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domingo, 18 de abril de 2021

Arts is politics

Collage de León Ferrari
 

La semana pasada pude acercarme por el Reina Sofía, donde coincidían tres exposiciones muy interesantes. Por desgracia, la que más me llamó la atención, dedicada al argentini León Ferrari, estaba en sus últimos días, así que no podré revisarla de nuevo. No quiere decir que las otras dos, centradas en la figura de la artista sueca Charlotte Johannesson y el arte marroquí de 1950 a 2022,  fueran de menor calidad, sólo que la de Ferrari fue la que más me impresionó. Lástima que, dadas las circunstancias, no se haya sacado catálogo que sirva de referencia y recuerdo

Comenzando por el artista argentino. La bondadosa crueldad lo describe como un creador eminentemente político, cuya acción en ese campo lleva, por necesidad, al escándalo y la censura. Tanto más cuanto que sus tiros van dirigidos hacia la religión, aún pieza central en la vida social de los países latinoamericanos. Cualquier crítica, cualquier asomo de sátira, es tomado allí como un ataque contra la fe, como blasfemia, propiciando reacciones violentas que poco difiere de las de los islamistas radicales. Por ejemplo, entre quienes promovieron una campaña contra una de las exposiciones de Ferrari se hallaba el actual Papa Francisco, quien presume ahora de posiciones progresistas... y es atacado por ello por la carcundia.

viernes, 8 de enero de 2021

Nieblas y cortinas de humo (y 3)

 En la pertinaz de la resistencia a asumir los resultados más atendibles de la investigación se confirma que lo que se haya en juego no es sólo ni principalmente la fisonomía de un galileo muerto en un pasado remoto, sino la de quienes, habiendo hecho de él el fulcro de sus creencias, lo veneran como modelo señor y divinidad. La fabricación de Jesús no ha sido nunca una operación desinteresada ni inocente: no lo fue en la etapa de su génesis, cuando resulto indispensable para que los seguidores de un visionario fracasado pudiesen preservar su autoestima y el sentido de sus vidas y evitar así convertirse en el hazmerreír de sus coetáneos, y no lo es en el presente, cuando la desvelación de la existencia de un hondo desfase entre la figura que la historia reconstruye y lo que la perspectiva emic proclama como su verdadera identidad pone en jaque la credibilidad de ésta, e induce a los turiferarios del mito a intentar afianzarlo a toda costa.

Fernando Bermejo Rubio. La invención de Jesús de Nazaret.

Voy a cerrar esta serie de entregas con tres breves anotaciones, ya que el tema de la historicidad de Jesús es tan amplio que precisaría de un blog entero para sólo rascar la superficie. Para que se hagan  una idea, el libro de Bermejo rubio tiene 700 páginas sin bibliografía, mientras que otros estudiosos, como Bart D. Ehrman, llevan decenios publicando tomitos de 300 páginas.

La primera consideración podría ser: ¿Por qué ese ánimo diseccionador? El descender a ese análisis tan profundo, casi palabra por palabra, podría llevar a pensar que hay cierta animosidad contra el mensaje crisitano, propia de descreídos. Sin embargo, ese rigor no es muy distinto del que se aplica a otros textos de la misma época, ya que el punto crucial es  más una cuestión de enfoque: considerar al Nuevo Testamento como otro documento histórico más de la antigüedad. con los que comparte claras similitudes. Hay que tener siempre en cuenta que los métodos de los historiares antiguos eran muy distintos de los actuales, lo que nos obliga a tomar precauciones ante su contenido. Por ejemplo, no se solían indicar fuentes -aunque se pueden rastrear- y su uso era bastante creativo, ya que la historia se suponía una de las artes, con su propia musa. El historiador, por tanto, tenía que añadir elementos de sus cosecha, embellecer y dramatizar los hechos recibidos, de manera que quedasen de manifiesto sus habilidades literarias.

lunes, 4 de enero de 2021

Nieblas y cortinas de humo (y II)

Con independencia de cuál de las posiciones expuestas se considere más plausible, ambas comparten una serie de aspectos que p0ueden considerarse resultados suficientemente seguros de una reconstrucción crítica. Primero, el proyecto de Jesús tuvo una dimensión política y nacionalista que fue nuclear en su visión, hasta el punto de que, sin ella, su figura -así como el texto de los evangelios- resulta ininteligible. Segundo, Jesús no se opuso por principio a la violencia y no fue un pacifista avant-la-lettre. Tercero, al igual que tantos otros profetas milenaristas en la historia, Jesús creyó -y prometió a sus seguidores- que en el momento oportuno tendría lugar una asistencia sobrenatural en sus esfuerzos por destruir el orden repudiado: Dios intervendría de manera decisiva a su favor.

Fernando Bermejo Rubio.

En el estudio del primer cristianismo y su fundador, Jesús, recientemente ha tomado cierto auge una corriente que en inglés recibe el nombre de mythicism. Estos miticicistas sostienen que nunca existió un Jesús real, cuyos hechos fueran recogidos en los evangelios. Bien fue un invento de los primeros cristianos, con el apóstol Pablo como principal sospechoso, bien lo que nos ha llegado está tan embellecido y distorsionado que nada tiene que ver el personaje, o personajes, al que se refieren. Esta postura puede parecer radical, pero se fundamenta en un hecho incontestable, que ya comentamos en la historia anterior: los evangelios son fuentes tardías, basadas en una tradición oral que ha sido remozada para servir los intereses de comunidades cristianas muy concretas, lo que lleva a que incurran en frecuentes contradicciones, en su mayor parte irresolubles.

Este problema fundamental en las fuentes resulta exasperante para todo estudioso serio, en especial, aquéllos que intentan descubrir al Jesús real, no al de la doctrina. Al final, lo único que podemos concluir, basándonos en los evangelios, es que en algún momento hacia el año 30 surgió un predicador, en apariencia venido de Nazaret, que tras un breve periodo de actividad pública -menos de un año, para Marcos, tres, para Juan - fue hecho preso por las autoridades romanas durante la Pascua judía, para ser crucificado al punto, como rebelde al poder imperial. Poco más, puesto que en el resto de detalles las fuentes no hacen más que contradecirse, empezando por el día en que tuvo lugar su ejecución: el viernes, para los evangelistas sinópticos, el jueves, para Juan. Sin embargo, aunque parezca que se está en un callejón sin salida, en realidad muchos de los problemas que afectan a los evangelios son comunes a las fuentes de la antigüedad. La utilización de los mismos métodos críticos podría llevarnos a alguna conclusión substancial. Veamos cómo.

jueves, 31 de diciembre de 2020

Nieblas y cortinas de humo (yI)

Cabe apreciar mejor la fuerza de la anterior objeción cuando se consideran los estudios recientes sobre el funcionamiento de la memoria y se cae en la cuenta de su falibilidad, los errores perceptivos y la proclividad humana al autoengaño se añaden los intensos sesgos ideológicos de las fuentes. El modelo de los criterios de autenticidad se basa en la premisa de que una parte de la tradición original sobre Jesús se conservó virtualmente intacta durante la fase oral del proceso de transmisión. Ahora bien, la investigación moderna ha mostrado que en la tradición oral no se puede contar con estabilidad. En particular, la memoria -que es más reconstructiva que reproductiva e implica por ello la imaginación- tiende a funcionar manteniendo de modo fiable los grandes rasgos de un evento o una persona, pero sin retener los pormenores: la visión general está menos sujeta a distorsión que los aspectos de detalle, que se desdibujan más fácilmente (a menudo en virtud de la interferencia de experiencias similares posteriores). Esto exige una metodología que difiera sustancialmente de la presupuesta en el enfoque criteriológico, orientado a determinar la fiabilidad de unidades aisladas.

Fernando Bermejo Rubio. La invención de Jesús de Nazaret: historia, ficción, historiografía

 En este periodo de confinamiento, sea estricto o laxo, impuesto por el COVID he leído mucho menos que de ordinario, pero quizás, en compensación, me he topado con obras que me han producido un gran impacto, tanto de literatura como de historia. Una de ellas -descubierta gracias a uno de tantos youtubers culturales- ha sido el libro de Fernando Bermejo Rubio que cito un poco más arriba. Su objetivo es descubrir quién, y qué ideología, se oculta tras la imagen del Jesús-Cristo que constituye el corazón de la fe cristiana. 

¿Quién y qué?  ¿No está acaso claro? La realidad es que sobre el posible personaje histórico de Jesús, cuya vida transcurrió en la Palestina del primer tercio del siglo I de nuestra era, se han acumulado espesos estratos ideológicos y teológicos, que lo han convertido en el Cristo de la doctrina, ocultando al ser humano por completo. La invención de Jesús de Nazaret intenta así una labor de limpieza, realizada en tres fases, metodológica, para determinar los mejores métodos del análisis; la propia analítica, examinando los textos que nos han llegado a la luz del contexto histórico e ideológico, para terminar con la crítica de la propia disciplina, tan propensa a posiciones extremas.

¿Por qué es tan difícil encontrar al Jesús histórico que se encuentra detrás de la doctrina? El principal problema se haya en los propios textos bíblicos. Puede resultar chocante esta afirmación, en especial si se ha crecido en un ambiente cristiano -mi caso en particular-, ya que la imagen popular que sobre ellos se tiene, al menos la propagada por la Iglesia, es la de una historia coherente y sin fisuras, estructurada en tres hitos principales: natividad, predicación y pasión. Sin embargo, si se examinan los Evangelios con atención se descubrirá que abundan en contradicciones e inconsistencias. En ocasiones, las versiones de diferentes evangelistas son tan divergentes que resulta imposible establecer una versión común, es decir, una mínima que contenga los datos en los que todos coincidan.

sábado, 31 de agosto de 2019

Intentando encontrarle un sentido (y III)

The Gospel writers, on the other hand, lived in other parts of the world, probably major cities scattered throughout the empire. Their language was Greek, not Aramaic. They never indicate that they interviewed eyewitnesses (I'll say more in this in a moment). They almost certainly did not go to Palestine to make enquiries among the people who knew Jesus during its lifetime -for example, trough interpreters-. They inherited their stories in Greek. These stories had been in circulation for years and decades before they themselves heard them. There had been stories, of course, during Jesus's lifetime, tales of his activities, sayings, and death. These would have been told in Aramaic, in Palestine. Some of these stories came to be translated into Greek and circulated in Christian communities in that form. Other stories were almost certainly constructed originally in Greek (as I will show in a later chapter). The unknown authors of these Gospels may well have been raised on theses stories as Christians from their youth. Or possibly they converted as adults and heard the stories as recent converts. When they wrote their accounts, they obviously put their own spin on the stories. But the vast majority of the stories themselves had been circulated by word of mouth for forty or fifty years, or more, before these authors put them together into their extended narratives.

Bart D. Ehrman, Jesus before the Gospels 

Los autores de los Evangelios, por otra parte, vivieron en zonas distintas del mundo, con toda probabilidad en grandes ciudades repartidas a lo largo del imperio. Su lengua era el Griego, no el Araméo. Nunca insinuaron que hubieran entrevistado a testigos oculares (más dentro de poco). Con casi completa certeza no viajaron a Palestina para investigar entre las personas que habían conocido a Jesús durante su vida - por ejemplo, mediante intérpretes-.  Las historias las recibieron ya en Griego. Unas historias que habían estado en circulación durante años y décadas antes de que ellos mismos las escuchasen. Hubo, por descontado, historias durante la vida de Jesús, relatos de sus hechos, dichos y muerte. Se habrían narrado en Arameo, en Palestina. Algunas de esas historias acabaron siendo traducidas al Griego y circularon en esa forma entre las comunidades cristianas. Otras se compusieron, con toda seguridad, ya en Griego (como mostraré en un capítulo posterior). Los autores anónimos de los Evangelios pueden haber crecido escuchando esas historias desde su niñez. O puede que se convirtieran de mayores y las escucharan como neófitos. Cuando escribieron sus narraciones, es obvio que añadieron su propio punto de vista. Pero la vasta mayoría de las historias habían circulado de boca en boca durante cuarenta, cincuenta o más años, antes de que estos autores las compilasen en narraciones extensas.

En una entrada anterior, les había comentado como los miticicistas -quienes niegan la existencia histórica de Cristo- basaban sus argumentos en un hecho indiscutible: la inmensa dificultad, casi insuperable, en determinar quién fue ese personaje en realidad y cuáles fueron sus ideas. Las múltiples contradicciones entre los evangelios, unidos a que sus redactores intentan hacer pasar sus propias ideas por las de Cristo, ocultan por completo la posible figura real de este personaje histórico. De hecho, cuando los estudiosos modernos, del siglo XVIII hasta ahora, han abordado la investigación, no han conseguido llegar a un consenso. Han surgido casi tantos Cristos como investigadores, trasuntos, esta vez, de las ideas políticas modernas de los estudiosos.

Ehrman, como tantos otros, acepta el reto de llegar al Cristo histórico y tengo que admitir que su reconstrucción me parece muy verosímil. El Jesús que describe no es el fundador de una nueva religión, creador de un corpus doctrinal y de conducta cerrado y definido. Es un profeta judío, como tantos otros de los muchos que surgieron en la Palestina del siglo I, ocupada por los romanos. En su caso, proponente de una visión apocalíptica de la historia, según la cual el reíno de Dios estaba pronto a instaurarse, no en un futuro más o menos lejano, o en un paraíso ultraterreno, sino en el aquí y ahora. Antes de que algunos de sus oyentes conociesen la muerte, el Mesias vendría a esta tierra, poniendo punto final a la enfermedad, la injusticia, el sufrimiento y la muerte. Debido esa proximidad, seguir a rajatabla la ley mosaica no importaba demasiado, puesto que el final de los tiempos ya había sido decidido y sus efectos eran visibles para todo el que quisiese ver.

miércoles, 28 de agosto de 2019

Intentando encontrarle un sentido (y II)

The point of this brief sketch is not to indicate what Jewish children learned in their fifth-grade history classes; indeed, there is no way for us to know whether a children like Jesus would ever have even heard of such important figures from the remote past as Alexander the Great or Ptolemy. But the historical events leading up to his time are significant for understanding its his life because of their social and intellectual consequences, which affected the lives of Palestinian Jews. For it was its response to the social, political, and religious crises of the Maccabean period that the Jewish "sects" of Jesus's day (e.g. the Pharisees, Saduccees and Essenes) were formed, and it was the Roman occupation that led to numerous nonviolent and violent uprising during Jesus's time, uprisings of Jews for whom the foreign domination of the Promised Land was both politically and religiously unacceptable. Moreover, it was the overall sense of inequity and the experience of suffering during these times that inspired the ideology of resistance known as "apocalypticism", a worldview that was shared by a number of Jews in first-century Palestine.

Bart D. Ehrman, Jesus: Apocalyptic Prophet of the new millenium.

El objeto de este breve esbozo no es indicar qué aprendían los niños judíos en sus clases de historia de quinto curso; en realidad, no hay medio alguno de saber si un niño como Jesús pudo haber oído de personajes tan importantes del pasado remoto como Alejandro Magno o Ptolomeo. Sin embargo, los acontecimientos históricos que llevaron a su época son relevantes para entender su vida, debido a sus consecuencias sociales e intelectuales, con efectos sobre la vida de los judíos palestinos. En respuesta a la crisis social, política y religioso del periodo Macabeo surgieron las "sectas" judías del tiempo de Jesús (por ejemplo, los Fariseos, los Saduceos y los Esenios), mientras que la ocupación romana condujo a numerosos levantamientos, violentos y no violentos, durante la época de Jesús, movimientos judíos para quienes la ocupación extranjera de la Tierra Prometida era inaceptable, tanto política como religiosamente. Es más, el sentimiento general de desigualdad y la experiencia del sufrimiento durante esas épocas inspiraron la ideología de resistencia conocida como "apocalipticismo", una visión del mundo compartida por numerosos judíos de la Palestina del siglo.

Aunque no comparta las conclusiones de los miticicistas sobre la figura de Jesús, tengo que admitir que sus argumentos señalan a un problema fundamental: nuestro conocimiento sobre el fundador del cristianismo es muy sumario. De hecho, si eliminamos de los evangelios los pasajes que se contradicen y nos quedamos en exclusiva con aquéllos en que concuerdan, el resultado no llega a ocupar una cuartilla.

En resumen: Un judío nacido en Nazaret empezó a predicar por Galilea, donde aquirió fama como sanador y milagrero, además de demostrar estar dotado de gran carisma. Con esas armas, reunió un grupo de seguidores, no muy nutrido, del que doce de ellos eran los más cercanos, los destinados a continuar su obra. En un determinado momento, subió a Jerusalem para celebrar la Pascua, donde tuvo encontronazos con las autoridades judías y romanas. Temeroso de un posible tumulto que llevase a una rebelión, el gobernador romano ordenó su crucifixión, ejecutada de inmediato. Un poco tras su muerte, los discípulos que no se habían dispersado comenzaron a difundir la historia de que su maestro había resucitado.

Eso es todo.

domingo, 25 de agosto de 2019

Intentando encontrarle un sentido (y I)

The (sometime) atheist opinion of the Bible as nonhistoricial is no better than the (typical) fundamentalist opinion. The reality is that the authors of the books that became the Bible did not know they were producing books that would later be considered scripture, and they probably had no intention of producing scripture. The Gospel writers - anonymous Greek speaking Christians living thrirty-five to sixty-five years after the traditional date for Jesus's date - were simply writing down episodes that they had heard from the life of Jesus. Some of these episodes may be historically accurate, others may not be. But the authors did not write thinking they were providing the sacred scriptures for the Christian tradition. They were simply writing books about Jesus.

Did Jesus Exist? The historical Argument for Jesus of Nazareth. Bart D. Ehrman

La consideración de la Biblia como ahistórica por (algunos) ateos no es mucho mejor que la (típica) opinión de los fundamentalistas. La realidad es que los autores de los libros que acabarían componiendo la Biblia no sabían que estaban creando libros que más tarde se considerarían sagrados y probablemente no tenían esa intención. Los evangelistas -cristianos anónimos de habla griega que vivieron entre treintaycinco y sesentaycinco años tras la fecha tradicional de la muerte de Jesús-, estaban simplemente escribiendo los episodios de la vida de Jesús que habían oído. Algunos de estos episodios pueden ser históricamente ciertos, otros no. Pero estos autores no los escribieron pensando que estaban creando las sagradas escrituras de la tradición cristiana. Simplemente estaban escribiendo libros sobre Jesús.


Supongo que no les sorprenderá saber que soy ateo. No desde que tengo uso de razón, sino como resolución del conflicto al que me llevó mi doble educación. En mi adolescencia, se oponían dentro de mí el haber asistido a un colegio religioso -de curas, que se decía entonces- contra la indiferencia, cuando no rechazo, hacia la religión, imbuida por mi pertenencia a una familia de izquierdas. De   la izquierda de verdad, la que consideraba la religión organizada como una lacra a extinguir. Así, durante varios años me perdí por los laberintos de la fe, confiando en encontrar una señal que me convenciera de la existencia de ese ser divino al modo cristiano, omnipotente y omniscente, todo amor y compasión. No tuve ninguna revelación, de manera que durante los ochenta fui virando al agnosticismo, para desembocar en el ateísmo a principios de los noventa. Conclusión que me sirvió para encontrar cierta paz espiritual, ya que con ella se terminaron mis comeduras de tarro religiosas.

Como secuela de mi combate con la fe -si quisiéramos decirlo así-, me quedó una fascinación por el hecho religioso, tanto en sus manifestaciones artísticas como en su historia y evolución. De ahí que mi biblioteca esté repleta de libros de un estudioso estadounidense, Bart D. Ehrman, experto en el cristianismo primitivo, que abarca de los siglos I al IV. Su enfoque analítico, producto de una evolución espiritual similar a la mía, se base en aplicar una metodología de trabajo estrictamente histórica. Los evangelios, por ejemplo, se consideran como un texto similar a tantos otros de la antigüedad, producto de un momento y una ideología determinada, que es esencial identificar y clasificar con precisión. Sólo así se podrá entenderlos y valorarlos en su justa medida. Es necesario, por tanto, analizarlos de manera crítica para determinar qué es histórico en ellos, discerniéndolo de deformaciones y manipulaciones, ya sean interesadas o producto de errores, introducidas copia tras copia de los manuscritos originales.

viernes, 13 de julio de 2018

En la intimidad

El Pater Familias, dueño de su casa y amo de su familia, era el encargado de levantarse de la cama a oscuras, pasada la media noche, para realizar el siguiente ritual. Caminando descalzo y asegurándose de no tener ningún nudo en sus vestiduras, avanzaba en la obscuridad mientras con la mano realizaba un gesto apotropaico - que aleja el mal y atrae la buen suerte - conocido como la higa, que se realiza con la mano cerrada y el pulgar sujeto entre los dedos corazón y anular. Este gesto evitaba que los espíritus malignos, que acechaban a su alrededor, le salieran al encuentro.
Antes de comenzar el ritual se lavaba las manos para purificarse y seguidamente empezaba a caminar, sin darse la vuelta en ningún momento. Mientras caminaba, iba tirando unas habas negras hacia atrás al tiempo que repetía nueve veces la frase: hace ego mitto, his redimo meque  meosque fabis - lanzo estas habas y con ellas me salvo a mí y a los míos -. Mientras tantos, los espíritus se colocaban tras él y recogían las habas que lanzaba. Éstas eran consideradas símbolos de fertilidad y podían llegar a representar un sacrificio substitutorio de las almas de los miembros de la familia que los lemures querían arrebatar. Tras hacer sonar un pequeño objeto de bronce repetía otras nueve veces: Manes exite paterni (salid de aquí, espíritus de mis antepasados; Fastos V, 435-445).
Entonces llegaba el momento más aterrador del ritual. El Pater Familias, con todos los espíritus tras él, debía darse la vuelta en la obscuridad de la noche profunda. Sólo si había realizado correctamente el ritual, los espíritus desaparecerían, liberando a su familia hasta el año siguiente.

Néstor F. Marqués. Una año en la antigua Roma.

Esta entrada se podría reducir a un problema de óptica.

Me explico. Los que estamos apasionados por la antigüedad clásica corremos el riesgo de olvidar los muchos abismos, geográficos, temporales y mentales, que nos separan de otras gentes. La lectura habitual de lo que escribieron aquellas gentes puede conducirnos a un espejismo intelectual: el de creer que podríamos establecer una conversación de igual a a igual con ellos, ser capaces de entenderles y de replicarles en el mismo idioma. No es una ilusión nueva, sino que se remonta al menos al renacimiento, cuando muchos intelectuales se imaginaban habitando un mundo ideal, el grecolatino, que sólo existía en sus mentes, de manera similar a los mundos inventados que habitan los frikis actuales. Ese espejismo es, por tanto y paradójicamente, uno de los pilares de la cultura occidental, que se imagina a sí misma, desde hace más de quinientos años, en diálogo directo con la antigüedad. Heredera y continuadora de lo que ellos construyeron.

Al menos hasta ayer mismo, cuando una doble revolución en el campo de las humanidades, la propiciada por las convulsiones de los 60 y el postmodernismo posterior, nos hizo darnos cuenta de esas distancias a las que me refería en el párrafo anterior. Aunque bien podría haberse llegado a la misma conclusión sin turbulencias ni guerras culturales. El volumen de conocimientos es tan ingente, tan propenso a ser modificado por los nuevos descubrimientos, que ir aprendiendo sobre la antigüedad acaba por ser un proceso de desaprendizaje. Al final, la realidad que descubrimos es tan multiforme, tan sujeta al punto de vista del observador - y del narrador - como es la nuestra sobre nuestra contemporaneidad. Imposible de conocer en sus más ínfimos detalles. aunque la tengamos ante nuestros ojos.

jueves, 15 de febrero de 2018

La gran revolución

¿Podemos acaso sorprendernos de que los iraníes se sublevaran y destruyeran ese modelo del desarrollo a costa de enormes sacrificios? Lo hicieron no porque fueran ignorantes y atrasados (me refiero al pueblo, no a cuatro fanáticos enloquecidos) sino, por el contrario, porque eran sabios e inteligentes y porque comprendían lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Comprendían que unos años más de esta Civilización y no habría aire para respirar e incluso dejarían de existir como nación. La lucha contra el sha (es decir, contra la dictadura) no sólo la llevaron Jomeini y los mulás. Así lo presentaba (muy habilmente) la propaganda de la Savak: los ignorantes estaban destruyendo la obra progresista del Shá. ¡No! Esta lucha fue llevada a cabo sobre todo por los que estaban al lado de la sabiduría, la conciencia, el honor, la honestidad y el patriotismo. Los obreros, los escritores, los estudiantes y los científicos. Ellos eran, antes que nadie, quienes morían en las cárceles de la Savak y los primeros en coger las armas para luchar contra la dictadura. Y es que la Gran Civilización se desarrolló desde el principio acompañada de dos fenómenos que alcanzaron grados nunca vistos en ese país: por un lado el aumento de la represión policial y del terror ejercido por la tiranía, y por otro, un número cada vez más alto de huelgas obreras y estudiantes así como el surgimiento de una fuerte guerrilla. Son sus jefes los fedayines del Irán (que, por lo demás, no tenían nada que ver con los mulás; muy al contrario, éstos los combaten)

Ryszard Kapúscinsky, El Shah o la desmesura del poder.

Les puede sonar raro, pero a medida que pasan los años, 1979 me parece una fecha trascendental en la historia contemporánea. Ése fue el año de la Revolución Islámica en Irán, que en su momento no fue considerado  más importante que otro sobresalto cualquiera de la Guerra Fría, librada entre los EEUU y la URSS.  Otra jugada más la larga y tensa partida de ajedrez que duraba ya treinta años y que parecía saldarse, una vez más, con una derrota de la superpotencia occidental. Otro país de Asia salía de su órbita, como había ocurrido con Vietnam del Sur, con el agravante de que esta vez se trataba de uno de los principales productores de petróleo mundiales. Una amenaza directa, por tanto, contra los fundamentos económicos del mundo occidental, apenas unos años tras el plante de la OPEP y el inicio de la crisis del petróleo de 1973. Irán, y en general todo el ámbito mesopotámico-iraní parecía a punto de caer bajo la esfera de una URSS que ya dominaba el Asia Central y que quizás por ello se sintió tan envalentonada como para intervenir en Afganistan, a finales de 1979.

Sin embargo, lo que sucedió fue algo muy distinto, tanto que ha terminado por definir nuestro presente turbulento. Al gobierno represivo y asesino del Sha, proccidental y aliado leal de los EEUU - y de las petroleras - no le sucedió un régimen comunista, ya fuera soviético o maoísta, como había sido la regla de todas las revoluciones del tercer mundo en las décadas sucesivas. Su heredero fue otra dictadura, pero de un signo que no se había visto hasta entonces, una teocracia militante que en el espacio de una década eliminó sus enemigos de cualquier signo, desde los sectores más liberales y occidentalizados al partido Comunista Tudeh, para embarcarse en guerras e intervenciones extranjeras. Como si fuera una nueva revolución Francesa, sólo que de signo religioso, a quien la amenaza exterior obligaba a extender la revolución entre sus vecinos para asegurar su estabilidad interna.

martes, 23 de enero de 2018

Tiempos de cambio

Or, les chevaliers avaient reçu de Dieu lui même la vocation de combattre., Où allaient-ils  porter leurs coups? Contre les infidèles. Il devient peu à peu clair que, dans le mouvement de purification où la imminence de la fin des temps vient d'engager la chrétienté d'Occident, seule la guerre sainte est licite. Au peuple de Dieu qui s'avance vers la Terre Sainte, il importe d'avoir apaisé toutes ses discordes intestines; il doit cheminer dans la paix. Mais à sa tête, le corps de ses guerriers ouvre sa marche; il disperse par sa vaillance les sectateurs du Malin. Au lendemain du millénaire, la chevalerie d'Occident résiste aux bandes de pillards qui sortent des pays sarrasins, elle les pourchasse, elle les vainc et, dans de tels succès, sauve son âme.

Georges Duby, L'An mil

Porque los caballeros habían recibido del mismo Dios la misión de combatir. ¿Dónde iban a dar rienda suelta a sus golpes? Contra los infieles. Se torna claro poco a poco que, dentro del movimiento de purificación en el que la inminencia del fin de los tiempos acaba de poseer a la Cristiandad Occidental, sólo es lícita la guerra santa. Al pueblo de Dios que marcha hacia la Tierra Santa, le importa haber apaciguado todas sus discordias intestinas: debe marchar en paz. Pero a su cabeza, los guerreros abren el camino. Ellos dispersan con su valor a los seguidores del Maligno. Al día siguiente del milenario, la caballería de occidente resiste las bandas de saqueadores que salen de los países sarracenos, los persigue, los vence y, con ese éxito, salva su alma.

Les adelanto que la lectura de esta obra de Duby me ha defraudado bastante. Más incluso de lo que debiera, puesto que hay que reconocer que el enfoque utilizado por este historiador para analizarlo es bastante poco corriente. Duby intenta darnos una visión lo más próxima y sin distorsiones de las décadas a ambos lados del año mil, para lo que inserta largos extractos de los anales y crónicas contemporáneas, comentadas por apenas unas pocas y breves explicaciones. El objetivo es que escuchemos la voz de la gente de ese tiempo sin intermediarios, que lleguemos a comprender su mentalidad, incluso a compartir sus afanes. Sin embargo, por razones que ya veremos, me da la impresión de que el autor no llega a lograr sus propósitos, a lo que hay que añadir que el libro no ha respondido a mis expectativas. Desavenencia de la que Duby no tiene ninguna culpa, vaya por adelantado.

¿Y por que no ha conseguido cumplir con lo que yo esperaba? Digamos que me esperaba un relato más detallado de los múltiples cambios que ocurrieron en este periodo. Más orientado también a resolver y explicar el misterio de un persistente mito histórico, el mismo que inspira el nombre de libro. Según esa leyenda, la cristiandad occidental habría atravesado un periodo de terror colectivo en las décadas a ambos lados del año 1000. Se esperaba, se nos dice, una inminente segunda venida de Cristo con su correspondiente apocalipisis, que bien tendría que haber tendido lugar en el milenario de su nacimiento, ese año mil al que se refiere el libro, o bien en el de su muerte, en el 1033. El milenio que se cumplía en esas fechas sería además el mileno al que se refería el apocalipsis, al cual habría de suceder otro milenio más, de triunfo del cristo resucitado, hasta la batalla final que culminaría con la derrota definitiva de Satán y los demonios.

sábado, 5 de agosto de 2017

Los laberintos de la fe (II)

Towards the end of the twelfth century various Spanish cities, and notable Seville, witnessed the activities of mystical brotherhoods of Moslems. Those people, who were known as Sufis, were "holy beggars", who wandered in groups through the streets and squares, dressed in patched and particoloured robes. The novices amongst them were schooled in humiliation and self-abnegation: they had to dress in rags, to keep their eyes fixed on the ground, to eat revolting foodstuffs; and they owed blind obedience to the master of the group. But once they emerged from their noviciate, these sufis entered a realm of total freedom. Disclaiming book-learning and theological subtleties, they rejoiced in direct knowledge of God. Indeed, they felt themselves united with the divine essence in a most intimate union. And this in turn liberated them from all restraints. Every impulse was experienced as a divine command; now they could surround themselves with worldly possessions, now they could live in luxury - and now too, they could lie or steal or fornicate without qualms of conscience. For since inwardly the soul was wholly absorbed in God, external acts were of no account.

Norman Cohn The Pursuit of the Millenium

Hacia el final del siglo XII, distintas ciudades españolas, especialmente Sevilla, presenciaron las actividades de la hermandades místicas musulmanas. Esas personas, conocidas como sufitas, era "mendigos santos", que vagaban en grupos por plazas y calles, vestidos con ropas multicolores y llenas de parches. Sus novicios eran educados en la humildad y la abnegación; tenían que vestir de harapos, mantener la mirada en el suelo, comer alimentos repugnantes, además de una obediencia ciega al maestro del grupo. Pero una vez que terminaban su noviciado, estos sufitas entraban en un dominio de libertad completa. Despreciando el saber de los libros y las sutilezas teológicas, se ufanaban de conocer directamente a Dios. En verdad, se sentían unidos con la esencia divina de la forma más íntima y esto a su vez les libraba de todas la ataduras. Todo impulso se percibía como orden divina: ahora podían rodearse de riquezas, vivir lujosamente, y ahora también podían mentir, robar y fornicar sin remordimientos de consciencia. Por que en su interior el alma estaba sumida en la divinidad y los actos externos no tenían repercusión en ella.

Les hablaba en una entrada anterior de como me habían dejado bastante frío los dos libros que había leído sobre el cristianismo medieval y las herejía surgidas en su seno. A pesar de los muchos datos que contenían, se quedaban cortos a la hora de describir el clima social e intelectual que había propiciado su nacimiento, junto con las repercusiones que había tenido su desarrollo, represión y derrota. A pesar de la narración de batallas y asedios, de las persecuciones y ejecuciones, de las muchas controversias religiosas, algo muy importante se escapaba: llegar a comprender porque esas ideas, aparentemente absurdas cuando se las contempla desde nuestro presente, habían levantado esos odios inextinguibles, habían amenazado con derribar sus sociedades de origen, habían merecido esa venganza inmisericorde, una vez abatidos.

De esa carencia no se puede acusar al libro de Norman Cohn que les comento en esta entrada. De hecho, el único defecto del libro es que su campo de análisis se reduce a la Europa Noroccidental y Central: Francia septentrional, Inglaterra, los Países Bajos, Alemania, Bohemia, lanzando sólo miradas de refilón a lo que ocurría en Provenza, Italia o los reínos cristianos de España. Una pena, porque pocos libros han conseguido reflejar con mejor fidelidad ese ambiente de frenesí que acompañaba a estos movimientos heréticos, milenarios y revolucionartos: ese hacer posible, durante un breve periodo de tiempo, lo que poco antes era inconcebible. De ahí, quizás, que el libro siga siendo publicado y leído con avidez aún hoy, cuando de su primera edición hace ya sesenta años.

jueves, 27 de julio de 2017

Los laberintos de la fe (I)

El catarismo reúne  varias corrientes heréticas latentes desde comienzos del siglo XI: corriente antisacerdotal y antisacramental, tendencias ascéticas con respecto a los tabúes sexuales y alimentarios, rechazo del latín litúrgico, aspiración al contacto personal con Dios, ya directamente o mediante la palabra evangélica. Y aún va más lejos. Al rechazar el juramento pone en tela de juicio uno de los fundamentos de la sociedad feudal. Sobre todo se opone al catolicismo de modo radical en el doble plano institucional y doctrinal. Está regido por una verdadera organización eclesiástica, formada por una categoría inferior de fieles, un clero de perfectos y obispos. Su base es una creencia dualista, la existencia de un principio del mal y de un principio del bien en lucha universal y perpetua el uno contra el otro, aunque en la mente de la mayoría de los cátaros el dios del mal resulta inferior al dios del bien. El Dios del Antiguo Testamento, creador de la materia, puede asimilarse al principio del mal que se enseña en la Iglesia. Los cátaros mantienen asambleas de enseñanza y de oración (sólo admiten un Pater ligeramente modificado) y practican una especie de bautizo, el consolamentum, administrado con imposición de manos por un perfecto.

Jacques le Goff, Historia de las Religiones Siglo XXI, tomo 7

Por varias razones que no vienen al caso, se me ha acumulado una pequeña pila de libros que he terminado de leer, pero que no he comentado en este blog. Debido a esto, en alguna ocasión me voy a ver obligado a comentar dos libros al mismo tiempo, aunque no me guste mucho. Ése es el caso de esta entrada, en que les hablaré de dos libros de temas relacionados, el uno una historia de la corriente principal del cristianismo, centrado en la edad media y la reforma. El otro, una crónica de las muchas corrientes heréticas que aquejaron la iglesia medieval, pero especialmente aquellas que tuvieron lugar en la baja edad media: cátaros, Wycliff y Wat Tyler, los husitas.

Debo confesarles que la historia de la iglesia medieval me apasiona. En la Alta Edad Media, la cristiandad occidental se fragmentó en multitud de iglesias locales, como las de rito mozárabe en la España musulmana, con poca o nula obediencia a los decretos de un papado romano demasiado lejano. Éste por su parte, tenía poco de autoridad religiosa y sí demasiado de poder temporal, de manera que no era extraño que las luchas de poder en su seno acabasen en violencia y asesinato, incluso de los propios pontífices. El marasmo de la iglesia católica occidental solo se solucionó en el siglo XI, con la llegada de papas reformistas al estilo de Gregorio VII, pero fue sólo para abrir un nuevo tipo de conflictos: esta vez entre el poder civil y el religioso. Únase a esto el ascenso de herejías poderosas como las citadas, que a punto estuvieron de derribar la supremacía del catolicismo en su tierras de origen; el descrédito el papado en los siglos XIV y XV, especialmente en la juntura de ambos, con el continuo nombramiento y deposición de papas y antipapas; o el fracaso del movimiento conciliar del XV, que cerró el paso a una profunda reforma de la iglesia.

jueves, 5 de enero de 2017

¿Diferentes vías?

The final competitive advantage enjoyed by parts of Europe lay in the relationshipc between war an finance. Crudely, European become better at killing people. The savage ideological wars of the seventeenth century had created links between war, finance, and commercial innovation which extended all these gains. It gave the continent a brute advantage in the world conflicts which broke out in  the eighteenth century. Western European warfare was particularly complicated and expensive, partly because it was amphibious. Government needed to project their power by both land and sea. Highly sophisticated systems were required to finance and provision navies at the same time as armies. The value of Caribbean slave agricultural production was so great by 1750 that huge sums were invested in creating systems for maintaining and supplying navies that protected the islands. The British, in particular, reduced their vulnerability to invasion by placing a large fleet permanently in the waters off their western coasts. This required a high level of systems of supply and control, but also created a permanent pool of ships which could be dispatched to more distant waters in the Caribbean or the East. Any European navy in military contact with the British, however distant from the British Isles needed to catch up. Famously, Peter the Great of Russia modernized his army and navy at the beginning of the eighteenth century, just as the Japanese were to do one and half century later. The farther away, however, the less the stimulus for innovation became. Asian powers and the Ottoman could, of course, assemble large fleets, but the techniques for maintaining them at sea for long period of time were not well developed. Naval technology also fell behind the westerners after 1700. One historian of the Ottomans have remarked that the sultans had superb navies in the eighteenth century, but ones for fighting seventeenth -century wars.

C.A. Bayly. The Birth of the Modern World 1780-1914

La ventaja competitiva final de la que disfrutaban partes de Europa estribaba en la relación entre guerra y finanzas. Simplemente, los europeos habían llegado a ser mejores matando gente. Las salvajes guerras ideológicas del siglo XVII habían creado vínculos entre la guerra, las finanzas y las innovaciones comerciales que amplificaban todos estos logros. Esto concedió al continente una ventaja de peso en los conflictos mundiales que estallaron en el siglo XVIII. El modo de guerra de Europa occidental era particularmente complicado y caro, en parte por ser anfibio. El gobierno necesitaba proyectar su poder tanto por tierra como por mar. Se requerían sistemas de gran complejidad para financiar y aprovisionar tanto flotas como ejércitos al mismo tiempo. El valor de la producción de la agricultura esclavista del Caribe era tan alto que hacia 170 se invertían enormes sumas de dinero en crear sistemas para mantener y suplir las flotas que protegían esas islas. Los británicos, en particular, redujeron su vulnerabilidad frente a una invasión manteniendo de manera permante una gran flota ante sus costas occidentales. Esto requería complicados sistemas de suministro y control, pero también creaba una base permanente de barcos que podían ser enviados a las aguas más distantes del Caribe o del Este. Cualquier marina europea en contacto militar con la británica, sin importar lo lejos que estuviera del Reino Unido,  estaba obligada a mantenerse a a su altura. Pedro el Grande de Rusia modernizó su ejército y su marina al comienzo del siglo XVIII, igual que los japoneses tuvieron que hacerlo un siglo y medio más tarde. Cuanto más lejos, sin embargo, menor el impulso para innovar. Los poderes asiáticos y el Imperio Otomano podían, por supuesto, reunir grandes flotas, pero las técnicas para mantenerlas en el mar durante largos periodos de tiempo no estaban bien desarrolladas. La tecnología naval también se quedó atrás desde 1700 comparada con la europea. Un historiador del Imperio Otomano ha señalado que los sultanes tenían una marina soberbia en el siglo XVIII, pero una para librar una guerra del XVII.

Tras leer el inmenso análisis del siglo XIX escrito por Jurgen Osterhammer, con el que les he aburrido durante demasiadas semanas, me he visto impulsado a leer otras historias globales de ese periodo histórico, empezando por las que el historiador alemán citaba con más asiduidad. La primera es la del historiador británico C.A. Bayly, quien como su colega alemán, intenta alcanzar dos objetivos complementarios. Por un lado, escribir una historia realmente global de ese siglo, donde los cambios se muestren desde el punto de vista de las diferentes civilizaciones mundiales, evitando caer en un eurocentrismo ya desfasado, al mismo tiempo que se intenta respetar la multiplicidad de un mundo que aún no había sido globalizado. Por otro lado, dar respuesta a la pregunta de The Great Divergence (La gran divergencia) entre las civilizaciones, que llevó al predominio de la occidental en ese siglo y el XX. O dicho en las palabras de Jared Diamond: Why the westerners got all the cargo (Porque los occidentales se quedaron con todo lo valioso).

La tesis de Bayly es sorprendente, al menos para un público hispano. No hubo tal divergencia. Ya desde el siglo XVIII las diferentes civilizaciones estaban en camino de transformación, enfrascadas cada una en su propio camino a la modernidad. Lo que ocurrió es que debido al complejo de guerras casi mundiales que cierran el siglo XVIII y abren el XIX,  las Napoléonicas y la de Independencia Americana, pero también la de los Siete Años y las de independencia en la América Hispana, Occidente adquirió una ventaja bélica que le permitió conquistar casi todo el resto del mundo habitado a finales del siglo XIX, interfiriendo de manera directa e indirecta en la evolución del resto de sociedades, de manera que estas adoptaron formas particulares del camino europeo hacia la modernidad.

martes, 6 de septiembre de 2016

Leyendo a Camus (VI): La Peste

D'ici là, je sais que je ne vaux plus rien pour ce monde lui-même et qu'à partir du moment où j'ai renoncé à tuer, je me suis condamné à un exil définitif. Ce sont les autres qui feront l'histoire. je sais aussi que je ne puis apparemment juger ces autres. Il y a une qualité qui me manque pour faire un meurtrier raisonnable. Ce n'est donc pas une supériorité. Mais maintenant, je consens à être ce que je suis, j'ai appris la modestie. Je dis seulement qu'il y a sur cette terre des fléaux et des victimes et qu'il faut, autant qu'il est possible, refuser d'être avec le fléau. Cela vous paraîtra peut-être un peu simple, et je ne sais si cela est simple, mais je sais que cela est vrai. J'ai entendu tant de raisonnements qui ont failli me tourner la tête, et qui ont tourné suffisamment d'autres têtes pour les faire consentir à l'assassinat, que j'ai compris que tout le malheur des hommes venait de ce qu'ils ne tenaient pas un langage clair. J'ai pris le parti alors de parler et d'agir clairement, pour me mettre sur le bon chemin. Par conséquent, je dis qu'il y a les fléaux et les victimes, et rien de plus. Si, disant cela, je deviens fléau moi-même, du moins, je n'y suis pas consentant. J'essaie d'être un meurtrier innocent. Vous voyez que ce n'est pas une grande ambition.
Il faudrait, bien sûr, qu'il y eût une troisième catégorie, celle des vrais médecins, niais c'est un fait qu'on n'en rencontre pas beaucoup et que ce doit être difficile. C'est pourquoi j'ai décidé de me mettre du côté des victimes, en toute occasion, pour limiter les dégâts. Au milieu d'elles, je peux du moins chercher comment on arrive à la troisième catégorie, c’est-à-dire à la paix.

Albert Camus, La Peste

Desde es momento, sé que no tengo valor alguno para este mundo y que desde el instante en que renuncié a matar, me condené a un exilio definitivo. Otros serán los que hagan historia, sé que no puedo juzgar a los demás. Hay una característica que me falta para ser un asesino razonable. No es un aire de superioridad. Pero ahora, acepto ser lo que soy, he aprendido a ser modesto. Sólo digo que sobre esta tierra hay plagas y víctimas y que es necesario, en la medida de lo posible, negarse a ser la plaga. Le parecerá un poco simple, y no sé si lo es, pero sí que la verdad. He oído tantos razonamientos que han estado a punto de hacerme saltar la cabeza y que a tantas otras les han llevado a consentir el asesinato, que he comprendo que toda la desgracia del hombre viene de que no se habla con claridad. He tomado el partido de hablar y actuar con claridad, de seguir el buen camino. Por consiguiente, digo que hay plaga y víctimas, nada más. Si diciendo esto, me convierto en plaga yo mismo, al menos es sin mi consentimiento. Intento ser un asesino inocente. Puede ver que no es una ambición muy grande.
Sería necesario, por supuesto, que hubiera una tercera categoría, la de los auténticos médicos, aunque de hecho se encuentran pocos y que debe ser difícil. Por ello he decidido de ponerme del lado de las víctimas, en todo momento, para contener los daños. En medio de ellos, puedo al menos buscar como llegar a la tercera categoría, es decir, a la paz.

Para los que tengan ya cierta edad, La Peste fue un libro imprescindible en su juventud. Había que leerlo sí o sí, como base de la formación del carácter, maestro vital, guía política y requisito para la madurez futura. Era considerado como la obra mayor de Camus, punto de inflexión en su carrera literaria, aquella novela en que había descubierto la solidaridad humana y la había plasmado en forma de plan de acción, auténtico manual de conducta. Esta consideración llevaba a curiosas interpretaciones interesadas, como la de los curas de mi colegio, que hacían de Camus un cristiano sin saberlo él y de La Peste, una cristalización del pensamiento moral de esa religión.

Como sabrán la primacía de La Peste dentro de la obra de Camus se atenuado bastante, cediendo en importancia frente a L'Étranger. En nuestra época cínica y desengañada, el supuesto optimismo humanista, pleno de esperanza y solidaridad, de La Peste nos parece bastante fuera de lugar. Sueños ingenuos que sabemos no se pueden plasmar en la realidad, frente a los que preferimos la desesperación y vacío, esa rebelión solitaria sin objeto, motivo o justificaciones que constituyen el núcleo de L'Étranger. El Nihilismo inconsciente como forma y modelo de conducta

Sin embargo, cabe preguntarse si esta dicotomía entre un Camus optimista y uno pesimista, uno desesperado y otro esperanzado, es real o constituye una ilusión intelectual, debida a lo mucho e interesado que se ha hablado de este libro. Cada uno, como se dice, intentando arrimar el ascua a su sardina.

miércoles, 17 de febrero de 2016

El gran malentendido

These narratives are found in Matthew 28, Mark 16, Luke 24, and Johm 20-21. Read through the accounts and ask yourself some basic questions. Who was the first person to go to the tomb? Was it Mary Magdalene by herself (John)? or Mary along with another Mary (Matthew)? or Mary along with another Mary and Salome (Mark)? or Mary, Mary, Joanna and a number of other women (Luke)? Was the stone already rolled away when they arrived at the tomb (Mark, Luke, and John), or explicitly not (Matthew)? Whom did they see there? An angel (Matthew), a man (Mark), or two men (Luke)? Did they immediately go and tell some of the disciples what they have seen (John) or not (Matthew, Mark and Luke)? What did the person or people at the tomb tell the women to do? To tell the disciples that Jesus would meet them in Galilee (Matthew and Mark)? Or to remember what Jesus has told them earlier when he had been in Galilee (Luke)? Did the women then go tell the disciples what they were told to tell them (Matthew and Luke) or not (Mark)? Where did they see him? - only in Galilee (Matthew), or only in Jerusalem (Luke)?

Ehrman, Bart D. How Jesus became God

Estas narraciones (las de la resurrección) se hallan en Mateo 28, Marcos 16, Lucas 24 y Juan 20-21. Léanlas y háganse unas preguntas básicas. ¿Quien fue el primero en ir al sepulcro? ¿Fue María Magdalena en solitario (Juan)? ¿O María con la otra María (Mateo)? ¿O María con la otra María y Salomé (Marcos)? ¿O María, María, Juana y otras mujeres (Lucas)? ¿Habían sido retirada la piedra del sepulcro cuando llegaron allí (Marcos, Lucas y Juan) o explicitamente no lo había sido (Mateo)? ¿A quién vieron allí? ¿Un ángel (Mateo), un hombre (Marcos) o dos hombres (Lucas)? ¿Fueron inmediatamente a donde estaban los discípulos y les contaron lo que habían visto (Juan) o no (Mateo, Marcos y Lucas)? ¿Qué dijeron esas personas a las mujeres? ¿Que Jesus les encontraría en Galilea (Mateo y Marcos)? ¿O que recordasen lo que Jesús les había dicho en Galilea? ¿Contaron las mujeres a los discípulos lo que les habían ordenado (Mateo y Lucas) o no (Marcos)? ¿Dónde vieron a Jesus? ¿Sólo en Galilea (Mateo) o sólo en Jerusalem (Lucas)?

Tengo un buen puñado de libros de Bart D. Ehrman, el estudioso americano de los primeros siglos del cristianismo. Abarcan una inmensa variedad de temas, desde los problemas de la composición de los libros del nuevo testamento y su tradición textual, hasta las muchas variantes del cristianismo y de los muchos libros sagrados, apócrifos y canónicos, en competición durante esa época. Sus conclusiones pueden resumirse en una serie de negativas: no, los evangelios no fueron escritos por quienes dicen ser ni son testimonios de testigos presenciales. No, la información contenida en ellos, es todo menos precisa y contrastada, abundando en contradicciones, debidas tanto a la diversidad de orígenes de los mismos, la fantasía y embellecimiento de la tradición oral, y al largo tiempo transcurrido desde los hechos, de 40 a 70 años, dependiendo del evangelio. No, el cristianismo no surgió con un dogma definido desde sus inicios, ya que diferentes grupos de cristianos tenían ideas contrapuestas sobre quién había sido su fundador y cuál había sido su mensaje, discrepancias que no sólo son detectables en las múltiples "herejías"ebonitas, gnósticos, docetistas, marcionistas, adopcionistas, montanistas..., sino incluso dentro de la misma ortodoxia y los textos canónicos.

Esta complejidad fascinante del tema que estudia Ehrman constituye el peor defecto de sus libros. Dado el carácter divulgativo de los mismos, tiene que limitar su extensión a 300 páginas como mucho, de forma que o bien deja detalles importantes fuera, que hay que buscar en otros de sus libros, o bien copia secciones enteras sin añadir nada nuevo. Esos atajos compositivos lastran sus mejores obras, que sólo se salvan, precisamente, por el interés del tema tratado, como es el caso de su último libro; How Jesus became God. Porque de lo que se trata aquí es de como un predicador apocaliptico de Galilea, de los cuales  en Judea los había a puñados durante el siglo I, llegó a ser considerado como Dios trescientos años más tarde. Y no como un Dios cualquiera, sino como una divinidad a la altura de Dios Padre, creador del universo, consustancial e indisinguible del mismo.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Ortodoxias heterodoxas

...Suppose he should relent
And publish Grace to all, on promise made
Of new Subjection; with what eyes could we
Stand in his presence humble, and receive
Strict Laws impos'd, to celebrate his Throne
With warbl'd Hymns, and to his Godhead sing
Forc't Halleluiah's; while he Lordly sits
Our envied Sovran, and his Altar breathes
Ambrosial Odours and Ambrosial Flowers,
Our servile offerings. This must be our task
In Heav'n, this our delight; how wearisom
Eternity so spent in worship paid
To whom we hate. Let us not then pursue
By force impossible, by leave obtain'd
Unacceptable, though in Heav'n, our state
Of splendid vassalage, but rather seek
Our own good from our selves, and from our own
Live to our selves, though in this vast recess,
Free, and to none accountable, preferring
Hard liberty before the easie yoke
Of servile Pomp.

John Milton, Paradise Lost

...Suponed que Él rectificase
y publicase un indulto para todos, con la condición
de nuevo sometimiento; con que mirada podríamos
permanecer humildes en su presencia, y aceptar
duras leyes impuestas, par celebrar su Trono
con armoniosos himnos y a sus divinidad cantar
forzados Aleluyas, mientras Él señorial se sienta
nuestro envidiado soberano y su altar exhala
aromas de ambrosia y flores de ambrosía
nuestras ofrendas serviles. Esa debe ser nuestra labor
en los cielos, ese nuestro deleito,  qué agotador
pasar la eternidad en adoración adeudada
a quien odiamos. No persigamos
lo  imposible por la fuerza, lo otorgado por el favor
inaceptable, aunque sea  en los cielos, nuestro estado
de esplendida servidumbre, pero más bien busquemos
nuestro bien por nosotros mismos, aunque sea en estos vastos espacios,
libre, y sin deberle nada a nadie, prefiriendo
la dura libertad al suave yugo
de la pompa y el boato servil

La paulatina laicización de la sociedad, al menos en occidente, ha llevado a que gran parte de la literatura del pasado, aquélla de tono religioso, sea cada vez menos transitada. No es  una conclusión inesperado, puesto que gran parte de esas obras están tan  convencidas de la verdad de la doctrina que propagan, que poco esfuerzo hacen para intentar comunicar esas ideas a quienes no las profesan. Esto, en el mejor  de los casos, pues tampoco es infrequente que esa fe sin fisuras de sus autores se traduzca en el desprecio y la mofa de los no convencidos, en actitud propia de fanáticos ignorantes, que tan repelentes resultan en un mundo moderno aconstumbrado a poner en tela de juicio cualquier afirmación y exigir pruebas convincentes para aceptarla.

Curiosamente, de ese rechazo, mejor dicho de ese olvido neutro y por tanto peor que cualquier desprecio, se han librado los escritos de los muchos místicos que produjo el cristianismo. Esta pervivencia quizás se deba al punto de locura, de desaforamiento, provocado por la imposibilidad de comprender el misterio divino, consustancial a toda experiencia mistica. Un estado mental de arrebato, que por definición queda fuera de toda explicación racional, y por ello mismo, resulta fascinante para cualquiera, aunque se halle, como es mi caso, en el polo opuesto intelectual. Esa coincidencia y concordancia entre antípodas puede deberse a que el místico, al intentar representar ese contacto íntimo inefable con la divinidad, recurre a otro tipo de sentimientos humanos básicos y fundamentales, fuera del marco religioso, y por ello mismo, abiertos a ser sentidos y compartidos por otras muchas personas diferentes, aunque sea apelando a registros sentimentales muy distintos de los teológicos.