domingo, 4 de agosto de 2013

The Beltessasar List (IX): More (1998) Mark Osborne















En mi revisión semanal de la lista de cortos animados recopilada por el misterioso Beltesassar, le ha llegado el turno a More, un magnífico corto de stop-motion realizado en 1998 por Mark Osborne, más conocido para el gran público por películas de animación 3D como Kung Fu Panda... película completamente prescindible si se la compara con este corto temprano de Osborne.

A los que lean estas líneas les puede parecer que tengo una especial inquina contra la 3D. En parte tienen razón, pero mis ataques no se deben tanto a la técnica - si siguen esta sería encontrarán varios cortos de 3D que sí que me apasionan - sino al uso simplón y pedestre que se hace de esta herramienta. Demasiadas veces se utiliza para contar un mal chiste, cuya gracia se supone que vendrá dada por la fluidez y la perfección que confiere el uso del ordenador. Demasiadas veces se observa que esta técnica revolucionaria es utilizada para contar historias que ya eran viejas y transnochadas en la edad de oro de la animación norteamericana, allá en los años 30 y 40 del siglo pasado.

No es de estrañar que frente a este uso anciano de los avances tecnológica, otras técnicas, precisamente aquellas que debían ser substituidas, barridas, por la flamante novedad, hayan experimentado un inesperado resurgimiento. En el tiempo de transición que media de 1990 a nuestro días, se han creado decenas de magníficos cortos en este estilo, además de varios largometrajes, confirmando que en animación no hay técnica menor o demasiado vieja, sino que todo es válido si el animador tiene talento (... y tiempo y dinero, claro está).

Parte del secreto de este renacimiento estriba en que cualquier animador que practique la stop motion tiene a su disposición una larguísima tradición en la que inspirarse. Unos fundamentos que no son sólo técnicos, sino temáticos y estéticos, ya que la stop motion está intimamente ligada con la animación independiente y experimental, es decir, con la investigación y su consequente plasmación en imágenes de los conflictos consustanciales a eso que denominamos existir, sobrevivir en el seno de una sociedad de la cual no somos otra cosa que un ínfimo componente, olvidado y prescindible.

No otro es el tema de More, expresado en esta ocasión por una interminable e irrenunciable búsqueda de la felicidad personal del protagonista. El contraste entre esos deseos y la realidad está expresado no sólo por el diseño de un mundo e en el que los edificios, los lugares de trabajo, los productos de consumo - que prometen una felicidad artificial y por tanto huera - son de un gris aplastante, indistinguibles los unos de los otros, cárceles ilimitadas - y por tanto sin escapatoria - en los que sus habitantes lo único que hace es transitar voluntariamente de una celda a la otra, sin poder imaginar que existan espacios abiertos o algo que se llame libertad.

Ese diseño agobiante y asfixiante se extiende a los mismos personajes, que son transformados en siluetas de una delgadez extrema, consumidas internamente por ese mismo sistema del que son una pieza más y para el cual no existe opción posible. Auténticos muertos vivientes - como lo somos todos - en el interior de algunos de ellos arde un fuego de fulgor cegador, que sólo hace más insoportable, más doloroso y torturado el mero hecho de existir, de tener que despertarse en un mundo tan falto de esperanza.

Es ese brillo el que provocará un cambio substancial en el protagonista del corto, un amago de romper las cadenas que le aprisionan, que sin embargo acabará convertido en estertor, puesto que su rebeldía será pronto absorbida, controlada y comercializada por el sistema, del que acabará siendo uno de sus mayores valedores... y prisioneros, esta vez sin ninguna posibilidad de escape, puesto que su fuego, lo que le hacía distinto y único, se habrá apagado definitivamente.

Como siempre, les dejo aquí el corto. Disfrútenlo, porque lo merece, y ya nos veremos la semana que viene.