miércoles, 2 de julio de 2014

From the Vault (XII): Berserk (1997)

Siguiendo con este rescate de mis escritos en el agonizante foro de cine cinexilio, unido a la revisión de mis entradas sobre anime en este blog que voy reuniendo en página aparte, le ha llegado el turno a Berserk.

Debo decirles que tengo sentimientos ambivalentes sobre esta serie, mucho tiempo tras haber visto la serie y escrito esta entrada. En este intervalo de una década he leído el manga, aún inconcluso, y he presenciado su transición de una historia fascinante, única en su crueldad, naturalismo y desesperación, hacia una continua repetición de los mismos tics a la que se habían añadido los imprescindibles para atraer a un público seducido por el complejo moe/kawai, en una acumulación de contrarios que, para mi sorpresa no resulto ser una contradicción, sino perfectamente natural en su antinaturalidad.

En el haber de esta serie, que adapta lo que es la introduccion a la auténtica historia de Berserk está el haber limado las asperezas de varios personajes centrales, para así mejorarlos,  mientras que en el debe está su pertenencia a un mundo preordenador, en el que el bajo presupuesto impedía muchas de las virguerías a las que estamos (mal)acostumbrados. Esto lleva directamente a la nueva y reluciente versión creada por el estudio 4ºC, en la que la 3D ha sido disfrazada de 2D, para que un cambio en el aspecto exterior de los personajes no asuste a los fans del manga. Desgraciadamente no puedo opinar sobre ella, ya que la falta de vida y vitalidad en los movimientos del personajes debido a la imposibilidad del ordenador para salirse de sus algoritmos, me echa para atrás cada vez que intento ponerme a verla.

En fin, aquí les dejo el comentario, escrito por otro yo mío en otro tiempo muy distinto.


Berserk
1997, 25 episodios


En puridad, esta serie no debería estar aquí.

Si se mira lo que el fandom cuenta de esta serie podría concluirse que es un producto manufacturado para un grupo de edad muy concreto, el de los adolescentes cargados de hormonas. (Nota: cuando yo era, hace ya mucho tiempo, un adolescente cargado de hormonas odiaba también esa forma de esa ser tan particular de la edad, así que no se trata de algo que la vejez haya traído consigo). Batallas épicas, violencia desatada, espadas enormes que blandir. Sudor, sangre y testosterona. Excepto mujeres, todo lo que un joven pueda soñar.

haba dicho yo antes lo de casi?

Pues eso, casi.

El mundo al que nos traslada la serie es un mundo en guerra. Un mundo en el que se suceden las batallas desde hace cien años. Un mundo de castillos y catedrales, reyes y emperadores, extrañamente similar a lo que pudiera ser la Europa del siglo XV, con sus ordenes de caballería, sus condottieri y sus compañías de mercenarios, dispuestas a venderse al mejor postor. Un mundo supuestamente ordenado, donde el protocolo y el rango son inseparables de su visión del mundo, como lo son también la violencia y la ostentación de la misma.

Pero por qué es tan hermoso ese mundo?

Desde el principio de la serie, y a pesar del clima bélico y obviamente macho de la serie, me llamaron poderosamente la atención las elecciones gráficas tomadas. La luz en la que transcurran muchas escenas era esa misma luz pura, serena, racional, de los primitivos italianos: los campos y las colinas, los mismos que se asomaban tras las vírgenes y los burgueses de aquel tiempo. La guerra entre los hombres, la brutal y despiadada matanza que llenaba la serie, tenía lugar en una naturaleza indiferente.

Muda, pero bella.

No era una excepción, ese cuidado en la representación de una naturaleza ideal se extendía al resto de los capítulos, ya fueran los bosques en otoño, los cauces de los ríos, los jardines, las montañas o las fortalezas cuajadas de torres. Se corría el peligro de haber dibujado ese mundo con demasiada hermosura, como hubiera ocurrido en estos tiempos de animación por ordenador. Podrían haberse utilizado colores demasiado llamativos y aplicarlos en manchas uniformes, como las pinturas de los coches. Muy al contrario, la gama de colores, aunque variada, aunque amplia y brillante, había sido voluntariamente apagada, difuminada, como ocurre con los colores de la realidad. Apenas se apreciaban colores puros y  éstos habían sido aplicados de forma que se viera la pincelada, que se sintiese vibrar el dibujo bajo el pincel, como si las ramas y el follaje realmente pudieran agitarse, casi con un espíritu y un ojo impresionista.

Además, esa sensibilidad, esa atención a la belleza plástica en medio de una historia que se regodeaba en la fealdad, no se detenía en los decorados. Normalmente, en los cómics o las películas que abordan el género de la fantasía épica, los atuendos y los armaduras, especialmente en el caso de las mujeres, son más disfraces que otra cosa. En caso de combate no protegerán a su portador ni le ayudarán a sobrevivir en la batalla, mucho menos a protegerse de las inclemencias del tiempo. Sin embargo, aquí, armaduras y vestidos eran estrictamente funcionales, podía llegar a pensarse que habían sido elegidos personalmente por su portador y que éste los había llevado consigo mucho tiempo, hasta gastarlas y adaptarlas al cuerpo. Como contraste, se buscaba producir el efecto contrario en las escenas de la corte, donde sí era necesario que el atuendo mostrase el rango y el poder de la persona, y que su funcionalidad pasase a segundo plano, pero siempre tomando como referencia modelos reales, aquellos vestidos y atuendos que podrían encontrarse hojeando los libros de historia.

Con todo esto, podría haberse construido un maravilloso envoltorio vaco, un vehículo para lo que señalaba al principio, enlazar escena tras escena de masacre que luego se comentase con los amigos al amor de unas cervezas. Sin embargo, guionistas y animadores han dedicado el mismo esfuerzo a representar las escenas de batalla y las secuencias en la corte, dando la misma importancia a la violencia naturalista como a las conversaciones, tranquilas y sosegadas, pero llenas de intención y doble sentido.  Esto es así porque Berserk es la historia de una ambición, el ascenso irresistible de un Condottiero, cuyo éxito en el campo de batalla le lleva a escalar puesto tras puesto en el ríeno, entre la envidia y el odio de la nobleza y los ministros. Por supuesto, narrar bien una historia de este tipo, exige prestar la misma atención tanto a lo que sucede en las escaramuzas, como a lo que puede tramarse en los bailes y las caceras de palacio.

Ese cariño por lo que no es lo esencial, por transcribir una conversación escuchada por casualidad, se debe a que Berserk es una historia de personajes (character-driven que dicen los ingleses). Desde el principio intuimos que los protagonistas tienen un pasado, les vemos actuar de manera inesperada, sin revelar sus razones y sin que la serie les traicione, y adivinamos que debe haber una razón para su comportamiento. Es este misterio, esta red de presentimientos y sobrentendidos que se siembra en el espectador, la que hace que continuemos viéndola, hasta que llegue el momento en que se nos revelen los secretos que están por detrás de las ficciones y de la imagen que proyectan los personajes. Estos secretos, sin embargo, no quedarán muertos, sino que se proyectarán en el futuro e influirán en lo que ocurra a continuación. Con esa preparación, los combates adquirirán un sentido especial, más allá de la sangre, del sudor y de la machada, puesto que la repetición en el presente de la acción de sucesos parecidos a los pasados hace que éstos resuenen con más fuerza en el espectador, ya que sabemos de qué forma les afectan y podemos predecir cómo van actuar, los errores que van cometer, las maneras en que pueden ser derrotados y vencidos.

De esta manera, el naturalismo de la batalla no resulta un verismo hueco, que se limita a mostrar por mostrar, sino que al contrario fertiliza el resto de la obra. Ese atrevimiento en la violencia permite que sea más atrevida y más sincera en otros ámbitos. En efecto, pocas obras (y mucho menos de animación) nos muestran un triángulo amoroso como el que se forma entre los tres personajes principales, triángulo que tiene más de un vértice. Casi ninguna obra, además, se atreven a utilizar la menstruación como recurso dramático, no en el sentido de la procreación deseada o no deseada, sino en el sentido de que ese periodo roba las energías del personaje y le torna débil.

Sin contar con que esta historia se atreve a presentar un personaje principal que es homosexual (o más bien bisexual), pero no afeminado, sino que es un guerrero capaz y cabal, sin que su elección sexual presuponga un carácter o sensibilidad especial. Una serie que se atreve a mostrar la pederastia y como el poder y el dinero consiguen que esos comportamientos se disculpen.... mezclado todo ello con algunas escenas de amor extrañamente explícitas para ser mostradas en TV y al mismo tiempo inmensamente lóricas, puesto que obedecen, no a un capricho repentino, sino a un deseo arrastrado mes tras mes, año tras año y que súbitamente se consuma.

Y por supuesto, ninguna obra se atreve a mostrar a unos héroes, los protagonistas, que sean capaces de cometer atrocidades y que la propia obra nos señale esos actos como lo que son, atrocidades a las que no es posible buscar excusas... Como en el caso en que el protagonista es enviado a asesinar a uno de los enemigos políticos y asesina también al hijo de éste, en un giro argumental que parece sacado del Crimen y Castigo de Dostoievski.

Para terminar, señalar que la serie está inacabada, y que el momento es uno de los "cliffhangers" más perversos que se hayan podido imaginar.

Pero esa falta de conclusión no desdice en absoluto el viaje emprendido.