sábado, 31 de octubre de 2015

¿Ciudades, prisiones, utopías?

Constant, New Babylon
Si la fundación Mapfre se halla inmersa en la tarea de narrar la historia de la fotografía, el MNCARS ha tomado como tarea cartografíar el arte posterior a 1945, que con demasiada frecuencia queda oculto a la visión del aficionado. Este olvido imperdonable, que el Sofidu se desvive en subsanar, tiene dos orígenes claros. Por una parte, que todo aficionado deja de aprender en un momento determinado, punto desde donde parecería que el arte quedó interrumpido sin remedio. Por otra, la desconfianza del público en general hacia el arte de la segunda mitad del siglo XX, época en que los conceptos de belleza y del propio arte dejaron de ser válidos, o al menos de ser universalmente reconocidos y aceptados.

Se genera así un desapego e incomprensión hacia el arte reciente, que suele considerarse como críptico, deshumanizado - cuanto daño hizo Ortega - e incluso intrascendente, incapaz de conmover y emocionar. Afortunadamente no es así, como bien nos demuestran cada año las exposiciones modélicas del MNCAR, en esta ocasión la muestra dedicada a Constant, artista holandés que ya había aparecido de refilón en otras exposiciones de este museo. En concreto, en Playground, abierta el año pasado, y dedicada a la ciudad como espacio a reconquistar de forma lúdica, donde Constant aparecía relacionado con el arquitecto holandés Aldo van Eyck, y ambos a su vez con las ideas del homo ludens de Johan Huizinga.



Esta exposición en solitario de Constant gira en torno a lo que podría calificarse como su obra por antonomasia. Se trata de la llamada New Babylon, el proyecto de una ciudad-utopía en el que se embargo en el periodo de 1959-1974, creando multitud de maquetas y planos que deberían servir de guía y ayuda para construirla, pero que quedaron en eso, dada la dificultad de hacer realidad sus ideas. El plan de este artista no era crear una ciudad modelo que se situase al lado de las actuales, como si fuera una de tantas ciudadser a habitada por una nueva humanidad: la formada por los homini ludentes de Huizinga

Constant, New Babylon

 Estos homini ludentes se hallarían libres de toda carga laboral, asumidas por máquinas y robots, para así dedicarse por entero a la creación libre, cuando no al mero juego y goce. Esta nueva sociedad exigiría así una nueva arquitectura, dado que la antigua estaba destinada a facilitar la producción industrial, organizándose así alrededor de los lugares de habitación, las fabricas y las vías de comunicación que las conectasen. La New Babylon de Constant, por el contrario, sería un espacio para la creación y el juego, un inmenso laberinto, colmena-hormiguero, de habitaciones y espacios interconnectados sin lógica aparente, donde los hombres podrían perderse o encontrarse, aislarse o unirse, vagar y migrar sin termino, enraizarse en un lugar, sin que hubiera leyes o normas que dictaran su conducta o la restringieran.

Esta condición de libertad absoluta, de completa e ilimitada alteridad es lo que hace fascinante la arquitectura soñada de Constant. Sus edificios parecen haberse posado sobre el paisaje, extendido sobre él, siguiendo su relieve como si fueran agua. Como ese elemento, no parecen quedar estáticos, detenidos, sino hallarse en un estado de continuo crecimiento y transformación, añadiendo nuevos elementos eliminando otros, al capricho de sus habitantes invisibles. Esta indeterminación se prolonga asímismo hacia el interior, que abunda en recovecos, desvíos, escondrijos, lugares olvidados o innecesarios, transformables y modificables, que permitan precisamente, por su propia cualidad de cambiantes, el desarrollo de la creatividad humana, final y definitivamente liberada, promovida ec incitada por una arquitectura a su servicio.

Constant, New Babylon
Pero... ¿se trata de una utopía o distopia? A pesar de su atractivo, aunque esta ciudad ideal esté pensada para el placer humano, al contrario que otras utopias famosas, como la de de Corbusier, queda un resquemor. Es difícil imaginarse viviendo en la New Babylon de Constant. Mejor dicho, uno puede imaginarse esos espacios como lugar de visita, de estancia temporal, tras la cual se volviera al hogar. El problema es que a pesar de todas sus pretensiones liberadoras, la arquitectura de Constant continúa siendo tan inhumana como las propuestas niveladoras y aplastantes de Le Corbusier.

Para su y nuestra desgracia, sigue siendo un lugar que es la expresión de un concepto ideal, habitado por seres humanos ideales, con poca o ninguna relación con la imperfección que nos es característica. No es extraño, por tanto, que en las representaciones de la New Babylon, apenas aparezca la figura humana o que Constant siempre se negara a explicar como se viviría en su ciudad ideal. En cierta manera, ocurre con ella como la vida de los bienaventurados en la gloria eterna que promete el cristianismo: Nadie es capaz de imaginarla, si no es de forma negativa, como cese y quietud, no como continuación y energía.

Lo que no quita que sea menos fascinante. Que deseemos, aunque sea por un breve instante conocer esas estructuras imposibles y habitar en ellas.

Constant, New Babylon

Nota: Recuérdenme que les hable de Nasreem Mohamedi, también objeto de exposición en el MNCARS y que merece una entrada en solitario