You may get a sense of what this means by asking yourself another series of questions: What steps do you plan to take to reduce the conflict in the Middle East? Or the rates of inflation, crime and unemployment? What are your plans for preserving the environment or reducing the risk of nuclear war? What do you plan to do about NATO, OPEC, the CIA, affirmative action, and the monstrous treatment of the Baha'is in Iran? I shall take the liberty of answering for you: You plan to do nothing about them. You may, of course, cast a ballot for someone who claims to have some plans, as well as the power to act. But this you can do only once every two or four years by giving one hour of your time, hardly a satisfying means of expressing the broad range of opinions you hold. Voting, we might even say, is the next to last refuge of the politically impotent. The last refuge is, of course, giving your opinion to a pollster, who will get a version of it through a desiccated question, and then will submerge it in a Niagara of similar opinions, and convert them into--what else?--another piece of news. Thus, we have here a great loop of impotence: the news elicits from you a variety of opinions about which you can do nothing except to offer them as more news, about which you can do nothing.
Neil Postman. Amusing Ourselves to Death (Entreteniéndonos hasta la muerte)
El lector puede acercarse al sentido de lo que esto significa preguntándose otra serie de cuestiones: ¿Que pasos va a adoptar para reducir la tensión en el Oriente Próximo? ¿O las tasas de inflación, crimen y desempleo? ¿Cuáles son sus planes para la conservación del medio ambiente o para reducir el riesgo de una guerra nuclear? ¿Qué piensa hacer sobre la OTAN, la OPEP, la CIA, la acción directa y el horrendo tratamiento de la fe Bahai en Irán? Me tomaré la libertad de responder por el lector: No planea hacer nada. Puede, por supuesto, dar su voto a quien afirma tener planes, así como el poder para actuar, Pero esto se puede hacer sólo una vez cada dos años, consumiendo una hora de su tiempo, en donde no cabe, de manera satisfactoria, la expresión de la variedad de opiniones que el lector pueda sostener. Votar, se podría incluso decir, es lo más cercano a un último refugio para los impotentes políticamente. El último refugio, por supuestos, es dar su opinión a un encuestador, que luego dará una versión a través de una pregunta disecada, la sumergirá en un Niagara de opiniones similares y la transformara en - ¿qué otra cosa?- otra noticia. De esa forma, surge un bucle de impotencia: las noticias provocan en el espectador una variaedad de opiniones con las que no se puede hacer nada. Excepto ofrecerlas como más noticias, sobre las que no se puede hacer nada.
La fortuna del ensayo Amusing Ourselves to Death de Neil Postman es de aquéllas con las que soñaría todo intelectual. Escrito a mediados de los ochenta, no se ha convertido en un artefacto histórico, útil sólo para iluminar un periodo con el que ya no tenemos relación, como era el de la guerra fría. Con pequeñas adaptaciones, la denuncia de Postman es aplicable casi por entero a nuestro presente, de una pertinencia amombrosa, teniendo en cuenta que el blanco de sus flechas era un medio de comunicación, la televisión, omnipresente en esos años preinternet, mientras que ahora el paisaje dominante es de las redes sociales, así como el de los servicios de chat y mensajería. En cuarenta años hemos pasado de medios unidireccionales a otros que son recíprocos, donde la trasmisión de la información se realiza de forma desorganizada. descentralizada y, en apariencia, descontrolada, siguiendo enmarañadas redes de relaciones personales cuya amplitud y complejidad es invisible a nuestro entendimiento.