domingo, 30 de septiembre de 2018
sábado, 29 de septiembre de 2018
viernes, 28 de septiembre de 2018
Sin dejar rastro (y III)
Louie Kamookak did not set out to solve one of naval history's most enduring mysteries. His early work focused on tracing the family trees of four main groups that made up the Netsilingmiut. As the lines of those family trees became clearer, Kamookak also got a better understanding of contacts that Inuit had with the foreign explorers. Qalunaaq names did not make any more sense to them than Inuit names registered in white men's ears. So Inuit gave the outsiders nicknames . A common one was Aglooka, from the Inuktitut description of the long strides they saw foreigners taking. The problem is that Inuit knew several nineteenth-century visitors by that name, including James Clark Ross and Rozier. That makes it hard for someone accustomed to the conventions of European history to untangle the various strands of it in Inuit oral history. But if an Inuk tells a story of an encounter with Aglooka from an old relative, and a listener like Kamookak knews the source's family group, he can figure out where they normally lived and hunted. That gave the Inuk historian a distinct edge over experts from the south trying to figure out the Franklin mystery. Travelling across Netsilingmiut territory, he listened and learned, deciphering elders' stories to figure out which groups of qaluunaq various Inuit family groups likely met, and when. In time Kamookak found that one of the most obvious mariners in the elders ' stories was Franklin loyal friend John Ross. Those accounts came from the years when the Ross expedition was trapped on the Boothia peninsula, and Netsilingmiut helped the sailors survive, sealing their place in local legend.
Paul Watson, Ice Ghosts
Louie Kamookak no se propuso desde un principio resolver un misterio naval (el de la expedición Franklin) de los más persistente de la historia. Su trabajo inicial se centraba en trazar los árboles genealógicos de los cuatro grupos principales que componían la tribu de los Netsilingmiut. A medida que los diferentes linajes se iban aclarando, Kamookak comenzó a tener una mejor comprensión de los contactos que los Inuit habían tenido con los exploradores extranjeros. Los nombres de los Qaluunak eran tan incompresibles para ellos como podían serlo los nombres Inuit para los oídos de los hombres blancos. Por ello, los Inuit se inventaron apodos. Uno comín era Aglook, proveniente de la descripción de las largas zancadas que los Inuktituk veían dar a los extranjeros. El problema es que los Inuit ser referían a varios visitantes decimonónicos con ese nombre, incluyendo a James Clark Ross y Rozier. Esto tornaba difícil, para quien está aconstumbrado a las convenciones de la historiografía europea, el desenredar los diferentes cabos que componen la tradición oral de los Inuit. Pero si un Inuk narra una historia de un encuentro de un pariente con Aglooka y un oyente, como Kamookak, conoce el árbol familiar de ese Inuk, puede adivinar donde vivían y cazaban. Esto confería una clara ventaja al historiador Inuk, comparado con los expertos del sur que intentaban aclarar el misterio de Franklin. En sus viajes a lo largo del territorio Netsilingmiut, Kamookak escuchó y aprendió, descifrando las historias de los ancianos para así esclarecer con qué grupos de Qaliinaq podían haberse encontrado los distintos grupos familiares Inuit. Con el tiempo, Kamookak averiguó que uno uno de los marinos más frecuentes en las historias de los ancianos era John Ross, el fiel amigo de Franklin. Esas narraciones provenían de los años que la expedición de Ross permaneció atrapada en la península de Bothia y los Netsilingmiut ayudaron a los marinos a sobrevivir, quedando marcado en sus leyendas.
Este es el último libro sobre la desaparición de la expedición Franklin que voy a reseñarles. Visto lo tenues y contradictorias que son las pruebas e indicios que nos han llegado, no creo que se pueda concluir nada definitivo sobre el destino de los expedicionarios. Al menos hasta que terminen las excavaciones submarinas en los pecios del Erebus y el Terror, los dos barcos de la expedición recientemente encontrados en 2014 y 2016, respectivamente. Esta tarea va a llevar años, cuando no decenios, y temo que las elevadas esperanzas puestas en ellas se vean defraudadas, al suscitar más preguntas que respuestas, cuando no misterios insolubles.
De hecho, si compre este libro es porque narraba, precisamente, el hallazgo de estos pecios, relato casi ausente en los dos libros anteriores, tanto en el de Woodman como en el de Potter. Aún así, los comentarios que leí en la tienda de internet donde lo adquirí eran desalentadores. Según ellos, esta obra no añadía nada a lo expuesto en las obras clásicas sobre el tema. Incluso se le reprochaba el perderse en meandros y digresiones que poco interesaban al tema principal, al tiempo que se olvidaban hechos fundamentales en el desarrollo de las investigaciones.
Éste último defecto era bien cierto, ya que, por ejemplo, se pasaba de puntillas tanto sobre la tarea de recopilación de los testimonios Inuit que realizó Rae en 1870, como sobre las penalidades de varias de las expediciones de rescate, en concreto la de McClure. Por el contrario, se dedicaba una atención desmesurada al circo, con mediums y videntes incluidos, farsantes y personas de buena fe. que se montó alrededor de la esposa del explorador; o las supuestas hazañas, ya en nuestro siglo, de uno de esos millonarios/aventureros que tanto abundan en el mundo anglosajón, pero que en esta ocasión, aparte de destruir pecios, poca relevancia tenían.
Sin embargo, cualquier libro de historia, aunque divague y se pierda por vericuetos, puede ser una fuente inestimable de información, siempre que abunde en datos bien investigados. Tal es el caso del libro de Watson, que ilumina multitud de aspectos secundarios de las numerosas búsquedas en pos de la exposición perdida. Algunas de ellas, cierto, total y completamente irrelevantes; otras, sin embargo, de gran pertinencia. Como el papel fundamental que tuvieron y tienen los testimonios Inuit en la reconstrucción y verificación de cualquier teoría sobre la desaparición de la expedición
Este es el último libro sobre la desaparición de la expedición Franklin que voy a reseñarles. Visto lo tenues y contradictorias que son las pruebas e indicios que nos han llegado, no creo que se pueda concluir nada definitivo sobre el destino de los expedicionarios. Al menos hasta que terminen las excavaciones submarinas en los pecios del Erebus y el Terror, los dos barcos de la expedición recientemente encontrados en 2014 y 2016, respectivamente. Esta tarea va a llevar años, cuando no decenios, y temo que las elevadas esperanzas puestas en ellas se vean defraudadas, al suscitar más preguntas que respuestas, cuando no misterios insolubles.
De hecho, si compre este libro es porque narraba, precisamente, el hallazgo de estos pecios, relato casi ausente en los dos libros anteriores, tanto en el de Woodman como en el de Potter. Aún así, los comentarios que leí en la tienda de internet donde lo adquirí eran desalentadores. Según ellos, esta obra no añadía nada a lo expuesto en las obras clásicas sobre el tema. Incluso se le reprochaba el perderse en meandros y digresiones que poco interesaban al tema principal, al tiempo que se olvidaban hechos fundamentales en el desarrollo de las investigaciones.
Éste último defecto era bien cierto, ya que, por ejemplo, se pasaba de puntillas tanto sobre la tarea de recopilación de los testimonios Inuit que realizó Rae en 1870, como sobre las penalidades de varias de las expediciones de rescate, en concreto la de McClure. Por el contrario, se dedicaba una atención desmesurada al circo, con mediums y videntes incluidos, farsantes y personas de buena fe. que se montó alrededor de la esposa del explorador; o las supuestas hazañas, ya en nuestro siglo, de uno de esos millonarios/aventureros que tanto abundan en el mundo anglosajón, pero que en esta ocasión, aparte de destruir pecios, poca relevancia tenían.
Sin embargo, cualquier libro de historia, aunque divague y se pierda por vericuetos, puede ser una fuente inestimable de información, siempre que abunde en datos bien investigados. Tal es el caso del libro de Watson, que ilumina multitud de aspectos secundarios de las numerosas búsquedas en pos de la exposición perdida. Algunas de ellas, cierto, total y completamente irrelevantes; otras, sin embargo, de gran pertinencia. Como el papel fundamental que tuvieron y tienen los testimonios Inuit en la reconstrucción y verificación de cualquier teoría sobre la desaparición de la expedición
domingo, 23 de septiembre de 2018
viernes, 21 de septiembre de 2018
Sin dejar rastro (y II)
McKlintock thought that Ootgoolik referred to the west coast of King William Island, but we have seen that this term applies to the west coast of the Adelaide Peninsula. Hall was told that the natives found this second ship "in the ice of the sea between Dease Strait and Simpson Strait" - modern Queen Maud Gulf. From descriptions of the actual wreck site, Hall concluded that the ship, "sank some time after they [the Inuit] found it but no so bad what the topmast were above water - ultimatley (sic) the ice broke the vessel that masts, timbers etc. drifted to the land south side of Ook-joo-lik sea & and there found in abundance by Ook-joo-lik natives.
Hall was later given more detail about this wreck by an Oot-goolik native named Ek-pre-ree-a.
This ship first seen he said by Nuk-kee-che-uk an Ook-joo-lik Innuit who in now dead, having been killed by his (Ek-kee-pee-ree-a0's) father. This he told me with a smile. This ship had 4boats hanging at the sides and 1 of them was above the quarter deck. The ice about the ship one winter's make, all a smooth flow (sic) & and a plank was found extending from the ship down to the ice. The innuit were sure some white men must have lived there through the winter. Heard of tracks of 4 strangers, not Innuits, being seen on the land adjacent to the ship (Emphasis in the original)
David C. Woodman. Unravelling the Franklin Mistery, Inuit Testimony
McKlintock pensó que Ootgoolik se refería a la costa oeste de la isla del Rey Guillermo, pero ya hemos visto que ese apelativo se aplica a la costa occidental de la península de Adelaida. A Hall se le contó que los nativos habían encontrado ese segundo barco « en el hielo, en el mar entre el estrecho de Dease y el de Simpson » - el actual golfo de la Reína Maud. De la descripción del lugar del naufragio, Hall concluyó que el barco « se había hundio al poco de ser encontrado [por los Inuit], pero no tan profundo que los mástiles no sobresalieran del agua - al fimal (sic) el hielo troncho el barco, de manera que los mástiles y el maderamen fueron arrastrado a tierra, al sur del mar de Ook-joo-lik, donde los nativos los encontraron en abundancia.
Hall consiguió aún más detalles del pecio por medio de un nativo de Oot-goolik de nombre Ek-pre-ree-a.
« Este barco fue visto primero por Nuk-kee-che-uk un Inuit de Ook-joo-lik ya muerto,k asesinado por su padre (el de Ek-kee-pee-ree). Esto me lo narró sonriendo. Este barco tenía cuatro botes colgados a sus lados y 1 de ellos estaba sobre la cubierta. El hielo que rodeaba al barco era de un invierno de edad, todo suave fluido (sic) y se encontró una plancha de madera que descendía del barco hasta el hielo. Los Inuit tenían la certeza de que algunos hombres blancos debían haber vivido allí durante el invierno. Se hablaba de rastros en la nieve de cuatro extraños, que no eran Inuit, vistos en las tierras próximas al barco »
Buscando libros que resumiesen el estado de las investigaciones sobre la expedición Franklin, llegué por casualidad a éste de Woodman. Sin sospecharlo, me había tocado el premio gordo de la loteria. Unravelling the Franklin Mistery, Inuit Testimony (Desenredando el misterio de Franklin, el testimonio de los Inuit), es un libro clave en la investigación moderna de la desaparición de esa expedición.
Publicado en los años 90, Woodman realiza en él un análisis exhaustivo del cúmulo de noticias obtenidas de los Inuit por los exploradores que fueron en busca de Franklin. No sólo los más famosos, y que ya les señale en la entrada anterior, como Rae, MacKlintock o Hall, sino otros menos conocidos o mucho más tardíos, como Schwatka, el propio Admundsen o Rassmussen, éstos últimos ya en el siglo XX. Y no sólo lo publicado por ellos, ya corregido y pulido, sino los diarios originales que dormían en los archivos, más cercanos a la verdad y con menos distorsiones, tanto voluntarias como involuntarias. Con esas fuentes, Woodman construyó una versión alternativa al destino de la expedición que destaca por su lógica y su verosimilitud, y que ha sidoconfirmada en gran medida por los descubrimientos de los pecios del Erebus y el Terror, encontrados en los lugares señalados por los Inuit y en condiciones casi idénticas a las descritas por ellos.
martes, 18 de septiembre de 2018
Sin dejar rastro (y I)
The skeleton bore with it one of the most enigmatic documents in the whole Franklin mistery. In the words of Allen Young, who published this separate account in the Cornhill Magazine in 1860. "The captain's party found a human skeleton upon the beach as the man had fallen down and died, with his face down to the ground, and a pocket book, containing letters in German which have no been deciphered, was found closed by".
Whose was the skeleton? And what were these letters? As it turns out, they were not written in German, although the mistake was understandable, given the frequent occurrence of strange words such as "Meht," "Kniht", and "Eht". On further examination, it was discovered they were in fact in English, only written backwards (that is with the letters in backwards order, not mirror-back backwards), Why this would have done is a difficult question - for my part, I can only suppose that there was some desire to conceal the contents of a sailor's letters from his shipmates, whose rudimentary literacy would have made transposing the letters a daunting task.
Russel A. Potter. Finding Franklin.
Junto al esqueleto se hallaba un documento especialmente enigmatico, para lo que es corriente en el misterio de la expedición Franklin. En palabras de Allen Young, que publicó este informe por separado en la Cornhill Magazine en 1860. « El grupo del capitán (MacKlintock) encontró un esqueleto humano en la playa, tal y como había caído y fallecido, de cara al suelo, y en las cercanías, una cartera de bolsillo, que contenía cartas en que aún no descifradas».
¿De quién era ese esqueleto? ¿Y qué eran esas cartas? Ha resultado que no estaban escritas en alemán, aunque el error es comprensible, dada la aparición frecuente de palabras extralas como "Meht", "Knith" o "Eth". Al examinarlo más de cerca, se descubrió que estaban escritas en inglés sólo que al revés (es decir, con las letras en order inverso, no en sentido especular). El porqué de haberlo hecho así es una pregunta difícil - a mi entender, sólo puedo aventurar que el marinero deseaba esconder el contenido de estas cartas a sus compañeros de tripulación, cuyo alfabetismo rudimentario habría tornado la transposición de las letras en una tarea insuperable.
Hace unas semanas les comentaba el libro Artic Labyrinth, de Glyn Williams, centrado en la exploración y descubrimiento del paso del Noroeste. Una buena parte del texto se dedicaba a la narración y elucidación de un misterio central en esas expediciones articas, sino el misterio por antonomasia: la desaparición sin dejar rastro, junto con sus tripulaciones, de los dos navíos de la expedición Franklin, el Erebus y el Terror, en 1845.
Por hacer un breve resumen. La expedición de John Franklin, un experto en las regiones polares, estaba concebida para ser la que finalmente descubriera el paso del Noroeste. Con provisiones para tres años, dotada con los últimos avances técnicos y científicos, recopilando todo el saber y experiencia de tres decenios de exploraciones árticas e invernadas en esas regiones, parecía destinada al triunfo. Sin embargo, tras ser vista por última vez por algunos balleneros cuando entraba en el estrecho de Lancaster, al final de la bahía de Baffin, se desvaneció por completo. No fue hasta 1848, tras tres años sin noticias, cuando las provisiones del Erebus y el Terror ya debían estar comenzando a agotarse, que se empezaron a planear las primeras operaciones de rescate, a pesar de que otros exploradores, como Jouhn Ross, habían propuesto esfuerzos tempranos. Los que pudiesen llegar a tiempo de salvar a los posibles supervivientes, antes de que tuviesen que abandonar sus barcos o fueran diezmados por el frío, el hambre y el escorbuto.
Por hacer un breve resumen. La expedición de John Franklin, un experto en las regiones polares, estaba concebida para ser la que finalmente descubriera el paso del Noroeste. Con provisiones para tres años, dotada con los últimos avances técnicos y científicos, recopilando todo el saber y experiencia de tres decenios de exploraciones árticas e invernadas en esas regiones, parecía destinada al triunfo. Sin embargo, tras ser vista por última vez por algunos balleneros cuando entraba en el estrecho de Lancaster, al final de la bahía de Baffin, se desvaneció por completo. No fue hasta 1848, tras tres años sin noticias, cuando las provisiones del Erebus y el Terror ya debían estar comenzando a agotarse, que se empezaron a planear las primeras operaciones de rescate, a pesar de que otros exploradores, como Jouhn Ross, habían propuesto esfuerzos tempranos. Los que pudiesen llegar a tiempo de salvar a los posibles supervivientes, antes de que tuviesen que abandonar sus barcos o fueran diezmados por el frío, el hambre y el escorbuto.
domingo, 16 de septiembre de 2018
sábado, 15 de septiembre de 2018
En la penumbra
Wir alle verfügen ja über die ganz besonders eigentümliche Gabe, eventuell mit einmal hinfällig zu sein, mit anderen Worten, in Bezug auf die Kräfte, die Gesundheit plötzlich zu verlieren, und ich bin der Meinung, wir alle sollten mit dieser Möglichkeit zu rechnen. « Unkraut verdirbt nicht », ist so ein hergebrachtes, gleichsam altehrwürdiges Sprichwort, mit dessen Erwähnung ich selbstverständlich nicht sehr viel, womöglich überhaupt nichts gesagt haben will. Dieses Sprichwort ist mir nur soeben eingefallen. Was ich beifügen sollen, ist dieses: Eine Bürgersfrau, so wurde mir hintergebracht, habe sich über mich da und da erkundigt und bezüglich meines Charakters und meines Benehmens die Befriedigendste Auskunft eingeheimst oder erhalten. Die Benachrichtigung dieses ganz geringfügigen Auskunftseinholungsmomentes hat mich gefreut, ich gestehe es offen. Ich bin also in den Augen von Leuten, in deren Gesellschaft oder in deren Nähe ich Zeitweise lebte, d.h. Zeit verschwendete und verbrachte, einer, mit dem sich umgehen lässt. « In Ihren Bücher » so sagte mir ein hochgeachteter Herr Verleger, « lebt etwas in gewisser Hinsicht zu Rosiges, Fröhliches, was Ihnen mancher Leser übelnehmen kann, worauf Sie sich gefasst machen wollen »
Robert Walser. Microgramas
Todos nosotros disponemos de una virtud característica completamente especial, de tarde en tarde ser débiles por una vez. En otras palabras, en relación a nuestras fuerzas, perder repentinamente la salud, y soy de la opinión que todos debemos contar con esa posibilidad. « Mala hierba nunca muere » es un dicho tan antiguo y digno, y al mismo tiempo tan tradicion, que yo, con esa expresión no tengo mucho que decir, en general quizás nada. Este refrán sólo me ha venido a la mente. Lo que quiero añadir es esto: La esposa de un burgués, así se me dijo en secreto, se ha interesado, aquí y allá, por mí y en relación a mi carácter y mi comportamiento ha procurado conseguir y obtener información, la más satisfactoria. La notificación de ese ínfimo momento de recolección de información me ha llenado de alegría, lo confieso abiertamente. Estoy por tanto en boca de las gentes, de cuya sociedad formo parte o en cuya contemporaneidad vivo, es decir, soy uno al que evitan aquellos con los que malgasto y paso el tiempo. « En sus libros » me dijo un respetado editor « habita algo demasiado alegre, de color de rosa, que algunos lectores pueden tomarse a mal y por ello guardarle rencor »
Con demasiada lentitud voy avanzando en la lectura de los microgramas de Robert Walser. No porque me disgusten, ya saben que este escritor suizo es uno de mis favoritos, sino por su dificultad. Provocada en gran parte por el estado de oxidación de mi alemán, cada vez más deteriorado, pero también por las circunstancias que rodean a la composición de esa sección de la obra Walseriana y su carácter de experimento sin concesiones. Más allá de una modernidad literaria que aún no había agotado sus posibilidades, rayano en el postmodernismo posterior, mucho antes de que ese termino aún existiese .
domingo, 9 de septiembre de 2018
jueves, 6 de septiembre de 2018
Entre todos la matamos y ella sola se murió
No sé, les paso más contradicciones. Los primeros presos políticos de la democracia no han sido los Jordis. Vete a saber quienes han sido. Siempre hay un retén de personas que acaban con sus huesos en la cárcel - es fácil acabar con los huesos en una cárcel; ésa es la primera lección de Derecho Penal - por opciones políticas. Pero son especialmente llamativos los presos, hoy en el trullo y con sentencia firme, condenados durante las manis que rodearon el Parlament en 2011. Algunos fueron condenados por acciones como « increpar a un diputado, con las manos en alto ». Las condenas fueron más duras porque la Gene se presentó como acusación y pidió que el juicio fuera en la Audiencia Nacional. La razón: podían declarar así por vídeo, lo que quedaba como guay y rebelde, si bien eso suponía que los acusados se enfrentarían a cargos más graves, como atentado a institución del estado. Es contradictorio que un partido procesista haya votado la Ley Mordaza, el fin de la democracia tal y como se la concebía en el 45. Es contradictorio, en fin y por otra parte, declarar una DIU y pirarse. No tenían plan A, o B - otro aspecto contradictorio - y esperaban una reacción violenta del Estado como plan C. El 155 fue, en su inicios, despacito, lo que les desbarató el plan C - lo que es contradictorio, es contradictorio que el Govern esperara violencia sobre su sociedad -. Es contradictorio que todos los tramos del Process (2012-2015, 2015-2017) finalicen en consulta y elecciones. Es contradictorio que un Govern en el exilio y un Procesismo en la Pomada, acepten unas elecciones impuestas por el gobierno. Es contradictorio que la campaña de esas elecciones no trate sobre lo que ha hecho el Govern con su monocultivo, sino - me juego una copa - sobre le abuso de haber detenido a un Govern, que políticamente no se encuentra el culo con ambas manos, hace poco y lo que hace es contradictorio y poco efectivo. Es contradictorio que todas las contradicciones del Govern finalicen en elecciones. Es contradictorio que la gran baza electoral del Govern nunca sean sus éxitos políticos, sino su martirio, su sufrimiento, su persecución. Es contradictorio que un Govern, que no se come un colín, y un Gobierno, que no solo canaliza problemas sino que los radicaliza, se necesiten electoralmente. Es contradictorio el siglo XXI, cambalache y sentimental.
Gillem Martínez, 57 días en Piolín
En este libro, se recogen los artículos que Gillem Martinez escribió entre 2017/2018 para la revista digital ctxt.es, de claro alineamiento con la nueva izquierda que surgió en este país tras el 15M de 2011. Los escritos recogidos en el libro se concentraban en el periodo otoño/invierno de 2017, como este artículo del tres de noviembrem y su intención era, como indicaba el título común con que se publicaban, « procesar el proces ».
Medio en serio, medio en broma, con ironía amarga o amarga ironía, como prefieran. Con humor, porque ese proces ha terminado siendo astracanada y esperpento, como bien indica el título de la recopilación, recuerdo del absurdo de un gobierno que manda sus fuerzas represivas en un crucero decorado con los personajes de la Warner. Con sarcasmo, porque no se puede considerar de otra manera a un Govern que se reveló novato político, incapaz de predecir las reacciones del adversario o de llegar hasta el final de sus resoluciones. A un abismo de distancia de cualquier resistencia numantina, como podría hacer pensar la otra referencia del título, a los 55 días en Pekín y el sitio de la legaciones europeas durante la rebelión de los Boxers en 1900.
Pero también de tragedia. Porque en realidad, lo que se recoge en ellos es la crónica de un triple fracaso político: la quiebra de un régimen, el del 78, que parece haber llegado al término de su recorridom incapaz de suscitar ya la adhesiones que consiguió durante la transición; el de un país, el nuestro, rasgado hasta ser irreparable; y el de las todas las fuerzas políticas de esta nación, sean del signo que sean, encerradas y prisioneras de sus soledades, pasados, ensoñaciones y servidumbres.
Medio en serio, medio en broma, con ironía amarga o amarga ironía, como prefieran. Con humor, porque ese proces ha terminado siendo astracanada y esperpento, como bien indica el título de la recopilación, recuerdo del absurdo de un gobierno que manda sus fuerzas represivas en un crucero decorado con los personajes de la Warner. Con sarcasmo, porque no se puede considerar de otra manera a un Govern que se reveló novato político, incapaz de predecir las reacciones del adversario o de llegar hasta el final de sus resoluciones. A un abismo de distancia de cualquier resistencia numantina, como podría hacer pensar la otra referencia del título, a los 55 días en Pekín y el sitio de la legaciones europeas durante la rebelión de los Boxers en 1900.
Pero también de tragedia. Porque en realidad, lo que se recoge en ellos es la crónica de un triple fracaso político: la quiebra de un régimen, el del 78, que parece haber llegado al término de su recorridom incapaz de suscitar ya la adhesiones que consiguió durante la transición; el de un país, el nuestro, rasgado hasta ser irreparable; y el de las todas las fuerzas políticas de esta nación, sean del signo que sean, encerradas y prisioneras de sus soledades, pasados, ensoñaciones y servidumbres.
martes, 4 de septiembre de 2018
Futuros imperfectos
¿Pero qué pasa con el original? Si sale de la cabina en la cual hemos realizado el inventario de sus átomos, es evidente que no ha partido a ningún lugar, sino que se ha quedado donde estuvo hasta el momento. Fuera de eso, aun si millones de sus copias han comenzado su existencia en los aparatos receptores, eso en nada cambia la situación del Smith original: si no le decimos nada, se irá a su casa sin tener la más mínima idea de lo que realmente ha ocurrido. Entonces resulta que hay que destruir el "original", enseguida después del "inventario atómico". Puestos en la situación del Señor Smith, con facilidad advertiremos que las perspectivas de su viaje telegráfico no son para nada color de rosa. En realidad, parecería que morirá en la cabina, asesinado una vez y para siempre , en tanto que de los receptores saldrán individuos idealmente parecidos a él , pero no él mismo. Porque es así: entre casa estado del hombre y su estado anterior hay un estricto vínculo causal. En el momento T1 vivencio el gusto dulce, porque en el momento T2 me han puesto sobre la lengua un terrón de azúcar. Entre el señor Smith y su retrato atómico también hay un vínculo causal: el retrato es tal y cual, dado que hemos actuado sobre el cuerpo de Smith así y asá, y gracias a esa acción se ha llegado a un envío informativo completo sobre la constitución del señor Smith. De igual modo, existe un vínculo informativo y casual entre el retrato atómico y las "copias" que salen de los receptores, dado que han sido construidas tal como lo indicaban las indicaciones del "retrato". ¿Pero qué relaciones acaecen entre la totalidad de esas transformaciones (Smith como organismo vivo, Smith como información enviada y los múltiples Smith copiados acorde con esa información) y la muerte del señor Smith, que provocamos apenas terminado el retrato atómico?
Stanislaw Lem, Summa Technologiae
Hace ya dos años, les comenté con profusión este extenso ensayo filosófico-tecnológico de Stanislaw Lem en una serie de entradas de este blog, de título Los laberintos de la ciencia (aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, y aquí). Leí este libro en traducción inglesa y en su momento me fascinó hasta la obsesión, como demuestra mi prolijidad analítica o el hecho de que lo releyera entero apenas terminado. Lo he vuelto a revisar ahora en traducción española, variante argentina, y no me ha despertado el entusiasmo de antaño. En varias ocasiones me sentí fuera del libro, lejano y desapegado.
No es un problema del ensayo de Lem, al que haya descubierto ahora como vacuo y baldío, ni mucho menos de la traducción, modélica y escrupulosa. Se trata más bien de una cuestión de tempo. El hecho de leer en una lengua, el inglés, que no es la mía materna, me forzaba a bajar el ritmo, a prestar más atención a lo contado, pudiendo así digerirlo y asimilarlo. Leer en castellano, por el contrario, me lleva a correr más de lo debido, por lo que, sin pretenderlo, me salto pasajes, los visitó descuidado. Se me escapan, desapercibidas, las ideas que Lem intenta resaltar y con ellas las conclusiones en las que Lem quiere que reparemos.
No es un problema del ensayo de Lem, al que haya descubierto ahora como vacuo y baldío, ni mucho menos de la traducción, modélica y escrupulosa. Se trata más bien de una cuestión de tempo. El hecho de leer en una lengua, el inglés, que no es la mía materna, me forzaba a bajar el ritmo, a prestar más atención a lo contado, pudiendo así digerirlo y asimilarlo. Leer en castellano, por el contrario, me lleva a correr más de lo debido, por lo que, sin pretenderlo, me salto pasajes, los visitó descuidado. Se me escapan, desapercibidas, las ideas que Lem intenta resaltar y con ellas las conclusiones en las que Lem quiere que reparemos.
Porque hay algo innegable: Summa Technologiae es un libro importantísimo. O lo hubiera sido si se hubiera publicado en Occidente en los años sesenta. En él, Lem intenta atisbar en las posibilidades que el futuro tecnológico podría traernos, tanto en sus aspectos positivos como en los negativos. Y no se trata de un ejercicio de futurología al uso, de ésos que, llegado el futuro que pretenden adivinar, sólo sirven como burla y diversión de los contemporáneos, regocijados al comprobar lo equivocados que estaban sus anticipados. No, lo que Lem cuenta es tan relevante y pertinente que mucho forma parte ya de nuestro presente, desde hace apenas unas décadas. incluso años.Tanto más sorprendente su pensamos en la cisura cultural que, en los veinte años que median entre 1990 y 2010, han creado la internet y los móviles.
domingo, 2 de septiembre de 2018
jueves, 30 de agosto de 2018
Welcome to paranoia
Dejé este libro y tomé otro: Sobre el ocultamiento de los objetos del culto. La cabeza me zumbaba un poco. Además me perseguía un olor difícilmente perceptible, una insoportable emanación que, como el hollín, cubría las pilas de libracos; no era un olor claro, de moho, por ejemplo, o de polvo arenoso del papel, sino una miasma nauseabunda del enmohecimiento secular, que parecía pegotearse invisiblemente a todo. En realidad debí haberme decidido a tomar cualquier volumen y alejarme, pero seguía dando vueltas, como si de verdad buscara algo. Dejé la Deontología de la traición y un pequeño pero abultado Imitación de la nada con orejas de burro y encuadernación negra; un libro de bolsillo Cómo actualizar la transcendentalidad parada, no sé por qué en la sección de espionaje; detrás de él había una fila de gordos volúmenes con tapas petrificadas por la vejez, el papel, medio podrido, amarillo, mostraba en las primeras páginas los títulos realizados con la técnica del grabado en madera: Acerca de la fortuna de los espiadores, o El ladero de la excelencia del espionaje en tres Vols. con proemio y paralipómenos, por el mugator Jonabery O. Paupe. Entre esos tomos habían metido un pequeño impreso viejo, sin tapas, con incunables, apenas legible, Cómo suspectar tangiblemente. Había un montón de eso; apenas podía leer los títulos: Sobre el lenocinio a distancia, Sobornancia, aparato personal del spía, Teoría del voyeurismo, bosquejo con índice de literatura escoptológica y escopognóstica, la escoptofilía y la escoptomanía al servicio de los servicios de inteligencia, Machina especularis, o sea Táctica del espionaje, un atlas negro titulado Sobre la lascivia exploratoria, manuales de tacto del espionaje, y El arte de la delación, o sea, El perfecto delator, y Caídas y quemadas, álbum desplegable con figuras, Trampas y emboscadas, hasta había algo de arte: un destartalado fajo de partituras, con un título manuscrito en lila: Pequeño provocatorio para cuatro manos con antología de sonetos de Agujita.
Stanislaw Lem, Memorias encontradas en una bañera.
Hace ya un tiempo, les había comentado esta misma novela, sólo que en traducción inglesa. Ahora la he vuelto a leer vertida al castellano, lo que me ha permitido entenderla y disfrutarla mejor, en especial los juegos mentales en los que se recrea el autor, además de ofrecerme un placer inesperado. Al estar traducida en Argentina, abundan los localismos de esa variante del castellano, lo que para un filólogo y linguista aficionado, como es mi caso, le ha permitido adentrarse en los amplios espacios americanos de la lengua común, tan desconocida en la península. Sin embargo, no le arriendo la ganancia al traductor, ya que debe haberle supuesto una tarea ímproba. No es que Lem sea un autor difícil, ni mucho menos, pero si es de sobras conocido que retorcía la lengua para burlar a la censura comunista, además de inventar expresiones y palabras nuevas para expresar lo inexistente o lo futuro. Acertijos y enigmas lingüísticos que si ya constituyen un reto para el lector nativo, para el traductor pueden pasar inadvertidos o ser, directamente, imposibles de expresar en otra lengua.
Esa condición de cajas chinas o muñecas Katiuska del lenguaje de Lem, tiene un correlato, esta vez, en la propia estructura de la novela. En primer lugar, Memorias encontradas en una bañera es la novelas más cercana a Kafka de la producción de este autor polaco. En ella se descubren las desventuras de un civil perdido en un inmenso cuartel general militar, a donde ha llegado encargado de una supuesta misión de espionaje. Nadie le explica en qué consiste, ni parecen tener muchas noticias de quién se la encomendo, así que las peripecias del protagonista se reducen a vagar de un negociado a otro, sin rumbo ni destino, dentro de un microcosmos cerrado en el que todos sospechan de todos. De ser espías de un enemigo que acecha en el exterior y que, a pesar de todas las precauciones, parece haberse infiltrado hasta las más altas esferas del poder.
martes, 28 de agosto de 2018
Fragmentos esparcidos (y I)
A la postre, tampoco es de extrañar la preferencia por la guerra en un pueblo (el americano) que apenas parece concebir otra dimensión de la vida y afanes de los hombres y los individuos que la que discurre a lo largo de la polaridad entre « vencedor » y « perdedor». Ya acertó a señalar al preferencia y propensión la escritora Susan Sontag - a raíz de la miserable hazaña perpetrada desde un cielo que acaso sea el Dios o Yavé Sabaoth, pero no ciertamente el de los hombres, por los impunes bombardeos americanos sobre Afganistán - con la adecuada crudeza de aquella fórmula de « la luhuria que la opinión pública siente por los bombardeos en masa» Creo que son poco todavía los que lo han entendido y le han visto la gracia, pero tal vez no tarde en lograr hacer reír a todo el mundo a mandíbula batiente el que es sin duda el mejor chiste político americano de estos últimos años « ¿Por qué nos odian? »
Rafael Sánchez Ferlósio, La belleza de la guerra.
En mis manuales de literatura de bachillerato, allá por 1982, la literatura castellana posterior a 1945 carecía de cualquier sistematización. Era un inmenso revoltillo en el que se acumulaban nombres y nombres de autores y obras, sin mayor comentario. Listas que el tiempo aún no había tamizado y sedimentado, dejando a la vista sólo aquéllo que deberían merecer la pena. No sé quienes, de todos esas obras y autores, seguirán siendo admirados y recordados, pero me da que además de sobrar bastantes, debían faltar muchos de los imprescindibles... o no se les daba la importancia que merecían. Porque otro problema, que venía a empeorar aún más la situación, es que entre exilios, silencios y omisiones, se dejaban fuera demasiados nombres, demasiadas obras valiosas. como Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos o El laberinto Mágico de Max Aub. Herencia inevitable de aquel tiempo de negación que fue el franquismo, cuya sombra aún pesa sobre nosotros, como la de un espantajo de pesadilla que no podemos apartar de nuestra memoria y nos impide pensar con claridad.
Sin embargo, aquí y allá, en esos resúmenes caóticos y apresurados, se señalaba una obra aislada, de ésas que habíabn supuesto un antes y un despúes en la historia de nuestra literatura. La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela; Nada, de Carmen Laforet; Camino, de Miguel Delibes; Historia de una escalera, de Antonio Buero Vallejo. . Obras que también constituían un hito en la producción de estos autores, hasta tal extremo que, en muchos casos, su creación posterior podía asemejarse a una huida de aquel éxito primero, a través del cual era observada, y juzgada, su obra.
Y entre ellas, El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlosio. Obra publicada en 1955 y caso extremo de esos hitos literarios, porque tras esa novela, incontestable e insoslayable, no se volvía a hablar de él. Como si se hubiese desvanecido en las tinieblas, como si ese éxito hubiera devenido losa abrumadora, maldición inquebrantable, tumba de la que ya no hubiera tenido las fuerzas para escapar. Pero no era así, o si lo era fue sólo en parte. Sólo en las últimas décadas, cuando ya este escritor era un anciano, he vuelto a saber de él. De repente, se ha vuelto a publicar su obra completa, en ediciones revisadas y corregidas, acompañadas de reseñas elogiosas en los suplementos literarios.
domingo, 26 de agosto de 2018
jueves, 23 de agosto de 2018
Demasiadas cosas
Cuanto más tiempo pasaba, más se complicaban las cosas. Por ejemplo, ¿se podía calificar como infidelidad conyugal la convivencia de uno con su propia esposa encarnada en una teledoble más joven? Un tal Adlai Groutzer encargó a la filial bostoniana de Gynandroids una teledoble que era la copia de su propia esposa, pero con la edad de veintiún años. En el momento de realizar ese encargo, aquella esposa tenía cincuenta y nueve años. El problema se complicó aún más teniendo en cuenta que la señora Groutzer a la edad de veintiún años todavía no era la esposa de Groutzer, sino de James Brown, del cual se había divorciado veinte años más tarde para casarse con Groutzer. El caso pasó por todas las instancias. Los tribunales tuvieron que dictaminar si se trataba de incumplimiento del deber conyugal al no querer la esposa teledirigir en el sentido más íntimo la teledoble adquirida por su marido. ¿Es posible el teleincesto, el telesadismo y el telemasoquismo? ¿Y la telepederastia? Una empresa lanzó al mercado una serie de maniquíes, fáciles de transformar en mujeres y hasta en hermafroditas utilizando las piezas de repuesto que venían en la caja. Los japoneses exportaban a los Estados Unidos y a Europa los hermafroditas a precios de dumping; su sexo se podía regular con un movimiento de mano (según la regla « derecha, izquierda, de Adán sale Eva »). Cuentan que entre los clientes de Gynandroids hubo muchas prostitutas, que ya peinaban canas, que habiendo perdido la oportunidad de ejercer su oficio personalmente, gracias a una rica experiencia podían dirigir ahora con mucho arte las teledobles.
Paz en la tierra, Stanislaw Lem
Una de las novelas de Lem que me quedaba por leer es esta Paz en la tierra, la última que escribió. Sin embargo, aunque notable y con pasajes que podrían figurar entre los mejores de su producción, no me ha acabado de convencer. Incluso me ha dejado un tanto frío.
En su haber está la recuperación de uno de los personajes fetiche de Lem: Ijon Tichy. Su sola aparición ya anuncia que esta novela pertenece a la rama disparatada y humorística de la producción de este escritor. Aquélla en que pone en solfa los muchos estereotipos de la ciencia ficción, tanto llevando sus premisas a sus últimas conclusiones lógicas, normalmente contradictorias y paradójicas, como sometiéndolas a un proceso de centrifugado al máximo de revoluciones, en el que los hechos narrados se atropellan y empujan, aumentando la sensación de absurdo. El futuro, en el universo de Tichy, evoluciona a tal velocidad que nada es duradero, ni mucho menos con sentido, de manera que sus habitantes se ven desbordados por una tecnología que les convierte en antiguallas y que son incapaces de dominar. La carcajada está servida, por tanto, hasta el momento en que nos damos cuenta que ese futuro es nuestro presente, y se nos hiela la sonrisa.
martes, 21 de agosto de 2018
Lo imposible es forzosamente posible
- Supongo que ya ha estado en el jardín y ha estado detrás de los árboles, donde se cultivan fresas, ¿verdad?
- Naturalmente.
- Allí hay una mesa de madera, redonda, con el borde tachonado de clavos. ¿Se ha fijado en ella?
- Sí
- ¿Considera posible disparar desde gran altura sobre esta mesas, mediante una pipeta, las gotas de agua suficientes para que cada gota cayera sobre un clavo diferente cada vez?
- Pues... si se calculara bien, ¿Por qué no?
- ¿Y si se echara el agua sin ningún cuidado?
- Entonces no, claro
- Y sin embargo, basta que llueva durante cinco minutos para que cada clavo reciba con seguridad su gota de agua...
- Sí, pero... - Ahora ya empezaba a comprender a qué se refería.
- ¡Sí, sí, sí! Mi criterio es radical, lo reconozco. No hay ningún misterio en él. Es sobre todo la magnitud de la cantidad de sucesos lo que decide lo que es posible y lo que no. Cuanto mayor es la magnitud de la cantidad, más improbables son los sucesos que pueden desviarse.
Stanislaw Lem, La fiebre del heno
- Naturalmente.
- Allí hay una mesa de madera, redonda, con el borde tachonado de clavos. ¿Se ha fijado en ella?
- Sí
- ¿Considera posible disparar desde gran altura sobre esta mesas, mediante una pipeta, las gotas de agua suficientes para que cada gota cayera sobre un clavo diferente cada vez?
- Pues... si se calculara bien, ¿Por qué no?
- ¿Y si se echara el agua sin ningún cuidado?
- Entonces no, claro
- Y sin embargo, basta que llueva durante cinco minutos para que cada clavo reciba con seguridad su gota de agua...
- Sí, pero... - Ahora ya empezaba a comprender a qué se refería.
- ¡Sí, sí, sí! Mi criterio es radical, lo reconozco. No hay ningún misterio en él. Es sobre todo la magnitud de la cantidad de sucesos lo que decide lo que es posible y lo que no. Cuanto mayor es la magnitud de la cantidad, más improbables son los sucesos que pueden desviarse.
Stanislaw Lem, La fiebre del heno
Los que sigan este blog, sabrán ya de mi profunda admiración por el escritor polaco Stanislaw Lem. Es normal adscribirlo al género de la ciencia ficción, pero en mi opinión lo trasciende, puesto que se adentró en territorios tan lejanos de este género como la sátira social, la novela experimental, el relato postmoderno y el ensayo filosófico cientifico... en ocasiones aleándolos dentro de una misma narración. No es que su escritura esté exenta de defectos, el principal la tenue consistencia de sus personajes, simples soportes para el desarrollo de sus tesis, pero como compensación tiene tres virtudes muy poco comunes: la capacidad alucinatoria de sus descripciones, capaces de hacerte sentir allí, aunque ese allí sea totalmente ajeno a nuestra experiencia terrestre; el rigor inquebrantable del desarrollo conceptual de sus tramas, que son llevadas a sus últimas consecuencias, sin dejar espacio a trampas o agujeros; y, por último, su capacidad innata para transformar tesis científicas o filosóficas en tramas literarias, en donde aquéllos presupuestos ideológicos se plasmen en acciones de sus personajes, sin que esto resulte forzado o antinatural.
La fiebre del heno, una novela principal dentro del opus de Lem, es de nuevo un híbrido, una amalgama de diferentes géneros, entre los que se cuentan la ciencia ficción, el relato policiaco y, como no, la meditación filosófica, en este caso matemática. En esta obra, ni más ni menos, intenta ilustrar un concepto estadístico antiintuitivo que podríamos definir como ley de los grandes números o de la ineluctabilidad estadística. Se trata, en breves palabras, de que cualquier suceso al que esté asociado una probabilidad no nula habrá de ocurrir de forma obligada, por muy pequeña que esta probabilidad sea. Lo único que se necesita es tiempo, tanto como sea necesario, o número de intentos, tantos como sean precisos, y este suceso ocurrirá en un tiempo y un número de casos finito. Sin que, aún más importante, tras ella se esconda una ley determinística, obligada y obligatoria, dada unas circunstancias, sino el mero azar probabílistico.
domingo, 19 de agosto de 2018
sábado, 18 de agosto de 2018
Los hielos eternos
During further attempts to obtain information from the Inuit, the officers discovered that an Inuit woman, Iligluk, had an impressive ability for drawing maps. Lyon spent most time with her as she covered a strip of dozen sheets of paper with large scale sketches, while Parry attention was caught by Iligluk's depiction of what seemed to be a strait leading westward just to the north of her own island of Amitioke. By now other Inuit were enthusiastically drawing maps, but Parry noticed that 'no two charts much resembled one another. Iligluk was in a different class from the others, and the officers encouraged her to draw small-scale maps and taught her to 'box the compass' so that she could align natural features correctly. To their delight, after tracing the coast north of Winter Island, Iligluk 'brought the continental coast round to the westward, and afterwards to the SSW, so as to come within three or four days' journey of Repulse Bay', If she was correct, then the ships were near the northeastern tip of America, and once round that, the way westward should lie open. As Lyon described Iligluk's maps, he confessed that 'this little Northwest Passage set us all castle-building, and we already fancied the worst part of our voyage over'.
Glyn Williams, Artic Labyrinth
En el curso de intentos posteriores de obtener información de los Inuit, los oficiales descubrieron que una mujer Inuit, Iligluk, poseía una habilidad impresionante a la hora de trazar mapas. Lyon la acompaño durante la mayor parte del tiempo que ellas pasó rellenando docenas de hojas de papel con amplios esquemas. Mientras, Parry estaba absorto con por la descripción que Iligluk había hecho de un estrecho con dirección oeste justo al norte de su isla de Amitioke. En ese momento, otros Inuit estaban dibujando con entusiasmo mapa tras mapa, pero Parry señaló que « no había dos que se parecieran ». Iligluk estaba muy por encima de ellos, así que los oficiales la animaron a « seguir la brújula », de manera que los accidentes geográficos quedaran alineados correctamente. Para su alivio, tras trazar el perfil de la costa al norte de Winter Island, Iligluk « hizo girar el borde costero hacia el oeste y luego hacia el sursuroeste, a una distancia de cuatro días de viaje de Repulse Bay » Si estaba en lo cierto, los barcos estaban cerca de la punta noroeste de América y una vez doblada la vía hacía al oeste debía quedar abierta. Cuando Lyon describió los mapas de Iligluk, confesó que « este pequeño paso del noroeste nos llevó a construir castillos en el aire, como si viéramos ya tras de nosotros lo peor de nuestro viaje»
Les confieso que tengo debilidad por los relatos de exploraciones polares. Mi fascinación tiene un doble origen, vernesco, de un lado, televisivo, de otro. El nombre de la novela de Verne es, por supuesto, Las aventuras del capitán Hatteras, donde el capitán homónimo y su buque Forward se pierden en el laberinto de islas del norte de Canada, buscando paso libre de hielos hacia el polo norte del planeta. La televisiva es una serie documental que vi siendo niño, dedicada a los viajes del explorador noruego Roald Amundsen. Un aventurero que fue, ni más ni menos, el primero en navegar el paso del noroeste, llegar al Polo Sur y, junto con el italiano Nobile, alcanzar el Polo Norte en dirigible, entre otras muchas aventuras, no todas con éxito, que sería largo de relata aquí.
A lo largo de los años, espigando aquí y allá, conseguí hacerme una idea más o menos aproximada de como se había llegado a explorar los dos pasos, el del noreste y el del noroeste, así como llegado a los dos Polos y cartografiado el vasto continente antártico. Sin embargo, me faltaba una obra de conjunto en la que todos esos datos estuviesen recogidos juntos, una laguna que la obra de Williams que les reseño ha venido a suplir en parte. Y digo en parte, porque se centra en la exploración del paso del noroeste, con referencias sumarias al otro paso, y ninguna sobre la conquista de los polos. Éste es su mayor defecto, si es que eso se puede llamar así, y ya si quisiese ponerme tiquismiquis, me da la impresión de que la expedición de Amundsen de 1903, la que navegó finalmente el paso, queda un tanto desdibujada, comparada con la abrumadora cantidad de detalles de los intentos anteriores.
Pero son sólo defectos menores, porque la realidad es que el libro me ha fascinado. Leyéndolo he vuelto a ser, por unos días, el niño aquél que se quedaba embobado con las penalidades del capitán Hatteras y la travesía de Amundsen. En este libro está todo lo que yo recordaba y mucho más. El coraje temerario que supone adentrarse por mares desconocidos, en medio de un laberinto de islas casi deshabitadas, fuera de los Inuits, y completamente inhospitas para un europeo, con el peligro constante de quedarse atrapado entre los hielos y verse obligado a invernar. Con el frío, las enfermedades, principalmente el escorbuto, y el hambre acechando a cada instante. Con la soledad, la obscuridad y el tedio pesando sobre el espíritudurante días, semanas y meses interminables, royendo las fuerzas, carcomiendo la resistencia.
Todo ello, no se olvide, sin GPS para orientarse, radio para comunicar las dificultades, ni posibilidad de ser rescatados en caso de catástrofe. Cualquier ayuda estaba a miles de kilómetros, en otro continente, sólo se pondría en marcha al cabo de varias años sin noticias y aún entonces, podría tardar meses en estar preparada.
viernes, 17 de agosto de 2018
Fanáticos y destrucciones
The pages of history go silent. But the stones of Athens provide a small coda to the story of the seven philosophers. It is clear, from the archaeological evidence, that the grand villa on the slopes of the Achropolis was confiscated not long after the philosophers left. It is also clear that it was given to a new Christian owner.
Whoever this Christian was, they had little time for ancient art that filled the house. The beautiful pool was turned into a baptistery. The statues above it were evidently considered intolerable: the finely wrought images of Zeus, Apollo and Pan were hacked away. Mutilated stumps is all that remain of the faces of the gods; ugly and incongruous above their still delicate bodies. The statues were tossed into the well. The mosaic on the floor of the dining room fared little better. Its great central panel, which had contained another pagan scene, was roughly removed. A crude cross pattern, of vastly inferior workmanship, was laid in its place.
The lovely statue of Athena, the goddess of wisdom, suffered as badly as the statue of Athena in Palmyra had. Not only was she beheaded she was then, a final humiliation, place face down in the corner of a courtyard to be used as a step. Over coming years, her back would be worn away as the goddess of wisdom was ground down by generation of Christian feet.
The "triumph" of Christianity was complete.
Catherine Nixey, The Darkening Age
Los libros de historia callan, pero las piedras de Atenas nos dan un breve epílogo a la historia de los siete filósofos (los últimos representantes de la Academia platónica). El registro arqueológico es claro: la gran mansión en la falda de la Acrópolis fue confiscada al poco de marcharse los filósofos. Así como que fue cedida a un nuevo propietario cristiano.
Fuera quien fuera, tenía poco tiempo que perder con el arte antiguo que llenaba la casa. El bello estanque fue transformado en un baptisterio y las estatuas que lo dominaban, es evidente, fueron consideradas intolerables. Las finamente talladas imágenes de Zeus, Apollo y Pan fueron desfiguradas a golpes. Unas facciones mutiladas es lo único que queda de los rostros de los dioses. Feas e incongruentes, sobre unos cuerpos aún delicados. Las estatuas fueron luego arrojadas al pozo. El mosaico en el suelo del comedor no tuvo mejor suerte. Su gran panel central, que contenía una escena pagana fue retirado sin miramientos. Un patrón cruciforme, de muchísima peor ejecución, se colocó en su lugar.
La encantadora estatua de Atenea, la diosa de la sabiduría, sufrió un tratamiento igual de malo que el de la Atenea de Palmira. No sólo fue decapitada, sino que, como humillación final, se la colocó boca abajo en una esquina del patio, para ser usada como escalón. Durante los años que siquieron, su espalada sería erosionada por generaciones de pies cristianos, al igual que lo había sido su consideración como diosa de la sabiduría.
El " triunfo" de la Cristiandad era completo.
Por utilizar un lugar común, se puede decir que este libro, que narra la turbulenta transición del paganismo al cristianismo en el Imperio Romano, ha venido precedido de un pequeño escándalo. Por ponerles un ejemplo, casi al inicio Nixey narra como la estatua de la Atenea/Allat de Palmira fue hecha pedazos y desfigurada en el siglo IV, un destino repetido en el siglo XXI, esta vez con la imagen reconstruida que se custodiaba en el museo arqueológico de esa ciudad. La única diferencia entre ambas destrucciones estriba en que la más reciente fue realizada por los miembros del ISIS, mientras que la más antigua estuvo a cargo de fanáticos cristianos.
Este símil puede parecer exagerado a algunos, incluso intolerable, ya que, alegarán, no tiene sentido comparar una religión respetada por millones de fieles, que presume de caridad y compasión, con las acciones de un puñado de extremistas rabiosos y despiadados. Sin embargo, lo que ha realizado Nixey en este libro es, simplemente, narrar un secreto a voces. Como sabrán, entre los siglos IV y V de nuestra era, el cristianismo reemplazó por completo al paganismo, llevando al cierre de sus templos, la retirada de las estatuas de los dioses y la pérdida de gran parte de la literatura y filosofía grecolatinas. Esto es conocido, pero lo que no se suele contar es cómo se llevó a cabo ese proceso. Si fue de forma pacífica o violenta, si fue acompañado por destruciónes o no, si la pérdida del saber fue involuntaria o planificada.
Esto es lo que se propone contarnos Nixey y el resultado no es muy favorable para ese cristianismo triunfante de los siglos IV y V, que queda retratado como un grupo de fanáticos ignorantes. O al menos sus sectores más combativos y revolucionarios.
Por utilizar un lugar común, se puede decir que este libro, que narra la turbulenta transición del paganismo al cristianismo en el Imperio Romano, ha venido precedido de un pequeño escándalo. Por ponerles un ejemplo, casi al inicio Nixey narra como la estatua de la Atenea/Allat de Palmira fue hecha pedazos y desfigurada en el siglo IV, un destino repetido en el siglo XXI, esta vez con la imagen reconstruida que se custodiaba en el museo arqueológico de esa ciudad. La única diferencia entre ambas destrucciones estriba en que la más reciente fue realizada por los miembros del ISIS, mientras que la más antigua estuvo a cargo de fanáticos cristianos.
Este símil puede parecer exagerado a algunos, incluso intolerable, ya que, alegarán, no tiene sentido comparar una religión respetada por millones de fieles, que presume de caridad y compasión, con las acciones de un puñado de extremistas rabiosos y despiadados. Sin embargo, lo que ha realizado Nixey en este libro es, simplemente, narrar un secreto a voces. Como sabrán, entre los siglos IV y V de nuestra era, el cristianismo reemplazó por completo al paganismo, llevando al cierre de sus templos, la retirada de las estatuas de los dioses y la pérdida de gran parte de la literatura y filosofía grecolatinas. Esto es conocido, pero lo que no se suele contar es cómo se llevó a cabo ese proceso. Si fue de forma pacífica o violenta, si fue acompañado por destruciónes o no, si la pérdida del saber fue involuntaria o planificada.
Esto es lo que se propone contarnos Nixey y el resultado no es muy favorable para ese cristianismo triunfante de los siglos IV y V, que queda retratado como un grupo de fanáticos ignorantes. O al menos sus sectores más combativos y revolucionarios.
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