domingo, 24 de enero de 2016

La lista de Beltesassar (CXXII): Rabbit (2005) Run Wrake












Como todos los domingos, continúo mi con revisión de la lista de cortos animados realizada por el misterioso profesor Beltesassar. Esta vez ha llegado el turno de Rabbit (Conejo), corto realizado en 2005 por el animador y diseñador gráfico británico, recientemente fallecido, Run Wrake.

Me quejaba la semana pasada - amargamente, como siempre - de cómo las películas y cortos de animación más conocidas por el público en general y elogiadas por la crítica especializada, son siempre las más irrelevantes; mientras que aquellas obras realmente importantes - o al menos distintas del cliché comercial - quedan relegadas a los márgenes de la cinematografías, apenas vistas por unos pocos aficionados excéntricos, siempre con el riesgo de ser olvidadas definitivamente. Ése es el caso de Rabbit, el corto que nos ocupa esta semana, notable por un estilo gráfico decididamente postmoderno que ilustra una fábula moral narrada con toda seriedad.

La postmodernidad del acabado visual de Rabbit estriba en Wrake ha utilizado las imágenes de los manuales escolares de antaño, aquellas cartillas venerables que servían para enseñar a leer a los niños, asociando figuras del mundo real con su nombre en la lengua materna. Esta selección/extracción de material gráfico anticuado llega a ser tan rigurosa en manos de Wrake, que en la plasmación visual del corto se conservan incluso las palabras clave de esos manuales, cada una acompañando a la imagen que representa, siguiéndola sin separarse por muchas evoluciones y movimientos que realice.

El efecto es de un claro distanciamiento dramático, que subraya la antigüedad, lo caduco de ese sistema y método de pensamiento de antaño, obligando así al espectador a observar la narración con escepticismo e ironía. Un desapego que se ve, sin embargo, contradicho por la historia narrada, la de una ambición que consume y acaba por destruir a los protagonistas, incapaces de controlar su codicia. Rabbit se revela así como un cuento moral, una advertencia contra el orgullo suicida, el espejismo de creer que todo se tiene bajo control absoluto, que precede a la caída definitiva. Una lección que en otras circunstancias, en otras expresiones gráficas menos audaces, hubiera sido inaceptable para el espectador moderno, al que le hubiera parecido tan anticuado como los diseños que aquí, en Rabbit, Wrake utiliza para contarla.

Un peligro que se evita precisamente haciendo esa referencia visual explicita a la (aparente) desactualización de ese tipo de historias, mediante la ilustración visible de la decrepitud de esos tiempos y esos modos  de pensamiento, para hacer creíble, actual y cercano - renovado, en suma - el mensaje que se quiere transmitir. Esa estrategia - de nuevo, una las paradojas - es muy antigua,  pertenece al género de la fábula tradicional desde que tenemos noticias, allá por la antigüedad clásica. Consiste en extraer los temas y situaciones cotidianos de su contexto, de la normalidad que impide que percibamos nuestros defectos - ya saben que toda generación se ve como el culmen de la historia humana - para  trasladarlos a otro ámbito lejano y simplificado, en donde sean claramente visibles y donde no se apliquen nuestros mecanismos de defensa habituales.

Doble ironía, doble crítica, hacia un pasado nuestro con el que ya no tenemos relación alguna, y hacia un presente en el que los vicios de ese mismo pasado siguen perviviendo, llegando incluso a ser tomados como virtudes. Una armonización de contrarios que se consigue utilizando para ello un método de alejamiento/acercamiento que nos permite escapar de nuestra ceguera cotidiana, para así contemplar lo que somos - lo que no hemos dejado de ser - con una claridad cegadora y abrumadora.

No les entretengo más. Como siempre les dejo aquí el corto. Disfrútenlo, porque ése sí que merece la pena, aunque me temo que no tardará en figurar en la lista de obras olvidadas, mientras otras nulidades son colmadas de elogios y parabienes.