que la aventura de la pintura veneciana acabó en fracaso, en callejón sin salida, al que le habría conducido su búsqueda sin freno de la expresividad basada en el color, dejando de un lado el dibujo.

viernes, 21 de julio de 2017

La mirada del otro

Fotografía de Lisette Model
De nuevo tengo que alabar y agradecer a la Fundación Mapfre por su empeño en divulgar la historia de la fotografía. Este verano, en su sede principal no sólo se puede disfrutar de la exposición monográfica de Renger-Patschz, que ya les comenté hace unos días, sino también de una colectiva dedicada al retrato. Más concretamente, al retrato "moderno".

Moderno en el sentido de desprenderse del significado de encargo que ese género tiene en el arte hermana de la pintura, y que aún conserva en manos de aficionados y de la fotografía de "estudio". Es decir, no se trata de inmortalizar a alguien que desea tener una imagen representativa de sí mismo o de otra persona, bien para exponerla en lugar preferente del hogar o esconderla en un cajón como recuerdo secreto. En el retrato "moderno", por el contrario, el fotografiado es normalmente anónimo, sin que el resultado final esté destinado a él o a alguien que le conoce estrechamente, sino a un público normalmente lejano o ausente. Indiferente y ajeno.

sábado, 8 de julio de 2017

Paisajes abstractos


A pesar de tener una sede reservada exclusivamente para la fotografía, desde hace un par de años la Fundanción Mapfre viene cerrándola durante el verano, para dedicar a ese arte el espacio de sus salas principales. En esta ocasión, por partida doble, ya que la planta baja está dedicada al genero del retrato, mientras que en la primera se estudia la obra de un fotografo alemán de la primera mitad del siglo XX: Albert Renger-Patschz.

Si fuéremos a situar a Renger-Patschz en la historia de la fotografía habría que clasificarlo como uno de los maestros modernos que marcaron ese siglo XX. En su primera mitad, el arte de la fotografía empezó a separarse del pictoricismo que había marcado su historia desde los inicios, perdiendo además cualquier complejo de inferioridad que tuviera frente a la pintura, para dotarse así de un lenguaje propio. Ese despegue se logró por dos vías que se bifurcaban y que para mucho continúan siendo irreconciliables. En primer lugar, mediante el ascenso del fotoperiodismo y su intento por capturar de manera instantánea una realidad pasajera, manera que aún marca el modo en que concebimos este arte. En segundo lugar por la experimentación pura y la inserción de la fotrografía en las vanguardias, de forma que la representación de la  realidad no fuese el objetivo de este arte, sino que se abriese paso a la manipulación, incluso la distorsión, de la imagen captada.

viernes, 7 de julio de 2017

Sutilezas y sobreentendidos




Hacía mucho tiempo que no iba a las salas de cine, casi quince años ya, y me he animado a volver esta semana para ver Kono sekai no Katasumi ni (En esta esquina del mundo, 2016) de  Katabuchi Sunao  a la que le tenía muchas ganas desde que vi sus primeros trailers. Entre medias, esta cinta ha adquirido un reconocimiento que supera en mucho a sus competidoras animadas. Tanto, que no sólo ha sido premiada en  el festival de Annecy, sino que en su tierra de origen ha sido celebrada como la mejor película de ese año. Sin adjetivos. Punto,

Parte de esa consideración radica en relatar una historia estrictamente realista, ambientada en los duros años finales de la guerra del Pacífico para la población japonesa. En eso coincidía, por cierto, con la también reciente Kaze tachino (Se levanta viento, 2013) de Miyazaki Hayao, aunque Kono Sekai se centre más en los sufrimientos de la población civil que en las dudas existenciales del ingeniero creador del caza Zero. Para narrar esas calamidades de tiempo de guerra utiliza dos armas principales en las que estriba su éxito y reconocimiento internacional. Primero, tomarse su tiempo en que conozcamos a su personajes, sin permitirse apresuramientos ni brusquedades, ni una voz más alta que otra. Lo segundo, construir su historia de manera muy sutil, con alusiones y sobreentendidos, en los que muchos de los hechos ocurren fuera de campo o no subrayan. De esa manera, cuando la tragedia estalla, cuando las perdidas y el dolor se acumulan, su efecto es abrumador, casi devastador. Para los personajes y el espectador.

sábado, 24 de junio de 2017

Mundos transfigurados


Creía que al final no iba a poder visitar la exposición de Escher abierta en el renovado Palacio de Gaviria, pero resulta que la han prorrogado hasta finales de septiembre, así que no tenía que haber ido con prisas y  a la carrera.

Se me presentan varios interrogantes sobre esta muestra, no siendo el menor el destino del espacio expositivo. Su sede es el Palacio de Gaviria, en cuyo edificio se alojaba el antiguo decomisos, y que llevaba largo tiempo cerrado. Aunque se presenta como completamente renovado. es patente el estado de abandono en que debía encontrarase hasta que lo compró el grupo italiano Arthemisa, como sede de sus exposiciones en Madrid. ¿Y quién es Arthemisia? Pues una empresa privada que desde el 2000, según indica su web, se dedica precisamente a eso, a organizar muestras de arte, y que ya hace unos años se ocupo de la Muestra Kandinski en el CentroCentro 

Lo de privado se nota en el elevado precio de la entrada y en que te obliguen a cargar con la audioguía, aunque lo primero se ha convertido en tónica general del panorama expositivo desde que estalló la Gran Recesión. El arte, debido a esta crisis, se ha convertido en un privilegio, no en un bien común a todos, de manera que las exposiciones de acceso libre han desaparecido por completo, mientras que los museos han subido considerablemente el precio de sus entradas. 

En fin, son los tiempos que nos han tocado vivir. 

jueves, 15 de junio de 2017

Espejismos

La poesía no quiere saber qué hay al final del camino; concibe el texto como una serie de estratos translucidos en cuyo interior las distintas partes - las distintas corrientes verbales y semánticas -, al entrelazarse o desenlazarse, reflejarse o anularse, producen momentáneas configuraciones. La poesía busca, se contempla, se funde y se anula en las cristalizaciones del lenguaje, Apariciones, metamorfosis, volatilizaciones, precipitaciones de presencia. Estas configuraciones son tiempo cristalizado: aunque están en perpetuo movimiento, dan siempre la misma hora - la hora del cambio. Cada una de ellas contiene a las otras, cada una está en las otras; el cambio es sólo la repetida y siempre distinta metáfora de la realidad.

Octavio Paz, El mono gramático.

Ya en otras ocasiones, les he hablado de mi admiración por el escritor mejicano Octavio Paz. Ella me ha llevado a que, entre otras cosas, haya estado leyendo estas últimas semanas una integral de sus poemas, completada por las muchas traducciones de poesía, francesa, inglesa, oriental, en las que se embarcó.

A pesar de lo mucho que me gustó el primer omnibus de su obra poética, el llamado Libertad bajo palabra, compilado por el propio autor en los años cincuenta, abordé la lectura de su poesía posterior con cierta aprensión.  En parte, porque Libertad bajo palabra adolecía de ser una obra de juventud, que mostraba demasiado bien a las claras los muchos tanteos, vagabundeos y vueltas atrás que Paz había dado antes de encontrar una voz propia. Su primera parte estaba lastrada por un clasicismo teñido de modernismo que pronto se revelaba estéril a la hora de expresarse, simplemente porque todo lo que podía decirse con esas herramientas estaba ya dicho, sin que fuera posible evitar repetirse. Sólo en la segunda parte, cuando Paz asimilaba las influencias de la vanguardia, especialmente el surrealismo, su voz comenzaba a ser personal, a mostrarnos un mundo nuevo en donde tanto el lector como el autor podían aventurarse sin saber lo que en él les esperaba, aunque fuera perderse sin destino.

sábado, 10 de junio de 2017

La red y la expansión (X)

Während der Kolonialzeit haben öffentliche wie private Investoren ihr Geld vor allem im Exportsektor im weiteren Sinn angelegt. Das Ergebnis war eine einseitig auf Ausserhandel orientierte Wirschaftsentwicklung. Es wurde zwar die Produktion ermutigt, aber aus europäischer Perspektive, denn Investoren und Administratoren wussten viel von europäischer Nachfrage, aber wenig von Afrikanischen Bedürfnissen und Gewinnmöglichkeiten. Kurzum, es ging um Maximierung der Produktivität der europäischen Wirtschaft, häufig nicht einmal um Maximierung  der Profite im Afrika. Es wurden manchmal ökonomischen unsinnige Investitionen vorgenommen, wie in die Baumwollproduktion im Ubangi-Schari, die unter prohibitiven Transportkosten litt und Jahrzehnte brauchte bis sie rentabel wurde. Auch wo öffentliche Hände in Infrastruktur investierten, geschah dies nicht primär zur Entwicklung lokaler Produktivität um ihrer selbst willen, sondern welthandelsorientert. Auf diese Weise kam Afrika zu einem so eigentümlichen Verkehrsnetz, dass bisweilen Telegramme in eine Nachbarkolonie über Europa laufen wurden.

Wolfgang Reinhard, Die Unterwerfung der Welt

Durante el colonialismo los inversores, tanto públicos como privados, ponían su dinero ante todo en el sector de exportación, en sentido amplio. El resultado fue un desarrollo económico orientado exclusivamente hacia el comercio exterior. La producción se organizaba más bien desde una perspectiva europea, puesto que los inversores conocían bien la demanda de Europa, pero poco las necesidades africanas y las posibilidades de éxitos. En pocos palabras, se trataba de alcanzar un máximo de productividad de la economía Europea, casi en ninguna ocasión de los beneficios en África. A veces, se realizaron inversiones sin sentido económico, como la producción de algodón en Unbangi-Schari, que padecía de unos costes de transporte prohibitivos y sólo llegó a ser rentable pasados decenios. Asímismo, donde los poderes públicos invertían en infraestructura, no tenían como objetivo primario el desarrollo de la productividad local, sino que se orientaban al comercio exterior. De ese modo se construyó en África una red de comunicaciones tan peculiar, que los telegramas entre colonias vecinas tenían que pasar por Europa.

Les había hablado en entradas anteriores que la expansión europea puede dividirse en dos fases, situadas a ambos lados de la fecha de 1750. En la primera, la influencia de Europa es predominantemente comercial, excepto en América, de manera que las civilizaciones autóctonas de África y Asia pudieron seguir sus trayectorias propias, sin preocuparse demasiado por los nuevos entrometidos de piel blanca. En la segunda etapa, sin embargo, la intromisión es eminentemente política, manifestándose bien en forma de conquista y dominio, como en la India, o en modificación de las estructuras políticas nativas cuando así convenía, como en China. 

Les había indicado también como durante el siglo XIX el resto de sociedades del mundo tuvieron que adoptar una postura frente a las ideas europeas, fuera ésta de rechazo, asimilación o aceptación. De hecho, todas ellas, incluso desde fechas muy tempranas al principio de ese siglo, estaban ya en proceso de cambio acelerado, de manera que el mundo actual podría ser muy distinto si no hubieran interferido las potencias europeas en su desarollo. La gran mayoría de estas refundaciones culturales y políticas autóctonas fueron abortadas, salvo la excepción japonesa, bien porque esos países terminaron siendo colonias, bien porque la acción europea les mantenía en constante estado de inestabilidad.

Hacia 1900, en consecuencia, el mundo era Europeo y puede decirse que no quedaba ya sociedad alguna cuyo destino no dependiese de los acontecimientos locales en las potencias coloniales. Esta repercusión podía ser directa, debido al gobierno directo europeo, como en la mayor parte de África, o indirecta, como en China y Japón, ya que todas las redes comerciales se habían fundido en una sola. La producción de los lugares más remotos estaba dictada, por tanto, por lo que se decidiera en las bolsas de Nueva York, Paris, Londres o Berlín, aun incluso cuando ninguno de los participantes tuviera consciencia de los lazos que les ataban.

La cuestión, no obstante, es otra, cuya respuesta sigue provocando debates airados en nuestro mundo ya postcolonial. Se trata simplemente de sí el imperialismo, en sus diferentes versiones, fue beneficioso para los países  afectados.


jueves, 8 de junio de 2017

Iluminando la penumbra (y2)

Les hablaba, en una entrada anterior, del libro de Frances Borzello, Seeing Ourselves: Women's Self-Portraits, dedicado a trazar la historia del autorretrato  desde un punto de vista femenino. Recorriendo y redescubriendo, por tanto, el trabajo de las muchas pintoras de la cultura occidental, desde siglo XVI hasta nuestros días. 

Esta labor, como la de los estudios feministas en los que se encuadra, tiene una clara finalidad reivindicativa. Se trata, en primer lugar, de recuperar el nombre y la obra de todas esas mujeres que lograron lo que era casi un imposible en su época: realizar, dominar y destacar en una tarea que estaba destinada y reservada a los hombres. En segundo lugar, mostrar como esas mujeres se representaban a sí mismas en la pintura, las diferencias con la actitud en que se representaban sus colegas masculinos, además de las imposiciones exteriores que les dictaban las convenciones y prejuicios de su época, tanto interiorizados como rechazados. Sin olvidar tampoco como, a medida que la sociedad comenzaba a considerar y aceptar su labor como válida y normal, este medio de expresión era utilizado de forma más libre y osada, más reivindicativa de su condición femenina, cerrando así el círculo que motiva el ensayo.

sábado, 3 de junio de 2017

La red y la expansión (IX)

Die von ihnen oder auf ihr Drängen erlassenen Gesetze zeigen, dass sie so etwas wie Calvins Hierokratie in Genf im Sinn hatten. Auf Mord, besonder Kindstötung stand Todesstrafe, ebenso auf Götzendienst. Polygamie wurde mit rückwirkender Kraft verboten, Kuppelei, vor allem die gastfreundliche Preisgabe der eigenen Frau, und Unzucht mit Zwangsarbeit und oder Geldstrafe geahndet. Nicht nur das Arbeiten, sondern sogar das Spaziergehen am Sabbat war bei Strafe verboten. Verleumdung der Missionare oder auch nicht Anzeigen einer solchen hatten Zwangsarbeit oder Strafe nach Belieben der Missionare zur Folge, ebenso die Übernahme fremder Lehren, die Kenntnis oder Verheimlichung fremder Schriften. Auf Tätowierung, auf laszive Vergnügungen wie den ursprünglichen so belieben Tänzen, aber auch schon auf Blumen im Haar beim Gottesdienst stand Zwangsarbeit, auf Landstreicherei Zwangsarbeit und/oder Prügel. Die Taufe war zur Voraussetzung für Häuptlings- oder Richterämter geworden. Dabei wurden Denunzianten automatisch für höhere Ränge in Staat und Kirche wählbar.

Wolfgang Reinhard, Der Unterwerfung der Welt (La conquista del mundo)

Las leyes promovidas por ellos o por su presión muestran que tenían en mente una teocrácia como la de Calvino en Ginebra. El asesinato, especialmente el infanticidio era castigado con la muerte, así como la idolatría. La poligamia se prohibió con efectos retroactivos. La prostitución, incluyendo en ella la cesión de la propia esposa como muestra de hospitalidad, y la fornicación, con trabajos forzados o multas. El trabajar durante el Sabbat, incluyendo salir a dar un paseo, estaba prohibido con penas. Burlase de los misioneros o no mostrarles respeto podía ser castigado con trabajos forzados o castigos, a preferencia del misionero, incluyendo en eso la adopción de doctrinas ajenas, o el  conocimiento y la ocultación de libros extranjeros. Los tatuajes, los placeres lascivos incluyendo los bailes , incluso el portar flores en el pelo durante la misa, eran penados con trabajos forzados, el vagabundeo con trabajos forzados o flagelación. El bautismo era un requisito para ser cabecilla o juez. Por eso, los denunciantes eran elegibles para los más altos puestos en el estado o la iglesia.

Este conjunto de medidas radicales religiosas no corresponde a uno de los múltiples brotes de protestantismo integrista del siglo XVI, ni a su correspondiente reacción católica, no menos radical. Tampoco, más cercano en el tiempo, a las múltiples intentos recientes por reconstruir el Islám ideal de tiempos de los primeros califas. Se trata, sorprendentemente, de la legislación que los reyes de Tahití hicieron obligatoria para toda la isla en 1825, siguiendo las instrucciones de los misioneros protestantes llegados en 1797.

Sí, han leído bien: Tahití, 1825, 1797. Para todo Europeo, desde que los capitanes Bouganville y Cook desembarcarán allí en la segunda mitad del siglo XVIII, esa tierra era el epítome del paraíso terrenal. Un lugar en donde sus gentes vivían casi sin tener que trabajar, libres de la opresión social y de los tabúes sexuales. Especialmente de estos últimos, en claro contraste con el puritanismo y la represión habitual de la Europa cristiana. Ese concepto del indígena inocente, para el cual el pecado es un concepto inexistente, ha tenido una vida larga y continuada, sin verse contradicha incluso en nuestros días. Se convirtió incluso en acicate que llevó a muchos Europeos, como Gaugin, a trasladarse a esas tierras remotas huyendo del ambiente asfixiante de una Europa que se creía mejor, en los aspectos morales, que el resto de la humanidad.

jueves, 1 de junio de 2017

Iluminando la penumbra

The classic expression of the conflict between the period's notion of femininity and the raising of women's expectations that was the inevitable result of allowing them into the art world comes from Marie Bashkirshof: "What I long for is the freedom of going about alone, of coming and going, of sitting on the seats of the Tulleries, and especially in the Luxembourg, of stopping and looking at the artistic shops, of entering the churches and museums, of walking about the old streets at night; that's what I long for,; and that's the freedom without which one can't become a real artist. Do you imagine I can get much good from what I see, chaperoned as I am, and when, in order to go to the Louvre, I must wait for my carriage, my lady companion or my family?".

Frances Borzello, Seeing Ourselves, Women's Self-Portraits

La expresión clasica del conflicto entre la noción de feminididad de la época y el ascenso de las expectativas de las mujeres, resultado inevitable de permitirlas entrar en el mundo del arte, viene de Marie Bashkirshof: "Lo que ansío es la libertad de moverme sola, de ir y venir, de sentarme en los bancos de las Tullerías y especialmente en el Luxemburgo, de detenerme a explorar las tiendas de arte, de entrar en iglesias y museos, de pasear de noche por la ciudad vieja. Eso es lo que ansío. Y  Esa es la libertad sin la que no se puede llegar a ser un artista de verdad. ¿Crees que puedo sacar mucho de lo que veo, siempre bajo vigilancia, cuando debo esperar a mi coche, mi acompañante o mi familia, sólo para ir al Louvre?

En estos tiempos en que, para algunos, el feminismo parece tener la culpa de todos los males que aquejan a la humanidad, incluso de que el pan se ponga duro, conviene recordar lo mucho que los aficionados al arte debemos a la aparición de los estudios feministas en esa disciplina. No es ya que gracias a ellos hayamos descubierto a una serie de pintoras desconocidas o normalmente relegadas. Es que sin ellas, sin la larga lista de artistas que Borzello recoge en el libro citado, el arte de cada época se tornaría incomprensible, puesto que quedaría mutilado. Limitarse al canon transmitido, definido de forma tan parcial, pero al mismo tiempo tan precisa, como compuesto por hombres blancos muertos, nos vedaría el acceso a preguntas y respuestas esenciales. No sólo desde el punto de vista artístico, sino desde el vista social y cultural, como, por ejemplo, cuál era la auténtica penetración del arte, del gran arte, en las sociedades de su tiempo, hasta qué punto era un substrato cultural compartido por los niveles cultos de ambos sexos y en qué medida era accesible para ambos, fuera de forma profesional o como aficionado.

Aún más importante , nos permite escuchar la voz de esa mitad de la humanidad que hasta tiempos muy recientes había permanecido silenciado. Incluso todavía más importante, desde el punto de vista de un hombre, conocer ideas diferentes a aquéllas otras, esas de la masculinidad y la virilidad a ultranza,  con las que hemos crecido, con las que nos han educado y que nos han enseñado a su vez a propagar. Concepciones y puntos de vista provenientes del otro lado del espejo que, sólo con ser enunciadas, pueden tener carácter de revolucionarias, por quebrar esas convicciones sólidas que tomábamos como evidentes, cuando en realidad nunca lo fueron.