jueves, 23 de febrero de 2017

A medias






















Kimi no na wa (Tu nombre, 2016), la última película dirigida por Shinkai Makoto, ha venido precedida de gran expectación. De hecho, en Japón ha constituido un éxito de taquilla, rompiendo algún que otro record, mientras las críticas de los que habían podido verla en occidente mostraban un entusiasmo poco habitual, incluso para lo que es el anime, tierra del asombro perpetuo. Sin embargo, en medio de este coro unánime de alabanzas había algo que me preocupaba. En varias de las reseñas se hacía notar que ésta era la obra de Shinkai más cercana a los usos del anime "normal".

La última película, y hasta entonces única, en la que Shinkai había seguido ese camino de normalización fue Hoshi o Ou Kodomo (Viaje a Agartha, 2011). Esa película desconcertó a muchos de sus admiradores, puesto que se apartaba de los temas que le habían hecho especial, distinto a sus contemporáneos, para seguir una peripecia narrativa, la del viaje a un imaginario reino subterráneo, que en sus mejores instantes era demasiado parecida a las producciones Ghibli , mientras que en los peores no pasaba de ser un anime más. Brillante visualmente, pero perfectamente prescindible. 

En sus mejores películas, por el contrario, desde la inicial Hoshi no Koe (Voces de una estrella distante, 2002), sus dos obras maestras,  5 cm/s (2007) y  Kotonoha no Niwa (El jardín de las palabras, 2011), e incluso la contradictoria  Kumo no Mukō, Yakusoku no Basho (El lugar prometido en nuestra juventud, 2004), Shinkai se había caracterizado por aunar dos contrarios: un fotorrealismo visual extremo, en ocasiones más real que la propia realidad vista, donde se desarrollaban arrebatadas historias de amantes separados, a los que las circunstancias y el tiempo les impedían consumar su amor. La originalidad y el impacto de sus películas surgían así de la oposición entre ese realismo a ultranza aleado con un romanticismo no menos desaforado. Algo que, a algunos, nos dejaba sentimentalmente extenuados.

En Kimi no na wa aparece también esta pareja de amantes a los que el destino les impide reunirse, pero en esta ocasión el ambiente con que se expresa es completamente distinto a las obras citadas, especialmente comparado con 5 cm/s Kotonoha no Niwa. En estas dos películas, Shinkai entraba, como se dice, directamente a matar, introduciéndonos en el drama sin necesidad de introducciones. En Kimi no na wa, sin embargo, quizás debido a la larga longitud de esta película, Shinkai añade todo un primer acto, que en mi opinión lastra lo que va a ocurrir en las dos tercios siguientes. No es porque el clima sea de comedia ligera, que bien llevado habría subrayado el drama posterior, sino por apoyarse en algunos de los tópicos más trillados del anime. Ésos de los que me quejo habitualmente.

Durante esa primera hora, me parecía estar viendo la película de otro director, o incluso una serie de anime, puesto que la película se inicia con una intro genérica, canción incluida, que no parece propia de un largometraje de primera categoría. Estos manierismos provocan que cuando la narración, en esa primera parte, empiece a mostrar sus cartas, no acabe de casar bien con lo que se ha visto hasta entonces. Peor aún, que cuando en la segunda parte Shinkai comienza a hablarnos con su voz propia, lo anterior no deje de parecer prescindible. Ello y la resolución final, demasiado obsesionada con ofrecer un final feliz a cualquier precio, cuando la amargura y la desilusión, el sacrificio para conseguir la salvación, habían sido parte integral y distintiva del estilo de este director.

Sí, ya sé que estoy siendo duro con un director al que admiro sinceramente. Pero es que muchas de sus obras anteriores, a pesar de sus claros defectos, me parecían redondas y conseguidas, dotadas de un impacto emocional que no sonaba a falso, mientras que Kimi no wa me parece una película de momentos aislados, de recordatorios de estilo que quedan ahogados en medio del cliché y el estereotipo.