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sábado, 1 de abril de 2017

Los olvidados (I)

City, Michael Heizer
Si siguen este blog, sabrán que mi amor por el arte moderno proviene de haber visto, en mi adolescencia, la serie documental The Shock of The New, dirigida por el crítico de arte Robert Hughes. No voy a comentar aquí la serie, ya lo hice por extenso en su momento, pero quiero utilizarla como punto de partida de estas meditaciones. Porque en ella, aparte de los grandes de la vanguardia, me vi fascinado por artistas menores que luego olvidé al poco, para luego recordarlos en pases sucesivos de la serie y volver a olvidarlos de nuevo. Hasta que una casualidad me llevó al reencuentro y ahora hago esfuerzos para que no vuelvan a quedar relegados a esa obscuridad de mi memoria.

Uno de ellos era Michael Heizer, exponente del Land Art norteamericano. Hughes utilizaba su figura para presentar el capítulo dedicado a la modernidad tardía, justo antes de su quiebra y disolución en el postmodernismo. En él sólo se comentaba una de sus obras, City, por entonces, en los años setenta, apenas comenzada, pero que para Hugues bastaba para convertir a Heizer en uno de los artistas indispensables de la modernidad. Desde entonces ha llovido mucho, que se dice, y Heizer ha devenido uno de esos artistas invisibles, que aparecen ligados en las enciclopedias a un momento, una década determinada, como si hubieran muerto pasado ese tiempo. Por ejemplo, en el Oxford Dictionary of Art and Artist escrito por Alan Chilvers - obra sobre la que tengo muchos peros - sólo se le cita de pasada en el contexto del Land Art. Como si la profecía de Hughes nunca hubiera llegado a materializarse.

martes, 30 de diciembre de 2014

Laberintos, símbolos, señales.


De entre las muchas institiciones culturales que organizan exposiciones en Madrid, creo que la que se lleva la palma es el MNCARs, Reina Sofía o Sofidú, si lo prefieren. La diferencia que le separa del resto de egregios competidores es que en sus muestras, el MNCARs intenta ir un paso más allá del simple reunir y mostrar obras de arte, para explorar el contexto en el que fueron producidas, hallar relaciones inesperadas entre esos objetos y nuestro presente, y romper así, o al menos corregir, nuestras impresiones equivocadas, aquellas que hemos recibido en nuestro aprendizaje sin cuestionarlas en los más mínimo.

Esto se pudo apreciar claramente en el verano pop de este año, cuando el MNCARs y la Thyssen decicaron sendas exposiciones a este movimiento artístico. La de la Thyssen era un todo vale, en el que era difícil encontrar un hilo conductor, se incluían obras completamente ajenas a este movimiento, mientras que otras simplemente contradecían el mensaje que la exposición quería trasmitir: Pop como guay y enrollado. Por el contrario, la exposición de Hamilton en el MNCARs era en primer lugar enciclopédica, pretendiendo ilustrar las muchas y múltiples etapas que este artista cruzó en su trayectoria, lo que conseguía mostrar la figura de un creador protéico, siempre en proceso de redefinición, en cuya amplia obra cabían la de muchos artistas menores.

No menos enciclopédica, universal, es la exposición abierta ahora mismo en el MNCARs dedicada a Mathias Göritz o Goeritz, artista menos multifacético que Hamilton, perseguidor de un objetivo concreto y constante, pero no menos destacado e importante, tanto para lo bueno como para lo malo... y de quien tengo que confesarles que no lo conocía en absoluto, pero de cuya obra que me he enamorado al primer vistazo.