sábado, 24 de octubre de 2015

Acordes visuales



Cuando comencé a interesarme por el arte, era ignorante y radical a partes iguales. Apenas conocía una corta de lista de nombres,  plena en  lagunas, omisiones, sobrantes y equívocos, que defendía a machamartillo, llegando incluso a despreciar toda obra y artista que no figurase en ella. Como pueden imaginar, esta actitud no era otra cosa que ceguera juvenil, provocada por un extremo entusiasmo y amor, del cual poco a poco he ido limando sus aristas y asperezas, perdiendo también, desgraciadamente, la pasión y entrega que caracterizaba esa edad. En contrapartida, que poco a poco he ido aprendiendo a abandonar los caminos marcados, a perderme y extraviarme por los museos y la historia del arte, para encontrar pinturas, esculturas, músicas, que me hablen  en exclusiva y por ello mismo terminen enamorándome, fascinándome, aunque este sentimiento no sea siempre comunicable.

Esos mismos años de experiencia basada en el desengaño, nos hacen creer no obstante que lo sabemos y conocemos ya todo,, que sólo es necesario un cambio de perspectiva y de estado anímico, para disfrutar de aquéllo que un poco antes nos resultaba indiferente. Por eso mismo, uno agradece cada vez más esas exposiciones que nos recuerdan cuan equivocados (aún) estamos, cuánto nos queda (todavía) por aprender, los muchos nombres desconocidos de los cuales ignoramos la importancia y repercusión que habrán de tener en nuestras vidas. Impacto e importancia que sólo suele depender veces del azar y la casualidad, sin la cual seguiríamos ignorantes de su presencia, eternamente empobrecidos.

Ése el caso de la magnífica exposición en la Juan March del artista Max Bill, un nombre para mí desconocido hasta ayer mismo y que mi mente aún se niega a memorizar, pero que estoy seguro que acabará convirtiéndose en uno de mis esenciales.


martes, 20 de octubre de 2015

Bajo la sombra del postmodernismo (XVI)

The six years between 1868 and 1874 are a crucial watershed in the history of modern Spain. In essence what has occurred was the consolidation of a social and political system that had been in the process of elaboration since the death of Fernando VII in 1833, if not the inauguration of the cortes of Cádiz in 1810. Spain was confirmed as a constitutional monarchy governed by the principle of equality before the law - in the manifesto which he had issued from his exile in England on the urging of Canovas on 1 December 1874, Alfonso XII had promised that the future of Spain would be decided by a constituent cortes - but at the same time she was confirmed as a profound inegalitarian society in which political and economic power were monopolised by a propertied oligarchy. With varying degrees of sincerity, successive generations of radicals had been battling to secure a greater degree of justice ever since the 1840s, but it had now been shown beyond any doubt that all attempts to conquer the system from within were utterly futile. If the crushing legacy of disamortization was to be challenged, the way forward was not through burgeois politics, but rather through the embryonic labour movement that had been seen to flex its muscles in the course of the sexenio. By the same token, if Spain was to be anything other than a rigidly centralized governed from Madrid, the torch would have to be taken up by forces working from outside the system, be they elements of that self-same labour movement or regionalist movements rooted in cultural differences.

Charles J. Esdaille, Spain in the Liberal Age, From Constitution to Civil War, 1808-1939

Los seis años entre 1868 y 1874 son un hito crítico en la historia de la España moderna. Lo que había ocurrido esencialmente fue la consolidación de un sistema politíco-social que había ido elaborándose a partir de la muerte de Fernando VII en 1833, si no desde la apertura de las cortes de Cádiz en 1810. España se había consolidado como una monarquía constitucional regida por el principio de igualdad ante la ley - en el manifiesto publicado por Alfonso XII desde su exilio en Inglaterra urgido por Cánovas el primero de diciembre de 1974, el príncipe había prometido que el futuro de España se decidiría en unas cortes constituyentes - pero al mismo tiempo se había consolidado como una sociedad profundamente desigual donde el poder político y económico estaba en manos de una oligarquía terrateniente. Con diferentes grados de sinceridad, sucesivas generaciones de radicales habían luchado para conseguir un mayor grado de justicia desde la década de los cuarenta, pero había quedado demostrado que todo intento de tomar el poder desde dentro era estéril. Si se quería combatir el abrumador legado de la desamortización la vía no era la política burguesa , sino más bien el movimiento obrero embrionario que había comenzado a probar sus fuerzas durante el sexenio. En la misma medida, si España iba a ser algo más que un país gobernado rígida y centralizadamente desde Madrid, la antorcha debía pasar a fuerzas actuando fuera del sistema, fueran elementos de ese mismo movimiento obrero o movimientos regionales basados en diferencias culturales.

Aunque de tarde en tarde, continúo con mi comparación de las Historias de España dirigidas por el británico John Lynch y los españoles Fontana/Villares. Ambas son muy distintas en ámbito e intenciones, siendo la principal diferencia que la concebida en España aplica una definición estricta a ese sujeto histórico, de manera que dedica la mayor parte de su espacio narrativo al tiempo posterior a 1500, cuando ya se puede hablar de una corona española o hispana. Con todas las comillas y peros que se quieran ponerle, eso sí

Esa pequeña diferencia desequilibra y daña ambas obras, ejemplares por otra parte. En el caso de la Fontana/Villares, la evolución de la península desde el 1000 a.C al 1500d.C se despacha en dos volúmenes, a todas luces insuficientes para realizar un análisis detallado del pasado y origen del estado español. En la historia de Lynch, por el contrario, es el periodo de 1800 a 1939 el que embute en un sólo volumen de apenas 350 páginas - el que estoy leyendo estas semanas -, provocando el paradójico efecto de abundar en detalles poco conocidos, apenas relatados en otras monografías, mientras al mismo tiempo se queda corto en muchos otros hechos no menos interesantes, apenas esbozados o meramente escamoteados, caso del asesinato del líder sindical Salvador Seguí a manos del somatén catalán.

Este efecto de selección era inevitable, dado lo exiguo del espacio, pero lastra sin remedio una obra que otros aspectos resulta más que notable, ya que, como les he indicado antes, permite al lector hispano conocer detalles de su historia que nunca antes había leído oído relatar - como el origen sorprendente de los Milans del Bosch, guerrilleros y revolucinarios en tiempo de Fernando VII, en claro contraste con su posicionamiento reaccionario de la restauración en adelante -. Estos parches de luz sobre la historia del XIX y principio del XX resultan más que frustantres, cuando, por el contrario, capítulos enteros de la historia resultan eliminados, como es el caso de las guerras carlistas - ¿Qué fue de Zumalacárregui o de Cabrera, ni siquiera nombrados? - o las tres guerras de Cuba, de la que se elimina la segunda y no se narran las otras dos desde el punto de vista cubano hasta que se produce la entrada de los americanos - ¿Quiénes fueron los líderes locales de estas revueltas? No esperen saberlo en esta obra -.

Sin embargo, el principal problema del libro no es privativo suyo, sino que se extiende a otras obras con más espacio y detalle, como ya veremos en el caso de la Fontana/Villares. En resumen, el gran problema del periodo 1808-1936, es como debe partirse en secciones independientes, fuera de las dos cisuras establecidas por la Guerra de la Independencia y la Guerra Civil, además de la pequeñita del 98 y la pérdida de Cuba.

sábado, 17 de octubre de 2015

Olvidados

Luis de Morales, Ecce Homo
Si son aficionados al arte, sabrán que el pintor renacentista español Luis de Morales es inseparable de su apodo "El divino". Un apelativo que, cuando me empecé a aficionar a esto de la pintura y las exposiciones, me parecía incompresible o al menos inapropiado. Sabía que ese nombre le había sido dado por sus contemporáneos por la espiritualidad y trascendencia con que dotaba a sus obras, siempre religiosas, pero en ellas no veía yo el reflejo de la gloria de los bienaventurados o la bendición de la gracia, sino dolor, desesperación y sufrimiento. La pinturas de Morales estaban así desprovistas de la serenidad, el equilibrio y la belleza que yo suponía inherente al renacimiento pleno, para asemejarse a no sé muy bien qué, pero seguro que nada que tuviese que ver con algo "divino".

Mucho tiempo ha pasado desde entonces, más de treinta años, y muchos son los modos y perspectivas pictóricas a las que he llegado a aconstumbrarme... incluso a deshabituarme y volverme a habituar, como ocurrió con la pintura renacentista, que deje de amar al aficionarme a las vanguardias, pero que recuperé tras un largo viaje a Italia. Por esa razón, cuando he visitado esta mañana la exposición que El Prado ha dedicado a Luis de Morales, he sabido entender su pintura y apreciarla en parte. Vista ahora, me parece perfectamente encuadrada en el clima intelectual de su época, dominada por la enmienda a la totalidad que la ruptura religiosa protestante y la contrarreforma católica opusierion a los ideales renacentistas, substituyendo el optimismo del humanismo en el éxito del conocimiento humano, por un control férreo y total de las ideas, en el que la más pequeña disidencia idelógica podía ser castigada con la muerte.

martes, 13 de octubre de 2015

Laberintos y tinieblas

J'étais dans une de ces forêt où le soleil n'a pas accès mais où, la nuit, les étoiles pénètrent. Ce lieu n'avait le permis d'exister, que parce que l'inquisition des États l'avait négligé. Les servitudes abandonnées me marquaient leur mépris. La hantise de punir m'était retirée. Par endroit, le souvenir d'une force caressait la fugue paysanne de l'herbe. Je me gouvernais sans doctrine, avec une véhémence sereine. J'étais l'égal des choses dont le secret tenait sous le rayon d'une aile. Pour la plupart, l'essentiel n'est jamais né, et ceux qui le possèdent ne peuvent l'échanger sans se nuire. Nul ne consent à perdre ce qu'il a conquis à la pointe de sa peine! Autrement ce serait la jeunesse et la grâce, source et delta auraient la même pureté.
J'étais dans une de ces forêts où le soleil m'a pas accès mais où, la nuit, les étoiles pénètrent pour d'implacables hostilités

René Char, Pénombre, Fureur et  mystère 

Estaba en uno de esos bosques en donde el sol no tiene acceso, pero donde la noche, las estrellas, penetran. Ese lugar solo tenía derecho a existir porque la inquisición de los estados lo había descuidado. Las servidumbres abandonadas me señalaban su desprecio. La obsesión por castigar me había sido retirada. A mi alrededor, el recuerdo de una fuerza acariciaba la fuga campesina de la hierba. Me regía sin doctrina, con una vehemencia serena. Era el igual de las cosas de las que el secreto se encontraba bajo el rayo de un ala. Para la mayoría, lo esencial nunca nace y los que lo poseen no pueden intercambiarlo sin dañarse.¡Nadie consiente en perder lo que a conquistado a punta de penas! De otro modo ocurriría que juventud y gracia, fuente y desembocadura tendrían la misma pureza.
Estaba en uno de esos bosques en donde el sol no tiene acceso, pero donde la noche, la estrellas, penetran por implacables hostilidades
Mi primer contacto con la poesía de René Char tuvo rasgos de decepción. Mi creciente olvido del francés, unido a la concentración y entrega que este escritor exige de sus lectores, me llevaron a perder el rumbo en mi lectura, a extraviarme a mitad de un poema, sin llegar a destino, ni haber apreciado el camino propuesto. Sin embargo, aquí y allá, quedaban imágenes poderosas, semejantes a ruinas de una civilización desaparecida, que me impedían abandonar definitivamente la tarea de leer a Char.

Es más, me impelían a volver a intentarlo, en algún otro momento.

No tardé mucho en hacerlo. Esta vez no en antología, sino en poemarios completos, tal y como él había compilado sus versos a medida que se acumulaban. La diferencia entre ambos viajes por Char fue notable. En primer, toda antología adolece de un defecto fundamental: ser como un invernadero donde se acumulan plantas y árboles de muy diferentes orígenes, cuya única relación es compartir un espacio ajeno al suyo. La lógica y la evolución interna de un poemario completo se pierde así, así como las múltiples relaciones, alusiones y referencias, que como si fueran estratos de sedimento, se van a acumulando en la memoria del lector, aclimatándolo y naturalizándolo en las tierras extrañas y desconocidas de un poeta.

Eso es lo que me faltaba en mi primera lectura, fragmentaria y deslavazada. Eso es lo que encontré en la segunda.

lunes, 12 de octubre de 2015

Edificios para ser habitados

Alvar Aalto, Biblioteca de Vyborg/Viipuri
Si la fundación Mapfre parece empeñada en trazar la historia de la fotografía, el Caixaforum está realizando la misma tarea en el campo de la arquitectura, donde realiza magníficas semblanzas de los grandes nombres de ese arte - única crítica ¿por qué no se editan catálogos? -. En esta ocasión, le ha tocado el turno a Alvar Aalto, uno de los grandes del movimiento moderno, en su rama de funcionalismo orgánico, y uno de los arquitectos a los que más admiro.

Esta apreciación mía se debe a que Aalto es uno de los pocos arquitectos modernos - el otro sería Frank Lloyd Wright - que tiene en cuenta a los seres humanos a la hora de diseñar sus edificios, idea confirmada y reforzada durante la visita a la exposición. Yo ya sabía que Aalto cuidaba con especial cariño la orientación y morfología de sus construcciones, de manera que se adecuasen perfectamente a la función prevista y a las necesidades de sus habitantes. Lo que no sabía es que su dedicación llegaba al extremo de diseñar - junto con su esposa Aino - el mobiliario, la decoración, los útiles de uso corriente.

El objetivo de Aalto era, por tanto, crear espacios plenos, armónicos, en los que sus habitantes pudiesen sentirse cómodos, felices, en clara aplicación de unas ideas humanistas, muy poco corrientes entre los arquitectos de la modernidad... y ausentes también en muchos, demasiados, de los de hoy en día.


viernes, 9 de octubre de 2015

Historia y Memoria

Josef Koudelka, Praga 1968
A pesar de lo mucho que amo el género documental - es mi favorito, junto con la animación - encuentro que se halla un escalón por debajo de la fotografía. Un escalón pequeño, pero real, que el cine nunca ha llegado a traspasar. Quizás sea porque a pesar de todos los esfuerzos del documental por transmitir una sensación de inmediatez, bien mediante montaje desarreglado, bien imitando los resultados de los aficionados, es incapaz de igualar la sorpresa y el relámpago que un buen fotoperiodista es capaz de conseguir. Un efecto de haberse topado con el hecho, sin posibilidad de reaccionar, de haber sido desarraigados y transplantados a un tiempo y una situación que no es la nuestra, y que, sin embargo, somos así capaces de experimentar y compartir.

Estas reflexiones viene a cuento de otra de las magníficas exposiciones de fotografía, con las que la fundación Mapfre está educando en ese arte a los que, como yo, somos auténticos legos en la materia. En esta ocasión, el fotógrafo al que se dedica una retrospectiva es Josef Koudelka, artista checo de largar carrera, siempre relacionada con el periodismo y la fotografía focumental, pero cuya figura se haya ligada, para bien o para mal, con un acontecimiento decisivo del siglo XX: el aplastamiento de la Primavera de Praga por las tropas soviéticas.

martes, 6 de octubre de 2015

El color y la verdad

Pierre Bonnard, Autoportrait

Primero, disculpas por mi silencio durante estos últimos quince días. Compromisos literarios, artículos para cierta revista de cine en la que colaboro, me han obligado a dejar de lado las actualizaciones de este blog.

Pero volviendo a lo que importa: este otoño expositivo ha comenzado con muy buenas perspectivas, que esperemos no se malogren. Por ahora, la primera exposición que he visto no me ha defraudado en absoluto, de hecho, tiene visos de convertirse en una de las mejores organizadas por la Fundación Mapfre. Se trata, por supuesto, de la retrospectiva Pierre Bonnard.

Tengo que confesarles que Bonnard es un pintor al que admiro profundamente, pero del que desconozco/desconocía la mayor parte de su obra. Esta paradoja se resuelve porque mi fascinación por Bonnard tiene su origen en una serie mítica de 1980, The Shock of the New, en donde el crítico de arte Robert Hughes realizaba un elogio/elegía del movimiento moderno, al mismo tiempo pleno de rendida admiración y crítica amargura.

sábado, 19 de septiembre de 2015

La catástrofe (y VII)

1917 verdichteten sich in allen kriegführenden Gesellschaften die Symptome einer Krise des Liberalismus. Was der Krieg für das liberale Erbe aus dem 19. Jahrhundert bedeutete, wurde jetzt unübersehbar. Die tradierte Vorstellung nach der die politische Mittel allein in den Gesellschaften ausgehöhlt wurde, die 1918 den Krieg verlieren sollten, dass allein im Kontext des vom Krieg erzwungenen Übergangs von der Monarchie zur Republik in Deutschland, von Großreich zu Nationalstaaten in Österreich-Ungarn, die extremen Ränder radikaler links und rechts gestärkt wurden, ist in dieser Einseitigkeit falsch. Die Krise des Liberalismus war umfassender, sie begann früher, und sie wurde auch in den künftigen Siegerstaaten Großbritannischen, Frankreich und Italien erkennbar und ebenso in Gesellschaften wie Spanien und Portugal, die lange Zeit nicht direkt in den krieg involviert waren

Jörn Leonhard, La caja de Pandora

En 1917 se intensificaron los síntomas de una crisis del liberalismo en todas las sociedades en guerra. Lo que la guerra representaba para la herencia liberal del siglo XIX, era entonces impredecible. La versión recibida, segun la cual sólo se debilitaron los medios politícos en las sociedad que en 1918 perderían la guerra, y que sólo en el contexto de la transición forzada por el conflicto de la monarquía a la república en Alemania, de imperio a estados nacionales en Austria-Hungria, es falsa en esa misma simplicidad. La crisis del liberalismo era más amplia, empezó antes y fue reconocible también en los futuros vencedores de la guerra, Gran Bretaña, Francia e Italia, e incluso en sociedades como España y Portugal, que durante largo tiempo no se vieron envueltas directamente en el conflicto.

Una de las características del periodo de entreguerras es la crisis del liberalismo, caracterizada por la constitución de regímenes autoritarios, normalmente de derechas, en los estados Europeos, de manera que en 1939, excepto Francia, Inglaterra y los países escandinavos, no quedaba una sola democracia en Europa. Ese giro hacia soluciones dictatoriales se ha querido justificar en muchas ocasiones - y de forma interesada en la mayoría - como una respuesta frente a la Revolución Rusa, de manera que esos regímenes se explicarían como una maniobra de contención necesaria para detener la subversión comunista.

No es necesario recordar, supongo, los efectos deletéreos que esa interpretación tuvo - y sigue teniendo - en la vida de muchas sociedades, como la nuestra, en donde una dictadura sangrienta de ese tiempo de entreguerras se sigue calificando de mal menor. Por otra parte, y es muy necesario subrayarlo, aunque estas democracias liberales reconocían muchos de los derechos políticos que ahora consideramos normales e incluso algunas habían puesto en vigor medidas sociales parecidas a las de los actuales estados del bienestar, estos sistemas y las libertades de las que presumían seguían siendo imperfectos, restringidas sus ventajas a unos pocos privilegiados, profundamente injustos y discriminatorios, además de contar con un fuerte aparato censor y represivo en todo lo que concernía a la intelectualidad y la cultura.

Hechas estas consideraciones, lo que Leonhard además nos recuerda es que esa crisis del liberalismo no fue una consecuencia de la guerra, en el sentido de desarrollarse posteriormente a ella, sino que nació y creció con el conflicto, afectando a todos los países contendiente e incluso a los neutrales - caso de España y su crisis de 1917 -, una oportuna puntualización que deja en nada la versión de la crisis como reacción a la revolución, que muchos propagaron en su tiempo y que no pocos siguen manteniendo ahora.

viernes, 18 de septiembre de 2015

La catástrofe (y VI)

Die Schwäche der Pariser Vorortverträge lag auch in der prinzipiellen Annahme, das alle Staaten sie akzeptieren wurden. Doch die Türkei und China stellten sie sofort infrage, Deutschland und Ungarn waren nur unter massivem Zwang bereit, die Verträge zu ratifizieren und konzentrierten sich alsbald auf die künftige Revision. Als der Versailler Vertrag schließlich am 20, Januar 1920 in Kraft trat, war die Amerikanische Zustimmung bereits zweifelhaft, und gerade der politische Rückzug der Vereinigten Staaten beschädigte die Legitimation des Vertragswerks erheblich. Hinzu kamen die Konflikte zwischen den verbleibenden Siegern: Während die USA  als Akteur praktisch ausfielen, verfolgte die Italienische Führung primär eigene nationale Ziele und zeigte sich an andern Fragen kaum interessiert. Frankreich und Großbritannien  dagegen waren in vielfältige Konflikte verwickelt. Das reichte vom Umgang mit den Deutschen U-Booten über die Umsetzung der Vertragsbedingungen in Schlesien und in der Türkei bis zur Frage der Reparationen für Russland. Über die konkrete Umsetzung des Friedensvertrages und seiner Regelungen hatten sich die Delegationen wenig Gedanken gemacht, zumal angesichts der Tatsache, dass viele Bevölkerungen in Deutschland, Ungarn, Polen, der Türkei die Ergebnisse der Friedensverträge vehement ablehnen. Sehr bald zeigte sich, dass es ähnlich schwierig sein würde, den Frieden zu sichern, wie die Sieg im Krieg zu erringen.

Jörn Leonhard, La caja de Pandora

La debilidad de los tratados de París radicaba en un supuesto principal, que todas las naciones lo aceptarían. Pero tanto como Turquía y China enseguida lo cuestionaron, mientras que Alemania y Hungría solo aceptaron ratificarlo tras enormes presiones y en seguida se concentraron en una futura revisión. Cuando el tratado de Versalles entró en vigor finalmente el 20 de enero de 1920, su aprobación por parte de los EEUU era dudosa y precisamente la retirada americana dañó considerablemente la legitimidad de los tratados. A ello contribuyeron los conflictos entre los vencedores restantes: Mientras que los EEUU desaparecieron prácticamente como actores, la cúpula política italiana siguió principalmente sus propios objetivos nacionales y apenas se mostró interesada en otras cuestiones. Francia y el Reino Unido, por el contrario, se enredaron en múltiples conflictos, que iban de la gestión de los submarinos alemanes a la cuestión de las reparaciones rusas, pasando por la aplicación de las condiciones del tratado en Silesia y Turquía. A esa aplicación concreta del tratado y de sus estipulaciones apenas le dedicaron tiempo las delegaciones, mucho menos al hecho, que gran parte de la población de Alemania, Hungría, Polónia y Turquía rechazaba con vehemencia los acuerdos de pas. Pronto quedó demostrado que era tan difícil garantizar la paz como alcanzar la victoria durante la guerra.

Debido a la visión anglofrancesa - más inglesa que francesa - con la que suelen llegar a nuestro país las historias de la  Primera Guerra Mundial, el tratado de Versalles y sus repercusiones se reducen al tema de las fuertes reparaciones que debía pagar Alemania a ambas potencias occidentales. Éstas, junto con el resto de duras condiciones que humillaron a Alemania y los alemanes - que en gran medida, no se consideraban vencidos - se convertían así en una bomba de relojería que, más tarde o más temprano, habrían de conducir a una nueva guerra general europea, iniciada por Alemania para revisar los tratados. La única pregunta que quedaba es si esta nueva apuesta por la hegemonía se realizaría de forma reducida y controlada - una suerte de Versión 2 de la Alemania Guillermina, claramente de derechas, pero con asomos y aspiraciones a cierta legalidad internacional - o lo sería de forma maximalista, barriendo ante sí todos los tratados, leyes, escrúpulos y consideraciones - es decir, en la encarnación representada por los Nazis, su radicalismo racial y su fanatismo ideológico.

Sin embargo, lo que Jörn Leonhard recuerda al lector es que el tratado de Versalles era realidad varios tratados, agrupados normalmente bajo el nombre del más famoso. El tratado de Versalles, en sí, es solamente el que reune las condiciones aplicables a la Alemania, mientras que St. Germain y Trianon afectaban a los antiguos territorios del Imperio Austrohungaro, Austria y Hungria respectivamente, Neully a Bulgaria, y Sevres a Turquía. La intención de las potencias vencedores con esos acuerdos de paz era crear un sistema mundial, al estilo del construido tras las guerras napoleónicas en el Congreso de Viena, que fuera válido en lo sucesivo, al mismo tiempo que asegurase la paz mundial mediante la resolución de los conflictos internacionales en un organismo constituido a tal efecto: La Sociedad de Naciones.

Si este era el propósito inicial, ya sabemos que fracasó estrepitosamente. Pero no por culpa de Alemania o al menos no principalmente.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

La catástrofe (y V)

Wo endete der Weltkrieg? Und wo endete welcher Krieg? Ende 1918 existierten längst unterschiedliche Gewalträume, solche des Staatenkriegs, aber auch des Bürgerkriegs oder des ethnischen bzw. nationalen Unabhängigkeitskampfe, in denen die chronologische Gleichzeitigkeit historisch ungleichzeitig Gewalterfahrungen abbildete. Anfang August 1914 hatte der Beginn des Krieges  einen gemeinsamen Bezugspunkt für Millionen von Menschen über enorme geographische Distanzen hinweg dargestellt - für den Prager Schriftteller Franz Kafka genauso wie für den Lastfahrer Kande Kamara aus dem westafrikanischer Kindia in Französisch Guinea. Das Ende des Krieges war ungleichzeitiger. Der 11. November 1918 beendete den Krieg zwischen Staaten im Westen, aber der Waffenstillstand bedeutete nicht das Ende der Gewalt an vielem anderen Orten: in Ost-, Ostmittel - und Südosteuropa, in der Zerfallszone der multiethnischen Großreiche Russlands, Habsburgs und der Osmanischen Reichs, wo der Staatenkrieg zum Staatszerfall führte, wo der Weltkrieg in Bürgerkriege und ethnische Konflikte überging, die Front in eine Gewaltraum, in dem jeder - Soldat oder Zivilist - Feind sein konnte. Wer sich auf die so oft zitierte elfte Stunde am elften Tag der elften Monats konzentriert, der wird mit der Symboldatum des 11. November 1918 allenfalls das Ende des Staatenkriegs in Westeuropa erfassen - obwohl schon zu diesem Zeitpunkt wichtige Akteure des Sommers 1914 wie das russische Reich oder die Habsburgermonarchie gar nicht mehr existierten.

Jörn Leonhard, La caja de Pandora

¿Dónde terminó la guerra? ¿Y dónde terminó qué guerra? A fines de 1918 existían desde mucho antes diferentes espacios de violencia, de cada guerra entre estados, pero también de guerras civiles o étnicas, e incluso de independencia, en la que la coincidencia cronológica construyó desiguales experiencias de la violencia. A principio de agosto de 1914 el inicio de la guerra había constituido un punto de referencia común para millones de personas distribuidas sobre enormes distancias geográficas - tanto para el escritor de Praga, Franz Kafka, como para el porteador Kande Kamara del Afríca occidental en la Guinea Francesa. El fin de la guerra fue más desigual. El 11 de noviembre de 1918 finalizó la guerra entre estados en el oeste, pero el alto el fuego no significó el fin de la violencia en muchos otros sitios: en Europa del este, del sudeste y centro-oriental, en las zonas desmembradas de los imperios ruso, habsburgico y otomano, donde la guerra entre estados llevó al derrumbamiento de estos, donde la guerra mundial se transformó en guerra civil y étnica, el frente en una zona de violencia donde todos - civiles y soldados - podían ser el enemigo. Quien se concentre en la fecha tan citada de las once horas del día once del mes once, debe entender con la fecha simbólica de del 11 de noviembre de 1918 solo el fin de las hostilidades en Europa occidental - aun cuando para entonces actores importantes en el verano de 1914 habían dejado de existir, caso del Imperio Ruso o la Monarquía de los Habsburgo.

Como bien señala Jörn Leonhard, asociar la fecha del 11/11/18 (a las once horas) con el fin de la Primera Guerra Mundial es un error de perspectiva, causado porque la mayor parte de la bibliografía disponible en occidente sólo proviene de los países implicados en el frente occidental, para los que sí finalizo en ese momento preciso.


La guerra continuó, o mejor dicho, se continuó en múltiples formas en un inmenso ámbito que iría más o menos, desde el océano ártico, hasta el Oriente Próximo, cruzando todo lo que sería el espacio de los antiguos países del bloque del Este y las modernas repúblicas post-soviéticas... e incluso saltando hacia el Asia Central y el Extremo Oriente. Esta continuación del conflicto no fue un epílogo, como ocurrió con la Segunda Guerra Mundial en Europa, donde el fin de las hostilidades llevó a una reorganización de fronteras con expulsión de poblaciones y purgas masivas, sino que se trató de guerras en toda regla, que llegaron a causar al país implicados más muertos que la propia guerra mundial - caso de Rusia y su guerra civil - o duraron más que el conflicto mundial - caso de Turquía y su lucha por revisar las condiciones del tratado de Versalles.

sábado, 12 de septiembre de 2015

La catástrofe (y IV)

Langfristig beeinflusste der Frieden von Brest-Litowsk durch seine Wahrnehmung in Deutschland auch das Bild Osteuropas als einen Möglichkeitsraum deutscher Herrschaft - das reicht weit über das Kriegsende 1918 und den Zusammenbruch der Verwaltung von Ober Ost hinaus. Das imaginierte Bild des Ostens und des Ostseeraums veränderte sich unter diesem Umständen: Weitreichende Pläne für die koloniale Gestaltung dieses Gebietes provozierten neue Vorstellungen, die langfristig um die Kategorien "Volk" und "Raum" kreisen sollten. Der Zusammenbruch der deutschen Besatzungsstrukturen von Ort ging aber auch mit der Vorstellung eines weitgehend unstrukturierten, ja chaotischen Raumes und einer zivilisatorisch wie rassisch unterentwickelten Bevölkerung einher. Trotz der Aufhebung des Vertrages von Brest-Litowsk 1919 blieb der Friedensschluss für Osteuropa im Gedächtnis der deutschen Öffentlichkeit fest verankert. Hier, so die verbreitete Auffassung, stellte der erfolgreiche Ausgang ein für alle Mal unter Beweis, was das Deutsche Reich in diesem Weltkrieg hätte erreichen können. In dieser Perspektive enthielt der Friedensvertrag auch eine wichtige ideologische Komponente: Mit der Sieg über Russland habe Deutschland, so Golo Mann, eine "ungedankte, europäische Leistung des Krieges" erbracht, nämlich die Eindämmung Russlands und der Bolschewiki, an die es in Zukunft wieder anzuknüpfen galten. Wenn Osteuropa als Koloniesirungsgebiet mit den Krieg eingeleiteten Mitteln nicht kultiviert und zivilisiert werden konnte, so folgerten viele Deutsche, dann müssten in Zukunft radikalere Mittel eingesetzt werden. Vor allem viele "Baltikumer", die Angehörige der im Baltikum eingesetzten Freikorps. entwickelten nach Kriegsende Fantasien einer nationale Wiederauferstehung Deutschland im Osten

Jörn Leonhard, La caja de Pandora

A largo plazo, la paz de Brest-Litowsk influyó mediante su percepción en Alemania la imagen de Europa oriental como un espacio de oportunidades para el dominio alemán - algo que se extiende más allá del fin del conflicto en 1919 y el desmoronamiento de la administración alemana en el este. La imagen imaginada del este y del espacio del már Báltico se transformó debido a esas circunstancias: los planes de largo alcance para la administración colonial de esa región causaron nuevas expectativas que a largo plazo se mezclarían con las categorías de Pueblo y Espacio. El hundimiento de la estructura de ocupación alemana sobre el terreno se conjugó también con la idea de un espacio caótico y una población atrasada tanto en sus aspectos culturales como raciales. A pesar de que el tratado de Brest-Litowsk fue declarado nulo en 1919 su imagen como conclusión pacífica quedó fijada en la memoria de la opinión pública alemana. En ella, según la versión más extendida, quedaba probada de una vez por todas la salida victoriosa que el Imperio Alemán podría haber alcanzado en el conflicto. Desde esa perspectiva, el tratado de paz contenía también importantes componentes ideológicas: con la victoria sobre Rusia Alemania había, según Golo Mann, realizado un servicio europeo que no se la había agradecido, en concreto, la contención de Rusia y los bolcheviques, con lo que en futuro de nuevo habrían de enzarzarse. Si la Europa del este como zona colonial no podía ser civilizada y cultivada con métodos utilizados en la guerra, concluían muchos alemanes, deberían usarse en el futuro medios más radicales. Ante todo muchos "Balticos", miembros de los "Freikorps" usados en el Báltico, desarrollaron en la postguerra fantasías de una regeneración nacional de Alemania en el este.

Cuando se habla de la Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial, se suele restringir la atención a las duras condiciones del tratado de Versalles, especialmente el tema de las reparaciones, que junto con la leyenda de la "Puñalada por la espalda" sirvieron de combustible y justificación a los muchos movimientos de extrema derecha de la república de Weimar, entre ellos los nazis. Sin embargo, se suelen dejar de lado los sucesos que tuvieron lugar en la Europa del Este, fuera de la revolución Rusa y la guerra civil posterior, que tanta o más influencia tuvieron en la Alemania de postguerra como el tratado de Versalles.

martes, 8 de septiembre de 2015

La catástrofe (y III)

Betrachte man zeitgenössische Panoramaaufnahme de Westfront, die von erhöhten Positionen aus angefertigt worden, und vergleicht sich mit Lauftaufnahmen des Frontgebiets, so verstärkt sich der Eindruck eines gleichsam unsichtbaren Krieges, der im Gegensatz zu realen Erfahrung der Soldaten in den Todeszonen der Front stand: Ausmaß und Intensität der Gewalt des Artilleriebeschusses ließen sich nicht erahnen. Gerade die von Piloten aufgenommenes Fotos lieferten abstrakte Bilder, in denen allenfalls die Linien der Schützengraben und die von Granattrichtern übersäte Landschaft zu erkennen waren. Luftbilder wie Frontpanoramen vermittelten eine weitestgehende Leere des Raumes: Auf ihnen war in der Regel kein Feind und zumeist kein Soldat zu sehen, und wo nicht zerstörte Siedlungen und Dörfer von der konkreten Gewaltbeinwirkung kündeten, ließen solche Aufnahmen nicht einmal unbedingt auf eine Kampfzone schließen, zumal wenn die Gegnerische Grabensysteme der Landschaft angepasst worden waren

Jorn Leonhard, La caja de Pandora

Cuando se observan fotos panorámicas del Frente Occidental, tomadas desde posiciones elevadas, y se comparan con las fotos aéreas del Frente,  ambas confirman la impresión de una guerra invisible, en contraste con las experiencias reales de los soldados desplegados en primera línea: no se puede advinar la medida e intensidad del fuego de artillería. Precisamente, las fotos tomadas por los pilotos muestran imágenes abstractas, en las que, en todo caso, sólo se reconocen las líneas de las trincheras y un paisaje plagado de cráteres de bombas. Tanto las fotos aéreas como las vistas del frente transmiten una impresión de vacío. En ellas, de ordinario, no se ven enemigos ni soldados, y donde no hay edificios y aldeas destruidas por la violencia del conflicto, no es posible concluir que se trata de una zona de combate, especialmente cuando las trincheras del contrario se han mimetizado con el paisaje.


La magnífica historia de la primera guerra mundial de Jörn Leohhard no se limita a seguir las operaciones desde los cuarteles generales o los consejos de ministros. Tampoco se restringe a observar el conflicto desde un elevado punto de vista, con la intención de determinar sus leyes y características generales. Por el contrario, como toda auténtica historia de este tiempo, en sus páginas se intenta también averiguar cómo el ciudadano de a pie,  tanto la población en la retaguardia como el soldado en primera línea, experimentaron ese conflicto.

No obstante, como ya les he advertido en entradas anteriores, su metodología se halla muy alejada de la propia de otros historiadores como Beevor o Hastings. Estos dos famosos divulgadores históricos hacen uso extenso de los testimonios de los veteranos, a quienes en muchas ocasiones entrevistan en persona. Obviamente, Leonhard no puede recurrir a esas fuentes, dada la distancia temporal que nos separa de la Gran Guerra, pero la diferencia no está ahí, sino en que Beevor y Hastings normalmente no realizan un análisis crítico de los que se les cuenta, sino que lo presentan tal cual.

El problema está en que esos testimonios transmiten una falsa impresión de verdad por el hecho de ser narrados por alguien en vida. Sin embargo, cualquier psicólogo sabe, como debería a su vez cualquier historiador serio, que a medida que pasa el tiempo esos recuerdos tienden a deteriorarse y embellecerse. En conclusión, cuanto más próximo al momento narrado sea el testimonio, más seguros podremos estar de que no ha sido elaborado para excusar al protagonista o ennoblecerlo. Para evitar ese peligro, Leonhard recurre casi exclusivamente al testimonio contemporáneo, a lo que se dejo escrito en ese instante, en ese lugar, prefiriendo esa inmediatez en su imperfección a la reconstrucción romantizada posterior, de lo que es un ejemplo magnifico la diferencia entre lo recogido por el escritor Ernst Jünger en sus diarios de campaña y su paso a limpio posterior en la novela In Stahlgewittern (Tormentas de acero)