Mostrando entradas con la etiqueta Arqueología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arqueología. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de octubre de 2021

Tesoros arqueológicos de Rumanía, Exposición en el MAN

Casco Celta hallado en la actual Rumanía
 

Se acaba de abrir, en el Museo Arqueológico Nacional, una exposición magnífica. Su nombre es Tesoros arqueológicos de Rumanía y traza la historia de ese país desde la prehistoria hasta los primeros siglos de la Edad Media. Su interés está tanto en el valor de las piezas expuestas -como el casco celta que pueden ver arriba o la estatua de Glycon que pueden encontrar abajo- como en el buen criterio con que se muestran. Sin olvidar que nos acerca a una región de Europa que apenas figura en nuestra memoria colectiva -salvo por la reciente emigración `procedente de ese país-, pero que tiene un interés especial a la hora de entender el Imperio Romano. Entre otras cosas, por demoler muchos de los prejuicios referentes a esa época en los que hemos sido educados. 

Por centrarme en dos de ellos. Lo único que en España alcanzamos a conocer de Rumanía -fuera de Vlad el Empalador- es que, a principios del siglo II de nuestra era, el emperador Trajano conquistó allí el reino de Dacia, cuya, incorporado luego como provincia del Imperio Romano. Un hecho que quizás tenga más resonancia de lo normal en la historia de ese imperio, dado que un monumento emblemático de la ciudad de Roma, la columna de Trajano, representa precisamente esa campaña. Con unos relieves plenos de detalles, conservados hasta nuestros días sin apenas daños, que han conformado nuestra imagen de las legiones romanas, por ejemplo, hasta que casi ésa sea la única que se representa en las recreaciones modernas del cine, el cómic y la televisión. Otro hecho, quizás menos famoso, pero igual de distintivo, es que el rumano es la única lengua latina que se habla en el este de Europa, casi un fósil lingüístico rodeado de idiomas eslavos.

domingo, 25 de abril de 2021

Meta(pre)historias

Reproducción de un bisonte de Altamira


En el MAN, Museo de Arqueología Nacional, se puede visitar una exposición de título Arte prehistórico, de la roca al museo. La muestra parte del centenario de otra exposición, la Arte Prehistórico Español de 1921, para realizar un ejercicio metahistórico. Tanto trazar los diferentes hitos en la apreciación de los objetos de arte prehistórico, ya sean rupestres o muebles, como en el modo en que éstos han sido divulgados al gran público. No sólo en 1921, sino en las décadas siguientes, a medida que el MAN se constituía, ampliaba y estructuraba, como es el caso de la reproducción de las cuevas de Altamira en los jardines del museo.

Estas indagaciones no son baladíes: lo que nosotros llamamos arte puede que no lo fuera para nuestros antepasados. Desconocemos por completo el significado que las gentes del paleolítico -y del neolíticos- daban a estos objetos, al tiempo que ignoramos las motivaciones que les llevaban a crearlos y en qué contexto -y por quién- se usaban. Es más, en el siglo que media entre 1921 -año de la exposición que se celebra -y 2021 -fecha de la que la celebra - nuestros parámetros culturales se han modificado por completo. Lo que valoraban -y proyectaban- los españoles de hace un siglo en estos objetos no es lo mismo que lo que hacemos nosotros. No ya porque sepamos más, en nuestro presente del siglo XXI, que los estudiosos de inicios del siglo XX, sino porque nuestras apetencias artísticas poco tienen que ver con las de ellos. Un ejemplo, en otro ambiente cultural, sería el caso de los frescos minoicos descubiertos por Evans: en su reconstrucción se filtraron -consciente o insconscientemente- rasgos de ese metaestilo que conocemos por Art Nouveu.

sábado, 25 de enero de 2020

Detrás de cada objeto

Grifo de bronze andalusí conservado en el Duomo de Pisa

El principal peligro de todo museo de arqueología es el de convertirse en una tienda de venta de cerámicas. Ya saben, esos comercios al borde de la carretera, en zonas turísticos, donde dormitan desde decenios multitudes enteras de vasijas panzudas, acompañadas de muestras horteras de  escultura popular en barro. Sin embargo, lo que todo visitante de un museo -y todo museógrafo- debería tener en la mente es que cada objeto tiene una historia detrás. Más importante aún, cada fragmento de cerámica es un holograma de la sociedad que lo creó. Cómo se modeló, cómo se secó y horneó, cómo se pintó y decoró, nos está señalando el nivel tecnológico de la sociedad. El cómo y para qué fue usado, incluso el cómo se destruyó y por qué- sirve de puerta a la mentalidad colectiva, las creencias y aspiraciones, de esa cultura. Por último, detrás de cada objeto hay una persona, incluso un grupo. Gentes emparentadas, conocidas entre sí, que manejaron ese objeto, lo guardaron con cuidado y acabaron por deshacerse de él, ya fuera de manera voluntaria o forzada. Seres humanos como nosotros, con quienes nos conectaría el mero hecho de sostener ese cuenco, esa vasija, esa estatuilla.

Estas reflexiones, breves, toscas e incompletas, vienen a cuento de la magnífica exposición Las artes del metal en Al-Ándalus, que se puede visitar en el Museo Arqueológico Nacional. Una muestra que no se queda en los meros objetos, tal y como nos han llegado, sino que explora toda su dimensión, desde su creación a partir de las materias primas, hasta los azares de de su conservación y transmisión hasta nuestros días. Esa dimensión humana, esencial y necesaria, a la que me refería al principio.

sábado, 12 de octubre de 2019

Lujo, calma y voluptuosidad


Si tengo que agradecer algo al CaixaForum es su dedicación constante a la Arqueología. Desde mi adolescencia, cuando devoré el libro Las colinas bíblicas (Las colinas bíblicas, Eric Zehren), sobre las excavaciones en Oriente Próximo y Egipto, esa ciencia ha sido una de mis grandes pasiones. Aquélla actividad a la que me hubiera gustado dedicar mi vida - eso, o a escribir-, sino fuera porque mi profesión terminó muy otra. Así que ya pueden imaginarse que no me pierdo mi cita anual -a veces bianual- con la Arqueología y la Caixa. Ya desde 1983, cuando pude visitar una muestra dedicada -no se lo pierdan- a la mujer en el Antiguo Egipto.

En esta ocasión la exposición tiene de título Lujo, de los Asirios a Alejandro Magno, y se centra en las artes aplicadas -Orfebrería, Alfarería, Ebanistería, incluso Jardinería- de un periodo inmenso: desde el origen de la civilización con los sumerios hasta la irrupción del Helenismo con Alejandro. Casi tres milenios en los que Oriente Próximo fue el centro del mundo mediterráneo, junto con Egipto, o al menos así lo vieron las civilizaciones que echaron a andar en en el primer milenio antes de nuestra era - griegos y romanos-, así como ellos mismos. Bien como una civilización que siempre se vio una y eterna -la egipcia-, bien como otra que fue renaciendo una vez de sus cenizas, en múltiples estados sucesores -Sumer, Akad, Babilonia, Asiria, Persia-, hasta apagarse en el caos que siguió a las conquistas de Alejandro. No de manera catastrófica, sino lenta e inexorablemente, hasta que las ciudades del creciente fértil devinieron inmensos campos de ruinas.

sábado, 6 de abril de 2019

La exhibición del poder



En el Museo Arqueológico Nacional de Madrid se acaba de abrir un exposición cuyo nombre, Cabezas cortadas, símbolos del poder, puede parecer sensacionalistas, pero que no lo es en absoluto. Lo que nos puede llevar a engaño son las connotaciones de esa expresión, que a los que tenemos cierta edad nos lleva a imágenes de poblados escondidos en la jungla, habitados por salvajes sedientos de sangre. Aldeas cuya primera visión por parte de los intrépidos exploradores protagonistas es la de una hilera de cabezas cortadas, clavadas en las estacas que sirven de empalizada.

Pero vayamos por partes. El motivo de la exposición del MAN son unos hallazgos espectaculares, realizados en la ciudad ibérica de Ullastret, no muy lejana de la colonia griega de Emporión, en la actual Ampurias. En esta población ibérica, a lo largo de una calle que contorneaba un edificio de grandes dimensiones, se encontraron una serie de cráneos, mandíbulas y espadas. Todos estos objetos mostraban signos de haber sido manipulados. En concreto, las espadas habían sido inutilizadas ritualmente, mellando su filo y dobládo su hoja, además de haberseles practicado agujeros para poder fijarlas a la pared. Las calaveras, así mismo, habían sido descarnadas, como mostraban las marcas de cuchillo, y presentaban un agujero por el que se introducía un clavo, también para fijarlas a un soporte. Incluso, en algunas de ellas se conservaba el propio clavo. 

La conclusión era obvia. Ese edificio se había decorado, en sus muros exteriores, con lo que parecían ser trofeos de victorias conseguidas. En concreto, las armas y las cabezas de los enemigos vencidos. Que esto había sido así y no se trataba, por ejemplo, de un patíbulo donde se expusiesen los restos de criminales ejecutados, venía a indicarlo las armas y en especial que algunos de los cráneos mostraban heridas de guerra, distintas de las producidas por la decapitación y posterior manipulación de los despojos. Cicatrices que, en algunos casos, no habían llegado a sanar, y que podían suponer, no tanto el motivo directo de la muerte, sino la causa de que hubieran caído en manos de sus enemigos. Sin contar que gran número de los individuos encontrados eran de avanzada edad para la época, entre cuarenta y cincuenta años, lo que apuntaba a que fueran cabecillas vencidos. 

Expuestos allí para celebrar los triunfos de los de Ullastret

sábado, 22 de diciembre de 2018

El orden del mundo

Arte del periodo de Amarna, Segunda mitad del siglo XIV a.C.





En el Caixaforum madrileño lleva abierta ya desde hace unos meses una extensa exposición dedicada a la figura del Faráon en el Antiguo Egipto. O mejor dicho, una exposición que intenta ilustrar la vida y las creencias de esa civilización mediante la figura de sus gobernantes.

Ese enfoque, como ocurre con otras culturas en las que la que la arqueología es vital para su conomimiento, se debe a las propias limitaciones y lagunas de la disciplina. Gran parte de lo que  ha llegado hasta nuestros días gira por necesidad alrededor de la figura del Faraón, en forma de pirámides, tumbas y templos funerarios. Construcciones pensadas para la eternidad, un futuro remoto en donde ellas conservarían tanto la existencia ultraterrena del Faraón como el recuerdo de sus glorias. Incluso cuando nos adentramos en entornos más privados, menos oficiales, la sombra del faraón sigue gravitando sobre ñps hallazgos. Las tumbas son ahora de funcionarios y sacerdotes al servició del gobernante, e incluso un yacimiento único, como el poblado de artesanos de Deir-el-Medina, tenía como misión la construcción y decoración de las sepulturas de la élite, los únicos con recursos necesarios para crearse moradas para el más allá.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Rompecabezas

Fresco de las musas (Tersicore) hallado en las excavaciones de la antigua ciudad romana de Cartagena
He visitado, este fin de semana, dos exposiciones en el museo arqueólogico que, cada una en su ambito, ilustran aspectos poco conocidos de los primeros siglos de nuestra historia. La primera, de nombre Las musas, sobre la Hispania Romana; la segunda, de nombre Galaicos, sobre los habitantes prerromanos de la esquina noroccidental  de la península.

Las musas es una exposición muy breve, pero no por ello de poca importancia. Recoge el hallazgo de unos frescos de Apolo  y las musas en la excavaciones de la ciudad romana de Cartagena. Obras notables por su propia rareza, al tratarse de frescos de los primeros siglos de nuestra era, puesto que fuera de la península itálica y de los contextos funerarios - o de criptas y subterráneos religiosos - es muy poco corriente encontrar muestras de la pintura romana. Además, para aumentar su valor, fueron pintados en un estilo similar al de una de las etapas idenficadas en la ciudad de Pompeya, ese catálogo al aire libre de la pintura altoimperial.

sábado, 16 de junio de 2018

Músicas olvidadas, lenguas desaparecidas




En el Caixaforum madrileño se acaba de inaugurar una exposición que es de las esenciales de este año. Al menos para mí, ya que aúna dos de mis pasiones: la arqueología y la música. Su nombre es Músicas en la Antigüedad y tiene como objeto la reconstrucción, en la medida que los restos que nos han llegado y sus interpretación arqueológica nos lo permite, de la práctica musical en las cuatro culturas que dominaron el mundo mediterráneo durante la Edad Antigua: Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma. Una tarea ardua y difícil, que se construye sobre un doble silencio, el de la aparente ausencia de partituras que nos permitan interpretar y escuchar la música de esas civilizaciones, unido al hecho de que en muchos casos no sabemos como se pronunciaban esas lenguas. Ignorancia que puede sorprender en el caso del Latín y el Griego, centrales en la cultura de la Europa de la Edad Moderna, pero lo cierto es que la investigación reciente ha demostrado cuál lejos está la pronunciación real de la heredada, vía la iglesia en el caso del Latín, de su uso moderno en el caso del griego.

Ese silencio incómodo contrasta con el estado de nuestro conocimiento en otros ámbitos de esas culturas. De Grecia y Roma es tan extenso y profundo, que puede caerse fácilmente en el espejismo de pensar que nos es posible recrear sus modos de pensar, sentirnos como auténticos griegos y romanos. Nuestro saber sobre Egipto y Mesopotamia es mucho más fragmentario, pero aún así hemos recuperado lo suficiente de su arte y literatura, de sus sistemas de creencias y modos de gobierno, que podemos llegar a sentirnos próximos a ellos, aunque, de nuevo, esto sólo sea una ilusión. No nos damos cuenta de que nos falta un elemento esencial,  sin el que toda cultura humana se ve mutilada: la interpretación y el disfrute de la música. Más importante aún si se tiene en cuenta que, en el pasado, la interpretación musical estaba a cargo de toda la sociedad por entero, ya fuera por su participación en los ritos religiosos o en los cantos de las fiestas comunales. Por poner un ejemplo de la pérdida que supone este silencio musical, sólo hay que pensar en cómo cambiaría nuestra percepción de la cristiandad medieval si su música se hubiese perdido. Si no contásemos con las partituras que nos permiten gozar del Gregoriano, la Polifonía, las canciones de los trovadores, o la larga tradición de canción profana. 

martes, 17 de octubre de 2017

El fin de la civilización

Ahora, transcurridos veinte años desde la publicación de la obra de Drew, e incluso después de un debate ininterrumpido y un flujo constante de publicaciones especializadas sobre el tema, seguimos sin haber alcanzado un consenso general sobre qué provocó la destrucción o el abandono de cada uno de los grandes centros de las civilizaciones que desaparecieron con el crepúsculo de la Edad del Bronce. El problema puede resumirse, de modo conciso, en el siguiente esquema:

Observaciones Principales
  1. Tenemos una serie de civilizaciones distintas que florecieron entre los siglos XV y XIII a.C, en el Egeo y el Mediterráneo oriental, desde los micénicos y minoicos hasta los hititas, egipcios, babilonios, asirios, cananeos y chipriotas. Eran grupos independientes, pero interactuaban de forma sistemática unos con otros, sobre todo a través de redes de las rutas comerciales internacionales
  2. Está claro que muchas ciudades quedaron destruidas y que las civilizaciones y la vida de la Edad de Bronce tardía, según sus habitantes la conocieron en el Egeo, el Mediterráneo oriental, Egipto y el Oriente Próximo, se terminaron hacia 1777 a.C. o poco después.
  3. No se han presentado pruebas rotundas sobre quién o qué provocó ese desastre, que terminó con el desmoronamiento de estas civilizaciones y el fin de la Edad de Bronce tardía
Eric H. Cline, 1777 a.C el año en que la civilización se derrumbó

Mi pasión por la historia se debe, en buena medida, a mi lectura, allá en mi juventud, del Atlas Histórico Mundial de Hilgeman y Kinder. Es una obra que necesita un revisión urgente, puesto que no recoge lo mucho que hemos aprendido sobre el pasado en las más de cinco décadas desde su concepción. Por ejemplo, con el desciframiento de la escritura maya. Sin embargo, continua siendo una fuente insustituible de datos, casi la única obra actual con la que es posible hacerse una idea coherente de la historia universal.

Algo que me fascinó, cuando me asomé por primera vez a ese libro, fue el toparme con momentos de tránsito entre épocas que para mí eran desconocidos. En la escuela sólo me habían enseñado los más obvios: la caída del Imperio Romano, el Renacimiento, la Revolución Francesa. De lo que nadie me había hablado, por ejemplo, es de la importancia del siglo XI en la historia europea. Ése fue un momento en que se constituyeron gran parte de los estados que ahora vemos reflejados en el mapa. En el que además, Europa comenzó a verse como una unidad e intentó, por primera vez, proyectarse fuera de sus fronteras, en la locura sin fruto que fueron las cruzadas.

Luego estaba la crisis del 1200 a.C. Otro tiempo en que la faz del mundo se cambió por completo y que es el objeto del libro de Cline que les estoy comentando. Para que se hagan una idea, hacia 1250 a.C en Oriente Medio existían dos potencias hegemónicas: El Imperio Hitita, o Hatti como lo llamaban sus habitantes, y el Imperio Nuevo Egipcio. Ambos se habían enzarzado en una lucha sin cuartel por el dominio del Levante Mediterráneo, las actuales Siria, El Líbano e Israel. Una guerra que había terminado en tablas y había llevado al primer tratado conocido de reparto del mundo en zonas de influencias: El llamado tratado de Kadesh, de 1260 a.C.

sábado, 14 de octubre de 2017

Historias del pasado

Ajuar Romano de Cristal de Roca © MAN

Una de las grand exposiciones de este año, por lo que muestra y por lo que no muestra, es la llamada El poder del pasado, recién abierta en el Museo Arqueológico Nacional, MAN en abreviatura. Su atractivo, en primer lugar, está en los propios objetos expuestos, algunos auténticas piezas únicas, como el canto rodado de la cueva de Abauntz sobre el que se grabó, a finales del paleolítico, el que podría ser el primer mapa de la historia. Además, excepto algunas piezas del propio MAN, la mayoría de los objetos nunca se han mostrado juntos, sino que se guardan repartidos por muchos de los museos de arqueología de la geografía española, habiendo sido prestados para la ocasión. Sí, incluso por esa autonomía tan de moda en estos últimos días.

Sin embargo, el propósito de la muestra no es anticuario, sino construir una historia de la arqueología en nuestro país. La muestra se estructura así en cuatro partes, que abarcan los 150 años, más o menos, que componen su historia. Una primera fase que podríamos llamar romántica, en la que una serie de pioneros, como Schulten, los Siret o Sanz de Sautuola, básicamente se limitaban a remover piedras y recuperar objetos llamativos. Como mucho se realizaban  esquemas de lo descubierto y de su lugar de hallazgo, y eso sólo cuando su formación previa así les había enseñado, caso de los ingenieros Siret. Una segunda etapa, la de Alfonso XII y la República, inauguraría la entrada de la arqueología científica, tal y como estaba empezando a ser postulada y sistematizada en la Europa coetánea. En ella que brillarían los primeros expertos y especialistas de la arqueología hispana, caso de Bosch Gimpera, además de las primeras síntesis generales.  

Llegaría luego, con el Franquismo, lo que podríamos llamar la arqueología institucional, en la que el estado crearía y mantendría organismos para la investigación y preservación del pasado, o transformaría por completo los existentes, caso del propio MAN,  que en muchos casos se mantienen en esa forma incluso hoy en día. Por último, tendríamos la arqueología de la democracia, periodo en la que se produciría una descentralización de la actividad arqueológica, trasladada a las diferentes comunidades, además de una privatización de sus actividades, a cargo de empresas cuyo negocio son  las muchas excavaciones de urgencia que precisa el desarrollo urbano y de comunicaciónes.

Sin embargo, y a falta de leer el catálogo, me da la impresión que esta muestra no va más allá de esta mera catalogación. Y no es por descuido o desinterés, ya que de vez en cuando, en los rótulos que sirven de introducción a la diferentes secciones, se cuelan comentarios que buscan hacer balance de las diferentes etapas. Juzgarlas incluso, como ya veremos.

sábado, 29 de julio de 2017

Lo que desconocemos

Pintor de Antimenes, Hidria
En el Caixaforum madrileño se acaba de abrir una muestra, Agón!, dedicada, en principio, al deporte en la Grecia Clásica. Digo en principio porque hacia la mitad de la visita la exposición varía su enfoque, ampliándolo hacia la cultura, el mito y la vida cotidiana. Y aquí nos topamos con un problema básico en el conocimiento que tenemos de la antigüedad clásica y que por supuesto no es culpa, ni responsabilidad, de esta muestra.

Aparentemente, si visitamos los museos o consultamos las bibliotecas, disponemos de una ingente cantidad de datos sobre la vida de griegos y romanos durante la Era Antigua. Muchos de sus escritos han sido de lectura común y cotidiana, al menos en colegios y universidades, hasta ayer mismo, mientras que sus mitos e historias eran conocidas casi por cualquiera, como ocurre con las series de televisión de actualidad. Incluso ahora, cuando empieza a ser patente una desconexión definitiva entre nuestra civilización y el recuerdo que tenemos de la suya, al pasear por los museos se encuentran objetos y útiles que continúan siendo reconocibles, sin que su diseño o su función hayan cambiado mucho en estos dos milenios.

Sin embargo esa continuidad es un espejismo. No porque sea cierto el dogma del postmodernismo, según el cual es imposible la comunicación entre civilizaciones, de manera que los antiguos ya no son nuestros contemporáneos, ni su pensamiento accesible. Muy al contrario, lo que ocurre es que cuanto más aprendemos de ellos, nuestro conocimiento se descubre superficial e incompleto, sin posibilidades de completarse por falta de datos esenciales. La ventana con la que observamos ese mundo pasado está distorsionada por el hecho de que quienes nos hablan son personas de una clase social determinada - la élite, normalmente -  y de unas ciudades muy precisas - las capitales de imperios y hegemonías -. Sin querer, igualamos Grecia con Atenas, Roma con la ciudad que dio nombre a su Imperio,. Fuera quedan metrópolis como Alejandría, Éfeso, Pérgamo o Antioquia; o las muchas formas en que el sistema romano se plasmó en las ciudades de su Imperio.

miércoles, 6 de julio de 2016

Encrucijadas (y III)

No modern historian need shrink from following Theopompus in recognizing that Philip did what he did, and what his predecessor had been unable to do, because Philip was Philip. There is, however, a negative side to the explanation of Philip's rise, namely the absence or ineffectiveness of early opposition to him. If has been said that "it is arguable that Ceasar (in 60 BC) would not have made such an immediate impact on Roman politics has the state been (in Ciceronian lenguage) less wretched and "unstable". Something similar can be said about Philip in his relation to the traditional Greek powers.Each of them was in deep trouble in the 350s: The Thebans, because of the protracted, bitter and useless Sacred War fought for possession of Delphi in 355-346 (the first diplomatic shots were fired in 357); the Spartans because of their loss of Messenia and their problems inside the Peloponese; and the Athenians because of the Social War, i.e., the war against their seceding allies.

The Greek World 479-323 BC,  Simon Hornblower

Ningún historiador tiene que temer seguir a Teopompus cuando reconoce que Filipo consiguió lo que consiguió, y que sus predecesores fueron incapaces de conseguir, porque Filipo era Filipo. Existe, no obstante, un aspecto negativo en la explicación del ascenso de Filipo, principalmente, la falta o ineficacia de una oposición temprana a su figura. Se ha dicho que es debatible que Cesar, hacia el 60 a-.C, no habría tenido un impacto directo en la política romana si el estado hubiera estado (en la expresión ciceroniana) menos carcomido e inestable. Algo similar se puede decir de Filipo en sus relaciones con las potencias tradicionales griegas. Cada una de ellas estaba en graves dificultades en la década del 350 a.C: los tebanos, por la interminable, agria e inútil Guerra Sagrada librada por la posesión de Delfos en 355-346 (los primeros encontronazos diplomáticos fueron en 357); los espartanos debido a la pérdida de Mesenia y sus problemas dentro del Peloponeso; y los ateniense debido a la Guerra Social, es decir, la guerra contra sus aliados en secesión.

Ya les dije que hace unas entradas que había reanudado mi lectura de la Historia del Mundo Antiguo editada por Routledge. Me queda un volumen por conseguir, que espero se publique a finales de julio, pero por lo que llevo leído, sus tomos se dividen en dos categorías: los largos y los cortos. Largo, de más de 500 páginas de extensión; corto, sin superar la barrera de los 300. El último tomo que he leído, dedicado al mundo griego de los siglos V y IV pertenece a esta segunda categoría y esto le hace cojear un tanto en el análisis de esos dos siglos fundamentales en la historia grecorromana y la civilización occidental.

Sus carencias se deben tanto a la falta de espacio, que le impide analizar en detalle los fenómenos de ese periodo, como a un error en el enfoque del estudio. Más incluso por esta última razón, puesto que lo habitual en tratados históricos de poca extensión es olvidarse de la narración factual y adentrarse en cambio en la descripción de los fenómenos sociales y culturales. Un cambio de objetivo que, en este tema histórico, habría llevado a hablar de la democracia ateniense y su oposición al sistema espartano, del nacimiento del teatro y la comedia como elementos fundamentales en el debate político, de la aparición de un arte humanista y realista, aunque ciertamente idealizado, además de la fundación de la filosofía al modo occidental. 

Fenómenos antiguos que siguen perteneciendo a nuestra actualidad cotidiana y de los que es tan importante conocer su gloria como su fracaso. Entonces y ahora, porque la democracia y el teatro sobrevivieron en el siglo IV de forma desvirtuada, limitados y censurados, mientras que la filosofía de Platón y Aristóteles no deja de ser un ímprobo esfuerzo por hallar las causas del fracaso ateniense.

sábado, 23 de abril de 2016

Conexiones e intermediarios

Palacio de Mheila

Supongo que sabrán de mi amor por la arqueología, así que no tengo que explicarles el profundo dolor que me producen las repercusiones de la situación política actual en el Oriente Próximo sobre la conservación de su patrimonio artístico. A la interrupción de las excavaciones en Iraq y Siria, el saqueo generalizado debido al hundimiento de los estados respectivos y las necesidades de supervivencia de sus poblaciones, se ha unido la aparición de un extremismo religioso iconoclasta que busca rehacer el presente borrando el pasado. En su acciones lo peor no es ya que se vuelen unas cuantas piedras milenarias o que se saqueen museos, sino que esa destrucción sistématica utilizando medios tecnológicos modernos nos está cerrando las vías que nos permiten  encontrar respuestas a preguntas como las causas del inicio de la agricultura, la fundación de ciudades o la invención de la escritura. Definitiva e irremediablemente

En medio de este pesimismo, un rayo de esperanza, en forma de exposición. Se trata de la organizada por el Museo Arqueológico Nacional - de verdad, si no han ido a verlo, háganlo inmediatamente - con el título En los confines de Oriente Próximo, dedicada a los hallazgos de las misiones arqueológicas españolas en los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Se trata de una región que podríamos calificar de periferia de una periferia, alejada de los centros tradicionales de poder, como Mesopotamia, Irán, India o el ámbito grecorromano, e incluso de potencias secundarias que aparecían intermitentemente en las fuentes cuando chocaban con los poderes hegemónicos, como Saba en Yeman, Petra y el reino de los Nabateos, o la Armenia del Caucaso. Lugares aislados de los que sólo tenemos escasas alusiones, generalmente vagas y contradictorias, y donde no han quedado monumentos que asombren.

jueves, 14 de enero de 2016

Cultura popular

Cleopatra, Lavinia Fontana

La Fundación  Canal tiene predilección por las macroexposiciones, que, como pueden imaginar, unas veces les salen bien, otras mal. Un ejemplo de mala exposición fue la reciente La Ruta de Cortés, casi una exculpación de la conquista española y loa de los beneficios que esta trajo a los bárbaros de las Américas, como si aún estuviéramos en ciertos tiempos pasados de exaltación imperial. Curiosamente, las buenas suelen ser siempre las relacionadas con la arqueología y la historia antigua, donde esta institución ha brillado en la difusión de culturas y periodos poco conocidos para el gran público, además de ponerlos en relación con nuestro presente.

Tal es el caso de la exposición Cleopatra y la fascinación por Egipto que se puede visitar en sus salas desde finales del año pasado.

miércoles, 6 de enero de 2016

La noche de los tiempos

Calco de las pinturas rupestres de la cueva de la vieja
Perdida en el panorama expositivo madrileño hay una muestra que, me temo, pasará sin pena ni gloria, pero que es esencial para todo amante de la arqueología y de la prehistoria, como es mi caso. Se trata de la exposición Arte y Naturaleza en la Prehistoria, abierta en el Museo de Ciencias Naturales, que recoge los calcos que a principios del siglo XX la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas realizó del patrimonio de pintura rupestre español. Unas copias que en algunos casos tienen una importancia capital. ya que los originales han sido destruidos, han desaparecido o se han deteriorado sin remedio en el siglo que media desde la creación de estos calcos.

Cuando se habla de pintura rupestre lo primero que se piensa es en Altamira, como ejemplo del arte paleolítico de la cornisa cantábrica, repartido entre Francia y España. No es para menos, ya que el fulgor de ese arte tan temprano deslumbró a sus descubridores por la perfección y expresividad en la representación de los animales. Esa exactitud parecía más bien propia de épocas más tardías, de sociedades y culturas más evolucionadas, y por tanto fuera de lugar en el contexto de un hombre aún salvaje y primitivo. Llevó mucho tiempo y mucha controversia, además de varios descubrimientos capitales, aceptar que ese bagaje intelectual y estético, la capacidad de representar con precisión el mundo que nos rodea, era una de las características del Homo Sapiens casi desde su origen.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Los rostros, las personas, los abismos

Hermafrodito, Escultura Romana siglo II
Ya les he hablado en otras ocasiones de la curiosa especialización temática en la política expositiva de los diferentes museos y fundaciones madrileñas. En el caso del Caixaforum, esta institución se ha centrado en revisar el pasado de la humanidad según se manifiesta en los restos arqueológicos. Así, hemos podido visitar Egipto en varias ocasiones, el Asia Central, las culturas autóctonas del Africa occidental, el Tibet, el Afganistan preislámico, la cultura Chimu, Etruria, Teotihuacan, Súmer, o la antigüedad grecorromana, como es el caso de la exposición abierta ahora:  Mujeres de Roma.

Aunque este esfuerzo es más que loable, especialmente en un país que tan poco respeto tiene a sus yacimientos y restos arqueológicos, no siempre ha sido afortunado. En la exposición dedicada a Súmer, por ejemplo, se realizaban ímprobos esfuerzos para demostrar que los Sumerios, como entidad política o pueblo, no habían existido nunca, de manera que la propia lengua sumeria quedaba reducia a invento conveniente, lengua artificial para permitir la comunicación entre una amalgama gentes de muy diversos orígenes y lenguajes. Como teoría es intrigante y a pesar de su evidente radicalidad,  muy digna de estudio u consideración... sólo que no he logrado encontrar confirmación de que realmente se formule en esos términos o de cual es el grado de credibilidad que merece. La misma wikipedia, tan propensa a dar pábulo a las ideas más excentricas, guarda completo silencio sobre el tema.

sábado, 11 de julio de 2015

Los siglos, las culturas y las gentes

Escena de sacrificio en cerámica Mochica

Ya saben que me quejé mucho cuando en el Caixaforum empezaron a cobrar la entrada. Eso no quita que sepan organizar exposiciones magníficas que se salen de lo habitual, ya saben, el Impresionismo como único movimiento artístico de los últimos 200 años. Entre esas excentricidades culturales suyas está la arqueología, plato que nos sirven este verano por partida doble, con sendas exposiciones dedicadas a la cultura Mochica del Perú y al Egipcio faraónico. Dos muestras que, con perdón de Zurbarán y el Kunstmuseum de Basel. son las mejores de este verano. Sin discusión alguna ni posibilidad de apelación.

Cuando se piensa en las civilizaciones de Sudamerica el primer nombre que viene a la mente es de los Incas. Sin embargo, son dos culturas anteriores, la Nazca-Paracas y la Mochica-Chimu, las que nos suministran los objetos artísticos que consideramos característicos de ese tiempo y ese área, aunque ambas civilizaciones no puedan ser más distintas en su "arte" - si es que ese concepto moderno le es aplicable-. Nazca-Paracas destaca por su el colorido puro y el geometrismo a ultranza de sus telas y cerámicas, que llega casi a rozar la abstracción; mientras  Mochica-Chimu se halla en el extremo opuesto, en un naturalismo que nos parece cercano y actual, ajeno a ese ámbito precolombino y propio de una sociedad moderna como la nuestra.

lunes, 22 de junio de 2015

Mostrando el pasado (y VIII): Problemas, limitaciones y ausencias


Esculturas Ibéricas de Porcuna, obviamente no expuestas en el MAN

En las entradas anteriores quería haber hecho una valoración equilibrada y objetiva del nuevo montaje del MAN, pero al terminar me he dado cuenta que no he hecho otra cosa que subrayar sus defectos - que los tiene, es innegable - mientras que soslayaba sus muchas virtudes. Otro ejemplo más de mi tendencia a las jeremiadas, que me lleva a hacer de menos a aquello que más quiero. Lo bueno es que, afortunadamente, nadie me hace caso.

Pero ya en serio, el MAN es uno de los grandes museos de Madrid, con una colección repleta de obras únicas, mediante las que se puede trazar una historia completa de las Península Ibérica hasta 1800, recorrido histórico al que hay que añadir las interesantes salas dedicadas a las civilizaciones egipcia y griega. Por su puesto, independientemente del valor y la importancia de los objetos que albergue, todo museo corre el peligro de devenir almacén, desván o cuarto trastero, como ocurrió con el anterior montaje. Para evitar esto, el MAN ha tomado la difícil decisión de retirar gran parte de los objetos antes expuestos, para aligerar así la visita, mientras que ésta se complementa con explicaciones que intentan no apabullar con un excesivo despliegue de datos ni siendo demasiado técnicos o eruditos.

El museo intenta ser así pedagógico y accesible, aunque sin caer en la exageración de los museos de ciencias actuales, que parecen destinados únicamente a los escolares. No obstante, estos cambios no significarían nada si el MAN continuase anclado en el marco formal, la arqueología cultura, de su antigua exposición y no se hubiera realizado una revisión exhaustiva de lo que se muestra y como se muestra, para adaptarlo las nuevas ideas y corrientes. El enfoque se torna así claramente antropológico, intentando conectar lo expuesto con el uso y el significado que nuestros antepasados pudieran darle, para así abrir una ventana con nuestro pasado y al mismo tiempo hacia nuestro presente, hacia nosotros mismos, tan lejanos y tan próximos simultáneamente de esas culturas y de esos muertos olvidados.


sábado, 13 de junio de 2015

Mostrando el pasado (y VII): Problemas limitaciones y ausencias


Resulta curioso que en un museo que se llama arqueológico nacional, dos de las secciones más interesantes y mejor expuestas sean las dedicadas a dos culturas extrapeninsulates: la Egipcia y la Griega Clásica, aunque esta última con influencia directa en nuestra protohistoria.

sábado, 6 de junio de 2015

Mostrando el Pasado (y VI): Problemas, limitaciones y ausencias

Estatua Orante de Pedro I de Castilla

En la entrada anterior de mi revisión del nuevo montaje del MAN me quedé sin espacio cuando le llegaba el turno a las salas dedicadas a los reinos cristianos medievales. No obstante, esta detención aunque casual, ha sido muy oportuna. ya que remeda la que el propio MAN ha buscado en su narración de la historia peninsular. El hecho que se busca subrayar con esta interrupción es que la España actual es heredera directa de esos reinos medievales, siendo su evolución pareja a la del resto de la cristiandad occidental,  hecho que incluso ahora, en estos tiempos laícos cuando no de negación directa de la divinidad, sigue pesando sobre nosotros.

Por esa razón, haberse llevado las colecciones medievales cristianas, junto con las de la edad moderna, a las nuevas salas de la planta primera, aisladas así del resto del objeto, es una decisión muy apropiada, ya que anuncia el comienzo de un tiempo nuevo: cómo la península Ibérica acabó integrada en el occidente cristiano, revertiendo un proceso de integración en el Islám que a principios del siglo X parecía una conclusión hecha y que durante los siglos XI y XII se mantuvo como una posibilidad.

Dejando esto a un lado, esta cisura espacial denota también un cambio en el origen de los objetos expuestos que ya les había comentado referente a las salas visigóticas y árabes. No estamos tratando ya, salvo excepciones, con objetos encontrados en excavaciones arqueológicas, sino con artefactos rescatados de edificios en ruina o derribados, o con conjuntos procedentes de colecciones nobiliarias y reales. O por redundar más aún en esta idea, no hablamos de artefactos culturales de civilizaciones desaparecidas, perdidos y vueltos a recuperar, sino de materiales que una civilización consideró valiosos como signos de identidad, para así ser salvados de la destrucción que les amenazaba... o ser reconstruidos cuidadosamente si esta se había producido.