viernes, 22 de marzo de 2013

The World at War: Extras I: Secretary to Hitler/From War to peace




La serie The World at War termina con el episodio que les comenté hace casi ya quince días. Sin embargo, debido al éxito de la serie se rodaron varios especiales que ampliaban/continuaban ciertos aspectos del conflicto que no habían podido tratarse con la extensión que merecían.

Uno de estos especiales, de media hora de duración, no es otra cosa que una larga entrevista a una mujer que tuvo la suerte - o la desgracia - de convertirse en la secretaria de Hitler durante los últimos años de la guerra, en ese periodo de derrotas continuas de la Alemania Nazi que media entre la batalla de Stalingrado y el suicidio del Führer en la cancillería. La importancia de su testimonio radica en que ella fue testigo de lo que ocurría en el círculo privado de Hitler, sin haber sido uno de sus protagonistas, dado su papel de parte del mobiliario. De esa manera, la narración de la vida cotidiana del Führer se halla teñido del suficiente desapego e incluso escepticismo, que hubiera sido imposible en una de las figuras políticas supervivientes del tercer Reich.

No es que su testimonio sea completamente fiable, como todos los alemanes que sobrevivieron a la guerra, su relato se haya trufado de omisiones y excusas, de manera que la conclusión final sea nosotros, los alemanes, también sufrimos a manos del nazismo y lo mejor que se puede hacer es olvidarse de ese periodo. Añádase a esto los habituales errores en la localización de fechas y lugares, tanto mayores cuanto más lejano está el tiempo que se quiere recordar, y se tendrá un caso de manual de los peligros que supone creer a pies juntillas los relatos de testigos presenciales.

Aún así, la visión que ofrece de la corte de Hitler es demoledora. Un círculo íntimo en el que los secretos o lo impronunciable eran moneda corriente, de la no-existencia de Eva Braun, la amante de Hitler, presencia constante en la vida del dictador pero de la que estaba prohibido hablar fuera de esos ambientes...



... a la que se unía el secreto a voces del Holocausto, algo sabido por todos pero que nadie nombraba, excepto en el caso único de la esposa de Baldur von Schirach, el jefe de la Hitlerjugend, que se atrevió a encararse al dictador y preguntarle que eran - y donde iban - los trenes de deportados que había visto en estaciones de tren polacas. Atrevimiento que solo tuvo el resultado de que fuera declarada persona non grata en la corte del Führer

Un dictador que poco a poco se iba convirtiendo en una ruina humana, sometido a todo tipo de tratamientos médicos, que en realidad sólo consiguieron convertirlo en un adicto, mientras se refugiaba en un mundo de fantasía en el que todo el mundo, especialmente los alemanes, le había fallado y traicionaba. Este estado de paranoia se traduciría en su negativa a visitar las ciudades alemanas bombardeadas, dejando bien a las claras lo que le importaba el bienestar y la seguridad de su pueblo, más allá de servirle como carne de cañón en sus sueños megalómanos.


Comportamiento que debería despertarnos de ese espejismo de la humanidad de Hitler, tan extendido por ciertas producciones cinematográficas, y hacernos comprender lo que realmente significan imágenes como éstas: Simplemente que está mandando a niños a la muerte, cuando la guerra estaba ya perdida por completo.



El segundo especial de media hora tiene como protagonista al historiador Stephen Ambrose, que a algunos les sonará como la fuente en la que se inspiró la serie Band Of Brothers. Este historiador ha tenido una evolución bastante similar a la de Max Hastings o Anthony Beevor, ya que alcanzó una fama y un crédito sin límites entre el público en general, para perderlo casi por completo entre los especialistas que no se cansan de señalar sus errores en sus producciones más recientes.


Cuando the World at War entrevistó a Ambrose este historiador apenas había comenzado su andadura y aún no había caído en los excesos que lastrarían su carrera - piénsese por ejemplo en su obesión por demostrar que el ejército americano era mejor que el nazi, una opinión que nadie comparte -. En esta ocasión, sin embargo, el estudioso militar estadounidense ofrece una visión muy equilibrada de las consecuencias del conflicto mundial, lecciones que habíamos olvidado por completo en este mundo post-guerra fría hasta que la dura realidad ha venido a recordárnosla.

En primer lugar, que la guerra supuso la liquidación de Europa como poder hegemónico en el mundo, para convertirse en un territorio en disputa entre las superpotencias, el futuro nuevo campo de batalla de una más que probable tercera guerra mundial. El este cayó bajo el poder de la URSS, para convertirse en una extensión de su imperio; mientras que el Oeste empezó a orbitar alrederdor de los EEUU, mientras tenía que abandonar, bien voluntariamente, bien tras dolorosas guerras, los enormes imperios ultramarinos que había construido en los siglos XVIII y XIX.

Los vencedores fueron por tanto EEUU y la URSS pero las consecuencias para ambos no podían ser más diferentes, por mucho que la celebración de la victoria fuera lo único realmente importante en los primeros meses de la paz.









La URSS se había convertido en una superpotencia, que dominaba el este de Europa y cuya influencia se extendería pronto a China, Corea del Norte y Viet-nam. Sin embargo el coste humano y económico había sido tan brutal .- esos 20 millones de muertos - que el poder soviético se veía incapacitado de adoptar cualquier medida ofensiva directa, por lo que un conflicto con los EEUU quedaba postpuesto indefinidamente hasta que se restañasen las heridas y ser recuperasen las fuerzas. En esa carrera por estar preaparado para una futura guerra, la URSS siempre estuvo en desventaja, a pesar de sus muchas victorias propagandistas parciales, al tener que mantener el nivel de vida de su población y rearmarse al mismo tiempo. Unas necesidades contradictorias en las que radica el desplome final de esta potencia, ayudada por la política ingenua de un Gorbachov, al que le faltó el cinismo del superviviente que ha salvado a sus colegas chinos.

El gran ganador fueron los EEUU, que se vieron catapultados a primera potencia económica del mundo sin haber sufrido apenas perdidas humanas y ninguna económica, a lo cual se unió la aceptación de por parte del mundo de esa supremacia. Puede parecernos extraño, pero la forma en la que los EEUU eran visto en los años 40 y gran parte de los 50, era de una admiración basada en superioridad moral, ya que habían sido la punta de lanza de la gran coalición y la voz principal en la persecución y juicio de los crimenes de los totalitarismos fascistas. 

La gran herencia de los EEUU de los años 40 fue precisamente la creación de un orden mundial que tenía como centro los derechos humanos, y que, en un caso de esquizofrenía casi único en la historia, los mismos EEUU de las últimas décadas se han esforzado en desmontar, al haber adquirido en los años de la guerra fría todos los vicios del Imperio que son, pero ninguna de sus virtudes.