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sábado, 18 de septiembre de 2021

De Covadonga a Tamarón, Daniel Fernández de Lis

Más arriba quedó apuntado que la situación en los dominios musulmanes, que en el momento de la subida al trono de Alfonso (I) complicaba mucho la existencia del reino de Asturias, se tornó favorable al poco tiempo, no sólo para su supervivencia, sino incluso para su expansión

 En la década de los años 730-740 se había producido un recrudecimiento de las aceifas musulmanas en tierra asturiana, dirigidas por el valil Uqba. No parece que se tratara de un intento de someter y eliminar el foco de resistencia astur, sino más bien de expediciones con la mera intención de saqueo.

Sin embargo, a partir del año 740, los invasores árabes dejaron de poner su mirada en el reino de Asturias para preocuparse de problemas internos. El factor que ocasionó esta situación fue la revuelta bereber del año 740. Hubo un segundo elemento que tendría un gran efecto, pero , aunque su detonante se produjo al final del reinado de Alfonso I, sus consecuencias afectaron a sus sucesores; la llegada de Abderraman I, de la dinastía Omeya, a la península huyendo de Damasco en el año 755 y su proclamación como emir al año siguiente, tras su victoria en la batalla de Al-Musara (cerca de Córdoba).

De Covadonga a Tamarón, Daniel Fernández de Lis

La historia de los reínos cristianos del norte peninsular, del siglo VIII al X, siempre me ha fascinado. ¿A qué se debió que unos núcleos aislados, cuya extensión no pasaba de unos estrechos valles de montaña, consiguieran sobrevivir al poder aplastante del Emirato/Califato de Córdoba? ¿Qué ocurrió para que unos reinos débiles, siempre amenazados de destrucción a manos de su poderoso enemigo del sur, iniciaran una expansión irreversible,  durante los siglos XI al XIII, hasta casi eliminar la presencia árabe en la península? Son preguntas que exigirían un estudio conjunto de la sociedad, la economía y los avatares históricos en los siglos posteriores a la conquista árabe, sólo para apuntar una respuesta. Por desgracia, de los siglos VIII y IX apenas tenemos otra cosa que mitos y leyendas fundacionales. Distorsionadas con evidente intencionalidad política tanto en el siglo IX, por los círculos religiosos de la corte de Alfonso III, como en el XXI, por el auge del ultranacionalismo patrio.

La cuestión principal es que los siglos VIII y la primera mitad del IX constituyen nuestra "edad oscura" particular. Obscura no en el sentido de atrasada, sino de impenetrable al estudio histórico. Las primeras fuentes cristianas son del reinado de Alfonso III, en el último tercio del siglo IX, mientras que las árabes son ya del siglo X. Tiempo suficiente para embellecerlas, convertirlas en mito, así como para hacerlas encajar en el ideario político de la época. Algo que es más que evidente en el detallado relato - en contraste con la parquedad de datos referentes a sus sucesores- que las fuentes cristianas hacen de Pelayo y Covadonga, el uno elevado al más alto rango de las élites visigodas, la otra con caracteres de batalla decisiva. Sin embargo, es probable que Covadonga no pasara de ser una escaramuza local, mientras que Pelayo, a lo sumo, sería un reyezuelo del área con conexiones con los gobernadores visigodos del norte, como vendría a demostrar el casamiento de su hija, Ermesinda, con el  antiguo  dux de Cantabria. 

domingo, 30 de mayo de 2021

Mirándote a los ojos

Retrato Romano de El-Fayum (Egipto)

En el CaixaForum madrileño se puede visitar una exposición de nombre La imagen humana: arte, identidades y simbolismo. Como pueden deducir, su objetivo es mostrar los muchos modos en que nuestra especie ha procedido a representarse a sí misma, pero no con un criterio histórico, sino antropológico. Es decir, sin perseguir como estas representaciones han evolucionado a lo largo de la historia -lo que podría dar lugar a falsas conclusiones de progreso y evolución-, sino comparando como diferentes culturas han abordado los mismos temas: el poder, la intimidad, la religión. 

Hace apenas unos años, yo hubiera estado en contra de ese criterio expositivo -mi primera reacción cuando se reabrió el Museo de América, organizado de esa manera, fue de rechazo- pero con el tiempo me he ido dando cuenta de su pertinencia. Si realmente aspiramos a que la tierra sea el hogar de la humanidad, sin discriminaciones ni prejuicios, todas las experiencias humanas son igual de válidas y, por tanto, deben ser mostradas en un pie de igualdad. Es lo que se intenta aquí, donde da igual que una obra pertenezca a nuestro presente o haya sido creada en un pasado remoto, muchos miles de años atrás, en culturas cuyas creencias e ideales apenas llegamos a vislumbrar y con las que se han roto casi todos los lazos. 

domingo, 18 de abril de 2021

Arts is politics

Collage de León Ferrari
 

La semana pasada pude acercarme por el Reina Sofía, donde coincidían tres exposiciones muy interesantes. Por desgracia, la que más me llamó la atención, dedicada al argentini León Ferrari, estaba en sus últimos días, así que no podré revisarla de nuevo. No quiere decir que las otras dos, centradas en la figura de la artista sueca Charlotte Johannesson y el arte marroquí de 1950 a 2022,  fueran de menor calidad, sólo que la de Ferrari fue la que más me impresionó. Lástima que, dadas las circunstancias, no se haya sacado catálogo que sirva de referencia y recuerdo

Comenzando por el artista argentino. La bondadosa crueldad lo describe como un creador eminentemente político, cuya acción en ese campo lleva, por necesidad, al escándalo y la censura. Tanto más cuanto que sus tiros van dirigidos hacia la religión, aún pieza central en la vida social de los países latinoamericanos. Cualquier crítica, cualquier asomo de sátira, es tomado allí como un ataque contra la fe, como blasfemia, propiciando reacciones violentas que poco difiere de las de los islamistas radicales. Por ejemplo, entre quienes promovieron una campaña contra una de las exposiciones de Ferrari se hallaba el actual Papa Francisco, quien presume ahora de posiciones progresistas... y es atacado por ello por la carcundia.

domingo, 28 de marzo de 2021

Las nieblas de nuestro medievo (I)

 El modelo de combatiente cristiano que lucha al servicio de un califa almohade como medio para ganarse la vida tiene en la figura de Gerardo Sempavo un «ejemplar» verdaderamente interesante. Son muchas las lagunas y dudas que tenemos en torno a esete personaje, pero todo permite pensar que se trata esencial mente de un «hombre de frontera» a caballo entre dos mundos, que hace de la actividad militar un modo de vida y un medio de promoción económica y social. Aparece en la escena política peninsular a mediados de los años sesenta del siglo XII cuando -aprovechando las dificultades que los Almohades tenían en la zona levantina para imponerse a Ibn Mardanis y en connivencia con el rey de Portugal- se hizo con el control de un buen número de fortificaciones y ciudades: entre 1165 y 1169 arrebató a los musulmanes Trujillo, Évora, Cáceres, Montánchez, Serpa y Jurumeña. En el último de los años citados estuvo a punto de conquistar el núcleo almohade más importante en la zona, Badajoz, y sólo la colaboración entre la guarnición norteafricana y las fuerzas de Fernando II de León -preocupado por el avance de la influencia lusa en la zona- consiguió detenerlo.

Francisco García Fitz, Las Navas de Tolosa

Les confieso que el Medievo peninsular es una época que me fascina. Sin embargo, comparado con otros periodos, mi conocimiento es muy fragmentario e imperfecto. Puede ser una ilusión mía, pero encuentro que es muy fácil conseguir información detallada de la Edad Media de otras regiones europeas, pero es bastante complicado hacer lo mismo en lo referente a la evolución de nuestros reinos peninsulares. Mas allá de la consabida retahíla de reyes y dinastías, la evolución política, social y cultural queda muy difuminada. En especial, las complejas relaciones entre las coronas hispanas y de éstas con el Islám, entidades que demasiadas veces quedan aisladas, encarceladas, en su propio entorno. Se transmite la impresión de que su historia se puede explicar sólo por sí misma, cuando lo contrario es la norma.

Gran parte de esta falta de información se debe a nuestra turbulenta historia contemporánea. El nacionalcatolicismo franquista utilizó los diferentes mitos fundacionales peninsulares, en especial los del reíno de Castilla, para justificar la legitimidad de su régimen, prefigurado desde la antigüedad más remota. Ese espejismo sigue demasiado vivo en nuestro presente, como parte del ideario propagado por ciertos partidos políticos y sus voceros intelectuales. Por otra parte, como reacción deformante, en los nacionalismos periféricos se han construido mitos similares de carácter local, tan endebles y tan influyentes como sus contrarios ideológicos. 

Por eso es de agradecer un libro como el de García Fitz, que toma un acontecimiento con fuertes connotaciones ideológicas, como Las Navas de Tolosa, para realizar un análisis transversal de las diferentes sociedades ibéricas en la segunda mitad del siglo XII. En los círculos nacionalistas antes citados, la batalla de 1212 entre cristianos y musulmanes se idealiza como cumbre de la reconquista, símbolo de la unidad de España y, de forma velada en nuestro presente, prueba fehaciente de la única religión verdadera. Sin embargo, todo ese ramaje ideológico oculta una realidad mucho más interesante: las múltiples relaciones que entrelazaban y separaban los reinos medievales, sin importar la religión de cada cual. En sus encuentros y desencuentros primaban mucho más los intereses políticos del momento que los ideales sacrosantos.

viernes, 8 de enero de 2021

Nieblas y cortinas de humo (y 3)

 En la pertinaz de la resistencia a asumir los resultados más atendibles de la investigación se confirma que lo que se haya en juego no es sólo ni principalmente la fisonomía de un galileo muerto en un pasado remoto, sino la de quienes, habiendo hecho de él el fulcro de sus creencias, lo veneran como modelo señor y divinidad. La fabricación de Jesús no ha sido nunca una operación desinteresada ni inocente: no lo fue en la etapa de su génesis, cuando resulto indispensable para que los seguidores de un visionario fracasado pudiesen preservar su autoestima y el sentido de sus vidas y evitar así convertirse en el hazmerreír de sus coetáneos, y no lo es en el presente, cuando la desvelación de la existencia de un hondo desfase entre la figura que la historia reconstruye y lo que la perspectiva emic proclama como su verdadera identidad pone en jaque la credibilidad de ésta, e induce a los turiferarios del mito a intentar afianzarlo a toda costa.

Fernando Bermejo Rubio. La invención de Jesús de Nazaret.

Voy a cerrar esta serie de entregas con tres breves anotaciones, ya que el tema de la historicidad de Jesús es tan amplio que precisaría de un blog entero para sólo rascar la superficie. Para que se hagan  una idea, el libro de Bermejo rubio tiene 700 páginas sin bibliografía, mientras que otros estudiosos, como Bart D. Ehrman, llevan decenios publicando tomitos de 300 páginas.

La primera consideración podría ser: ¿Por qué ese ánimo diseccionador? El descender a ese análisis tan profundo, casi palabra por palabra, podría llevar a pensar que hay cierta animosidad contra el mensaje crisitano, propia de descreídos. Sin embargo, ese rigor no es muy distinto del que se aplica a otros textos de la misma época, ya que el punto crucial es  más una cuestión de enfoque: considerar al Nuevo Testamento como otro documento histórico más de la antigüedad. con los que comparte claras similitudes. Hay que tener siempre en cuenta que los métodos de los historiares antiguos eran muy distintos de los actuales, lo que nos obliga a tomar precauciones ante su contenido. Por ejemplo, no se solían indicar fuentes -aunque se pueden rastrear- y su uso era bastante creativo, ya que la historia se suponía una de las artes, con su propia musa. El historiador, por tanto, tenía que añadir elementos de sus cosecha, embellecer y dramatizar los hechos recibidos, de manera que quedasen de manifiesto sus habilidades literarias.

lunes, 4 de enero de 2021

Nieblas y cortinas de humo (y II)

Con independencia de cuál de las posiciones expuestas se considere más plausible, ambas comparten una serie de aspectos que p0ueden considerarse resultados suficientemente seguros de una reconstrucción crítica. Primero, el proyecto de Jesús tuvo una dimensión política y nacionalista que fue nuclear en su visión, hasta el punto de que, sin ella, su figura -así como el texto de los evangelios- resulta ininteligible. Segundo, Jesús no se opuso por principio a la violencia y no fue un pacifista avant-la-lettre. Tercero, al igual que tantos otros profetas milenaristas en la historia, Jesús creyó -y prometió a sus seguidores- que en el momento oportuno tendría lugar una asistencia sobrenatural en sus esfuerzos por destruir el orden repudiado: Dios intervendría de manera decisiva a su favor.

Fernando Bermejo Rubio.

En el estudio del primer cristianismo y su fundador, Jesús, recientemente ha tomado cierto auge una corriente que en inglés recibe el nombre de mythicism. Estos miticicistas sostienen que nunca existió un Jesús real, cuyos hechos fueran recogidos en los evangelios. Bien fue un invento de los primeros cristianos, con el apóstol Pablo como principal sospechoso, bien lo que nos ha llegado está tan embellecido y distorsionado que nada tiene que ver el personaje, o personajes, al que se refieren. Esta postura puede parecer radical, pero se fundamenta en un hecho incontestable, que ya comentamos en la historia anterior: los evangelios son fuentes tardías, basadas en una tradición oral que ha sido remozada para servir los intereses de comunidades cristianas muy concretas, lo que lleva a que incurran en frecuentes contradicciones, en su mayor parte irresolubles.

Este problema fundamental en las fuentes resulta exasperante para todo estudioso serio, en especial, aquéllos que intentan descubrir al Jesús real, no al de la doctrina. Al final, lo único que podemos concluir, basándonos en los evangelios, es que en algún momento hacia el año 30 surgió un predicador, en apariencia venido de Nazaret, que tras un breve periodo de actividad pública -menos de un año, para Marcos, tres, para Juan - fue hecho preso por las autoridades romanas durante la Pascua judía, para ser crucificado al punto, como rebelde al poder imperial. Poco más, puesto que en el resto de detalles las fuentes no hacen más que contradecirse, empezando por el día en que tuvo lugar su ejecución: el viernes, para los evangelistas sinópticos, el jueves, para Juan. Sin embargo, aunque parezca que se está en un callejón sin salida, en realidad muchos de los problemas que afectan a los evangelios son comunes a las fuentes de la antigüedad. La utilización de los mismos métodos críticos podría llevarnos a alguna conclusión substancial. Veamos cómo.

jueves, 31 de diciembre de 2020

Nieblas y cortinas de humo (yI)

Cabe apreciar mejor la fuerza de la anterior objeción cuando se consideran los estudios recientes sobre el funcionamiento de la memoria y se cae en la cuenta de su falibilidad, los errores perceptivos y la proclividad humana al autoengaño se añaden los intensos sesgos ideológicos de las fuentes. El modelo de los criterios de autenticidad se basa en la premisa de que una parte de la tradición original sobre Jesús se conservó virtualmente intacta durante la fase oral del proceso de transmisión. Ahora bien, la investigación moderna ha mostrado que en la tradición oral no se puede contar con estabilidad. En particular, la memoria -que es más reconstructiva que reproductiva e implica por ello la imaginación- tiende a funcionar manteniendo de modo fiable los grandes rasgos de un evento o una persona, pero sin retener los pormenores: la visión general está menos sujeta a distorsión que los aspectos de detalle, que se desdibujan más fácilmente (a menudo en virtud de la interferencia de experiencias similares posteriores). Esto exige una metodología que difiera sustancialmente de la presupuesta en el enfoque criteriológico, orientado a determinar la fiabilidad de unidades aisladas.

Fernando Bermejo Rubio. La invención de Jesús de Nazaret: historia, ficción, historiografía

 En este periodo de confinamiento, sea estricto o laxo, impuesto por el COVID he leído mucho menos que de ordinario, pero quizás, en compensación, me he topado con obras que me han producido un gran impacto, tanto de literatura como de historia. Una de ellas -descubierta gracias a uno de tantos youtubers culturales- ha sido el libro de Fernando Bermejo Rubio que cito un poco más arriba. Su objetivo es descubrir quién, y qué ideología, se oculta tras la imagen del Jesús-Cristo que constituye el corazón de la fe cristiana. 

¿Quién y qué?  ¿No está acaso claro? La realidad es que sobre el posible personaje histórico de Jesús, cuya vida transcurrió en la Palestina del primer tercio del siglo I de nuestra era, se han acumulado espesos estratos ideológicos y teológicos, que lo han convertido en el Cristo de la doctrina, ocultando al ser humano por completo. La invención de Jesús de Nazaret intenta así una labor de limpieza, realizada en tres fases, metodológica, para determinar los mejores métodos del análisis; la propia analítica, examinando los textos que nos han llegado a la luz del contexto histórico e ideológico, para terminar con la crítica de la propia disciplina, tan propensa a posiciones extremas.

¿Por qué es tan difícil encontrar al Jesús histórico que se encuentra detrás de la doctrina? El principal problema se haya en los propios textos bíblicos. Puede resultar chocante esta afirmación, en especial si se ha crecido en un ambiente cristiano -mi caso en particular-, ya que la imagen popular que sobre ellos se tiene, al menos la propagada por la Iglesia, es la de una historia coherente y sin fisuras, estructurada en tres hitos principales: natividad, predicación y pasión. Sin embargo, si se examinan los Evangelios con atención se descubrirá que abundan en contradicciones e inconsistencias. En ocasiones, las versiones de diferentes evangelistas son tan divergentes que resulta imposible establecer una versión común, es decir, una mínima que contenga los datos en los que todos coincidan.

sábado, 31 de agosto de 2019

Intentando encontrarle un sentido (y III)

The Gospel writers, on the other hand, lived in other parts of the world, probably major cities scattered throughout the empire. Their language was Greek, not Aramaic. They never indicate that they interviewed eyewitnesses (I'll say more in this in a moment). They almost certainly did not go to Palestine to make enquiries among the people who knew Jesus during its lifetime -for example, trough interpreters-. They inherited their stories in Greek. These stories had been in circulation for years and decades before they themselves heard them. There had been stories, of course, during Jesus's lifetime, tales of his activities, sayings, and death. These would have been told in Aramaic, in Palestine. Some of these stories came to be translated into Greek and circulated in Christian communities in that form. Other stories were almost certainly constructed originally in Greek (as I will show in a later chapter). The unknown authors of these Gospels may well have been raised on theses stories as Christians from their youth. Or possibly they converted as adults and heard the stories as recent converts. When they wrote their accounts, they obviously put their own spin on the stories. But the vast majority of the stories themselves had been circulated by word of mouth for forty or fifty years, or more, before these authors put them together into their extended narratives.

Bart D. Ehrman, Jesus before the Gospels 

Los autores de los Evangelios, por otra parte, vivieron en zonas distintas del mundo, con toda probabilidad en grandes ciudades repartidas a lo largo del imperio. Su lengua era el Griego, no el Araméo. Nunca insinuaron que hubieran entrevistado a testigos oculares (más dentro de poco). Con casi completa certeza no viajaron a Palestina para investigar entre las personas que habían conocido a Jesús durante su vida - por ejemplo, mediante intérpretes-.  Las historias las recibieron ya en Griego. Unas historias que habían estado en circulación durante años y décadas antes de que ellos mismos las escuchasen. Hubo, por descontado, historias durante la vida de Jesús, relatos de sus hechos, dichos y muerte. Se habrían narrado en Arameo, en Palestina. Algunas de esas historias acabaron siendo traducidas al Griego y circularon en esa forma entre las comunidades cristianas. Otras se compusieron, con toda seguridad, ya en Griego (como mostraré en un capítulo posterior). Los autores anónimos de los Evangelios pueden haber crecido escuchando esas historias desde su niñez. O puede que se convirtieran de mayores y las escucharan como neófitos. Cuando escribieron sus narraciones, es obvio que añadieron su propio punto de vista. Pero la vasta mayoría de las historias habían circulado de boca en boca durante cuarenta, cincuenta o más años, antes de que estos autores las compilasen en narraciones extensas.

En una entrada anterior, les había comentado como los miticicistas -quienes niegan la existencia histórica de Cristo- basaban sus argumentos en un hecho indiscutible: la inmensa dificultad, casi insuperable, en determinar quién fue ese personaje en realidad y cuáles fueron sus ideas. Las múltiples contradicciones entre los evangelios, unidos a que sus redactores intentan hacer pasar sus propias ideas por las de Cristo, ocultan por completo la posible figura real de este personaje histórico. De hecho, cuando los estudiosos modernos, del siglo XVIII hasta ahora, han abordado la investigación, no han conseguido llegar a un consenso. Han surgido casi tantos Cristos como investigadores, trasuntos, esta vez, de las ideas políticas modernas de los estudiosos.

Ehrman, como tantos otros, acepta el reto de llegar al Cristo histórico y tengo que admitir que su reconstrucción me parece muy verosímil. El Jesús que describe no es el fundador de una nueva religión, creador de un corpus doctrinal y de conducta cerrado y definido. Es un profeta judío, como tantos otros de los muchos que surgieron en la Palestina del siglo I, ocupada por los romanos. En su caso, proponente de una visión apocalíptica de la historia, según la cual el reíno de Dios estaba pronto a instaurarse, no en un futuro más o menos lejano, o en un paraíso ultraterreno, sino en el aquí y ahora. Antes de que algunos de sus oyentes conociesen la muerte, el Mesias vendría a esta tierra, poniendo punto final a la enfermedad, la injusticia, el sufrimiento y la muerte. Debido esa proximidad, seguir a rajatabla la ley mosaica no importaba demasiado, puesto que el final de los tiempos ya había sido decidido y sus efectos eran visibles para todo el que quisiese ver.

miércoles, 28 de agosto de 2019

Intentando encontrarle un sentido (y II)

The point of this brief sketch is not to indicate what Jewish children learned in their fifth-grade history classes; indeed, there is no way for us to know whether a children like Jesus would ever have even heard of such important figures from the remote past as Alexander the Great or Ptolemy. But the historical events leading up to his time are significant for understanding its his life because of their social and intellectual consequences, which affected the lives of Palestinian Jews. For it was its response to the social, political, and religious crises of the Maccabean period that the Jewish "sects" of Jesus's day (e.g. the Pharisees, Saduccees and Essenes) were formed, and it was the Roman occupation that led to numerous nonviolent and violent uprising during Jesus's time, uprisings of Jews for whom the foreign domination of the Promised Land was both politically and religiously unacceptable. Moreover, it was the overall sense of inequity and the experience of suffering during these times that inspired the ideology of resistance known as "apocalypticism", a worldview that was shared by a number of Jews in first-century Palestine.

Bart D. Ehrman, Jesus: Apocalyptic Prophet of the new millenium.

El objeto de este breve esbozo no es indicar qué aprendían los niños judíos en sus clases de historia de quinto curso; en realidad, no hay medio alguno de saber si un niño como Jesús pudo haber oído de personajes tan importantes del pasado remoto como Alejandro Magno o Ptolomeo. Sin embargo, los acontecimientos históricos que llevaron a su época son relevantes para entender su vida, debido a sus consecuencias sociales e intelectuales, con efectos sobre la vida de los judíos palestinos. En respuesta a la crisis social, política y religioso del periodo Macabeo surgieron las "sectas" judías del tiempo de Jesús (por ejemplo, los Fariseos, los Saduceos y los Esenios), mientras que la ocupación romana condujo a numerosos levantamientos, violentos y no violentos, durante la época de Jesús, movimientos judíos para quienes la ocupación extranjera de la Tierra Prometida era inaceptable, tanto política como religiosamente. Es más, el sentimiento general de desigualdad y la experiencia del sufrimiento durante esas épocas inspiraron la ideología de resistencia conocida como "apocalipticismo", una visión del mundo compartida por numerosos judíos de la Palestina del siglo.

Aunque no comparta las conclusiones de los miticicistas sobre la figura de Jesús, tengo que admitir que sus argumentos señalan a un problema fundamental: nuestro conocimiento sobre el fundador del cristianismo es muy sumario. De hecho, si eliminamos de los evangelios los pasajes que se contradicen y nos quedamos en exclusiva con aquéllos en que concuerdan, el resultado no llega a ocupar una cuartilla.

En resumen: Un judío nacido en Nazaret empezó a predicar por Galilea, donde aquirió fama como sanador y milagrero, además de demostrar estar dotado de gran carisma. Con esas armas, reunió un grupo de seguidores, no muy nutrido, del que doce de ellos eran los más cercanos, los destinados a continuar su obra. En un determinado momento, subió a Jerusalem para celebrar la Pascua, donde tuvo encontronazos con las autoridades judías y romanas. Temeroso de un posible tumulto que llevase a una rebelión, el gobernador romano ordenó su crucifixión, ejecutada de inmediato. Un poco tras su muerte, los discípulos que no se habían dispersado comenzaron a difundir la historia de que su maestro había resucitado.

Eso es todo.

domingo, 25 de agosto de 2019

Intentando encontrarle un sentido (y I)

The (sometime) atheist opinion of the Bible as nonhistoricial is no better than the (typical) fundamentalist opinion. The reality is that the authors of the books that became the Bible did not know they were producing books that would later be considered scripture, and they probably had no intention of producing scripture. The Gospel writers - anonymous Greek speaking Christians living thrirty-five to sixty-five years after the traditional date for Jesus's date - were simply writing down episodes that they had heard from the life of Jesus. Some of these episodes may be historically accurate, others may not be. But the authors did not write thinking they were providing the sacred scriptures for the Christian tradition. They were simply writing books about Jesus.

Did Jesus Exist? The historical Argument for Jesus of Nazareth. Bart D. Ehrman

La consideración de la Biblia como ahistórica por (algunos) ateos no es mucho mejor que la (típica) opinión de los fundamentalistas. La realidad es que los autores de los libros que acabarían componiendo la Biblia no sabían que estaban creando libros que más tarde se considerarían sagrados y probablemente no tenían esa intención. Los evangelistas -cristianos anónimos de habla griega que vivieron entre treintaycinco y sesentaycinco años tras la fecha tradicional de la muerte de Jesús-, estaban simplemente escribiendo los episodios de la vida de Jesús que habían oído. Algunos de estos episodios pueden ser históricamente ciertos, otros no. Pero estos autores no los escribieron pensando que estaban creando las sagradas escrituras de la tradición cristiana. Simplemente estaban escribiendo libros sobre Jesús.


Supongo que no les sorprenderá saber que soy ateo. No desde que tengo uso de razón, sino como resolución del conflicto al que me llevó mi doble educación. En mi adolescencia, se oponían dentro de mí el haber asistido a un colegio religioso -de curas, que se decía entonces- contra la indiferencia, cuando no rechazo, hacia la religión, imbuida por mi pertenencia a una familia de izquierdas. De   la izquierda de verdad, la que consideraba la religión organizada como una lacra a extinguir. Así, durante varios años me perdí por los laberintos de la fe, confiando en encontrar una señal que me convenciera de la existencia de ese ser divino al modo cristiano, omnipotente y omniscente, todo amor y compasión. No tuve ninguna revelación, de manera que durante los ochenta fui virando al agnosticismo, para desembocar en el ateísmo a principios de los noventa. Conclusión que me sirvió para encontrar cierta paz espiritual, ya que con ella se terminaron mis comeduras de tarro religiosas.

Como secuela de mi combate con la fe -si quisiéramos decirlo así-, me quedó una fascinación por el hecho religioso, tanto en sus manifestaciones artísticas como en su historia y evolución. De ahí que mi biblioteca esté repleta de libros de un estudioso estadounidense, Bart D. Ehrman, experto en el cristianismo primitivo, que abarca de los siglos I al IV. Su enfoque analítico, producto de una evolución espiritual similar a la mía, se base en aplicar una metodología de trabajo estrictamente histórica. Los evangelios, por ejemplo, se consideran como un texto similar a tantos otros de la antigüedad, producto de un momento y una ideología determinada, que es esencial identificar y clasificar con precisión. Sólo así se podrá entenderlos y valorarlos en su justa medida. Es necesario, por tanto, analizarlos de manera crítica para determinar qué es histórico en ellos, discerniéndolo de deformaciones y manipulaciones, ya sean interesadas o producto de errores, introducidas copia tras copia de los manuscritos originales.

sábado, 4 de mayo de 2019

Fatalismos y necesidades históricas

There was no need for massive conversions at large evangelistic rallies. We have almost no record of  full-time evangelist after the days of Paul, or missionaries or organized missions of any kind. People converted because they knew other people who were Christian -- people connected to them in their daily lives, member of their families, friends, neighbours, coworkers. Many Christians were quite happy to talk about their new faith, about their great miracles that have been worked by and for those who believed, the divine power that was more readily available to those who worshipped the Christian god than anyone who worshipped any other divine being. The Christians proved convincing. Not massively, just occasionally. That is all it took.

Bart D. Ehrman, The Triumph of Christianity

No había necesidad de conversiones masivas o de grandes reuniones religiosas. No tenemos casi ningún registro referente a apóstoles tras el tiempo de Pablo, de misioneros o de misiones organizadas de ningún tipo. Las personas se convertían porque conocían a otras personas que eran cristianas - personas con las que tenían contacto en su vida diaria, miembros de sus familías, amigos,vecinos, compañeros de trabajo. Muchos cristianos se sentían contentos de hablar de su nueva fe, de los grandes milagros que se habían obrado por y para aquéllos que creían, del poder divino que estaba más a la disposición de aquéllos que adoraban al dios cristiano que los que lo preferían a otros dioses. Los cristianos se mostraron convincente. No de manera continua, sólo en ocasiones. Bastó con eso.

Como sabrán, el problema histórico por excelencia en la cultura occidental es el de la caída del Imperio Romano, que a demasiados les parece inexplicable. Sin embargo, lo que sí sería un enigma es que ese imperio no se hubiese desplomado y continuase existiendo. Hasta ahora, todos los imperios conocidos han acabado por derrumbarse, sin que exista esa obsesión similar por averiguar sus causas, sino aceptándolo como un hecho normal, casi una ley de vida. De hecho, se puede decir que es así, que llega un tiempo en que todo imperio se hace demasiado grande para sus recursos y su métodos de gobierno, lo que le lleva a detener su expansión y comenzar a perder provincias periféricas, al mismo tiempo que se anquilosa en las soluciones que tuvieron éxito en el pasado, tornándose incapaz de afrontar los nuevos problemas que trae el futuro. Ya sea en forma de catástrofe ecológica, disensiones internas o invasiones externas.

En realidad, en la historia del Imperio Romano existe otro problema fundamental: cómo acabó convertido en Imperio Cristiano, desplazando el paganismo politeista en el que había crecido y desarrolado, todo ello un poco antes del año 400, justo antes del desmoronamiento de su parte occidental. Gran parte de ese desinterés se debe, como es habítual, a que la historia la acabaron escribiendo los triunfadores cristianos, no los perderdores paganos. Para los cristianos, el Imperio Cristiano era una necesidad histórica, parte integrante del plan de Dios, quien había creado el Imperio Romano como receptáculo para que se manifestase y creciese en su interior la religión verdadera, que habría de extenderse luego a las cuatro esquinas del mundo.

viernes, 17 de agosto de 2018

Fanáticos y destrucciones

The pages of history go silent. But the stones of Athens provide a small coda to the story of the seven philosophers. It is clear, from the archaeological evidence, that the grand villa on the slopes of the Achropolis was confiscated not long after the philosophers left. It is also clear that it was given to a new Christian owner.
Whoever this Christian was, they had little time for ancient art that filled the house. The beautiful pool was turned into a baptistery. The statues above it were evidently considered intolerable: the finely wrought images of Zeus, Apollo and Pan were hacked away. Mutilated stumps is all that remain of the faces of the gods; ugly and incongruous above their still delicate bodies. The statues were tossed into the well. The mosaic on the floor of the dining room fared little better. Its great central panel, which had contained another pagan scene, was roughly removed. A crude cross pattern, of vastly inferior workmanship, was laid in its place.
The lovely statue of Athena, the goddess of wisdom, suffered as badly as the statue of Athena in Palmyra had. Not only was she beheaded she was then, a final humiliation, place face down in the corner of a courtyard to be used as a step. Over coming years, her back would be worn away as the goddess of wisdom was ground down by generation of Christian feet.
The "triumph" of Christianity was complete.

Catherine Nixey, The Darkening Age

Los libros de historia callan, pero las piedras de Atenas nos dan un breve epílogo a la historia de los siete filósofos (los últimos representantes de la Academia platónica). El registro arqueológico es claro: la gran mansión en la falda de la Acrópolis fue confiscada al poco de marcharse los filósofos. Así como que fue cedida a un nuevo propietario cristiano.
Fuera quien fuera, tenía poco tiempo que perder con el arte antiguo que llenaba la casa. El bello estanque fue transformado en un baptisterio y las estatuas que lo dominaban, es evidente, fueron consideradas intolerables. Las finamente talladas imágenes de Zeus, Apollo y Pan fueron desfiguradas a golpes. Unas facciones mutiladas es lo único que queda de los rostros de los dioses. Feas e incongruentes,  sobre unos cuerpos aún delicados. Las estatuas fueron luego arrojadas al pozo. El mosaico en el suelo del comedor no tuvo mejor suerte. Su gran panel central, que contenía una escena pagana fue retirado sin miramientos. Un patrón cruciforme, de muchísima peor ejecución, se colocó en su lugar.
La encantadora estatua de Atenea, la diosa de la sabiduría, sufrió un tratamiento igual de malo que el de la Atenea de Palmira. No sólo fue decapitada, sino que, como humillación final, se la colocó boca abajo en una esquina del patio, para ser usada como escalón. Durante los años que siquieron, su espalada sería erosionada por generaciones de pies cristianos, al igual que lo había sido su consideración como diosa de la sabiduría.
El " triunfo" de la Cristiandad era completo.

Por utilizar un lugar común, se puede decir que este libro, que narra la turbulenta transición del paganismo al cristianismo en el Imperio Romano, ha venido precedido de un pequeño escándalo. Por ponerles un ejemplo, casi al inicio Nixey narra como la estatua de la Atenea/Allat de Palmira fue hecha pedazos y desfigurada en el siglo IV, un destino repetido en el siglo XXI, esta vez con la imagen reconstruida que se custodiaba en el museo arqueológico de esa ciudad. La única diferencia entre ambas destrucciones estriba en que la más reciente fue realizada por los miembros del ISIS, mientras que la más antigua estuvo a cargo de fanáticos cristianos.

Este símil puede parecer exagerado a algunos, incluso intolerable, ya que, alegarán, no tiene sentido comparar una religión respetada por millones de fieles, que presume de caridad y compasión, con las acciones de un puñado de extremistas rabiosos y despiadados. Sin embargo, lo que ha realizado Nixey en este libro es, simplemente, narrar un secreto a voces. Como sabrán, entre los siglos IV y V de nuestra era, el cristianismo reemplazó por completo al paganismo, llevando al cierre de sus templos, la retirada de las estatuas de los dioses y la pérdida de gran parte de la literatura y filosofía grecolatinas. Esto es conocido, pero lo que no se suele contar es cómo se llevó a cabo ese proceso. Si fue de forma pacífica o violenta, si fue acompañado por destruciónes o no, si la pérdida del saber fue involuntaria o planificada.

Esto es lo que se propone contarnos Nixey y el resultado no es muy favorable para ese cristianismo triunfante de los siglos IV y V, que queda retratado como un grupo de fanáticos ignorantes. O al menos sus sectores más combativos y revolucionarios.

martes, 23 de enero de 2018

Tiempos de cambio

Or, les chevaliers avaient reçu de Dieu lui même la vocation de combattre., Où allaient-ils  porter leurs coups? Contre les infidèles. Il devient peu à peu clair que, dans le mouvement de purification où la imminence de la fin des temps vient d'engager la chrétienté d'Occident, seule la guerre sainte est licite. Au peuple de Dieu qui s'avance vers la Terre Sainte, il importe d'avoir apaisé toutes ses discordes intestines; il doit cheminer dans la paix. Mais à sa tête, le corps de ses guerriers ouvre sa marche; il disperse par sa vaillance les sectateurs du Malin. Au lendemain du millénaire, la chevalerie d'Occident résiste aux bandes de pillards qui sortent des pays sarrasins, elle les pourchasse, elle les vainc et, dans de tels succès, sauve son âme.

Georges Duby, L'An mil

Porque los caballeros habían recibido del mismo Dios la misión de combatir. ¿Dónde iban a dar rienda suelta a sus golpes? Contra los infieles. Se torna claro poco a poco que, dentro del movimiento de purificación en el que la inminencia del fin de los tiempos acaba de poseer a la Cristiandad Occidental, sólo es lícita la guerra santa. Al pueblo de Dios que marcha hacia la Tierra Santa, le importa haber apaciguado todas sus discordias intestinas: debe marchar en paz. Pero a su cabeza, los guerreros abren el camino. Ellos dispersan con su valor a los seguidores del Maligno. Al día siguiente del milenario, la caballería de occidente resiste las bandas de saqueadores que salen de los países sarracenos, los persigue, los vence y, con ese éxito, salva su alma.

Les adelanto que la lectura de esta obra de Duby me ha defraudado bastante. Más incluso de lo que debiera, puesto que hay que reconocer que el enfoque utilizado por este historiador para analizarlo es bastante poco corriente. Duby intenta darnos una visión lo más próxima y sin distorsiones de las décadas a ambos lados del año mil, para lo que inserta largos extractos de los anales y crónicas contemporáneas, comentadas por apenas unas pocas y breves explicaciones. El objetivo es que escuchemos la voz de la gente de ese tiempo sin intermediarios, que lleguemos a comprender su mentalidad, incluso a compartir sus afanes. Sin embargo, por razones que ya veremos, me da la impresión de que el autor no llega a lograr sus propósitos, a lo que hay que añadir que el libro no ha respondido a mis expectativas. Desavenencia de la que Duby no tiene ninguna culpa, vaya por adelantado.

¿Y por que no ha conseguido cumplir con lo que yo esperaba? Digamos que me esperaba un relato más detallado de los múltiples cambios que ocurrieron en este periodo. Más orientado también a resolver y explicar el misterio de un persistente mito histórico, el mismo que inspira el nombre de libro. Según esa leyenda, la cristiandad occidental habría atravesado un periodo de terror colectivo en las décadas a ambos lados del año 1000. Se esperaba, se nos dice, una inminente segunda venida de Cristo con su correspondiente apocalipisis, que bien tendría que haber tendido lugar en el milenario de su nacimiento, ese año mil al que se refiere el libro, o bien en el de su muerte, en el 1033. El milenio que se cumplía en esas fechas sería además el mileno al que se refería el apocalipsis, al cual habría de suceder otro milenio más, de triunfo del cristo resucitado, hasta la batalla final que culminaría con la derrota definitiva de Satán y los demonios.

sábado, 5 de agosto de 2017

Los laberintos de la fe (II)

Towards the end of the twelfth century various Spanish cities, and notable Seville, witnessed the activities of mystical brotherhoods of Moslems. Those people, who were known as Sufis, were "holy beggars", who wandered in groups through the streets and squares, dressed in patched and particoloured robes. The novices amongst them were schooled in humiliation and self-abnegation: they had to dress in rags, to keep their eyes fixed on the ground, to eat revolting foodstuffs; and they owed blind obedience to the master of the group. But once they emerged from their noviciate, these sufis entered a realm of total freedom. Disclaiming book-learning and theological subtleties, they rejoiced in direct knowledge of God. Indeed, they felt themselves united with the divine essence in a most intimate union. And this in turn liberated them from all restraints. Every impulse was experienced as a divine command; now they could surround themselves with worldly possessions, now they could live in luxury - and now too, they could lie or steal or fornicate without qualms of conscience. For since inwardly the soul was wholly absorbed in God, external acts were of no account.

Norman Cohn The Pursuit of the Millenium

Hacia el final del siglo XII, distintas ciudades españolas, especialmente Sevilla, presenciaron las actividades de la hermandades místicas musulmanas. Esas personas, conocidas como sufitas, era "mendigos santos", que vagaban en grupos por plazas y calles, vestidos con ropas multicolores y llenas de parches. Sus novicios eran educados en la humildad y la abnegación; tenían que vestir de harapos, mantener la mirada en el suelo, comer alimentos repugnantes, además de una obediencia ciega al maestro del grupo. Pero una vez que terminaban su noviciado, estos sufitas entraban en un dominio de libertad completa. Despreciando el saber de los libros y las sutilezas teológicas, se ufanaban de conocer directamente a Dios. En verdad, se sentían unidos con la esencia divina de la forma más íntima y esto a su vez les libraba de todas la ataduras. Todo impulso se percibía como orden divina: ahora podían rodearse de riquezas, vivir lujosamente, y ahora también podían mentir, robar y fornicar sin remordimientos de consciencia. Por que en su interior el alma estaba sumida en la divinidad y los actos externos no tenían repercusión en ella.

Les hablaba en una entrada anterior de como me habían dejado bastante frío los dos libros que había leído sobre el cristianismo medieval y las herejía surgidas en su seno. A pesar de los muchos datos que contenían, se quedaban cortos a la hora de describir el clima social e intelectual que había propiciado su nacimiento, junto con las repercusiones que había tenido su desarrollo, represión y derrota. A pesar de la narración de batallas y asedios, de las persecuciones y ejecuciones, de las muchas controversias religiosas, algo muy importante se escapaba: llegar a comprender porque esas ideas, aparentemente absurdas cuando se las contempla desde nuestro presente, habían levantado esos odios inextinguibles, habían amenazado con derribar sus sociedades de origen, habían merecido esa venganza inmisericorde, una vez abatidos.

De esa carencia no se puede acusar al libro de Norman Cohn que les comento en esta entrada. De hecho, el único defecto del libro es que su campo de análisis se reduce a la Europa Noroccidental y Central: Francia septentrional, Inglaterra, los Países Bajos, Alemania, Bohemia, lanzando sólo miradas de refilón a lo que ocurría en Provenza, Italia o los reínos cristianos de España. Una pena, porque pocos libros han conseguido reflejar con mejor fidelidad ese ambiente de frenesí que acompañaba a estos movimientos heréticos, milenarios y revolucionartos: ese hacer posible, durante un breve periodo de tiempo, lo que poco antes era inconcebible. De ahí, quizás, que el libro siga siendo publicado y leído con avidez aún hoy, cuando de su primera edición hace ya sesenta años.

jueves, 27 de julio de 2017

Los laberintos de la fe (I)

El catarismo reúne  varias corrientes heréticas latentes desde comienzos del siglo XI: corriente antisacerdotal y antisacramental, tendencias ascéticas con respecto a los tabúes sexuales y alimentarios, rechazo del latín litúrgico, aspiración al contacto personal con Dios, ya directamente o mediante la palabra evangélica. Y aún va más lejos. Al rechazar el juramento pone en tela de juicio uno de los fundamentos de la sociedad feudal. Sobre todo se opone al catolicismo de modo radical en el doble plano institucional y doctrinal. Está regido por una verdadera organización eclesiástica, formada por una categoría inferior de fieles, un clero de perfectos y obispos. Su base es una creencia dualista, la existencia de un principio del mal y de un principio del bien en lucha universal y perpetua el uno contra el otro, aunque en la mente de la mayoría de los cátaros el dios del mal resulta inferior al dios del bien. El Dios del Antiguo Testamento, creador de la materia, puede asimilarse al principio del mal que se enseña en la Iglesia. Los cátaros mantienen asambleas de enseñanza y de oración (sólo admiten un Pater ligeramente modificado) y practican una especie de bautizo, el consolamentum, administrado con imposición de manos por un perfecto.

Jacques le Goff, Historia de las Religiones Siglo XXI, tomo 7

Por varias razones que no vienen al caso, se me ha acumulado una pequeña pila de libros que he terminado de leer, pero que no he comentado en este blog. Debido a esto, en alguna ocasión me voy a ver obligado a comentar dos libros al mismo tiempo, aunque no me guste mucho. Ése es el caso de esta entrada, en que les hablaré de dos libros de temas relacionados, el uno una historia de la corriente principal del cristianismo, centrado en la edad media y la reforma. El otro, una crónica de las muchas corrientes heréticas que aquejaron la iglesia medieval, pero especialmente aquellas que tuvieron lugar en la baja edad media: cátaros, Wycliff y Wat Tyler, los husitas.

Debo confesarles que la historia de la iglesia medieval me apasiona. En la Alta Edad Media, la cristiandad occidental se fragmentó en multitud de iglesias locales, como las de rito mozárabe en la España musulmana, con poca o nula obediencia a los decretos de un papado romano demasiado lejano. Éste por su parte, tenía poco de autoridad religiosa y sí demasiado de poder temporal, de manera que no era extraño que las luchas de poder en su seno acabasen en violencia y asesinato, incluso de los propios pontífices. El marasmo de la iglesia católica occidental solo se solucionó en el siglo XI, con la llegada de papas reformistas al estilo de Gregorio VII, pero fue sólo para abrir un nuevo tipo de conflictos: esta vez entre el poder civil y el religioso. Únase a esto el ascenso de herejías poderosas como las citadas, que a punto estuvieron de derribar la supremacía del catolicismo en su tierras de origen; el descrédito el papado en los siglos XIV y XV, especialmente en la juntura de ambos, con el continuo nombramiento y deposición de papas y antipapas; o el fracaso del movimiento conciliar del XV, que cerró el paso a una profunda reforma de la iglesia.

sábado, 20 de mayo de 2017

Divergencias

La degeneración religiosa de este conflicto no favorece a Israel: Hamás, aunque con una agenda nacionalista, se reconoce como parte de la Umna árabe musulmana, una corriente antioccidental y aparentemente en alza en todo el mundo islámico, a pesar de su superficial ortodoxia salafista, mientras que el nacionalismo religioso israelí necesariamente choca por lo menos con parte del halájico-talmudista, de mayor rigor rabínico y que, aunque ya no es mayoritario entre los judíos desde hace más de un siglo, es el único que ha mantenido una continuidad de dos mil años y retiene una presencia viva en la diáspora, desde Nueva York, pasando por París, hasta Buenos Aires.
Y la deriva fundamentalista, como si no bastara con haber abrazado a judíos y musulmanes en la zona, se ve alimentada desde la distancia en Estados Unidos por un evangelismo integrista que apoya sin fisuras el expansionismo mesiánico de la derecha israelí, creyendo que sólo la restauración del reíno de Israel sobre la totalidad del espacio bíblico, a expensas de los árabes, hará posible la segunda venida de Jesús... y finalmente, dicho esto en sordina, la inevitable conversión de los judíos al cristianismo.

Roberto Blatt, Biblia, Corán, Tanaj: Tres lecturas sobre el mismo dios.

Había comenzado a leer este libro con gran interés, tanto por las buenas críticas con que venía precedido, como por la curiosidad que me despertaba el objeto de su estudio: realizar un análisis comparativo de las tres religiones abrahámicas, Judaísmo, Cristianismo e Islám. La tesis del ensayo quedaba anunciada ya desde las primeras páginas y en cierta manera era previsible, además de ser impecable desde un punto de vista histórico. Según Blatt, los distintos puntos de vista con los que las tres religiones han contemplado sus libros sagrados han sido determinantes a la hora de decidir su estructura y evolución política. Tanto, que su presente de hostilidad más o menos declarada, más o menos larvada, es una conclusión lógica de estas estructuras ideológicas, creadas hace más de un milenio.

Sin embargo, creo que el libro fracasa en el análisis detallado que hace de estos modos de pensar de las tres religiones y su plasmación en la historia. No porque sus conclusiones sean equivocadas, sino por que la amplitud del tema no se presta a ser resumida trescientas páginas escasas. Estamos hablando de más de dos mil años de historia, que afectan de pleno a dos continentes, Europa y Asia, mientras que en los dos últimos siglos su repercusión ha llegado a ser mundial. La exhaustividad pretendida queda así en conflicto con la profundidad lograda, de manera que muchos fenómenos y acontecimientos quedan reducidos a meras citas, mientras que otros centrales se describen de manera esquemática y apresurada. El libro, por tanto, divaga, salta de un lugar a otro, de un tiempo a otro, sin conseguir centrarse hasta los últimos capítulos, los mejores de toda la obra. Quizás porque son los que se refieren directamente al mundo moderno, en concreto, al dilema sin solución planteado por el resurgimiento de integrismos agresivos en las tres religiones.

miércoles, 17 de febrero de 2016

El gran malentendido

These narratives are found in Matthew 28, Mark 16, Luke 24, and Johm 20-21. Read through the accounts and ask yourself some basic questions. Who was the first person to go to the tomb? Was it Mary Magdalene by herself (John)? or Mary along with another Mary (Matthew)? or Mary along with another Mary and Salome (Mark)? or Mary, Mary, Joanna and a number of other women (Luke)? Was the stone already rolled away when they arrived at the tomb (Mark, Luke, and John), or explicitly not (Matthew)? Whom did they see there? An angel (Matthew), a man (Mark), or two men (Luke)? Did they immediately go and tell some of the disciples what they have seen (John) or not (Matthew, Mark and Luke)? What did the person or people at the tomb tell the women to do? To tell the disciples that Jesus would meet them in Galilee (Matthew and Mark)? Or to remember what Jesus has told them earlier when he had been in Galilee (Luke)? Did the women then go tell the disciples what they were told to tell them (Matthew and Luke) or not (Mark)? Where did they see him? - only in Galilee (Matthew), or only in Jerusalem (Luke)?

Ehrman, Bart D. How Jesus became God

Estas narraciones (las de la resurrección) se hallan en Mateo 28, Marcos 16, Lucas 24 y Juan 20-21. Léanlas y háganse unas preguntas básicas. ¿Quien fue el primero en ir al sepulcro? ¿Fue María Magdalena en solitario (Juan)? ¿O María con la otra María (Mateo)? ¿O María con la otra María y Salomé (Marcos)? ¿O María, María, Juana y otras mujeres (Lucas)? ¿Habían sido retirada la piedra del sepulcro cuando llegaron allí (Marcos, Lucas y Juan) o explicitamente no lo había sido (Mateo)? ¿A quién vieron allí? ¿Un ángel (Mateo), un hombre (Marcos) o dos hombres (Lucas)? ¿Fueron inmediatamente a donde estaban los discípulos y les contaron lo que habían visto (Juan) o no (Mateo, Marcos y Lucas)? ¿Qué dijeron esas personas a las mujeres? ¿Que Jesus les encontraría en Galilea (Mateo y Marcos)? ¿O que recordasen lo que Jesús les había dicho en Galilea? ¿Contaron las mujeres a los discípulos lo que les habían ordenado (Mateo y Lucas) o no (Marcos)? ¿Dónde vieron a Jesus? ¿Sólo en Galilea (Mateo) o sólo en Jerusalem (Lucas)?

Tengo un buen puñado de libros de Bart D. Ehrman, el estudioso americano de los primeros siglos del cristianismo. Abarcan una inmensa variedad de temas, desde los problemas de la composición de los libros del nuevo testamento y su tradición textual, hasta las muchas variantes del cristianismo y de los muchos libros sagrados, apócrifos y canónicos, en competición durante esa época. Sus conclusiones pueden resumirse en una serie de negativas: no, los evangelios no fueron escritos por quienes dicen ser ni son testimonios de testigos presenciales. No, la información contenida en ellos, es todo menos precisa y contrastada, abundando en contradicciones, debidas tanto a la diversidad de orígenes de los mismos, la fantasía y embellecimiento de la tradición oral, y al largo tiempo transcurrido desde los hechos, de 40 a 70 años, dependiendo del evangelio. No, el cristianismo no surgió con un dogma definido desde sus inicios, ya que diferentes grupos de cristianos tenían ideas contrapuestas sobre quién había sido su fundador y cuál había sido su mensaje, discrepancias que no sólo son detectables en las múltiples "herejías"ebonitas, gnósticos, docetistas, marcionistas, adopcionistas, montanistas..., sino incluso dentro de la misma ortodoxia y los textos canónicos.

Esta complejidad fascinante del tema que estudia Ehrman constituye el peor defecto de sus libros. Dado el carácter divulgativo de los mismos, tiene que limitar su extensión a 300 páginas como mucho, de forma que o bien deja detalles importantes fuera, que hay que buscar en otros de sus libros, o bien copia secciones enteras sin añadir nada nuevo. Esos atajos compositivos lastran sus mejores obras, que sólo se salvan, precisamente, por el interés del tema tratado, como es el caso de su último libro; How Jesus became God. Porque de lo que se trata aquí es de como un predicador apocaliptico de Galilea, de los cuales  en Judea los había a puñados durante el siglo I, llegó a ser considerado como Dios trescientos años más tarde. Y no como un Dios cualquiera, sino como una divinidad a la altura de Dios Padre, creador del universo, consustancial e indisinguible del mismo.

sábado, 6 de junio de 2015

Mostrando el Pasado (y VI): Problemas, limitaciones y ausencias

Estatua Orante de Pedro I de Castilla

En la entrada anterior de mi revisión del nuevo montaje del MAN me quedé sin espacio cuando le llegaba el turno a las salas dedicadas a los reinos cristianos medievales. No obstante, esta detención aunque casual, ha sido muy oportuna. ya que remeda la que el propio MAN ha buscado en su narración de la historia peninsular. El hecho que se busca subrayar con esta interrupción es que la España actual es heredera directa de esos reinos medievales, siendo su evolución pareja a la del resto de la cristiandad occidental,  hecho que incluso ahora, en estos tiempos laícos cuando no de negación directa de la divinidad, sigue pesando sobre nosotros.

Por esa razón, haberse llevado las colecciones medievales cristianas, junto con las de la edad moderna, a las nuevas salas de la planta primera, aisladas así del resto del objeto, es una decisión muy apropiada, ya que anuncia el comienzo de un tiempo nuevo: cómo la península Ibérica acabó integrada en el occidente cristiano, revertiendo un proceso de integración en el Islám que a principios del siglo X parecía una conclusión hecha y que durante los siglos XI y XII se mantuvo como una posibilidad.

Dejando esto a un lado, esta cisura espacial denota también un cambio en el origen de los objetos expuestos que ya les había comentado referente a las salas visigóticas y árabes. No estamos tratando ya, salvo excepciones, con objetos encontrados en excavaciones arqueológicas, sino con artefactos rescatados de edificios en ruina o derribados, o con conjuntos procedentes de colecciones nobiliarias y reales. O por redundar más aún en esta idea, no hablamos de artefactos culturales de civilizaciones desaparecidas, perdidos y vueltos a recuperar, sino de materiales que una civilización consideró valiosos como signos de identidad, para así ser salvados de la destrucción que les amenazaba... o ser reconstruidos cuidadosamente si esta se había producido.

martes, 21 de enero de 2014

Uncharted Territory

Among the fascinating "discoveries" by scholars in modern times has been the realisation of just how diverse these Christians groups were from one another, just how "right" each one felt it was, just how avidly it promoted its own views over against those of the other. Yet only one group won these early battles. Even this one group, however was no monolith, for there were enormous untracked territories and gigantic swath of doctrinal penumbrae within the broad contours of theological consensus it managed to create, shady areas where issues remained unresolved until later rounds of trial and error, dogmatism and heresy hunting, led to yet further debate and partial resolution. We will not be plumbing the depths of those later debates from the fourth century and later. Their nuance are difficult for many modern readers to appreciate or even fathom. Instead, we will focus our attention on the earlier centuries, when some of the most fundamental issues of early Christianity doctrine were debated: How many Gods are there? Was the material world created by the true God? Was Jesus humane, divine or both? These issues, at least were resolved, leading to the creeds still recited today and the standardised New Testaments now read by millions of people throughout the world.

Bart D. Ehrman, Lost Christianities

Desde mi juventud he estado preocupado por los temas religiosos, en especial por el cristianismo. Esta obsesión me viene de mi educación en un colegio religioso, que promovió en mí un continuo meditar sobre los problemas de la fe y la existencia de Dios, resuelto en mi madurez por mi transición a un ateísmo que me parece tan natural - y tranquilizador - como para otros la creencia en seres sobrenaturales.

Así, aunque el contenido doctrinal cristiano me aparezca ahora completamente vacío de contenido - cuando no en ocasiones, sencillamente repelente - ciertos automatismos de la niñez me hacen volver al estudio y conocimiento de esa religión, especialmente en sus siglos formativos. Ese reflejo inconsciente es el que se esconde detrás de mi reciente lectura en paralelo de dos libros dedicados a ese cristianismo embrionario, escritos por dos expertos en los documentos de la primera cristandad: El Lost Christianities de Bart D. Ehrman, y el Christian Beginnins de Geza Vermer.