domingo, 6 de marzo de 2016

La lista de Beltesassar (CXXV): Le Homme aux bras ballant (1997) Laurent Gorgiard



















Como todos los domingos, continúo mi con revisión de la lista de cortos animados realizada por el misterioso profesor Beltesassar. Esta vez ha llegado el turno de L'homme aux bras ballants (El hombre de brazos colgantes) corto realizado en 1997 por el animador francés Laurent Gorgiard.

La carrera de Gorgiard es un modelo de la vida profesional de un animador corriente. Trabajo centrado principalmente en producciones comerciales, y por tanto, impersonal y genérico, enfrentado a un par de oportunidades para trabajar en solitario, que no tuvieron continuidad, ni mucha resonancia. La conclusión es una vida de asalariado permanentemente en la penumbra, que fácilmente desemboca en el abandono de una profesión mal pagada, sin reconocimiento y fuente de frustraciones... si no ocurre, como es el caso de Gorgiard, que la muerte viene a truncarla prematuramente.

L'homme aux bras ballants es ese corto/oportunidad que sólo se presenta una única vez en la vida de la mayoría de los animadores y que queda reducido, de ordinario, a excepción pronto olvidada. Debido a ese carácter de ensayo primerizo, de inicio frustrado de una carrera que nunca llegó a ser, estos cortos nunca son redondos, abundan en errores y torpezas. En el caso de Gorgiard, el principal colocarse del lado de una poesía en imágenes que los americanos suelen atribuir al carácter francés, pero que muy fácilmente, como ocurre con las copias hechas en los EEUU, suena a falsa y forzada, a pretensiones de una  profundidad que no existe, que no es otra cosa que vanagloria.

No quiere decir que técnicamente L'homme aux bras ballants sea un mal corto. Todo lo contrario. En su ejecución son manifiestas las enseñanzas de un siglo de animación fotograma a fotograma, la stop-motion inglesa, en la variante de la escuela checa fundada por Jiri Trnka. Una escuela que evitaba la vulgaridad y la torpeza de remedar en un muñeco la expresividad facial de un actor, manteniendo a sus personajes en una mueca congelada a perpetuidad. Esa renuncia se convierte, en manos de un animador con talento, en una conquista, ya que la marioneta aparece dotada de un misterio que se torna personalidad propia, de forma que las más pequeñas variaciones en la iluminación o en el ángulo de cámara la convierten en un actor  que poco tiene que envidiar a los de carne y hueso.

Sin embargo, Gorgiard no se limita en este corto a demostrar que ha estudiado y asimilado las lecciones del pasado. Conjuga esta animación de fotograma a fotograma con la animación de dibujos tradicional, de manera que ambas técnicas contrapuestas se combinen de forma armoniosa y hagan creíble la historia de un hombre deforme capaz de crear belleza con su sombra. Una anécdota narrativa que, en cierta manera, se convierte en parábola de la vida creativa de un animador, siempre figura anodina, destacable sólo por su disonancia con respecto a las tareas normales y respetadas del cine, pero a quien se deben momentos de belleza sublime, casi sobrenatural, que suelen pasar desapercibidos ante la indiferencia de un mundo que los considera habituales.

No les entretengo más. Como siempre les dejo aquí el corto. No es una obra maestra, ni siquiera una obra notable que apunte a nuevas vías y posibilidades, pero no deja de tener su interés y su atractivo.