martes, 13 de octubre de 2015

Laberintos y tinieblas

J'étais dans une de ces forêt où le soleil n'a pas accès mais où, la nuit, les étoiles pénètrent. Ce lieu n'avait le permis d'exister, que parce que l'inquisition des États l'avait négligé. Les servitudes abandonnées me marquaient leur mépris. La hantise de punir m'était retirée. Par endroit, le souvenir d'une force caressait la fugue paysanne de l'herbe. Je me gouvernais sans doctrine, avec une véhémence sereine. J'étais l'égal des choses dont le secret tenait sous le rayon d'une aile. Pour la plupart, l'essentiel n'est jamais né, et ceux qui le possèdent ne peuvent l'échanger sans se nuire. Nul ne consent à perdre ce qu'il a conquis à la pointe de sa peine! Autrement ce serait la jeunesse et la grâce, source et delta auraient la même pureté.
J'étais dans une de ces forêts où le soleil m'a pas accès mais où, la nuit, les étoiles pénètrent pour d'implacables hostilités

René Char, Pénombre, Fureur et  mystère 

Estaba en uno de esos bosques en donde el sol no tiene acceso, pero donde la noche, las estrellas, penetran. Ese lugar solo tenía derecho a existir porque la inquisición de los estados lo había descuidado. Las servidumbres abandonadas me señalaban su desprecio. La obsesión por castigar me había sido retirada. A mi alrededor, el recuerdo de una fuerza acariciaba la fuga campesina de la hierba. Me regía sin doctrina, con una vehemencia serena. Era el igual de las cosas de las que el secreto se encontraba bajo el rayo de un ala. Para la mayoría, lo esencial nunca nace y los que lo poseen no pueden intercambiarlo sin dañarse.¡Nadie consiente en perder lo que a conquistado a punta de penas! De otro modo ocurriría que juventud y gracia, fuente y desembocadura tendrían la misma pureza.
Estaba en uno de esos bosques en donde el sol no tiene acceso, pero donde la noche, la estrellas, penetran por implacables hostilidades
Mi primer contacto con la poesía de René Char tuvo rasgos de decepción. Mi creciente olvido del francés, unido a la concentración y entrega que este escritor exige de sus lectores, me llevaron a perder el rumbo en mi lectura, a extraviarme a mitad de un poema, sin llegar a destino, ni haber apreciado el camino propuesto. Sin embargo, aquí y allá, quedaban imágenes poderosas, semejantes a ruinas de una civilización desaparecida, que me impedían abandonar definitivamente la tarea de leer a Char.

Es más, me impelían a volver a intentarlo, en algún otro momento.

No tardé mucho en hacerlo. Esta vez no en antología, sino en poemarios completos, tal y como él había compilado sus versos a medida que se acumulaban. La diferencia entre ambos viajes por Char fue notable. En primer, toda antología adolece de un defecto fundamental: ser como un invernadero donde se acumulan plantas y árboles de muy diferentes orígenes, cuya única relación es compartir un espacio ajeno al suyo. La lógica y la evolución interna de un poemario completo se pierde así, así como las múltiples relaciones, alusiones y referencias, que como si fueran estratos de sedimento, se van a acumulando en la memoria del lector, aclimatándolo y naturalizándolo en las tierras extrañas y desconocidas de un poeta.

Eso es lo que me faltaba en mi primera lectura, fragmentaria y deslavazada. Eso es lo que encontré en la segunda.

Sin embargo, éste segundo periplo por Char ha sido también parcial e incompleto. No me he hecho un todo Char, que puede ser tan contraproducente como la mejor de las antologías, sino que me restringí voluntariamente a dos colecciones concretas. Por un lado, Fureur et Mystère, que podría subtitularse in tempore belli, al reunir los poemas escritos justo antes y durante la Segunda Mundial. En especial el denso y tenso Feuillets d'Hypnos, una de las poquísimas obras poéticas que han sabido hablar de forma lograda sobre la experiencia bélica, en este caso, la participación de Char en la resistencia francesa durante 1943-1944. La otra colección es Les matinaux, conteniendo su obra posterior al conflicto, de carácter más disperso y titubeante, pero que poco a poco se afianza y reafirma, hasta abrir nuevas formas, alcanzar alturas parejas a la obra anterior.

¿Y qué caracteriza a Char? Lo primero, como todos los poetas de este siglo XX, el abandono de la versificación tradicional, considerada como corsé que impedía la expresión del poeta, para adentrarse en los territorios del verso libre y el poema en prosa, en un intento de delimitar y determinar los límites que separaban la lírica de la épica, la poesía de la prosa. En segunda, una exigencia de dificultad que es tanto propia como dirigida al lector, donde abundan los quiebros de significado, la yuxtaposición de contrarios, el descubrimiento de relaciones semánticas inesperadas que obligan a una atenta lectura, a múltiples relecturas posteriores, y que pueden pasar inadvertidas para un lector nativo, no digamos ya a un extranjero titubeante e inexperto.

Un modo que tiene sus raíces en el surrealismo - y mucho antes, en simbolistas y parnasianos - pero que huye de la obscuridad autoimpuesta de este movimiento, de ese cerrarse y esconderse en sí mismo con el mero objetivo de ser ininteligible, sin conseguir crear otra cosa que un caparazón vacío formado por ideas y formas excéntricas. Por el contrario, la poesía de Char, a pesar de su dificultad, se propone ser inteligible, llegar al lector y conmoverlo, incluso, en ocasiones, motivarle a la acción, como corresponde al humanista comprometido que fue este poeta.

Lo que ocurre es que Char, la poesía de Char, es semejante a un bosque, enigmático, inaccesible y retraído en su aspecto exterior, haciendo necesario, por tanto internarse en él, extraviarse en su interior, único medio de descubrir sus rincones secretos, sus paisajes reservados, de los cuales ningún signo anterior los traiciona, ni llegarían a haberse conocido, si no se hubiera torcido, por azar, en ese cruce de caminos, si no se hubiera decidido ascender esa colina, seguir aquel arroyo.

Si no se tuviera, en fin, el impulso de explorar, de superar los obstáculos, sin tener en cuenta el trabajo, el esfuerzo, el agotamiento, seguros de que al final de la jornada, esperaban multitud de tesoros, si sólo el poder narrar, rememorar la ruta y sus trabajos.