domingo, 11 de julio de 2010

100 AS (XXIb): Anna Bella (1984) Borge Ring










En la entrada anterior de esta serie dedicada a comentar la lista de cortos animados del festival de Annecy, ya había señalado como iban a aparecer, de vez en cuando, cortos tipo a y cortos tipo b asociados el mismo número. Los cortos A serían aquellos que figurasen en la propia lista de Annecy, mientras que los cortos tipo B serían otros incluidos en las fuentes habituales para suplir los cortos originales, bien por no haberse podido encontrar, bien por la inexistencia de ediciones.

Lo anterior no quiere decir que los cortos tipo B sean peores que los de tipo A. Si miran el enlace de la lista de Annecy, que no es otra cosa que el hilo de un foro, podrán darse cuenta de como los participantes señalan algunas ausencias clamorosas, simplemente porque cualquier lista es finita y en el proceso de exclusión/inclusión es fácil, mejor dicho, es inevitable, que cortos y autores importantes se queden fuera.

En este caso el corto tipo B es Anna y Bella, premiado con el Oscar al mejor corto de animación en 1984 y dirigido por Borge Ring, un gran animador danés con una larga carrera y un buen puñado de grandes cortos... que para nuestra desgracia aún no han merecido una edición en DVD, como es el sino de la animación, despreciada por igual por críticos y público, los unos por considerar que no responde a la (supuesta) esencia del cine, los otros por considerarlo un producto infantil.

Pero volviendo al corto, que es lo que realmente interesa (y no el estar continuamente quejándose por lo que no tiene remedio), Anna y Bella es un ejemplo magnífico de la altura a la que podía llegar la animación dibujada a mano y explica perfectamente las razones de su supremacía hasta ayer mismo, con el advenimiento de la animación y la 3D. Ese dominio de esta técnica de la animación se debía (se debe) simplemente a la flexibilidad de la línea, que permite deformar los modelos para hacerlos más expresivos y realizar transformaciones imposibles, sin que se derrumbe la ilusión de realidad, ya que al tratarse de un dibujo sabemos perfectamente que no es real.

Esa capacidad de la animación, frente a la imagen real, para representar lo abstracto y conseguir lo imposible, tiene una plasmación magnífica en la secuencia que he capturado, donde una de las protagonistas, tras un fracaso amoroso se hace literalmente añicos ante nuestros ojos. Una transformación realizada con tanta maestría que es necesario pasar la brevísima secuencia plano a plano, para comprobar como cada uno de ellos es distinto, intentando acentuar y destacar los movimientos, como ocurre con las gafas de la protagonista, que no se limitan a caer sobre el montón de añicos, sino que rebotan contra el suelo; o como el cuerpo de Anna no explota directamente en fragmentos sino que primero se aplana y se hace débil, para anticipar esa destrucción que va a seguir.

Son detalles como estos, el tener que pensar como deformar la realidad para que su representación reconstruida nos parezca realmente real, los que distinguen a un animador de genio de un simple aficionado (y es su falta la que hace la animación 3D tan aburrida). En el caso de Ring, esa atención al detalle, es intento por expresar lo inexpresable en imágenes, transfórmándo lo oculto en metáforas visibles, es le permite narrar sin utilizar la palabra en ningún instante, más allá de lo que es el efecto sonoro, sin que en ningún momento el espectador pierda el hilo de lo narrado. Más aún, esa expresividad le permite no sólo renunciar al color, reducido al mínimo en todos su cortos, sino simplificar fondos y trazos, para reducirlos a casi lo esencial, la justa medida que permite transmitir lo contado sin distracciones innecesarias, otro error muy corriente en la animación por ordenador contemporánea, donde los fondos suelen aplastar a los personajes y a su historia.

Y como siempre, aquí les dejo con el corto para que lo juzguen