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domingo, 26 de agosto de 2012

100 AS: Conclusiones

Tras más de dos años y medio de reseñas dominicales, finalmente he conseguido cumplir el reto de revisar todos los cortos en la lista de cien mejores recopilada por el festival de Annecy, a los que se han añadido 24 más procedentes de la llamada lista B, la recopilación internetera de la lista de 100, en la que se incluían otros cortos para substituir los que no se habían podido encontrar.

Ha llegado por tanto el momento de escribir unas breves conclusiones que resuman lo aprendido/descubierto durante estos treinta y un meses.

Hablando de la la lista en sí, hay que señalar en primer lugar que en los cien cortos recogidos en la lista hay pocos autores que repitan corto. Son McKay, Back, Norstein, el matrimonio Alexeïeff, Lye, McLaren (con cuatro), Jones, los Fleischer (con tres) Avery (también con tres), el tandem Disney/Iwerks, Laguionie, Hubley, Schwizgebel, Dunning, Tezuka, Lenica y Borowzick. Un total de 16 autores y 37 cortos, siendo los restantes 63 cortos de sendos autores.

 Resulta curioso que a esta lista se la haya acusado de no reflejar la animación comercial, consistiendo únicamente en animación independiente o experimental. Sin embargo, entre estos autores que hacen doblete nos encontramos a nombres archifamosos (Jones, Avery, Disney, Tezuka y los Fleischer) cuya obra entera se realizó en el ámbito de esa animación comercial, de forma que esta vertiente de la producción animada se halla más que cubierta. Por otra parte, ese giro evidente hacia la animación experimental e independiente, se debe a que, mucho más que en otras ramas de la cinematografía es allí donde se gestan las técnicas y estilos que luego serán utilizadas por sus variantes comerciales, una producción que desgraciadamente, una vez pasado el tiempo de los pioneros, parece limitarse a reciclar y reutilizar lo pensado y explorado por otros.

Es además ese enfoque sobre la animación independiente/experimental la que explica en parte la variedad de autores que aparecen en la lista, ya que sólo así es posible apreciar la gran variedad de técnicas animadas que existen representadas, cada una con un carácter y unos problemas propios, y en muchos casos aún por explorar, permitiendo que cada autor pueda labrarse un estilo y una personalidad original, como queda demostrado al revisar la lista.

Esta variedad, no obstante, oculta la dura realidad del trabajo de la animación. Si hay tanta variedad es también porque la obra completa de demasiados de estos artistas cabría en un único DVD. Esta parquedad es debido tanto a la dificultad de la creación animada (un corto de esta lista puede suponer fácilmente varios años de trabajo) como las dificultades económicas que la mayoría de los animadores tienen que sobrellevar, lo que provoca que gran parte de la producción animada de estos cien años (la experimental digo) sólo haya podido culminarse en condiciones de subvención, llámase esa entidad NFB, Soyuz Films, Zagreb Studios o Channel Four.

Una condición de precariedad agravada por el hecho de que la animación es una especie de cenicienta dentro del mundo de la cinematografía, encasillada tanto por crítica como por público, sin que la mayoría de sus artistas hayan recibido jamás el reconicimiento que merecían ni en muchas ocasiones hayan podido pasar de ser una promesa, limitándose su obra a sus ejercicios de fin de carrera (la inmensa mayoría de la producción independiente animada si se deja al lado la obra de los maestros consagrados) para luego perderse en la selva de la animación comercial, tumba de tantas vocaciones e ilusiones.

Un desprecio crítico que ha provoca así mismo que la animación haya permanecido en el más absoluto desconocimiento para los aficionados y que los amantes de la animación tenga que dedicarse a una auténtica labor detectivesca para conseguir los cortos que buscan, tarea que no siempre se ve culminada con el éxito, como los lectores de estas reseñas habrán podido comprobar.

Ya de forma personal, aunque yo siempre haya sido un admirador de la animación, el obligarme a ver y pensar cada uno de los cortos ha sido parecido a recibir una educación en esta forma de la que carecía. Mi forma de concebir y apreciar la animación es completamente distinta a la de dos años y medio, ya que me ha servido para descubrir y experimentar la variedad de sus técnicas y, sobre todo, para entrenar al ojo a distinguir entre la buena y la mala animación. Algo que, desafortunadamente, ha servido para quebrar el hechizo en que el anime me tenía sumido, cuyas series ya no puedo ver con la misma inocencia que antes de embarcarme en este proyecto.

¿Retos para el futuro? Pues me ronda por la cabeza el reseñar las colecciones de animación que distribuye anualmente un estudioso de la animación que se esconde bajo el apodo de Beltesassar. Lleva ya 17 recopilaciones, con más de ciento cincuenta cortos en total, con el gran atractivo de intentar recuperar y conocer  lo mejor que anualmente se produce en la escena animada. Revisar esta lista serviría al doble propósito de intentar adivinar los nuevos caminos que puede tomar la animación, además de forzarme a juzgar la calidad de cada corto, sin confiar en la aprobación crítica de la que gozan las obras ya pertenecientes a la historia de esta forma.


domingo, 19 de agosto de 2012

100 AS (Cb): Bambi meets Godzilla (1969) Marv Newland


Como todo se acaba, ya sea bueno o malo, hoy llegamos al final de la revisión de la lista de los 100 mejores cortos animados recopilada por el festival de Annecy, que voy a cerrar con un corto de la lista 'B', ya saben los que se añaden en la recopilación internetera para substituir a los que son difíciles o imposibles de encontrar.  El corto elegido es Bambi meets Godzilla, realizado en 1969, por Marv Newland, un corto más apropiado de lo que se podría suponer.

Ya le he dicho en muchas ocasiones lo larga que es la sombra proyectada por Walt Disney sobre el mundo de la animación. La mayor parte del público sigue midiendo la calidad de los productos animados en términos disneyianos, mientras que las productoras comerciales americanas, incluida Pixer siguen trabajando sus viejas fórmulas, aunque estas se hallen disfrazadas de un cierto desapego postmoderno. Por otra parte, las formulaciones críticas que surgieron de la Nouvelle Vague y a las cuales se debe el canón fílmico que estuvo en vigor hasta ayer mismo, coincidieron en condenar a la animación como ejemplo perfecto del anticine, desterrándola a las tinieblas exteriores de la cinefilia, lo cual en mi opinión es debido a que el origen de este desprecio crítico coincide con las décadas de dominio absoluto del estilo Disney, justo después de la anarquía animada de los años 20 y 30, y justo antes de la explosión de la animación experimental en los años 60.

En cierta manera la historia de la animación en la segunda mitad del siglo XX puede contarse como un intento continuo por librarse de las cadenas del estilo Disney, devolviendo a esta forma la libertad y la variedad de sus inicios. El impulso inicial sería dado por la UPA en 1950, estudio de breve duración y menor producción, pero que resulto indispensable para quebrar el monopolio del estudio del ratón. De la UPA saldrían personalidades esenciales en la historia de la animación como el matrimonio Hubley y Gene Deitch, mientras que la crisis de los estudios en 1960 pareció abrir las puertas a un renacimiento de la animación independiente, liderado por Ralph Bashki.

Hoy sabemos que no fue así, que la animación americana llegaría a casi extinguirse en los años 70, gracias a la política de recortes de Hanna-Barbera, hasta ser "salvada" en los años 80 por Disney y Pixar, pero sobre todo por el surgimiento en la TV de series atípicas, tanto aquellas destinadas a un público maduro (de The Simpsons a Family Guy) como las promovidas por Cartoon Networks en su tiempo de gloria. Sin embargo, si bien la semilla de una nueva animación no arraigo en tierras americanas, fructifico en Europa, donde durante casi tres décadas, de 1960 a 1990, las escuelas polaca, rusa, checa y yugoeslava (Zagreb) crearon una obra maestra tras otra, en una onda de choque que ayudo a crear y mantener una brillante pléyade de animadores en el Reino Unido (ya saben, ése país sin cine, en opinión de la critica afrancesada) o el mismo Japón, aunque esta se viera eclipsada por la prevalencia y exportabilidad del anime. Un florecimiento internacional que no estaría completo sin el mecenazgo de la NFB de Canadá, que desde 1950 ha subvencionado a decenas de animadores independientes occidentales, cuya obra jamás hubiera podido llevarse a cabo sin sus subvenciones, y el mundo se hubiera quedado sin un buen puñado de obras maestras absolutas.

Pero ya saben, la animación es sólo Disney o Pixar, o si se me ponen subversivos, South Park y Family Guy.

En este combate contra el fantasma de Disney y sus muchos apoyos (el público en general y la mayor parte de la crítica) se pueden participar de muchas maneras, una de ellas el ataque directo, como es el caso del corto de Newland. En él se satiriza el inmenso aparato de producción, presentando una larguísima lista de créditos, y su perfecto acabado formal, reduciendo a uno de los iconos de la compañía del ratón, Bambi, a un mero boceto, con un lejano parecido al modelo imagen validada por Disney, sin color ni fondo, e inmerso en un torpe bucle que se repite durante todo los títulos de crédito.

Un corto cuya sátira de esa animación hinchada y apabulladora promovida por la Disney, se traduce tanto en la destrucción del icono amado por los niños, a manos de otro icono, éste sí, sin pretensiones de trascendencia ni perfección, y en la pequeñisima duración del corto, que termina antes de haber siquiera empezado.

Como siempre, les dejo aquí con el corto, para que juzguen por sí mismos, y si tienen tiempo la semana que viene, les emplazo para una entrada  en la que intentaré reunir unas cuantas conclusiones sobre estos dos años largos de reseñas.



Bambi meets Godzilla - Marv Newland (1969) from O.C. on Vimeo.

domingo, 12 de agosto de 2012

100 AS (C): Flux (2002): Christopher Hinton


















Aunque parezca mentira, he llegado al final de la lista de cien mejores cortos animados recopilada por el festival de Annecy hace ya unos años. No será la última entrada, puesto que me queda aún un corto de la lista B y un pequeño epílogo, con las conclusiones de estos dos años de reseñas, lo cual me ocupará los siguientes dos domingos. Por ahora, me voy a limitar el corto número 100, Flux, realizado en el año 2002 por Christopher Hinton para la NFB (no creo que necesiten que les explique otra vez qué es la NFB ¿no?)

Flux es un corto excelente para concluir la lista, especialmente porque nos recuerda la falsedad de uno de los errores más comunes en la apreciación de la animación: el de su belleza basada en la perfección técnica. Como ya saben, este dogma tiene su origen en la victoria del Disney sobre su competidores hacia 1940, lo que convirtíó a su estilo en el estilo dominante, con tanta fuerza que más de 70 años más tarde seguimos viendo la calidad de la animación con las gafas del estudio del ratón, por muy sofisticados, subversivos o postmodernos que nos creamos.

El corto de este domingo se aparta violentamente de los ideales Disney y elige la fealdad como su marco expresivo, reduciendo a sus personajes y el espacio que lo habitan a meros garabatos infantiles, manchas de tinta móviles, donde las leyes de la proporción o de la perspectiva no son validas. Ni siquiera la historia que se cuenta se salva de esta demolición de todas las reglas, puesto que hasta muy avanzado el corto, el espectador será incapaz de determinar qué es lo que se le está contando o si se le está contando algo, aparte de una serie de anécdotas mal hilvanadas, con tintes ligeramente subversivos.

No obstante esta supuesta tosquedad y torpeza es sólo una ilusión. Sí se observa con atención el corto y, sobre todo, si se le pasa fotograma a fotograma, la auténtica piedra de toque de la buena animación, se observará el cuidado y la precisión con que cada movimiento ha sido ejecutado, utilizando todo tipo de recursos, como la repetición de los elementos en movimiento, la distorsión y elongamiento de los mismos o su difuminación, para conseguir que sea más expresiva e interesante. Es precisamente porque los personajes y su ambiente no son otra cosa que garabatos infantiles o manchas de tintas, que esa expresividad fuera de toda norma sea posible, como cuando un personaje estira el brazo hasta la casa de la que ha salido y se trae todo el edificio hasta donde él está, lo cual estaría prohibido en una animación "realista" como la clásica de Disney o en su heredera 3D, encorsetadas ambas, como ya saben, en la misma perfección de la que presumen.

Es esta libertad absoluta, que convierte el espacio del papel en un ámbito en el que cualquier cosa puede ocurrir, lo que a muchos nos hace amar con locura la animación. Una libertad que no es sólo estética, en cierta manera huera y sin sentido, sino que se extiende a los aspectos temáticos, como en este corto donde siguiendo su aparente desorden visual, los elementos de la historia no se ordenan en una progresión previsible sino que se van arrojando aquí y allá, sin conexión aparente hasta que la mente del espectador es capaz de reunirlos y ensamblarlos como si fuera un puzzle.

Porque lo que se nos está contando es la vieja historia del ciclo de la vida, en la que unos nacen y otros mueren, cambiando así continuamente de actores, pero representando siempre la misma obra.

Como todas las semanas, les dejo aquí con el corto, que lo disfruten y ya saben nos vemos aún dos semanas más.



domingo, 5 de agosto de 2012

100 AS (IC): Les jeux des Anges (1964) Valerian Borowczyk














Nos acercamos ya al final de esta revisión de los cien mejores cortos de animación, según los recopilará hace unos años el festival de Annecy y en esta ocasión le ha llegado el turno a Valerian Borowczyk y Les jeux des anges (los juegos de los ángeles) que rodara en 1964.

Varias veces he comentado que tanto Borowczyk como Lenica son figuras fundamentales en la historia de la animación Eurepea, de forma que sus cortos en colaboración de finales de los cincuenta, tanto en Polonia como en Francia, pueden considerarse como uno de los desencadenantes de la revolución modernista en la animación del continente, gracias a la cual existen festivales como el de Annecy. Sin embargo, ambos autores han caído en un casi completo olvido, inexplicable en ambos y que ha llevado a que su obra sea más que difícil de ver, especialmente algunos cortos, como recordarán aquellos que sigan estas lineas.

Pasados esos primeros años de colaboración, ambos creadores siguieron rumbos contrapuestos. Lenica continúo su labor animada, mientras que Borowczyk se paso al corto y largo de imagen real, embarcándose a finales de los sesenta y principios de los setenta en una serie de películas eróticas. Para su desgracia, el derrumbamiento de la censura y la sucesión de películas-escándalo de aquellos tiempos acabaron con su carrera y su prestigio entre la crítica, provocando de rebote el olvido de su primeros cortos. Desde ese momento, paradójicamente, la figura de Lenica se consideró como la de un cineasta poco serio, por dedicarse al erotismo y al mismo tiempo poco audaz, que practicaba un erotismo de qualite desprovisto de la mordiente y el escándalo de otros cineastas de ese tiempo.

No he podido revisar los largos de Borowczyk (de hecho no los he visto) así que no puedo decir hasta qué punto esa opinión crítica es también producto de este tiempo y ha dejado de ser válida. Lo que sí puedo decirles es que los cortos del animador polaco siguen siendo obras maestras en su género y entre ellas, Les Jeux des Anges, es sin duda la más misteriosa e inquietante que haya rodado en su carrera. Se inicia con dos avisos: que la música está basada en las canciones de los prisioneros de Auschwitz y que los hechos que se muestran no tienen que ver con personas, lugares o empresas reales. Tras esta advertencia, el espectador se encuentra viajando en un tren, supuestamente camino de ese campo de concentración... y es aquí donde la analogía deja de serlo.

En el corto hay dos viajes en tren, uno de llegada y otro de salida, como si se quisiese insinuar que no somos uno de los  internos del campo, sino uno de sus visitantes, alguien llamado a comprobar el correcto funcionamiento de esas instalaciones. Por otro lado, los viajes se realizan en un espacio sin referencias, donde el paisaje o el medio de transporte no son identificables. Sólo el ruido nos hace pensar que debe tratarse de un tren y, de vez en cuando, ciertos objetos pueden asemejarse a cañoñes o hacernos pensar que estamos recorriendo un tunel.

En el destino, lo que vemos es una sucesión de espacios abstractos, desprovistos de muebles o personas, con sólo lo que aparentan ser conductos que confluyen en esos espacios. Lo que ocurra allí no es visible, más allá de ruidos de maquinaria, un aleteo de alas o las voces distorsionadas de algún coro humano. Fuera de ello,  nada hay que pueda servirnos de pista, hasta que poco a poco, en una progresión lenta e implacable, nos damos cuenta de que nos hayamos en un inmenso negociado de la muerte, donde estos ángeles, son primero amputados de sus alas, desprovistos de su gracia y su belleza, descuartizados en fragmentos de cuerpos que luchan violentamente entre sí, para luego ser finalmente aniquilados.

Quién es el responsable de este horror, no se revela, pero ciertos indicios nos pueden hacer suponer que son otros ángeles los que torturan y asesinan a estos angeles, a lo cual hay que unir el hecho de que nosotros, los espectadores, hemos sido invitados a este infierno y se nos ha dejado salir de él con vida, sin infligirnos daño alguno, como si fuéramos complices y consintiéramos en estos crímenes.

Como siempre, les dejo aquí el corto. Disfrútenlo y busquen uds. su propia interpretación. Hasta la semana que viene que llegarmemos al número 100 y quizás haya sorpresas.


domingo, 29 de julio de 2012

100 AS (XCVIII): Film! Film! Film! (1968) Fedor Jitruk























Como todos los domingos, toca revisar un corto de la lista de 100 mejores, recopilada por el festival de Annecy hace ya unos años. En este caso, a 2-1 del final, le ha llegado el turno a Film! Film! Film! realizado en 1968 por el ruso Fedor Jitruk.

A estas alturas, les supongo ya conocedores de las grandes diferencias entre la animación occidental y la de los países del este durante los años de la guerra fría. La animación de los países soviéticos, a pesar de la censura y el totalitarismo de sus regímenes, era bastante más vangüardista que la de los países de occidente, no digamos ya de la animación USA. Con una facilidad que podría calificarse de insultante, creaban corto tras corto que hacían avanzar las fronteras y posibilidades de la animación, al mismo tiempo que abordaban profundos temas políticos, sociales y filosóficos, rompiendo esa ley no escrita según la cual la animación era un producto para niños, la niñera perfecta para mantenerlos callados.

Debido a esas ambiciones estéticas y a una integridad que llevaba a aplicar estos presupuestos estéticos modernistas hasta sus últimas consecuencias, la animación soviética puede parecer (y parecía) a muchos pesada y críptica, lejos de sus expectativas de entretetimento ligero para ratos perdidos. El corto de Jitruk, uno de los grandes de la animación rusa, al que le ha tocado el turno esta semana puede suponer una sorpresa para muchos ya que se trata de un corto extremadamente divertido, casi hilarante, sin que eso suponga realizar ninguna concesión estética, ya que es un magnífico ejemplo de los que los americanos llaman modern animation, en contraposición a una escuela Disney que podríamos denominar clásica, y en la que lo que prima es la estilización del diseño y las referencias a los hallazgos estéticos del arte vaguardista del momento.

Visto desde un punto de vista actual, lo que quizás pueda llamar la atención es como esa condición de moderno, desde el punto de vista del diseño, le hace asemejarse profundamente al cómic popular de los años 50 y 60, en los cuales claramente se inspira, de forma que al observar su galería de tipos casi podría hablarse de una escuela bruguera en tierras soviéticas. No obstante, esa estilización cómica de clara raigambre popular, está imbricada con las formas de la vanguardia, como demuestra la inclusión de objetos reales en el cuadro animado, como la máquina de escribir, o la descripción de los estudios centrales cinematográficos, un caos de pasillos y escaleras que se distribuyen sobre la superficie bidimiensional del plano de rodaje como si fueran un inmenso puzzle multicolor.

El corto, a pesar de sus aciertos, que no son pocos,  no es recordado por su hallazgos técnicos y estéticos, sino por su desbordante y contagioso sentido del humor, que convierte la preparación y rodaje de una película de trama ininteligible, más allá que ese de época y se inspira en Eisenstein,  en una secuencia de escenas descacharrantes, que no por caricaturescas, son menos aproximadas a la realidad. Y es ahí donde precisamente radica el encanto de este corto, en que en esta historia de cine dentro del cine, incluso los espectadores más ignorantes del proceso de creación fílmica, no puede evitar sentir una intensa expresión de verosimilutud, como si esa y no otra fuera la auténtica realidad de un rodaje.

Como siempre, les dejo aquí el corto en dos partes. Arrellánense en el sillón y disfruten de él, procurando no perderse ni uno de sus chiste y referencias, que son muchos.