viernes, 18 de septiembre de 2015

La catástrofe (y VI)

Die Schwäche der Pariser Vorortverträge lag auch in der prinzipiellen Annahme, das alle Staaten sie akzeptieren wurden. Doch die Türkei und China stellten sie sofort infrage, Deutschland und Ungarn waren nur unter massivem Zwang bereit, die Verträge zu ratifizieren und konzentrierten sich alsbald auf die künftige Revision. Als der Versailler Vertrag schließlich am 20, Januar 1920 in Kraft trat, war die Amerikanische Zustimmung bereits zweifelhaft, und gerade der politische Rückzug der Vereinigten Staaten beschädigte die Legitimation des Vertragswerks erheblich. Hinzu kamen die Konflikte zwischen den verbleibenden Siegern: Während die USA  als Akteur praktisch ausfielen, verfolgte die Italienische Führung primär eigene nationale Ziele und zeigte sich an andern Fragen kaum interessiert. Frankreich und Großbritannien  dagegen waren in vielfältige Konflikte verwickelt. Das reichte vom Umgang mit den Deutschen U-Booten über die Umsetzung der Vertragsbedingungen in Schlesien und in der Türkei bis zur Frage der Reparationen für Russland. Über die konkrete Umsetzung des Friedensvertrages und seiner Regelungen hatten sich die Delegationen wenig Gedanken gemacht, zumal angesichts der Tatsache, dass viele Bevölkerungen in Deutschland, Ungarn, Polen, der Türkei die Ergebnisse der Friedensverträge vehement ablehnen. Sehr bald zeigte sich, dass es ähnlich schwierig sein würde, den Frieden zu sichern, wie die Sieg im Krieg zu erringen.

Jörn Leonhard, La caja de Pandora

La debilidad de los tratados de París radicaba en un supuesto principal, que todas las naciones lo aceptarían. Pero tanto como Turquía y China enseguida lo cuestionaron, mientras que Alemania y Hungría solo aceptaron ratificarlo tras enormes presiones y en seguida se concentraron en una futura revisión. Cuando el tratado de Versalles entró en vigor finalmente el 20 de enero de 1920, su aprobación por parte de los EEUU era dudosa y precisamente la retirada americana dañó considerablemente la legitimidad de los tratados. A ello contribuyeron los conflictos entre los vencedores restantes: Mientras que los EEUU desaparecieron prácticamente como actores, la cúpula política italiana siguió principalmente sus propios objetivos nacionales y apenas se mostró interesada en otras cuestiones. Francia y el Reino Unido, por el contrario, se enredaron en múltiples conflictos, que iban de la gestión de los submarinos alemanes a la cuestión de las reparaciones rusas, pasando por la aplicación de las condiciones del tratado en Silesia y Turquía. A esa aplicación concreta del tratado y de sus estipulaciones apenas le dedicaron tiempo las delegaciones, mucho menos al hecho, que gran parte de la población de Alemania, Hungría, Polónia y Turquía rechazaba con vehemencia los acuerdos de pas. Pronto quedó demostrado que era tan difícil garantizar la paz como alcanzar la victoria durante la guerra.

Debido a la visión anglofrancesa - más inglesa que francesa - con la que suelen llegar a nuestro país las historias de la  Primera Guerra Mundial, el tratado de Versalles y sus repercusiones se reducen al tema de las fuertes reparaciones que debía pagar Alemania a ambas potencias occidentales. Éstas, junto con el resto de duras condiciones que humillaron a Alemania y los alemanes - que en gran medida, no se consideraban vencidos - se convertían así en una bomba de relojería que, más tarde o más temprano, habrían de conducir a una nueva guerra general europea, iniciada por Alemania para revisar los tratados. La única pregunta que quedaba es si esta nueva apuesta por la hegemonía se realizaría de forma reducida y controlada - una suerte de Versión 2 de la Alemania Guillermina, claramente de derechas, pero con asomos y aspiraciones a cierta legalidad internacional - o lo sería de forma maximalista, barriendo ante sí todos los tratados, leyes, escrúpulos y consideraciones - es decir, en la encarnación representada por los Nazis, su radicalismo racial y su fanatismo ideológico.

Sin embargo, lo que Jörn Leonhard recuerda al lector es que el tratado de Versalles era realidad varios tratados, agrupados normalmente bajo el nombre del más famoso. El tratado de Versalles, en sí, es solamente el que reune las condiciones aplicables a la Alemania, mientras que St. Germain y Trianon afectaban a los antiguos territorios del Imperio Austrohungaro, Austria y Hungria respectivamente, Neully a Bulgaria, y Sevres a Turquía. La intención de las potencias vencedores con esos acuerdos de paz era crear un sistema mundial, al estilo del construido tras las guerras napoleónicas en el Congreso de Viena, que fuera válido en lo sucesivo, al mismo tiempo que asegurase la paz mundial mediante la resolución de los conflictos internacionales en un organismo constituido a tal efecto: La Sociedad de Naciones.

Si este era el propósito inicial, ya sabemos que fracasó estrepitosamente. Pero no por culpa de Alemania o al menos no principalmente.



El principal problema del sistema de Versalles. en claro contraste con el sistema del congreso de Viena, es que mientras en este último todas las potencias del momento, incluso las derrotadas, participaron en las negociaciones, la paz de Versalles fue una paz dictada, donde los vencedores se pusieron primero de acuerdo en cuales eran las condiciones de paz y luego obligaron a los vencidos a aceptarlas, bajo amenaza de continuar la guerra. Para gran parte de las poblaciones de esos páises - y de sus gobernantes - la paz de Versalles era un tratado firmado bajo coacción, en completa contradicción con un proceso de paz que había comenzado con armisticios, sin la rendición de los ejércitos derrotados y sin ocupación del territorio de los países perdedores. De ese manera, el tratado de Versalles tomaba visos de imposición, de la que podían sentirse legalmente desligados una vez que esa coerción hubiera desaparecido, o incluso antes, como ocurrió con Turquía, que consiguió tras una segunda guerra victoriosa la firma de un segundo tratado, el de Lausanne, donde se anularon gran parte de las condiciones del tratado de Sevres.

A esta percepción del tratado de Versalles como paz dictada no ayudó el hecho de que durante un plazo considerable los países derrotados fueron excluidos de los organismos creados para administrar la paz, como la Sociedad de Naciones. Sin embargo, esta exclusión podría haber sido disculpable - tanto Alemania como el Japón no fueron aceptados inicialmente en las Naciones Unidas - si no fuera porque el tratado de Versalles y el orden que representaba se fueron haciendo con el tiempo una cuestión anglofrancesa - y en esta ocasión, más francesa que británica -. Actores importantes de la escena internacional decidieron no participar en ese orden, ni en el tratado que lo fundaba, ni en los organismos que lo consagraban.

Determinante fue el caso de los EEUU, donde al mesianismo democrático del presidente Wilson sucedió un aislacionismo rampante, que no hubiera tenido mayores consecuencias si no fuera por el papel director que el capital americano tenía en el flujo de créditos mundial. Es decir, mediante la concesión de créditos y plazos de pago los EEUU podían tornar nula cualquier medida que la Entente anglofrancesa o la Sociedad de Naciones acordase, sin que ambas entidades pudiesen actuar contra ese país, al depender finacieramente de los americanos, caso de la Entente, o tener que tratar con un país externo al sistema. Lo mismo ocurría con la URSS, sucesor de facto del Imperio Ruso, pero excluído del sistema por su sistema marxista radical... lo que movió a los Soviets a establecer tratados bilaterales con todos aquellos países perjudicados por los tratados de Versalles, creando así una red política ajena y externa al sistema, que tampoco tenía que responder a sus garantes ni a la sociedad del Sistema.

La conclusión de esta cadena de humillados, excluidos y abstencionistas fue que el sistema de Versalles nació ya muerto, reducido como digo a los intereses de conservación de dos imperios, el británico y el francés, que habían alcanzado su cénit, pero que ya empezaban a decaer, mientras que el resto de estados del mundo bien intentaban solucionar sus problemas fuera del sistema, caso de EEUU y la URSS, o se dedicaban activamente a carcomerlo, caso de Alemania, Hungría, Japón o Italia.

Sin que, pasado un tiempo tras iniciada esta dinámica, importasen mucho las medidas que tanto la Entente como la Sociedad de Naciones pudiesen adoptar para encarrilar a los díscolos, tipo expulsión de los organismos internacionales. Simplemente, eran más lo que estaban fuera que los que estaban dentro.

Los que buscaban su revisión por medios violentos, que los que intentaban lo mismo por medios pacíficos