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| City, Michael Heizer |
Si siguen este blog, sabrán que mi amor por el arte moderno proviene de haber visto, en mi adolescencia, la serie documental The Shock of The New, dirigida por el crítico de arte Robert Hughes. No voy a comentar aquí la serie, ya lo hice por extenso en su momento, pero quiero utilizarla como punto de partida de estas meditaciones. Porque en ella, aparte de los grandes de la vanguardia, me vi fascinado por artistas menores que luego olvidé al poco, para luego recordarlos en pases sucesivos de la serie y volver a olvidarlos de nuevo. Hasta que una casualidad me llevó al reencuentro y ahora hago esfuerzos para que no vuelvan a quedar relegados a esa obscuridad de mi memoria.
Uno de ellos era Michael Heizer, exponente del Land Art norteamericano. Hughes utilizaba su figura para presentar el capítulo dedicado a la modernidad tardía, justo antes de su quiebra y disolución en el postmodernismo. En él sólo se comentaba una de sus obras, City, por entonces, en los años setenta, apenas comenzada, pero que para Hugues bastaba para convertir a Heizer en uno de los artistas indispensables de la modernidad. Desde entonces ha llovido mucho, que se dice, y Heizer ha devenido uno de esos artistas invisibles, que aparecen ligados en las enciclopedias a un momento, una década determinada, como si hubieran muerto pasado ese tiempo. Por ejemplo, en el Oxford Dictionary of Art and Artist escrito por Alan Chilvers - obra sobre la que tengo muchos peros - sólo se le cita de pasada en el contexto del Land Art. Como si la profecía de Hughes nunca hubiera llegado a materializarse.

