sábado, 5 de septiembre de 2015

La catástrofe (y II)

...Über die Frage eines griechischen Eintritt im Bündnis mit Serbien gegen Bulgarien im September 1915 kam es zu Bruch zwischen dem promonarchischen Lager auf der anderer Seiten. In diesen innenpolitischen Situation landeten Entente-Truppen bei Saloniki. Ursprünglich nach dem Debakel von Gallipoli eingesetzt, um durch eine weitere Front in Sudösteuropa Serbien zu stabilisieren und Österreich-Ungarn zu schwächen, verlor die Saloniki-Front nach dem Zusammenbruch Serbiens Ende 1915 ihre hervorgehobene Bedeutung für die Alliierten. Aber nun war zu den Mittelmächtigen neigende Führung Griechenlands mit einen faktischen Besatzungsregime konfrontiert, dass immer häufiger direkt in die innergriechischen Konflikte eingriff und die Souveränität des Landes infrage stellte.

Als die monarchische Regierung im August 1916 griechische Truppen an Deutschland und Bulgarien überstellen wollte, kam es zur Eskalation. Offiziere und Anhänger von Venizelos putschen gegen die Regierung. Venizelos selbst, vom König abgesetzt, bildete eine Gegenregierung, während sich der Druck Großbritanniens und Frankreichs erhöhte. Im November landeten alliierte Truppen in Athener Hafen von Piräus, um die Monarchisten zu entwaffnen. Diese Intervention und der Beschuss Athens durch alliierte Schlachtschiffe beschleunigten der Übergang zum griechischen Bürgerkrieg. Nachdem weite Teile des Landes besetzt waren, dankte König Konstantinos im Juni 1917 ab, Venizelos wurde erneut als Premier eingesetzt und eine pro-alliierte Mehrheit im Parlament beschloss Ende 1917 den Kriegseintritt des Landes gegen die Mittelmächte.

Jörn Leonhard, La caja de Pandora

...sobre la cuestóon de la entrada de Grecia en alianza con Serbia contra Bulgaria en septiembre 1915, se produjo la ruptura entre el bando promonarquico y el bando contrario. En medio de esa situación política, desembarcaron tropas de la Entente en Salónica. En origen, iban a ser utilizadas tras el desastre de Galipoli para estabilizar la situación de Serbia y debilitar a Austria-Hungria con la apertura de un nuevo frente en Europa sudoriental, pero esta zona perdió todo interés especial para los aliados tras el hundimiento de Serbia a fines de 1915. No obstante, al  inclinarse Grecia cada vez más acusadamente hacia las potencias centrales, se vio enfrentada a una ocupación de hecho, que se inmiscuía cada vez más directamente en la situación política griega y ponía en cuestión la soberanía del país.

Cuando el gobierno monárquico decidió en agosto de 1916 que quería utilizar tropas griegas en favor de Alemania y Bulgaria, se produjo un estallido. Oficiales y partidarios de Venizelos dieron un golpe de estado contra el gobierno. El mismo Venizelos, despedido por el rey, formó un gobierno paralelo. En noviembre, tropas aliadas desembarcaron en el puerto ateniense del Pireo, para reducir a los monárquicos. Esta intervención y el bombardeo de Atenas por parte de barcos de guerra aliados aceleró la deriva hacia una guerra civil. Tras que amplias partes del país fueran ocupadas, el rey Constantino abdicó en junio de 1917, Venizelos fue de nuevo nombrado primer ministro y la mayoría proaliada en el parlamente decidió entrar en la guerra contra las potencias centrales a finales de 1917.

Si conocen algo de la primera guerra mundial, sabrán que la entrada de Gran Bretaña en el conflicto no se produce hasta que Alemania viola la neutralidad belga. Mejor dicho, hasta que el gobierno belga se niega a permitir el paso de las tropas alemanas por su territorio y el alto mando alemán decide ocupar militarmente el país como único medio para llevar a efecto el plan Schlieffen. Esta acción, que a punto estuvo de llevar a Alemania a la victoria, constituyó una derrota estratégica y propagandística sin paliativos. Estratégica, porque la presencia de Inglaterra como aliado llevó a la prolongación del conflicto y evitó que Francia se derrumbara en el invierno/primavera de 1917. Propagandística, porque Alemania fue acusada ante el mundo como agresora de países inocentes, culpabilidad reforzada por las múltiples atrocidades que las tropas invasoras cometieron en esas primeras semanas, como la quema y destrucción de la biblioteca universitaria de Lovaina.

Si bien esto es cierto, no lo es menos que a medida que la guerra se enquistaba, sin posibilidades aparentes de resolución y victoria, la violencia y la matanza indiscriminada se antojaban la única manera de llevar el conflicto a su fin, aunque sólo fuera por agotamiento del contrario. De esa manera, ambos bandos se vieron pronto envueltos en una espiral de actos justificados como absolutamente necesarios, que tornaron en letra mojada la legalidad y los acuerdos internacionales de antes de la guerra. Repito, ambos bandos, porque ninguno tuvo reparos ni remordimientos en aprovechar cualquier oportunidad que se le presentara, independientemente del coste, legalidad o  moralidad. Lo único es que estas acciones, cuanto más alejadas estuvieran del frente occidental - y por tanto de los países de interés de la historiografía dominante - más difusas y atenuadas quedaban en su repercusión y en su recuerdo.

Como es el caso de la confusa entrada de Grecia en la guerra a finales de 1917

Llevo ya varias historias de la Primera Guerra Mundial leídas y, cuando llega el momento de abordar el porqué y el cómo de la intervención griega todas se vuelven confusas y fragmentarias. En estos relatos, lo único que quedaba claro es que mientras que la declaración de guerra griega se produce a finales de 1917, las tropas aliadas habían ocupado Salónica en 1915, ciudad de una Grecia por entonces aún neutral, para poder prestar ayuda a los serbios y así, cuando Serbia es finalmente neutralizada por búlgaros y austriacos, mantener abierto un frente secundario en los balcanes.

Sí. han leído bien. Los aliados ocupan militarmente una ciudad de un país neutral. Esto explica la reticencia incómoda a narrar este suceso, ya que es lo más cercano por parte aliada a la violación de la neutralidad belga por parte de Alemania. Jorn Leonhard, sin embargo, se las arregla para narrarlo en un par de párrafos, transmitiendo de manera concisa y al mismo tiempo detallada la gestación, evolución y estallido de ese hecho, cuya causa fue al mismo tiempo interior y exterior.

Interior, porque como todas las sociedades de primeros de siglo, la griega estaba escindida en diferentes bandos cuyas diferencias se exacerbaron a medida que el conflicto se alargaba y se aproximaba al país. Así ocurrió en Italia, aliado de las potencias centrales que adoptó una estricta política de neutralidad la principio, pero que poco a poco fue deslizándose hacia una intervención en el bando contrario. En este proceso se mezclaron al mismo tiempo las apetencias revanchistas e imperialistas del gobierno y las élites con una campaña mediática (D'Annunzio, Mussolini) que movilizó a amplios sectores de la sociedad, hasta que todas las fuerzas pacifistas quedaron completamente anuladas.

 En Grecia, como España, el país quedo dividido entre anglófilos y germanófilos, una escisión que llegaba hasta los estratos superiores de la sociedad y el gobierno. Al contrario que España, Grecia estaba demasiado cerca de los teatros de operaciones - Serbia y los Dardanelos - especialmente tras que Serbia fuera neutralizada y Bulgaria entrase en el conflicto. Era de esperar, por tanto, y aquí entra el factor exterior, que ambos contendientes se disputasen la alianza con Grecia, estando dispuestos a ofrecer lo que fuera. En esa subasta, la Entente tenía clara ventaja, ya que ella sí podia ofrecer compesaciones territoriales a costa de Bulgaria o Turquía en caso de victoria, mientras que las potencias centrales solo podían dar una tajada de Serbia o, como mucho, las islas del Dodecaneso italiano.

Mientras que estas negociaciones y presiones eran de esperar, como ocurrió en el caso de Italia, lo que no lo era es el limbo en que cayó Grecia durante más de un año, con parte de su territorio, Salónica, ocupada por una potencia extranjera, mientras seguía manteniendo una pretensión de neutralidad estricta. Esta actitud de pretender no ver y no actuar es síntoma del miedo del propio gobierno griego al poder militar aliado - y al de las potencias centrales, en caso de pasarse declaradamente a un bando - así como la profunda división en el seno de ese mismo gobierno, entre anglófilos y germanófilos. Dos factores, presión externa y conflicto externo, que llevarón al estallido del verano-otoño de 1916, con el país en medio de una larvada guerra civil que se convierte al mismo tiempo en causa y consecuencia de la intervención aliada.

Si algo demuestra el caso griego - tan cercano a ciertos sucesos recientes - es como a esas alturas del conflicto ningún bando tenía intenciones ni pretensiones de obedecer a las legalidad o las formas. Envueltos como estaban en una guerra por una pretendida supervivencia nacional, todo truco y artimaña estaban justificados de antemano. Por otro lado, el caso griego muestra también lo frágiles que son los estados débiles a la repercusión de un conflicto cercano y con que facilidad pueden quebrarse ante la presión de las grandes potencias, cuando éstas consideran que la conducta de ese estado díscolo va contra sus intereses.