viernes, 30 de diciembre de 2016

Todo es uno y lo mismo

Unas pequeñas consideraciones antes de compartir mis impresiónes sobre The Century of Self (El siglo del yo, 2002) del documentalista británico Adam Curtis.

Primero, pedirles disculpas por la larga ausencia - estas últimas dos semanas han sido extrañas -. Segundo, indicarles que a pesar del impacto que me produjo el libro de Zinn sobre la otra historia de EEUU que les comenté hace unos días, eso no quiere decir que subscriba su contenido de forma ciega. Como muchas izquierdas pasadas y futuras, parece demasiado dispuesto a condenar cualquier avance y reforma que no llevé de manera directa a la revolución soñada, con el resultado que ni se consigue el estado ideal al que se aspira, ni se alivia la situación de los oprimidos. Tercero, que resulta una coincidencia afortunada que en estos tiempos de involución derechista, me haya puesto precisamente a leer y a ver dos obras que abogan por una izquierda como la era hasta hace no tanto. Ésa que hable y luche sin miedo, sin componendas y tapujos, contra las muchas estructuras de poder que nos oprimen, del estado a las religiones, de las grandes corporaciones a los muchos políticos y medios de comunicación que sólo están a su servicio. Y por último, disculpas por incluir capturas de los documentales de Curtis que voy a comentar en las próximas semanas. La edición que he conseguido es tan mala que carece de subtítulos e incluso parece haber sido descargada del youtube, aunque eso no afecte a la contundencia de su contenido.

De Curtis había oído hablar ya desde hacía tiempo, gracias a los foros de cine que seguía en la década pasada y los múltiples fugados de estos ambientes con los que aún estoy conectado en twitter y facebook. No me había atrevido a hincarle el diente hasta ahora, porque tenía miedo que su enfoque fuera similar al de Zeitgeist (2007) de Peter Joseph; es decir, un acúmulo de medias verdades y mentiras justificadas por su utilidad política, todo ello salpimentado con mucha pseudociencia, pensamiento new age y conspiraciones mundiales varias. Afortunadamente, The Century of Self es todo lo contrario. Independientemente de lo correcta que sea su tesis o lo próxima que se encuentre del posicionamiento ideológico del espectador, Curtiss utiliza datos fácilmente contrastables y los engarza en argumentos que siguen una evolución lógica y plausible. Sin recurrir a saltos de fe, peticiones de principio o deus ex machina.

¿Y cuál es la tesis que defiende Curtis? Aparentemente, los cuatro episodios de esta serie documental narrarían la aplicación de las teorías freudianas sobre la mente humana en la práctica comercial y política, proceso de transferencia en el que habrían sido fundamentales dos miembros de su familia.

En primer lugar, su sobrino Edward Bernays, quien revolucionó las estrategías de marketing y publicidad en los EEUU, al señalar que no había que apelar a la razón del consumidor a la hora de vender un producto, sino a sus instintos más básicos, incluso animales, los que Sigmund Freud habría colocado dentre del inconsciente. Este cambio de perspectiva no sólo se ha relevado especialmente longevo y fructífero - no hay anuncio que no apele a aspectos ajenos al propio producto, como la libertad, la aprobación del grupo, el respeto o la fama -, sino que abre la puerta a la manipulación consciente de la sociedad para que piense y actúe como conviene a gobernantes y detentores del poder económico. Es aquí donde entra la acción del segundo pariente de Freud, su hija Anna, conservadora y divulgadora de su legado, dirigente oficiosa del movimiento psicoanalítico en las décadas posteriores a la muerte de Freud. En este papel no se limitó a transmitir el pensamiento de su padre, sino que procedió a modificar el énfasis de los elementos que lo componían. En concreto, convirtiendo al superego, la censura freudiana, el elemento que reprimía los impulsos del inconsciente antes de que se hicieran conscientes, en un engranaje positivo y fundamental de la psique humana. Algo que había que entrenar y fomentar si queríamos convertirnos en buenas personas y ciudadanos.
La huella de ambos pensadores, Bernays desde un punto de vista económico, Anna Freud, desde el punto de vista psiquatrico, ha sido larga, perdurable y complementaria. Aunque hoy en día casi nadie los recuerde, sus ideas y las herramientas para plasmarlas se siguen utilizando. Por un lado, nos dice Bernays, es posible inducir a las personas a que realicen voluntariamente lo que les dictemos; por otro lado, nos dice Anna Freud, también se les puede entrenar a rechazar lo que no se estima deseable ni conveniente para la sociedad. Pueden imaginarse que tales conclusiones no pueden ser de mayor agrado para todos aquellos que desean que las sociedades sean sumisas y obedientes, para así  de manera permanente la gestión de las tareas de gobierno y la ejecución de políticas económicas en otros, aquellos que han estudiado, saben y tienen experiencia, Sin que, una vez realizada esta renuncia, quede derecho a la protesta, ni mucho menos la elección por parte de los gobernados de políticas distintas a las diseñadas por la minoría rectora, puesto que el común de las gentes no tiene el nivel intelectual necesario para tomar decisiones que afecten a la comunidad - serían así  semejantes al inconsciente freudiano - y son sólo las autoproclamadas élites - el superego - las que deben y pueden realizar esas funciones.

Con estos preparativos se llega a la auténtica tesis de Curtis. En los últimos años - bien cierto en el 2002, aún más verdad en 2016 - se ha presenciado como la izquierda ha ido retrocediendo de manera paulatina, pero implacable, en su presencia en las sociedades occidentales. Una derrota incruenta que ha sido acompañada de un vaciado ideológico que ha vuelto a los partidos progresistas indistinguibles de sus oponentes de derechas, acentuando a su vez esa caída del voto de la izquierda tradicional, puesto que da igual votarlos a ellos o a los conservadores. La razón, para Curtis, es doble. Por un lado esta el ascenso de una clase de consumidores - no clase media, consumidores -, que ha sido aconstumbrada desde hace décadas a ver satisfechas sus necesidades personales por productos prefabricados precisamente para ellos. Desesos y ansias que no tienen porque ser reales - por ejemplo, una sanidad pública que proteja a todos, infraestructuras realmente útiles y beneficiosas - sino imaginarias, como la eliminación de vagos y parásitos que viven de los impuestos o unas rebajas fiscales que apenas llegan a unos pocos cientos de euros al año, salvo que se sea especialmente rico.

Esa aparición de segmentos de población que votan al mejor anunciante - o timador - de productos polítricos es lo que se ha denominado como "ciudadano NIF", "centro", "voto swinger", "mayoría silenciosa", o simplemente indecisos,  y se han convertido en el objetivo preferente de las campañas de los partidos en liza. Ambos saben que tienen una parroquia asegurada, los votantes que se autodenominan de izquierda o de derechas de toda la vida, pero que no pueden llegar al poder sin asegurarse esos votantes consumidores. Los programas electorales de izquierda y derecha se han vuelto, por tanto, cada vez más similares, prometiendo las mismas irrelevancias sin efectos concretos, sólo que esa jugada le ha salido mejor a la izquierda que a la derecha... y este es el segundo factor que implica la caída de la izquierda occidental

Simplemente porque esta "nueva" izquierda - los demócratas de EEUU, el new labor de UK, los partidos exsocialistas de Francia y España - han terminado prometiendo lo contrario de lo que siempre habían defendido, deviniendo así no herramientas de reforma y transformación del sistema, sino sostenedores de las injusticias que dicen combatir. No es extraño por tanto que sus propios votantes de siempre haya terminado por abandonarles y que la derecha, falta de contrapeso idelógicos se halla radicalizado cada vez más y más

Hasta incluso desbordar a sus propios partidos y hacer posible, en esta segunda década del siglo XXI, que la ultraderecha pueda gobernar en todo occidente... aunque en alguna parte lo haga desde hace ya años.