domingo, 27 de marzo de 2016

La lista de Beltesassar (CXXVII): Op Hop Hop Op (1966) Pierre Hébert






















Como todos los domingos, continúo mi con revisión de la lista de cortos animados realizada por el misterioso profesor Beltesassar. Esta vez ha llegado el turno de Op Hop Hop Op,  corto realizado en 1966 por el animador abstracto/experimental de origen francocanadiense Pierre Hébert.

En la entrada de ayer me quejaba amargamente de como uno de los puntales de la música occidental post-1945, la electrónica/electroacústica, había caído en un punto ciego cultural que impedía el conocimiento y la difusión de la obra de estos artistas de vanguardia. Algo similar ha ocurrido con el amplio corpus de la animación experimental, que permanece ignorada no sólo por el gran público, sino por los grandes popes de la crítica, especialmente los que presumen de francofilia. Incluso para los pocos que amamos la animación, y los mucho menos a los que nos entusiasma la abstracta, resulta casi imposible explorar esa forma esencial de arte animado, fuera de las copias cochambrosas de Youtube, ya que de autores esenciales como Fischinger, Harry Smith, Jules Engel, Belson, los hermanos Whitman y muchos otros, no existen ediciones de sus obras en DVD fuera de compilaciones colectivas, mientras que las pocas disponibles han dejado de editarse.

Una situación bastante mala que se ve agravada porque de otros contenidos animados, sean las naderías más recientes de Pixar/Disney o la morralla enlatada para satisfacer otakus, se hacen ediciones de lujo que reciben todo tipo de elogios, mientras que los artistas que realmente cambiaron nuestra forma de ver y de comprender son relegados al olvido, cuando no al mayor de los desprecios postmodernos. Tal es también el caso del animador francocanadiense Pierre Hébert, uno de los grandes absolutos de la animación experimental, aunque en su caso la situación se ve un tanto atenuada por el hecho de que la NFB del Canada, ese gran mecenas de la animación durante los últimos setenta años, ha decidido permitir que su catálogo pueda ser visto gratis por la internet. Pueden imaginarse el regocijo general entre los aficionados, que no sólo podemos disfrutar de Hébert, sino de Hoedeman, McLaren, Patel, Pojar, Leaf, Back y tantos y tantos otros nombres esenciales.

Volviendo a Hébert tras este largo despotrique, la abstracción en su obrA - o al menos en Op Hop Hop Op- , consiste en recurrir a aquella vieja técnica que inventó Lye para la GPO Film Unit británica y que luego McLaren convertiría en seña de su estilo durante su tenencia como director de la NFB: olvidarse de la cámara y trabajar directamente sobre el celuloide. En concreto, exponiéndolo a la luz para que quede velado - opaco, por tanto, si se proyectara- , para rascar luego la emulsión ahí donde se quiere que aparezcan formas y contornos. Hébert, por su parte, lleva esta técnica un poco más adelante, ya que si otros autores, como el mismo Lye o McLaren, buscaban una continuidad, una relación, entre lo dibujado en los diferentes fotogramas - la animación surgiría, por tanto, de la soldadura mediante el proceso de proyeccción de esos trazos aislados -, en Hébert cada imagen proyectada es independiente, sin relación alguna con la que le precede o le sigue.

Este modo puede apreciarse claramente en las capturas que abren la entrada, una serie de formas geométricas aisladas de las que mal puede esperarse una figuración del movimiento o su aleación en un todo coherente y completo. Sin embargo así ocurre, un poco al estilo de Brakhage, ya que cada uno de estos fotogramas dura 1/24 de segundo, aparecen y desaparecen ante nuestros ojos con tanta celeridad que nuestro cerebro no es capaz de procesarlas, examinarlas o diferenciarlas. Ese limite físico en lo que nuestra mente puede llegar a procesar provoca que las diferentes imágenes se superpongan y se fundan unas con otras - lo que ocurre de forma inesperada en el telecinado del que he sacado las capturas - , creando así imágenes/fantasma que no existen en la realidad, ritmos que nunca fueron ideados, sentimientos y sensaciones que las imágenes aisladas, toscas y desmañadas, jamás podrían provocar. 

Se crea así una ilusión tan fuerte y poderosa que el espectador puede llegar incluso a caer en un estado de trance, dejar de ver lo que sus ojos perciben para acabar perdido en su propio mundo interior y despertar sobresaltado, confuso y desorientado, cuando el corto termina, la estimulación se extingue.

No les entretengo más. Como todos los fines de semana, aquí les dejo el corto. Disfrútenlo, no luchen contra el trance y déjense arrastrar por la corriente hasta donde quiera arrojarles. Aprovechen también que se trata de la versión de calidad casi perfecta de la NFB.