domingo, 14 de junio de 2015

La lista de Beltesassar (XCIX): Flatworld (1997) Daniel Greaves






















Como todos los domingos, continúo mi con revisión de la lista de cortos animados realizada por el misterioso profesor Beltesassar. Esta vez ha llegado el turno a Flatworld , corto realizado en 1997 por el animador británico Daniel Greaves.

Greaves es autor de un corto, Manipulation (1991), que debería figurar en todas las antologías por su carácter de fundacional. En él, en apenas seis minutos, Greaves demuestra las inmensas posibilidades de la animación con papel, construyendo un ejercicio de estilo de dificultad creciente que no parece tener fin. Tras esta deslumbrante presentación, todo hacía presagiar que su siguiente obra rozaría el nivel de maestra, como sería de esperar de un artista que había alcanzado pleno dominio de sus recursos. Sin embargo, Flatworld, esa segunda obra en donde se intenta reflejar un mundo cuyos habitantes son bidimensionales, se quedó un completo quiero y no puedo.

No es que este corto no tenga ambiciones. Se nota en su holgado aparato de producción, muy lejos de lo habitual en producciones independientes, su longitud que le acerca al mediometraje, la composición de una banda sonora al efecto, o el hecho curioso de que se rodara también un making of para su difusión en el mercado del video doméstico, como si tratara de una producción de una major de Hollywood o una película de la factoría Disney (... o Pixar, o Dreamworks). Sin embargo, a pesar de la evidente inspiración con que está animada, de los múltiples chistes con el formato, de los no menos claros guiños a la animación clásica, o de la mezcla de diferentes formatos animados en la historia, todos esos elementos no acaban de casar bien.

En primer lugar, la música incidental es genérica, demasiado parecida a lo habitual en las producciones de Hollywood, que intentan suplir la debilidad de sus imágenes con un refuerzo sonoro basado en tópicos y cliches. La partitura deviene así intervencionista, bien sin relación con lo que ilustra, bien en conflicto con ella, produciendo el curioso efecto de que la mejores secciones de la película acaban por ser aquellas en la que no está, como es el caso.

Por otra parte, la narración, a pesar de sus muchos hallazgos visuales, no acaba de despegar, se torna pesada y reiterativa, cuando no vaga y divaga, sin saberse muy bien a donde quiere ir o donde quiere llegar. En sí, esto no sería un problema, ya que importantes obras de la animación se han construido sobre historias sin consistencia o no han sabido cerrarlas bien. El auténtico problema es otro y se reduce a que todo en Flatworld parece calculado de antemano, trazado de manera que cualquier riesgo haya sido apartads y eliminado, llevándose la emoción y la sorpresa con ello. No es tampoco que su ritmo sea lento o que se intente que el espectador se haga poco a poco a este mundo nuevo, hasta que llegue a vivir a su manera propia y peculiar. Lo que ocurre es que incluso cuando el ritmo se acelera, cuando las peripecias se acumulan, cuando la acción explota en la pantalla, todo lo mostrado parece seguir un plan férreo y estricto del que están excluidos la naturalidad o el arrebato, la espontaneidad, la propia alegría.

Flatworld así deviene aburrido. No porque sea complejo o críptico, características que lo harían interesante desde un aspecto intelectual, sino precisamente porque siempre juega sobre seguro y no se atreve a acelerar, a correr riesgos. Temor al fracaso que le conduce directamente a él, pero que no sé si fue impuesto por la necesidad de la productora de recuperar la inversión en este corto, claramente elevada, o porque Greaves se vio superado por la complejidad de ese mismo aparato de producción, tan diferente a la simplicidad y sencillez de su obra anterior.

Como siempre, les dejo aquí el corto. Ya habrán notado que no me gustó, o al menos no me gustó tanto como debiera. Pero si uds. lo ven y les gusta, mejor que mejor, porque me sentiré feliz de haberme equivocado.