Además de la exposición dedicada a la pintura veneciana del siglo XVI, que ya les comenté hace unos días, en el museo Thyssen se puede también visitar una muestra monográfica dedicada a la artista francesa Sonia Delaunay. Como suele ocurrir en estos casos, el de las exposiciones que tienen como centro a una mujer artista, las preguntas que plantea van más allá de la calidad de la obra mostrada. Afectan, más bien, al modo en que seguimos viendo y considerando el arte.
El primer punto, como pueden imaginarse, se refiere al papel y consideración de la mujer en el arte. La existencia y trabajo de Sonia Delaunay no son desconocidos, ni mucho menos, para el aficionado, pero esto se debe sólo a una incómoda circunstancia: venir junto con su marido Robert. De hecho, la manera de referirse a ella suele ser hablar de Robert y Sofia Delaunay, como si ésta fuera inseparable de aquél, su arte una dependencia necesaria e inevitable del de su esposo. Hasta tal manera, que cuando la obra de Robert entra en declive, la figura de Sonia se difumina, sin importar que siga trabajando o que le sobreviva en varios decenios.
