domingo, 15 de agosto de 2010

100 AS (XXVI): Steamboat Willie (1928) Walt Disney/Ub Iwerks


En esta revisión que estoy realizando de la lista de mejores cortos animados realizada por el festival de Annecy, le ha llegado el turno a Steamboat Willie, realizado en 1928 por Walt Disney y Ub Iwerks, de cuyas sendas participaciones hablaré un poco más adelante.

Lo que quiero señalar, por supuesto, es que ninguna lista de animación estaría completa sin que apareciese the man, pero conviene recordar que Disney es también una de las figuras más polémicas de las historia de la animación. Durante casi tres décadas, de mediados de los 30 a mediados de los 60 muy a grosso modo, ostentó el práctico monopolio de la producción animada norteamericana, eliminando a sus rivales más directos, como los Fleischer, y provocando que aún hoy, en el imaginario de la mayoría de la gente, animación sea Disney, y su estilo, con todas las variaciones provocadas por el paso de los años, el único posible.

Esa victoria absoluta a la larga a constituido un pesado lastre para la forma animada. En primer lugar, en esos años de monopolio, se transmitió esa falsa imagen de que el único camino posible era el disneyano y de que nunca había existido otro (como los Fleischer) o que los que se podían encontrar no eran dignos (como  la Warner). Un camino que se basaba en una animación casi perfecta, aunque a lo largo de los años fue decayendo, a medida que el jefe perdía interés primero por los cortos y luego por los filmes animados; arropando unas historias cada vez más sensibleras, ñoñas y convencionales, que últimamente se limitan a repetir una y otra vez los mismos patrones.

En sí, este estado de cosas no habría supuesto nada más que una fase pasajera, contrarrestado por la eclosión de la animación experimental o el anime, si no hubiera coincidido con la emergencia de la crítica francesa y su buque insignia, los Cahiers du Cinéma, instrumentales en la formación de canon cinéfilo, los cuales dictaminaron que la animación no era cine, obsesionados con que la esencia de esta forma era la captura de la realidad con las menores distorsiones posibles. Un dogma cinéfilo que ni el paso de las décadas, ni el impresionante corpus con el que cuenta la animación ha sido capaz de disipar y que la ha mantenido siempre en el limbo, tanto para estudiosos como para el público en general, como forma menor sólo para niños, incapaz de tratar los grandes temas que aquejan a la humanidad. Un ostracismo del que sólo ha salido un tanto debido a la aparición de la 3D, a pesar de las muchas limitaciones estéticas de ésta.

Para empeorar más las cosas, y en una inesperada vuelta de tuerca, la propia Disney actual parece tener muy poca consideración con su propio legado. No es sólo que haya prácticamente cerrado sus unidades de animación 2D, es que las reediciones de su archivo, o bien se realizan en limitadísimas ediciones, o se someten a supuestas "restauraciones" en las cuales se corrigen los colores, el encuadre y la propia animación para que se ajuste al gusto actual, desvirtuando no ya el trabajo de los artistas semidesconocidos del estudio, sino el de su propio fundador, al cual como todos los ídolos, sólo se le respeta de palabra.

Por todo ello, es especialmente interesante volver a los primeros cortos del estudio, aquellos que se presentaban como A Walt Disney Short By Ub Iwerks, indicando que si bien la dirección era tarea de Disney, la animación era realizada, completamente en solitiario por Iwerks, para descubrir un Disney inesperado y sorprendente, que nada tiene que ver con nuestra idea habitual.

No es ya que esos primeros cortos de Mickey Mouse abunden en hallazgos y bromas visuales, marca de Iwerks y que irán desapareciendo tras su partida; es que en ellos, como digo no hay nada de la sensiblería y ñoñería que se convertirán en la marca del estudio. Muy al contrario, en ellos  se conserva toda la espontaneidad, la locura,el gusto por la gamberrada o la osadía sexual de los cortos americanos de los años veinte y principios de los treinta, junto con una animación que no tiene miedo a ser imperfecta si con ello puede ser más expresiva o graciosa.

Unas características que se irán perdiendo a medida que a lo largo de los años 30, según el estilo Disney que todos conocemos vaya cristalizando, y que provocarán que cada corto suyo empiece a ser cada vez más calculado y previsible, lo cual junto con el progresivo desinterés del dueño del estudio, los convierta en aburridos y olvidables... hasta que se produjese la excepción Goofy en los 40 y 50, gracias a que ese olvido del amo, permitió que Jack Kinney gozase de una libertad insospechada en la Disney para liberar al personaje de todo tipo de ataduras disneyanas.

Y como siempre les dejo con el corto, para que lo disfruten