domingo, 11 de diciembre de 2016

La lista de Beltesassar (CLV): 70 (1970) Robert Breer


























Como todos los domingos, continúo con mi revisión de la lista de cortos animados realizada por el misterioso profesor Beltesassar. Esta vez ha llegado el turno de 70 , realizado en 1970 por  el animador abstracto americano Robert Breer.
De nuevo, el énfasis al hablar de este artista está en la palabra abstracto. Mientras para la mayoría, críticos incluidos, la animación se reduce a animales parlantes con que entretener a los niños, algunos artistas de vanguardia han elegido esta forma cinematográfica para encontrar nuevos caminos expresivos. La diferencia con sus colegas coetáneos no está, desgraciadamente, en su valía o sus resultados, sino en que aquellos que se han dedicado a las artes plásticas en cualquiera de sus facetas han alcanzado reconocimiento, reflejado en exposiciones y muestras, aunque éstas queden reservadas por y para ciertas minorías culturales. En el caso de la animación, nada de eso, sólo olvido y silencio, destino que comparten, curiosamente, con las propuestas más avanzadas en el terreno de la música.
Por no haber, ni siquiera hay ediciones en formato digital o las pocas que hubo están  descatalogadas.  Lentamente, toda una herencia cultural ha quedado completamente enterrada, cuando no directamente obliterada. Un estado de cosas al que ha contribuido de manera decisiva el desprecio de la crítica cinematográfica, no por razones de conservadurismo como ha ocurrido en el mundo de la música clásica, encorsetado en el canon decimonónico, sino porque entre los guardianes de la pureza cinematográfica estas formas de expresión no son cine. Cine verdadero sólo puede ser aquello que ha sido filmado de la realidad sin adulterar, con la menor distorsión autoral posible, todo lo contrario de estas maneras animadas en donde la artificialidad y la intervención del artista son esenciales. Características e irrenunciables.

Volviendo a 70, se trata de un ejemplo notable de lo que en el ambiente anglosajón se llama cameraless animation, es decir, animación en la que el artista actúa directamente sobre el celuloide que luego se va a proyectar. En ese caso, creando en cada fotograma un pequeño cuadro individual, sin relación aparente con los anteriores y posteriores, incluso contradiciéndolos, pero que al proyectarlos cobran sentido y coherencia. En este caso los de un "viaje" provocado por los alucinógenos, una experiencia psicodélica, en la que la rápida sucesión de imágenes discordantes puede llevar al espectador a un estado de trance. O como mínimo fascinarlo hasta no poder apartar los ojos de la pantalla.

Un resultado que a pesar de su "novedad" en su tiempo, debido a su relación directa con la contracultura y los ecos de una  década prodigiosa que entonces aún parecía haber transformado la sociedad occidental de forma definitiva e irreversible, tiene raíces en fenómenos muy anteriores, en una doble esencia originaria. La de la abstracción pictórica en la manera suprematista/constructivista, que tomo forma en otra década decisiva e igualmente frustrada, como fue la de los 20 en la URSS; pero también en la forma hallada por los pioneros de la abstracción animada de esa misma década, como  Ruttman y Vikeling, esa primera música visual sin sonidos que se transformaría en constante y santo Grial de la toda la evolución posterior de la abstracción en movimiento.

Como siempre, no les entretengo más. Aquí les dejo el corto. Disfrútenlo - lo merece - y si les gusta sigan buscando por esas Internetes de dios, que en el caso de Breer vienen bien repletas. Aunque en esta ocasión sólo les pueda obsequiar con el link del corto, para que lo pulsen

70, Robert Breer