jueves, 21 de enero de 2016

Diferentes modos de mirar (y VI)







Volviendo a mi revisión de los cortos experimentales contenidos en la colección Masterworks of American Avant-Garde Experimental Film, editada por Flicker Alley, me ha llamado la atención que un buen porcentaje son City Symphonies. Parte de ellos ya los comenté en una entrada anterior, como podrán recordar, pero creo que debe dedicárseles otra entrada, aunque no pase de ser unas cuantas notas apresuradas. Simplemente, porque este genero, tan fácil de definir, admite todo tipo de soluciones y variaciones, tan inagotables como la multiplicidad inagotable de las ciudades que retratan. En este caso, la metrópoli de Nueva York.

The Pursuit of Happines (La búsqueda de la felicidad, 1940) de Rudy Burckhardt retrata esa ciudad en su último año de paz antes de la entrada en la segunda guerra mundial. La visión es la de una sociedad laboriosa, ajetreada, pero al mismo tiempo serena y tranquila, aunque esto sólo sea en apariencia. No se muestra expresamente, pero está claro que en la mente de los espectadores del corto deberían estar muy presentes los recuerdos de la gran depresión y de la guerra mundial, por entonces aún europea, que debían contrastar vivamente con la placidez de los paisajes y multitudes urbanas mostradas en el corto.

Esa placidez, de nuevo, era sólo una ilusión, que no sólo se ve contradicha en el recuerdo, sino en la pantalla. La presentación visual elegida por Burckhardt utiliza planos y encuadres casi abstractos, fijándose, por ejemplo, en los pies de los paseantes o en los muchos reclamos publicitarios dispersos por la ciudad. Asímismo, se utiliza la cámara rápida y la lenta, la superposición y yuxtaposición de imágenes, a menudo contradictorias, de forma que el corto se ve recorrido por una tensión creciente, por una inquietud que avisa de conflictos internos, prestos a estallar, bajo esa corteza de felicidad a la que se refiere el título.

















Con In the street (En la calle, 1945-46) realizada en colaboración por la fotografa Helen Lewitt, su nuera Janice Loed Lewitt y el novelista Jame Agee, nos movemos de los barrios de negocios de Manhattan a los suburbios de Harlem, de la riqueza y fasto de una sociedad pujante, segura de si misma, a la pobreza, casi miseria, de aquellos que pertenecen a sus estratos inferiores, incluso a veces a sus márgenes.

Sin embargo, a pesar de que  esa miseria es evidente en las imágenes captadas por los tres directores, sin que se haga esfuerzo alguno por maquillarla o disimularla, el corto no constituye un ejercicio de denuncia social, ni siquiera llega a adoptar un aire pesimista. Más bien se trata de una celebración de la vida en todos sus órdenes, donde la cámara, con una evidente simpatía por las personas que tiene frente a ella, intenta capturar una espontaneidad, una auténtica joi-de-vivre, completamente ausente en otros ambientes más favorecidos, pero de igual manera mucho más envarados.

Así, lo que al final queda en la memoria, más que la suciedad o la pobreza de ese Harlem de hace casi ochenta años, son las imágenes de niños y adolescentes entregados a sus juegos, de los enamorados que se llaman y se buscan, se encuentran y se gozan.



















NY, NY (1948-57) de Francis Thompson, es la más pura de todas las City Symphonies de la colección., ya que en este corto se intenta dar una imagen completa de la vida ciudadana de Nueva York, desde primera hora de la mañana a última hora de la noche. Su estructura, por tanto, es muy simple y directa, siguiendo las andanzas de un personaje anónimo que se levanta, va a trabajar, pasa el día en el barrio de negocios de la ciudad y luego, terminada la jornada laboral, marcha a divertirse en las zonas de esparcimiento.

Sin embargo, a pesar de esta simplicidad documental, es también el más abstracto de todos los mostrados. Thompson utiliza espejos deformantes, lentes múltiples, todo tipo de artilugios capaces de montar y componer imágenes in camera, para crear una fantasmagoría visual, donde los edificios parecen surgir de la nada, de un cielo profundamente azul, flotar sobre él, imbricarse y fundirse los unos en los otros. Y no sólo las construcciones urbanas, las torres de Babel modernas que caracterizan el skyline de Nueva York, sino también las gentes, sus objetos y su vehículos.

Llegando en ocasiones casi al nivel de la alucinación provocada por las drogas, como es el caso del viaje en metro torpemente ilustrado por las capturas que preceden estas líneas, donde se llega a un nivel de abstracción próximo al de las obras maestras que rodó Brakhage en las décadas de los 80 y noventa. 

La realidad real como abstracción pura, en definitiva. Como su auténtica y propia esencia.














Más política  es Love it/Leave it (Ámalo/Déjalo, 1970) de Tom Palazzolo. Aparentemente es un paseo banal por las calles de Chicago en donde se entremezclan diferentes personajes excentricos, festejos y desfiles multitudinarios, incluso un curioso festival nudista, al que se dedica gran parte del inicio del corto.

Sin embargo, la mezcla de estos acontecimientos triviales tiene una clara intencionalidad ideológica. Palazzolo contrapone los ideales de libertad de la contracultura americana de los años 60 - fracasada en la década siguente - a las fuertes corrientes conservadoras y reaccionaras que imbuían e imbuyen la sociedad americana. Así, las imágenes citadas del festival nudista, se alternan y son finalmente substituidas, por las de discursos y concentraciones patrióticas, confluyendo por último en los ejercicios de entranamiento de la policía de Chicago, cuya única misión parece ser la de reprimir sin miramiento cualquier manifestación contestataria o subversiva que amenace al orden establecido.

Un orden establecido que no se entiende ni se mantiene de otro modo que no sea con la violencia. Claro ejemplo de una sociedad escindida y desquiciada, cuya mejor ilustración está en el agrio montaje, ilustrado un poco más arriba, donde se alternan las imágenes de un  mendigo que pide limosna recurriendo a la bandera americana y una masivo festival patriótico donde esta misma bandera se celebra y se ensalza.

Sólo porque sí.