miércoles, 28 de julio de 2010

Inner Spaces


En el Museo Thyssen, se puede visitar estos días de verano madrileño, una exposición que habría de calificarse de menor, si utilizásemos como criterio la total ausencia de aglomeraciones y agobios. Se trata de la muestra Ghirlandaio y el Renacimiento Florentino, una de esas exposiciones cuyo nombre sólo sirve para despistar al visitante, ya que su tesis (y ésta es más que otras una exposición de tésis) consiste en utilizar el retrato de Giovanna Tournabuoni y concretamente los objetos que la acompañan para intentar reconstruir como serían los espacios privados en los que debería moverse los personajes retratados en las telas de esa época.

Digamos, por de pronto, que esa es una tarea en la que fracasa estrepitosamente, puesto que dudo que ninguno de los visitantes, ni siquiera aquéllos armados con los aparatosos bastones de mando que llaman audioguías, haya llegado a formarse una idea de como vivían aquellas gentes o de cuales eran los objetos que de puro tenerlos todo el día ante los ojos, acababan por tornarse invisibles. Sin embargo, quizás esa tesis de la que hablaba no era otra cosa que una excusa para tener la oportunidad de reunir un buen puñado de obras de la época, muy pocas de los grandes maestros, pero no por ello menos bellas o interesantes.

Entre ellas, he elegido para ilustrar esta entrada Los Esponsales de Jasón y Medea, de Biagio D'Antonio, perfecta para señalar una serie de aspectos que todo aficionado atento debería tener en mente al visitar esta exposición. En primer lugar, cuando se aborda la pintura antigua, hay que tener en cuenta que nada en ella es casual, todas obedecen a un complejo programa iconográfico y moral, de manera que intentan transmitir una lección o una enseñanza al espectador y, además, poner a prueba los conocimientos de éste, de forma que pueda demostrar su valía al reconocer las diferentes alusiones y relaciones establecidos en el lienzo.

Nosotros, los habitantes de este temprano siglo XXI, estamos ya muy alejados de esos burgueses del siglo XV que encargaban esas obras. Aunque conozcamos la mitología clásica al dedillo, se nos escapan detalles, referencias que deberían ser evidentes en aquel entonces hasta para los niños de corta edad. Por ejemplo, resulta chocante que se utilice el tema de Jasón y Medea como regalo de los jóvenes esposos y prometidos, cuando es conocido que su historia es una larga cadena de engaños y enredos, que más de una vez terminaron trágicamente. Quizás, es lo más probable, se quisiera advertir a las jóvenes de los peligros de los súbitos enamoramientos, que en el caso de Medea le llevaron a traicionar a patria y padre, mientras que en el caso de los hombres, del peligro de la inconstancia y la falta a la palabra dada,  traición castigada por Medea con más que rigurosa venganza.

Quizás, pero el caso es que todo se nos escapa, al igual que al contemplar el cuadro, un espectador de la época habría llegado a identificar a todos y cada uno de los personajes, harto de oír sus historias, y a deducir cual era su papel en la escena. Nosotros, podemos llegar a identificar a Hércules, por la maza y la piel de León, así como a Jasón, Medea o Yolcos, por su lugar central en la obra; así como con un poco más de atención, darnos cuenta que los mismos personajes que entran por un lado del cuadro, llegando a la ceremonia de los esponsales, están saliendo por el otro lado (y descubrir como la tabla debe haber sido cortada), lo cual le confiere ese extraño aspecto de cómic que tanto nos sorprende en las pinturas antiguas.

Poco más. Pero eso no debe impedirnos disfrutar de la pintura, puesto que, como en todas esas tablas del renacimiento, siempre nos quedan esos cielos azules y puros, donde se deslizan blancas nubes, los lejanos paisajes, fantásticos y al mismo tiempo realistas, que sirven de decorado a los protagonistas, la noble arquitectura inventada, matemática y racional, sin igual en la realidad, nuevamente plasmación de los ideales de su época y, para terminar, los diferentes personales que pueblan esos espacios soñados, a los que se pretende imbuir de la sensación de existentes, de manera que creyéramos poder encontrárnoslos en la calle,según saliéramos de la exposición.

Y aquí es el momento de incluir la reflexión personal, puesto que durante largo tiempo no llegué a encontrarme cómodo con la pintura de esta época, puesto que los tipos humanos que en ella aparecían no me parecían reales... hasta que aterricé en Florencia y me encontré una ciudad poblada por gentes descendida de los frescos y las paredes de los museos.

2 comentarios:

anarkasis dijo...

o es usted un lindo, o tiene intereses con la baronesa... que podríamos malinterpretar algún lector su impresión,
Yo calificaría esta exposición 10 POR LOS EUROS, de una estafa y un atraco sin suavidad ninguna. Y RECOMENDARÍA QUE NO FUERAN, PERO QUE NO FUERAN A VER ARTE A MADRID POR UN TIEMPO
Ya que se han puesto de acuerdo la baronesísima con el tirando a baron del Prado,
De 3 euros en 5 años han pasado a 10 euros las exposiciones externas a ambos museos ¡¡¿?!!
los blog están también para quejarse
Yo lo hago.

David Flórez dijo...

A ver, por partes:

Primero, si se fija, lo primero que he dicho es que la exposición fracasa en justificar su tesis que es ilustrar los interiores urbanos del cuatrocento. Otra cosa es que parte de los cuadros me hayan molado.

Segundo, si me ha ido leyendo, la exposición que me ha molado de verdad es la de la Mapfre, a la que llevo ya dedicadas varias entradas y que, por cierto, es gratis. Junto a ella, está la más que interesante de la biblioteca nacional de la que iba a hablar este sábado

Tercero, si me ha ido leyendo habrá reparado que suelo decir que la parte más interesante de las exposiciones de la Thyssen está en la fundación cajamadrid, también gratis, y forma quizás demasiado elegante de dar a entender otras cosas.

Cuarto, cierto que se pasan y mucho, con el precio. Uno todavía recuerda cuando al Prado se podía entrar gratis con el DNI, pero claro como hemos pasado de considerar el arte, si esa palabra aún se tolera, como un producto de consumo, cual detergente en el supermercado, en vez de un bien de la humanidad, pues las quejas están de más hasta que no cambiemos lo esencial.

Y Quinto, pues a mí me gustaría y mucho, poder visitar exposiciones en otras ciduades, pero desgraciadamente no está a mi alcance, así que por mucho que lo lamente me tengo que conformar con lo que tengo a mano... y comentar lo que me han parecido los objetos expuestos, teniendo en cuenta que no soy crítico de arte y me falta mucha base para ni siquiera intentarlo...