miércoles, 7 de diciembre de 2016

¿Raíces?

Estuche para espejo

Aunque muy interesante, la exposición Los pilares de Europa, La Edad Media en el British Museum, que se puede visitar en el CaixaForum madrileño, adolece de un grave error metodológico.  En pocas palabras ¿Qué Edad Media? La Edad Media europea es un larguísimo periodo que abarca del siglo V al XV, cuyas fronteras temporales no estaban bien delimitadas y aún se discuten, y en donde se producen cambios culturales, sociales y tecnológicas de tal magnitud que hacen imposible extraer elementos comunes a todo ese intervalo. Por ponerles un ejemplo. imaginen una exposición de nombre: El ascenso de Europa, que abarcase del año 1000 al 2000 e intentase poner al mismo nivel el siglo XI y el XX, como portadores de las mismas inquietudes culturales. Se me mondarían de la risa ¿no? Pues eso es lo que intenta esta exposición.

Por otra parte, dado que el origen de los objetos expuestos está en el museo británico, a la idea de la Edad Media se superpone un concepto británico que no es corriente nuestro ámbito cultural ni completamente traducible. Se trata el de las Dark Ages o edades obscuras. Para nosotros, ese termino alude a un tiempo de retraso e ignorancia que suponemos inherente a la Edad Media, para resolverse con el Renacimiento. Sin embargo, en el mundo anglosajón tiene un significado mucho más concreto y restringido. Se trata de periodos sobre los que no hay documentación histórica  o ésta es muy pobre. En particular, y referido a la historia de las Islas Británicas, el siglo y medio entre el año 400 y el 550, aproxidamente. Desde que desaparece de las fuentes escritas la provincia de Britania, tras que el pretendiente al título de emperador romano, Constantino IV, llevase las legiones allí destacadas a luchar en la Galia; hasta que los historiadores del reino franco en el siglo VI vuelven a incluir esa región en su ámbito de interés, esta vez como un revoltijo de pequeños reinos anglosajones, celtas y británicos en continua guerra entre sí y sin vestigios de romanidad alguna. El Latín, por ejemplo había desaparecido por completo, substituido por el Gaelico y un primitivo Inglés, mientras que las ciudades de época romana no eran otra cosa que inmensos campos de ruinas abandonados.


Lo característico de toda Dark Age, por tanto, no es el nivel cultural, sino la falta de noticias. Así por ejemplo, se puede hablar de de una Edad Obscura tras el siglo XII a.C en el Mediterráneo Oriental, tras la irrupción de los Pueblos del Mar y el derrumbamiento de los estados de la región - aunque se discute qué produjo qué y cómo -. Los siguientes siglos,  son de completo silencio excepto en Egipto,, hasta que se desarrolla la civilización griega en el siglo IX/VIII, el imperio Asirio comienza su expansión por esas mismas fechas y la Biblia comienza a incluir datos históricos seguros. En el caso de la península ibérica, de manera análoga, se podría hablar de una edad obscura coincidente con la invasión árabe del siglo VIII d.C, periodo del que sólo tenemos un testimonio contemporáneo, la problemática, sucinta y contradictoria Crónica Mozárabe del 754, mientras que el resto de las noticias provienen de épocas muy posteriores, como la historiografía cordobesa del X y los cronicones cristianos de ese mismo siglo, o de regiones muy alejadas, como las historias universales árabes compuestas en Egipto o Siria.


Astrolabio

En ese sentido se puede decir que la época medieval es más o menos "darker" dependiendo del periodo que se estudie. De hecho, cuando se habla de Edad Media, normalmente se piensa en el periodo que va del siglo XI al XV, que es cuando se puede construir ya una historia continuada del periodo basada en testimonios contemporáneos... e información de archivo, que se empieza a constituir en por esos mismos tiempos. Por el contrario, la historia de los 500 años anteriores suele ser fragmentaria y esquemática, quedando reducida a unos cuantos hechos determinantes y catastróficos, aunque esta consideración se haya atenuado con los años y el estudio: Las invasiones bárbaras del siglo V, la forja del califato  en el siglo VI y VII y su extensión a Europa, la unificación bajo Carlomagno del núcleo de la civilización europea en el siglo VIII, la invasiones vikingas en el siglo IX y X.

Esta dicotomía entre Edad Media propiamente dicha, la Baja , y otra Edad Media más lejana y brumosa, la Alta, se extiende también a la propia exposición. El 90% de sus objetos pertenece a la Baja, con apenas unos pocos pertenecientes a la Alta, e incluso en ese 90% hay una claro desequilibrio hacia los siglos XIII, XIV e incluso XV. Desigualdad normal, ya que a medida que nos acercamos al presente, es más probable que esos objetos hayan sido integrados en archivos, herencias colecciones e instituciones aún existentes, en vez no se tenga que recurrir exclusivamente a la casualidad del hallazgo arqueológico.

Desequilibrio que redunda en el defecto que les señalaba al principio. No se está haciendo una historia de la Edad media, sino de la cultura medieval Europea al otro lado de la raya del siglo XI. Un siglo crucial en la historia de Europa y que para mí marca el comienzo de su supremacía futura. En ese tiempo se van producir descubrimientos tecnológicos que permiten aumentar la productividad agraria y cultivar terrenos hasta entonces baldíos. Europa se torna así expansiva, lanzando las cruzadas contra Palestina, recuperando los territorios del sur de Europa conquistados por los árabes, la península Ibérica y Sicilia, además de extenderse a costa de los eslavos paganos en lo que era la Alemania del Este y los países bálticos. Expansión no sólo militar, sino, más importante aún, cultural y política, de manera que en esos cinco siglos, las Islas Británicas, Escandinavia, Polonia y Hungria, e incluso Rusia, van a quedar firmemente ancladas a la civilización occidental.

Una evolución que la exposición no traza - de hecho hay errores en sus mapas - pero que hubiera sido muy importante mostrar, especialmente enfocándolo en esos antes y después de ambos lados del siglo XI.