domingo, 13 de julio de 2014

The Beltesassar List (LII): The exciting Life of a Tree (1998) Bill Plympton















Como todos los domingos, continúo mi con revisión semanal de la lista de cortos animados realizada por el misterioso profesor Beltesassar. Esta vez ha llegado el turno a The Exciting Life of a Tree, corto realizado en 1998 por el animador Neoyorkino, Bill Plympton.

Plympton no es un desconocido en estas páginas, tampoco para el aficionado a la animación. Se puede decir que su figura ha pasado a encarnar la del animador independiente, cuyas obras rebosan de ese espíritu transgresor y subversivo, rebelde y descarado, del que tanto nos gusta ufanarnos hoy en día, cuando nuestra sociedad es cada vez más conservadora. No obstante, y al contrario que cierta animación televisiva con la que comparte estos mismos aspectos temáticos, Plympton es ante todo un animador a la vieja usanza, lo que implica que sus bromas y chistes son ante todo visuales, limitando el uso del lenguaje al guiño o a la seña que permita orientarse al espectador.

Es esa confianza en la imagen, en su poder para transmitir lo abstracto y lo complejo sin necesidad de recurrir a la palabra, es en el que realmente se basa el prestigio de Plympton como animador, más allá de unas audacias temáticas que pronto se tornan antiguas y anticuadas. Ese talento animado se traduce en unos cortos en los que la figura humana pierde su consistencia, se torna maleable, permitiendo así todo tipo de exageraciones visuales, en los que los cuerpos se destruyen y reconstruyen en un ciclo que no parece tener fin, sólo está al alcance de una imaginación inagotable como la de Plympton.

Sin embargo, su genio de no está desprovisto de defectos. El principal es su tendencia a convertir sus obras en una serie de chistes unidos por una  muy leve hilazón temática. Si bien esto es tolerable en sus cortos, debido a una duración limitada en la que ese encadenamiento no llega a cansar al espectador, en sus largos las costuras son especialmente visibles, convirtiéndolos en una pila de escenas aisladas, tanto temática como estilísticamente. Esta clara carencia causa que los mejores largos de Plymton son precisamente los que asumen su condición de remiendo y no intentan disfrazarlo, como en  The Tune (1992), aunque hay que decir que su últimas obras, en concreto Of Idiots and Angels (2005), la trama del largo y las escenas particulares que lo forman han quedado mejor ligadas.

The Exciting Life of a Tree es uno de los primeros cortos de Plympton, y aunque no figura entre sus más conocidos, para mi es uno de sus mejores. La razón de no ser más famoso estriba en que es algo comedido para los cánones habituales de este animador, sin el espíritu subversivo y corrosivo de otras obras de esa misma época. Sin embargo, las bases del estilo de Plympton están presentes en este corto, desde una anécdota aparentemente banal que se torna la excusa para un desarrollo temático que parece sin fin; hasta la profunda ironía, cuando no sarcasmo, de este autor hacia las costumbres humanas, para él  basadas bien en la violencia, bien en el sexo  pero siempre con una fuerte componente de dominación. Polos aparentemente opuestos pero claramente interconectados, que al mismo tiempo, por su inherencia a todo todo tiempo histórico y a todo ser humano, sirven  a Plymptoon para reírse de cualquier pretensión de progreso, mejora o superioridad que pudiéramos albergar.

Esta desconfianza burlona hacia el orgullo y la grandeza humana, se ven subrayados en este corto por el punto de vista del protagonista, no otro que un árbol, para el cual durante su largos siglos de vida, los seres humanos no son otra cosa que curiosidad o molestia, a la misma altura que los insectos, aves o roedores, que bien intentan habitarlo, bien procuran parasitarlo.  Conductas que, en en la concepción plymtoniana, no son tan distintas entre sí, y que precisamente nos igualan con el resto de seres vivientes de este planeta, por mucho que no nos guste admitirlo.

Como siempre, les dejo aquí el corto. Disfrútenlo y presten especial atención a ese talento especial de Plympton para crear chistes visuales con entidad y significado propio, tan de agradecer en un tiempo en que todo parece ser literatura o referencia.