martes, 31 de enero de 2017

La singularidad

Thus, rather than looking at other advanced economies in the sixteenth through eighteenth centuries as cases of "Europe manqué", it probably makes more sense to look at Western Europe in this period as a none-too-unusual economy; it became the fortunate freak only when unexpected and significant discontinuities in the late eighteenth and specially nineteenth centuries enable to break through the fundamental constraints of energy use and resource availability that had previously limited everyone's horizons. And while the new energy itself came from a surge in the extraction and use of English coal, we shall see in the next two chapters that Europe's ability to take advantage of new world of mineral derived energy also required flows of various New World resources. It was through creating the preconditions for those flows that European capitalism and military fiscalism - as part of a large global conjuncture - really mattered.

The Great Divergence (La gran divergencia), Kenneth Pomeranz

De ese modo, más que considerar las otras economías avanzadas de los siglos XVI al XVIII como casos de "Europas fallidas", tiene mucho más sentido ver la  Europa Occidental de este periodo como una economía no demasiado fuera de lo corriente. Probablemente se convirtió en la excepción afortunada cuando discontinuidades inesperadas y significativas durante el siglo XVIII tardío y especialmente el siglo XIX la capacitaron para romper las limitaciones fundamentales de energía y disponibilidad de recursos que previamente habían limitado los horizontes de todo el mundo. Y mientras ese nueva energía provino de un incremento en la extracción y el uso del carbón inglés, en los dos próximo capítulos veremos que la capacidad para aprovechar ese nuevo mundo de energía mineral tambiém requería flujos de diferentes recursos del Nuevo Mundo. Fue mediante la creación de los requisitos de esos flujos que el capitalismo europeo y la fiscalidad militar - como parte de una coyuntura global - realmente importasen.

En una entrada anterior ya les había comentado el modo en que C.A. Bayly, en su libro The birth of modern world, 1780-1914, explicaba la ascendencia y dominio de Europa sobre el resto del mundo en el siglo XIX. En mi opinión, la explicación de Bayly no llegaba a esclarecer nada, puesto que partía de la premisa de que todas las civilizaciones estaban a punto de dar el salto a la modernidad, mientras que Europa sólo se había adelantado un poco y, por tanto, tomado la delantera.

Sin contar que la definición de modernidad en Bayly es lo suficientemente laxa para que en ella quepa todo - y por tanto sea completamente inútil a efectos clasificatorios -, este historiador hacía caso omiso de las claras diferencias entre las distintas civilizaciones, así como que ciertos avances técnicos, como la máquina de vapor, el ferrocarril o el buque de vapor , sólo surgieron en el contexto británico, sin que existieran correlatos en otras regiones, ni claros indicios de que fuera a haberlos. Claramente se trata de un intento por parte de Bayly de eludir en su relato una excepcionalidad Europea de corte colonialista, que cae sin embargo en el defecto opuesto, suponer una igualdad de base que le hace perder todo poder explicativo.

Por el contrario, Pomeranz, en el libro que les comento, parte de una tesis completamente distinta. Algo sucedió en Inglaterra en el siglo que media entre 1750 a 1850 y ese algo  tuvo un efecto de bola de nieve, de manera que lo que era sólo un artilugio para achicar agua en las minas de carbón británica condujo a una industrialización profunda de amplias zonas de Europa. No sólo Inglaterra, sino Bélgica, la Renania, el Norte de Francia y el norte de Italia. En la concepción de Pomeranz, la chispa inicial no hubiera podido prender sino hubieran existido una serie de requisitos iniciales en la Europa del siglo XVIII, incapaces por si solos de desencadenar la divergencia de Europa, pero que actuaron como catalizadores de la reacción. Hasta que esta fue ya incontenible, se tornó reacción en cadena, y llevó a Europa a dominar el mundo en el segundo tercio del siglo XIX

sábado, 28 de enero de 2017

El día que casi fallezco

Llevo ya más de dos semanas sin actualizar este blog. Si en otras ocasiones dejé de escribir por razones laborales o simple cansancio, esta vez fue por causas mucho más graves

Simplemente que hace dos semanas, el lunes 16 de enero, estuve a punto de morir.

Me hospitalizaron para una intervención de rutina, resolver unos problemas que tenía en las fosas nasales, pero se me declaró una hemorragia que no se podía contener. El resultado, cinco intervenciones en quirófano, doce horas en coma inducido y diez días de internamiento hospitalario. A lo que hay que unir una baja laboral que se prevé larga.

¿Conclusiones? Pues que sin el apoyo y ayuda constante de mi familia, hasta casi caer ellos mismos enfermos, todo habría sido aún peor, si cabe, puesto que se le habría añadido la soledad y el abandono. Asímismo, debo agradecer a todos los que me enviaron recuerdos al enterarse de mi estado, algo que también me ayudo mucho, al mostrarme que mi desaparición sería sentida. Y por supuesto, al personal médico del hospital La Paz de Madrid, que trabajó sin descanso para devolverme a la vida.

¿Lecciones vitales? No sé. Aún es pronto para haber decidido nada. Sí puedo decir que ya no tengo dudas sobre mi mortalidad. El lunes, el peor día, cuando me dijeron que me iban a dormir durante un par de días, llegué a pensar que todo estaba ya acabado, que era el punto final y que lo único bueno iba a ser que me iba a pillar dormido. Que me dormirían y ya no me despertaría más, que desaparecería sin haberme dado cuenta absolutamente de nadas. Esa certeza, la de que la muerte es algo que me va a suceder con toda seguridad, ya no va a abandonarme nunca más. Se ha tornado, de ese instante, en continua compañera.

¿Otras conclusiones? ¿Otros Planes? Por ahora sólo tengo uno: recuperar mi vida normal. Quizás entonces, cuando me vea como el que fui, podré pensar y decidir que va a ser de mi existencia a partir de ahora.

Hasta entonces, descanso. Y avanzar paso a paso. como los niños que comienzan a andar.

martes, 10 de enero de 2017

Entre la vanguardia y el negocio


Dali-Gioconda retratado por Philippe Halsman

Ciertos fotógrafos gozan de una extraña fama . Los conocemos sin saber sus nombres, porque algunas de sus imágenes se han vuelto auténticos iconos pop, reproducidas hasta la saciedad. Son reconocibles por todos, forman parte de la memoria colectiva contemporánea, pero se han desligado de la persona que los hizo, sin que quede en esas imágenes nada del carácter del artista, ni de su carrera posterior. Reducidos ambos a esa imagen y ese momento.

La lista de fotógrafos borrados por una de sus obras sería interminable. Del beso de Robert Doisneau al Miliciano de Robert Capa, pasando por el retrato del Ché de Alberto Korda. Es también el caso de Philippe Halsman, de quien se puede visitar una amplia retrospectiva en el Caixaforum madrileño, cuya figura ha quedado reducida en ese recuerdo popular a una famosa fotografía de Salvador Dali. Ésa en que aparece pintando en una ingravidez insólita, rodeado por gatos voladores y corrientes de agua que se retuercen como cuerdas. 

Sin embargo, más importante que ese eclipse forzado, es el hecho de que Halsman, como Dali, pertenece a un tipo de artista moderno lindante con la postmodernidad: aquél que va a utilizar las formas de la vanguardia de manera empresarial. No como oposición y revuelta contra un orden y una normativa, ya sean políticas y estéticas, derivando en un apartamiento orgulloso, al mismo tiempo elitista y comprometido; sino modificando y adaptando esas formas vanguardistas de manera que sean aceptables por el gran púbico. Fácilmente comercializables y de beneficio asegurado.

sábado, 7 de enero de 2017

Libertad es esclavitud

Mi tercer Curtis ha sido The Trap (La Trampa, 2007). Les adelanto que me ha parecido menos logrado que los anteriores, no porque el tema no sea interesante, sino porque intenta analizar dos fenómenos separados y se queda corto en el estudio de al menos uno de ellos. Sin embargo, como en las obras anteriores, este documental destaca por ser un paso más en la construcción de una historia del pensamiento filosófico e ideológico de la segunda mitad del siglo XX, aunque sea a contrapelo de la interpretación necon contemporánea. Una tarea - la ofrecer de versiones alternativas - de la que estamos más que necesitados, como creo que coincidirán conmigo.

Las dos primeras partes del documental son las mejor trazadas e intentan demostrar una tesis cuyos efectos estamos viviendo ahora mismo: como el énfasis en conseguir una libertad absoluta de los individuos ha redundando en un mayor grado de control de las acciones de éstos.  Un concepto que, a modo Orwellanio, se podría resumir en "libertad es esclavitud" y que tiene, como siempre en Curtis, su origen en las ideas de pensadores de la segunda mitad del siglo XX, no demasiado conocidos fuera de círculos especializados, pero sí de una influencia determinante en las políticas actuales y, sobre todo, en el modo en que éstas se plasman. Estos filósofos/ciéntificos, porque ambos conceptos ya no se pueden separar , serían el filósofo Hayek, el matemático Nash y el psiquiatra Laing. 

jueves, 5 de enero de 2017

¿Diferentes vías?

The final competitive advantage enjoyed by parts of Europe lay in the relationshipc between war an finance. Crudely, European become better at killing people. The savage ideological wars of the seventeenth century had created links between war, finance, and commercial innovation which extended all these gains. It gave the continent a brute advantage in the world conflicts which broke out in  the eighteenth century. Western European warfare was particularly complicated and expensive, partly because it was amphibious. Government needed to project their power by both land and sea. Highly sophisticated systems were required to finance and provision navies at the same time as armies. The value of Caribbean slave agricultural production was so great by 1750 that huge sums were invested in creating systems for maintaining and supplying navies that protected the islands. The British, in particular, reduced their vulnerability to invasion by placing a large fleet permanently in the waters off their western coasts. This required a high level of systems of supply and control, but also created a permanent pool of ships which could be dispatched to more distant waters in the Caribbean or the East. Any European navy in military contact with the British, however distant from the British Isles needed to catch up. Famously, Peter the Great of Russia modernized his army and navy at the beginning of the eighteenth century, just as the Japanese were to do one and half century later. The farther away, however, the less the stimulus for innovation became. Asian powers and the Ottoman could, of course, assemble large fleets, but the techniques for maintaining them at sea for long period of time were not well developed. Naval technology also fell behind the westerners after 1700. One historian of the Ottomans have remarked that the sultans had superb navies in the eighteenth century, but ones for fighting seventeenth -century wars.

C.A. Bayly. The Birth of the Modern World 1780-1914

La ventaja competitiva final de la que disfrutaban partes de Europa estribaba en la relación entre guerra y finanzas. Simplemente, los europeos habían llegado a ser mejores matando gente. Las salvajes guerras ideológicas del siglo XVII habían creado vínculos entre la guerra, las finanzas y las innovaciones comerciales que amplificaban todos estos logros. Esto concedió al continente una ventaja de peso en los conflictos mundiales que estallaron en el siglo XVIII. El modo de guerra de Europa occidental era particularmente complicado y caro, en parte por ser anfibio. El gobierno necesitaba proyectar su poder tanto por tierra como por mar. Se requerían sistemas de gran complejidad para financiar y aprovisionar tanto flotas como ejércitos al mismo tiempo. El valor de la producción de la agricultura esclavista del Caribe era tan alto que hacia 170 se invertían enormes sumas de dinero en crear sistemas para mantener y suplir las flotas que protegían esas islas. Los británicos, en particular, redujeron su vulnerabilidad frente a una invasión manteniendo de manera permante una gran flota ante sus costas occidentales. Esto requería complicados sistemas de suministro y control, pero también creaba una base permanente de barcos que podían ser enviados a las aguas más distantes del Caribe o del Este. Cualquier marina europea en contacto militar con la británica, sin importar lo lejos que estuviera del Reino Unido,  estaba obligada a mantenerse a a su altura. Pedro el Grande de Rusia modernizó su ejército y su marina al comienzo del siglo XVIII, igual que los japoneses tuvieron que hacerlo un siglo y medio más tarde. Cuanto más lejos, sin embargo, menor el impulso para innovar. Los poderes asiáticos y el Imperio Otomano podían, por supuesto, reunir grandes flotas, pero las técnicas para mantenerlas en el mar durante largos periodos de tiempo no estaban bien desarrolladas. La tecnología naval también se quedó atrás desde 1700 comparada con la europea. Un historiador del Imperio Otomano ha señalado que los sultanes tenían una marina soberbia en el siglo XVIII, pero una para librar una guerra del XVII.

Tras leer el inmenso análisis del siglo XIX escrito por Jurgen Osterhammer, con el que les he aburrido durante demasiadas semanas, me he visto impulsado a leer otras historias globales de ese periodo histórico, empezando por las que el historiador alemán citaba con más asiduidad. La primera es la del historiador británico C.A. Bayly, quien como su colega alemán, intenta alcanzar dos objetivos complementarios. Por un lado, escribir una historia realmente global de ese siglo, donde los cambios se muestren desde el punto de vista de las diferentes civilizaciones mundiales, evitando caer en un eurocentrismo ya desfasado, al mismo tiempo que se intenta respetar la multiplicidad de un mundo que aún no había sido globalizado. Por otro lado, dar respuesta a la pregunta de The Great Divergence (La gran divergencia) entre las civilizaciones, que llevó al predominio de la occidental en ese siglo y el XX. O dicho en las palabras de Jared Diamond: Why the westerners got all the cargo (Porque los occidentales se quedaron con todo lo valioso).

La tesis de Bayly es sorprendente, al menos para un público hispano. No hubo tal divergencia. Ya desde el siglo XVIII las diferentes civilizaciones estaban en camino de transformación, enfrascadas cada una en su propio camino a la modernidad. Lo que ocurrió es que debido al complejo de guerras casi mundiales que cierran el siglo XVIII y abren el XIX,  las Napoléonicas y la de Independencia Americana, pero también la de los Siete Años y las de independencia en la América Hispana, Occidente adquirió una ventaja bélica que le permitió conquistar casi todo el resto del mundo habitado a finales del siglo XIX, interfiriendo de manera directa e indirecta en la evolución del resto de sociedades, de manera que estas adoptaron formas particulares del camino europeo hacia la modernidad.

martes, 3 de enero de 2017

Combatiendo espectros




 Acabo de ver mi segundo Adam Curtis, The Power of Nigthmares (El poder de las pesadillas, 2004), y mi primera impresión se confirma. Aunque son documentales de tesis, eminentemente políticos y polémicos, Curtis basa su información en hechos contrastables y verificables, sin caer jamás en la tentación de apelar a conspiraciones en la sombra por parte de organizaciones todopoderosas y de eficacia perfecta. De hecho, la tesis que desarrolla Curtis es que la historia de las últimas décadas ha venido determinada por dos movimientos políticos públicos y conocidos que han terminado creyéndose sus propias mentiras, mientras se potenciaban y reforzaban involuntariamente el uno al otro, a  pesar de ser oficialmente enemigos irreconciliables.

Estas dos movimientos son el neoconservadurismo estadodounidense y el islamismo radical, que a pesar de sus muchas diferencias comparten evidentes similitudes. La principal, considerar sus sociedades correspondientes, occidente y los países islámicos, como profundamente corrompidas por el laícismo y el liberalismo en las costumbres inherente a la modernidad, y necesitadas por tanto de una renovación espiritual que debe venir necesariamente por vía religiosa. Esta reforma, además, no puede realizarse de otra manera que mediante una contrarrevolución, más o menos pacífica según la sociedad, acompañada de medios militares o terroristas si no hay otro remedio, abriendo así una vía hacia la radicalización que exige asímismo la creación de un enemigo: las personas o regímenes que portan, apoyan y fomentan las ideas contrarias. 

Un enemigo que a lo largo de las últimas décadas ha podido ser común para ambos movimientos, la URSS en los 80, o verse en el otro durante los años 90 y especialmente tras los atentados del 11 de septiembre de 2001

viernes, 30 de diciembre de 2016

Todo es uno y lo mismo

Unas pequeñas consideraciones antes de compartir mis impresiónes sobre The Century of Self (El siglo del yo, 2002) del documentalista británico Adam Curtis.

Primero, pedirles disculpas por la larga ausencia - estas últimas dos semanas han sido extrañas -. Segundo, indicarles que a pesar del impacto que me produjo el libro de Zinn sobre la otra historia de EEUU que les comenté hace unos días, eso no quiere decir que subscriba su contenido de forma ciega. Como muchas izquierdas pasadas y futuras, parece demasiado dispuesto a condenar cualquier avance y reforma que no llevé de manera directa a la revolución soñada, con el resultado que ni se consigue el estado ideal al que se aspira, ni se alivia la situación de los oprimidos. Tercero, que resulta una coincidencia afortunada que en estos tiempos de involución derechista, me haya puesto precisamente a leer y a ver dos obras que abogan por una izquierda como la era hasta hace no tanto. Ésa que hable y luche sin miedo, sin componendas y tapujos, contra las muchas estructuras de poder que nos oprimen, del estado a las religiones, de las grandes corporaciones a los muchos políticos y medios de comunicación que sólo están a su servicio. Y por último, disculpas por incluir capturas de los documentales de Curtis que voy a comentar en las próximas semanas. La edición que he conseguido es tan mala que carece de subtítulos e incluso parece haber sido descargada del youtube, aunque eso no afecte a la contundencia de su contenido.

De Curtis había oído hablar ya desde hacía tiempo, gracias a los foros de cine que seguía en la década pasada y los múltiples fugados de estos ambientes con los que aún estoy conectado en twitter y facebook. No me había atrevido a hincarle el diente hasta ahora, porque tenía miedo que su enfoque fuera similar al de Zeitgeist (2007) de Peter Joseph; es decir, un acúmulo de medias verdades y mentiras justificadas por su utilidad política, todo ello salpimentado con mucha pseudociencia, pensamiento new age y conspiraciones mundiales varias. Afortunadamente, The Century of Self es todo lo contrario. Independientemente de lo correcta que sea su tesis o lo próxima que se encuentre del posicionamiento ideológico del espectador, Curtiss utiliza datos fácilmente contrastables y los engarza en argumentos que siguen una evolución lógica y plausible. Sin recurrir a saltos de fe, peticiones de principio o deus ex machina.

martes, 27 de diciembre de 2016

Involuciones

It was a time, as election times have often been in the United States, to consolidate the system after years of protest and rebellion. The black was being kept under control in the South. The Indian was being driven off the western plains for good. On a cold winter day in 1890, U.S Army soldiers attacked Indians camped at Wounded Knee, South Dakota, and killed three hundred men, women and children. It was the climax to five hundred years of violence that began with Columbus, establishing hat this continent belonged to white men. But only to certain white men, because it was clear by 1896 that the state stood ready to crush labor strikes, by the law if possible, by force if necessary. And where a threatening mass movement developed, the two party system stood ready to send one of its columns to surround that movement and drawn it of vitality

Howard Zinn, A People's History of the United States (Una historia del pueblo de los Estados Unidos)

Era un tiempo, como suelen serlo las elecciones en los Estados Unidos, para consolidar el sistema tras años de protesta y rebelión. Los negros estaban bajo control en el sur. Los indios estaban siendo expulsados de las Grandes Praderas de una vez por todas. En un frío día de 1890, los soldados del ejército de los EEUU atacaron a unos indios acampados en Wounded Knee, en South Dakota, y  mataron a trescientos hombres, mujeres y niños. Era la culmen de quinientos años de violencia que comenzaron con Colón, dejando claro que este continente pertenecía a los blancos. Pero sólo a ciertos blancos, porque hacia 1896 quedó claro que el estado estaba dispuesto a aplastar las huelgas de los trabajadores, por la ley si era posible, por la fuerza en caso de necesidad. Y allí donde un movimiento de masas amenazador surgía, el sistema bipartidista estaba preparado a enviar una de sus columnas para rodearlo y privarlo de su vitalidad.

Lo único positivo de la victoria electoral en EEUU de un fantoche como Donald Trump es que me ha servido para descubrir este libro de Howard Zinn. Se trata de una obra de 1980, aparecida justo cuando Ronald Reagan estaba a punto de convertirse en presidente de los Estados Unidos, desencadenando así, junto con Margaret Thatcher en el Reino Unido, la contrarrevolución conservardora cuyas (pen)últimas consecuencias vivimos ahora mismo. De aquellos polvos vienen estos lodos, se podría decir

La originalidad de Zinn en esta obra consiste en narrar una historia paralela de los EEUU. No la de los sucesivos presidentes y gobiernos, ni la de la lucha entre los partidos en el parlamento. Mucho menos la crónica de los mitos patrióticos, las padres fundadores, la revolución libertaria contra el rey inglés , guerra civil por la liberación del oeste, la conquista, colonización y civilización del oeste,  la de grandes generaciones que lucharon la última guerra mundial contra el totalitarismo nazi, no la lucha contra el comunismo opresor soviético,

No, su historia es la de todos los olvidados y oprimidos en la tierra de la libertad. La de los indios americanos desposeídos de sus tierras, deportados a  reservas, exterminados por activa y por pasiva para permitir el asentamiento de nuevos inmigrantes europeos en las tierras que habían quedado vacías. La de los esclavos negros cuyo trabajo forzado permitió el temprano despegue económico de la joven república y cuya libertad legal en la década de 1860 no fue acompañada de los necesarios derechos civiles y económicos que la hicieran realidad, sólo conseguidos un siglo más tarde tras ardua lucha. La de los los muchos trabajadores industriales, por último, que durante las décadas a caballo de 1900 fueron explotados por un sistema capitalista inmisericorde que permitió a unos pocos amasar riquezas escandalosas, cuya misma existencia contradecía las pretensiones de libertad y democracia de las que se ufanaba y ufana ese país.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

A tientas

corredores sin fin de la memoria,
puertas abiertas a un salón vacío
donde se pudren todos los veranos,
las joyas de la sed arden al fondo,
rostro desvanecido al recordarlo,
mano que se deshace si la toco,
cabelleras de arañas en tumulto
sobre sonrisas de hace muchos años,


a la salida de mi frente busco,
busco sin encontrar, busco un instante,
un rostro de relámpago y tormenta
corriendo entre los árboles nocturnos,
rostro de lluvia en un jardín a obscuras,
agua tenaz que fluye a mi costado,


busco sin encontrar, escribo a solas,
no hay nadie, cae el día, cae el año,
caigo en el instante, caigo al fondo,
invisible camino sobre espejos
que repiten mi imagen destrozada,
piso días, instantes caminados,
piso los pensamientos de mi sombra,
piso mi sombra en busca de un instante
,

Octavio Paz, Piedra de Sol, Libertad bajo Palabra

En alguna entrada ya muy anterior, les contaba que Octavio Paz ocupaba un lugar muy especial en mis jerarquías literarias: ser el escritor que no había leído al que más admiraba. Desde entonces he intentado ir supliendo esa carencia, en gran parte para descubrir si mi ignorancia tenía razón o no. El Laberinto de la soledad, ese largo ensayo sobre el ser mexicano, fue mi primer Paz y afortunadamente vino a confirmar la idea que tenía de este escritor: una de las grandes glorias modernas de la lengua castellana. Animado por esa buena impresión, me atreví con un volumen de su poesía, Libertad bajo palabra, que recoge su obra temprana... y aquí mis sentimientos fueron encontrados.

Algo característico del modo en que la poesía de Paz puede leerse ahora mismo, es que este escritor se preocupó desde fecha muy temprana por reunir sus poemas en volúmenes recopilatorios. Este esfuerzo no se debía sólo a intentar recopilar lo que andaba dispersos en ediciones agotadas de libros y revistas, sino que obedecía también a una preocupación por eliminar errores y patinazos en la publicación, además de intentar corregir los poemas en lo que pudieran tener de fallidos y reconstruir el modo en que son apreciados por lector. Un último punto que podemos considerar de mezcla impresionista, porque el orden y la cercanía en que se leen los poemas puede crear nuevas asociaciones inesperadas, construir por mera acumulación nuevos significados y perspectivas. Ofrecer así una visión sobre una vida y una obra que no es la auténtica vivida y escrita, sino otra recreada e imaginada.

Debido a ello, el corpus final de la poesía de Paz siempre estuvo en construcción, independientemente de cuando hubiera quedado escrito cada poema. Las diferentes compilaciones siempre estaban abiertas y se modificaban periódicamente, no sólo en su contenido retrospectivo, sino en sus sucesivas ampliaciones hacia el futuro, a medida que Paz iba añadiendo más y más poemas a su producción. De esa manera, en el caso de Libertad bajo palabra, no hay una edición final y definitiva, sino muchas variadas, a medida que poemas antiguos iban entrando y saliendo, se reescribían y mutaban, mientras que el libro pasaba de ser un arcón de todo lo escrito por el poeta hasta la última revisión a referirse exclusivamente a su poesía temprana, la de 1935-1957

lunes, 19 de diciembre de 2016

Abismos infranqueables

- No, espere - exclamó Noonan, sintiéndose defraudado por algún motivo -. Si no saben cosas tan simples como ésa... Bueno, al diablo con la razón. Por lo visto es un verdadero pantano. Okey, pero ¿qué pasa con la Visitación? ¿Qué piensa usted de la Visitación?
- Será un placer. Imagine un picnic.
Noonan se estremeció.
- ¿Qué dijo?
- Un picnic. Imagine un bosque, una pradera. Un coche sale de la ruta y se de él baja un grupo de gente joven, con botellas, cestos de comida, radios a transistores y máquinas fotográficas. Encienden fuego, arman carpas, ponen música. Por la mañana se marchan. Los animales, los pájaros y los insectos que los han estado observando horrorizados durante la larga noche vuelven a salir de sus escondrijos. ¿Y con qué se encuentran? Nafta y aceite derramados en el pasto. Válvulas y filtros usados, estropajos, bombitas quemadas y alguna llave inglesa que alguien olvidó. Manchas de aceite en el estanque. Y también, por supuesto, las basuras de costumbre: corazones de manzana, envolturas de caramelos, restos chamuscados de la hoguera, latas, botellas, un pañuelo, una navaja, periódicos destrozados, monedas, flores marchitas recogidas en otra pradera. 
Arkadi y Boris Strugatski, Picnic Extraterrestre

Si vienen leyéndome, sabrán de mi fascinación por el director Andréi Tarkovski y en especial por su película Stalker.  Tras mi reciente revisión de esta obra , me decidí a leer la novela original en que se basaba, al igual que mucho tiempo antes, ver el Solaris de Tarkovski me condujo al Solaris de Lem, escritor que pronto se convirtió en uno de mis favoritos. En el caso de Stalker, sin embargo, mis investigaciones literarias me han llevado al desconcierto, de manera que no sé muy bien a qué carta quedarme. Básicamente, porque entre los dos Stalker media un abismo infranqueable. Los dos Solaris, más mal que bien pertenecían al mismo mundo temático y era posible imaginar maneras y modos de conseguir que sus caminos confluyeran. Los dos Stalker, por el contrario, pertenecen a universos irreconciliables.

Stalker se basa en una novela corta, no llega a doscientas páginas, de los hermanos Arkadi y Boris Strugatski, quienes se hicieron un nombre en la ciencia ficción de las últimas de décadas de existencia de la URSS. En este relato, de nombre Picnic extraterrestre, los Strugatski fabulan uno de los temas clásicos del género, el del contacto con inteligencias extraterrestres. Sólo que con una diferencia con respecto a lo habitual, siguiendo en ello a mi muy admirado Lem, ya que este contacto se revela imposible. Los extraterrestres, o lo que fuera que fueran, pasaron por nuestro planeta fugazmente sin reparar en nosotros, ni mucho menos reconocernos como especie inteligente. El abismo técnico e intelectual era demasiado grande, similar al que nos separa a nosotros con los insectos, seres vivos cuya existencia sólo se nos hace visible cuando nos molestan y con quienes no buscamos comunicarnos, ni hacerles partícipes de nuestra tecnología.

Esa misma tecnología superior, precisamente, que ha tornado las zonas donde se posaron en páramos inhóspitos, hostiles a la presencia humana, sembrándolas de objetos abandonados de los que sólo de vez en cuando se ha podido sacar algún provecho. Sin que en ningún momento se sepa si estamos adorando basura abandonada o si realmente estamos utilizando algo de lo encontrado de la manera correcta. Enfrentados a los restos de ese picnic extraterrestre, no somos muy distintos de la nutria que se enreda y muere, atrapada por los aros de un paquete de seis latas de Coca-Cola, o del cangrejo ermitaño que utiliza la vaina de un cartucho usado como caparazón protector,

sábado, 17 de diciembre de 2016

El gozne (IX)

So entstand im letzten Drittel des 19. Jahrhunderts eine paradoxe Situation: die Eliten des außerokzidentalen Welt strebten energisch danach, sich die fortgeschrittene Wissenschaft und Technologie des Westens anzueignen, die sie vielfach als universale Erregungsschaft des modernen Zeitalters ansehen. Zugleich wollten sie auf diese Weise einen schmerzlichen empfundenen zivilisatorischen Rückstand aufholen und ihre Länder gegen die Übermacht der westlichen Großmächte wappnen. Dazu gehörte auch, dass eine westlich geprägte Bildungsschicht in Ländern wie India und (einige Jahrzehnte später) China Irrationalismus und "Aberglauen" in der eigenen Traditionen schärfer Kritik unterzog. Umgekehrt instrumentalisierten zur gleichen Zeit Minderheiten unter den Intellektuellen Europas und Nordamerikas "östliche Weisheit" in ihrem Kampf gegen die Vernunftgläubigkeit  der okzidentalen Wissenschaftskultur. Der ironische Kontrapunkt, den Max Weber in seinen späten Studien über die Wirtschaftsethik der Weltreligionen setzte, blieb in dieser Hinsicht öffentlich unbemerkt. Weber sah nämlich in der Spannung zwischen innerweltlicher und außerweltlicher  Orientirung eine Triebkraft ökonomischer Dynamik im Abendland. Indien war in seiner Sicht zu stark, das vormoderne China zu wenig auf spirituelle Erlösungshoffnungen hin orientiert gewesen. Asien wurde so im die Jahrhundertwende in gewissen Feldern westlichen Denken wichtiger denn je. Zugleich wurde es aber zu Projektionsfläche des europäischen Irrationalismus, eine historische Rolle, die ihn keine Entwicklungschancen zu lassen schien. Das verehrte, aber offenbar in weltferner "Spiritualität" erstarrte Asien hatte in dieser Sicht weder Gegenwart noch Zukunft.

Jünger Osterhammel, La transformación del mundo

Así se formo una situación paradójica en el último tercio del siglo XIX: las elites del mundo extraeuropeo aspiraban enérgicamente a unirse a ciencia y tecnología progresista de Occidente, que veían como un logro universal del tiempo moderno. Al mismo tiempo, querían de ese modo separarse de un retraso cultural percibido dolorosamente y armar sus países contra la superioridad de las grandes potencias occidentales. A esto pertenecía, que una élite educada al modo occidental procedió a una profunda crítica de lo irracional y la "superstición" en sus propias tradiciones en países como India y (unos decenios más tarde) China. Por el contrario, al mismo tiempo, algunas minorías de la intelectualidad de Europa y América instrumentalizaron "la sabiduría oriental" en su lucha contra la creencia en la razón de la cultura científica occidental. El contrapunto irónico, que Max Weber estableció en sus estudios tardíos sobre la ética comercial de las religiones mundiales, permaneció en retrospectiva claramente sin percibir. Weber vio en la tensión entre orientación externa e interna,  principalmente, un impulsor de la dinámica económica de Occidente. En su opinión ésta era demasiado fuerte en la India, en China demasiado débil para conducir a una recuperación espiritual. En el cambio de siglo, Asía devino por tanto más importante que hasta entonces en ciertos campos del pensamiento occidental. Al mismo tiempo se tornó un espacio de proyección del irracionalismo europeo, un papel histórico que parecía no dejarle oportunidad de desarrollo. La  transcendente "espiritualidad" adorada de Asia, pero al mismo tiempo petrificada, no tenía, desde ese punto de vista, ni presente ni futuro.

Esta será la última anotación que dedicaré al libro de Osterhammel. No por que no haya más material que comentar, sino porque el carácter universal de esa obra, tanto en temas como en extensión, obliga a tener que cortar en alguna parte, sino quiere uno eternizarse. No querría sin embargo, terminar estas notas sin hacer alguna reflexión cultural, especialmente en estos tiempos postmodernos, donde todas las seguridades ideológicas - excepto las de las derechas económicas, sociales y religiosas de todas las regiones del mundo - se han derrumbado y transformado en polvo.

En las narraciones clásicas de las transferencias culturales durante el siglo XIX era habitual pensar en una imposición de la cultura occidental sobre las tierras colonizadas. En general sobre cualquier país extraeuropeo  al que las flotas y los ejércitos europeos se asomasen. Esta supremacía ideológica pasada, impuesta por las armas, por la cual todo el mundo debía tornarse en copias exactas del modelo americano y europeo, ha dado paso recientemente a fenómenos de resistencia que, curiosamente, contemplan cualquier factor no occidental presente en la cultura occidental como robo y apropiación. Ya que no se pudo evitar en su momento que los modos intelectuales europeos se filtraran en los sistemas de pensamiento nativos y los distorsionaran, hay que despojar a occidente de todo lo que pueda considerarse como no suyo propio, negándole su uso y disfrute. Es, en mi opinión, una perversión del pensamiento semejante a la de ciertos movimientos de defensa de las gentes de color, que aplican, dándoles la vuelta, los mismos  absurdos estrictos criterios de limpieza de sangre creados en el siglo XIX por los suprematistas blancos en el contexto de la esclavitud,

Sin embargo, tanto culturas como razas son esencialmente impuras, y en el caso de las razas, conceptos completamente falsos. A pesar de los defensores de purezas originarias inamovibles, las ideas y los pueblos se mezclan inevitablemente, dando lugar a nuevas ideas, a nuevas poblaciones donde las diferencias de color se diluyen y desaparecen. Enriqueciéndose y enriqueciéndonos.  De hecho, la imposición de la cultura occidental a los países colonizados no fue un objetivo de las potencias imperiales del siglo XIX - si lo había sido para el Imperio español del siglo XIX -, que hicieron más bien poco por modificar los modos de vida de las poblaciones sometidas, especialmente en esos lugares, como la India, donde eran una ínfima minoría. De hecho, la exportación de la cultura occidental a las colonias fue casi un efecto secundario e inesperado, producto de la necesidad de contar con clases nativas cultas y preparadas que sirvieran de intermediarios entre las autoridades coloniales y el resto de la población.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Rebeliones

Dejaré las líneas
y dejaré también de contar los números
De entre las limitadas formas geométricas
me refugiaré en las grandes extensiones
del sentimiento.
Estoy desnuda, desnuda, desnuda
como los silencios entre las palabras de amor estoy desnuda
y todas mis heridas son de amor
de amor, amor, amor, amor
He hecho que atravesara
esta isla perdida
la revolución del océano
y la explosión de la montaña
y que la despedazara, fue el secreto de aquel ser unido
de cuyos pedazos más nimios nació el sol.

Forugh Farrojzad, Tengamos fe en el comienzo de la estación del frío

La tercera poetisa cuya obra he estado leyendo estas últimas semanas es la iraní Forugh Farrojzad, en concreto su último libro, Nuevo Nacimiento. Ha constituido un auténtico descubrimiento al que llegué por auténtica casualidad, gracias a las notas de la edición de Hiperión de los poemas de Yosano Akiko, donde se la nombraba como una de las grandes poetisas de este siglo, ambas hermanadas en inspiración, aliento poético e ideales estéticos y políticos. Tengo, por tanto, que leer más de su obra, sus libros primeros, además de ver el documental que rodó, La casa es negra, sobre un hospital de leprosos en Tabriz.

Gran parte de mi interés se debe a que Farrojzad, al contrario que Yosano y Lasker-Schuler, sigue siendo siendo una voz actual y polémica. Una persona y una obra por quien aún la gente puede llegar a las manos, no como Lasker-Schuler, que pertenece a la amplia categoría de los egregios olvidados - aquellos de los que se habla, pero no se les lee - o como Yosano, apresada en su categoría de símbolo de la literatura japonesa, cumbre indiscutible, elefante sagrado intocable. Algo similar ocurre en parte también con la figura de Farrojzad, ya que es calificada regularmente como la poetisa moderna por antonomasia en lengua iraní, renovadora del lenguaje poético de ese país, así como influencia y modelo insoslayable de todo poeta posterior. Sólo que en su caso es odiada y despreciada en su país en la misma medida que se le admira.

jueves, 8 de diciembre de 2016

El gozne (VIII)

Die Ausnahme davon ist die Revolution in Mexico, die das Jahrzehnt zwischen 1910 und 1920 ausfüllte, es bedürfte aber noch der ganze zwanziger Jahre, um ihre Folgen einigermaßen einzudämmen. Die mexikanische Revolution wurde schnell zu einem Bürgerkrieg, der mehrere unterschiedliche Phasen durchlief und dem jeder achte Mexikaner zum Opfer fiel: ein fürchterlicher Tiefpunkt in der Geschichte der Revolutionen, nur noch dem Taiping Aufstand in Ostchina vergleichbar. Die mexikanische Revolution war eine "große" Revolution nach französischen Modell. Sie besaß eine breite soziale Basis, war im Kern ein Bauernaufstand, aber doch viel mehr als das. Sie beseitige ein Ancien Regime, hier nicht eine absolute Monarchie, sondern eine mit der Zeit versteinerte Oligarchenherrschaft, und ersetzte sie durch ein "modernes" Einparteienystem, das bis vor wenigen Jahren bestand.

Jürgen Osterhammel, Die Verwandlung der Welt

La excepción es la Revolución Mexicana, que llena el decenio de 1910 a 1920 y necesito aún la década completa de los veinte, para contener de algún modo sus consecuencias. La Revolución Mexicana devino pronto una guerra civil, que atravesó diferentes fases y que costó la vida a uno de cada ocho mejicanos: un aterrador abismo en la historia de las revoluciones que sólo es comparable al levantamiento Taiping en la China oriental. La Revolución Mexicana fue una "gran" revolución al estilo francés. Consiguió una amplia base social, fue en su centro un levantamiento campesino, pero no obstante, mucho más que eso. Se deshizo de un "Antiguo Régimen", en este caso no una Monarquía Absoluta, sino un sistema oligárquico petrificado con el tiempo, y lo reemplazo con un Sistema de Partido Único "moderno", que se mantuvo hasta hace pocos años

La "excepción mexicana" de la que habla Osterhammel se refiere a que esta revolución americana coincide temporalmente con otras cuatro euroasiáticas: la Rusa de 1905, la Iraní de 1905, la Turca de 1908  y la China de 1911. Normalmente estas cuatro revoluciones (y la quinta mejicana) no se suelen unir ni estudiar en un sólo bloque, como sí ocurre con los movimientos de 1820, 1830 y 1848. Peor aún, normalmente su estudio suele dejarse a un lado, como sucesos periféricos, en una narración obsesionada con el estallido de la Primera Guerra Mundial en Europa. Sin embargo, aunque desconectadas entre sí y normalmente fracasadas en sus objetivos, incluso cuando triunfaron, para Osterhammel vienen a demostrar uno de los muchos cambios que experimento el siglo XIX: en este caso una translación temprana de los centros de cambio político, de Europa al "tercer mundo", como luego ocurriría de forma general en el mundo de la Guerra Fría.

En este olvido hay bastante de eurocentrismo, presente y pasado. Normalmente se suele considerar el siglo XIX, de 1815 a 1914, como un siglo pacifico en la historia, sin guerras generales, punteado y sobresaltado por pasajeros intervalos revolucionarios, los citados movimientos de 1820, 30 y 48, o pequeñas guerras de "ajuste", la de Crimea del 50 o las nacionalistas de la década de los sesenta que culminan en la Francoprusiana. Sin embargo, esta concepción de un siglo tranquilo y estable es falsa incluso referida a Europa. Baste recordar los 75 años de inestabilidad y guerras civiles que afectaron a España de 1808 a 1875, o el infame polvorín de los Balcanes, donde las guerras de disolución del Imperio Otomano, se mezclaron con limpiezas étnicas y ajustes de cuentas entre los nuevos estados nacionales... que sólo se cerrarían con las guerras sin cuartel de 1991 a 1999, en Bosnia, Croacia y Kosovo.