domingo, 5 de febrero de 2017

La lista de Beltesassar (CLIX): Hasta los huesos (2001) René Castillo

















Tras un forzado paréntesis, debido a mi grave enfermedad, reanudo mi cita dominical con todos mis lectores: la  revisión de la lista de cortos animados realizada por el misterioso profesor Beltesassar. Esta vez ha llegado el turno de Hasta los huesos, corto realizado en 2001 por el animador mexicano René Castillo.

La animación de Latinoamerica constituye una terra incognita para todos los aficionados a la animación, especializados o no. No es ya que en la memoria del espectador normal no haya sitio más que para Disney, Pixar o, si se es otaku, el anime. Es que incluso los que nos consideramos expertos en estas lides citaremos la animación canadiense de la NFB, la británica al socaire del Channel Four, la inmensa herencia dejada por los países del Este, Zagreb y Soyuzfilm junto con los animadores polacos, húngaros y checos, o la compleja historia de la animación experimental norteamericana. Incluso, si se nos fuerza, podremos añadir una larga lista de personalidades individuales, contemporáneas o pasadas, comerciales o abstractas, que sirven para incluir unos cuantos países más en la lista, como Francia, Holanda, Suiza, Alemania o China. 

Sin embargo, cuando movemos la atención al ámbito latinoamericano, incluyendo España en él, apenas llega uno a recordar algo. Quizás, de oidas, se señale la aventura de Escobar en los años 40, que pudo haber sido uno de los gigantes de esta forma pero quedó en nada, por razones externas. También la excepción que supuso Vampiros en la Habana, realizado por el cubano Juan Padrón en 1985, que sorprende aún por su irreverencia frente al mito vampírico junto con su irrefrenable joie-de-vivre. Incluso podría añadirse la versión animada de Mafalda, realizada por los argentinos Daniel Mallo y Oscar Desplat, pero en general fallida y mediocre (Nota: Padrón realizó también otra versión de Mafalda, que no he podido revisar o al menos no recuerdo haber visto). Aparte de esto, poco más.

Por supuesto, parte de esta ausencia se debe a que las condiciones sociopolíticas y económicas en estos países han frustrado gran parte de los proyectos, además de evitar que los pocos supervivientes tuvieran continuidad en su labor, como ocurrió con Escobar en España. De esa manera, excepto en el caso experimental/independiente, la mayoría de las obras no pasan de borradores, sin que se haya concedido a los autores la oportunidad de aprender de sus defectos y mejorar su arte en sucesivas creaciones. Un caso que, desgraciadamente, no es privativo de la animación, puesto que los países de habla hispana tendemos a despreciar el arte por sistema, pero que es especialmente acusado en el caso de esta forma cinematográfica, siempre considerada menor y prescindible.

Por ello, son especialmente importantes cortos como este Hasta los Huesos de René Castillo. Primero, porque es una obra con la suficiente repercusión internacional para haber quedado en la memoria del aficionado y ser de inclusión obligada en cualquier antología. Segundo, porque es una obra mayor, un ejemplo notable de la expresividad y perfección que una técnica anticuada - todas lo son comparadas con el ordenador -, como es la animación fotograma a fotograma de muñecos, puede conseguir, siempre que se le dedique tiempo y se tenga un mínimo de talento. Tercero, porque demuestra que la animación latinoamericana no tiene porque ser una imitación servil de los usos y modos de las formas comerciales americanas - piensen en horrores como Planet 51 (Jorge Blanco, 2009), clon de los tics de cualquier película de Dreamworks -, sino que precisamente la referencia a los rasgos culturales del país de origen, México, la hace atractiva para públicos de tierras y culturas distantes.

Y por último, que esa utilización de las raíces culturales mexicanas se expresa en la extraña relación, para occidente, que tienen ese país con la muerte. Una muerte cuyo horror e irreversibilidad es negada al convertirla en una continuación de la vida. No al uso de eses protestantismo mojigato que imagina el paraíso como un club social aburridísimo, sino como sala de fiestas en donde los esqueletos descarnados viven una juerga constante, entre alcohol y canciones, libres ya de toda norma, imposición y restricción terrestre.

No les entretengo más. Como siempre, aquí les dejo el corto. Disfrútenlo y ríanse con esa muerte más dichosa, jovial y carnal que la triste vida en la que lo único que hacemos es vivir para trabajar. En ocasiones, simplemente para no morirnos de hambre.
Hasta los Huesos (2001) from Mandaraka on Vimeo.