domingo, 13 de diciembre de 2015

La lista de Beltesassar (CXVII): Chahut (2005) Giles Cuvelier
















Como todos los domingos continúo mi con revisión de la lista de cortos animados realizada por el misterioso profesor Beltesassar. Esta vez ha llegado el turno a Chahut (alboroto), corto realizado en 2005 por el animador belga Gilles Cuvellier.

Por no enrollarme más de lo acostumbrado, les diré que este corto adolece de un grave defecto: ser falsamente poético. Concretamente de ese lirismo cursi y transnochado que los americanos confunden con la cultura francesa, luego premian en sus ceremonias como mejor película/corto extranjero, para  finalmente  intentar copiarlo de forma rídicula en sus propios productos, sea en forma de un París/Ville Lumière imaginario o en corto de la Pixar. El resultado de esos esfuerzos, como pueden imaginar, es una transcendencia huera, ñoña y kitsch, conformista y acomodada, que dice bastante poco - y ese poco, bastante mal - de sus admiradores y promotores.

Chahut no llega a esos extremos, al fin y al cabo es un producto original, pero tiene en germen todos los defectos antes citados. Su factura técnica es brillante, su ejecución, sin mácula. Tanto, que el modo en que algunas de las escenas se han resuelto señala a una animador de raza, de esos pocos que saben mirar y admirar el movimiento, para luego traducirlo en dibujos al mismo tiempo verídicos y traidores. Incluso, podría anotarse en el haber de este corto una necesaria sobriedad sonora y visual, que demasiado a menudo se olvida en favor de la pirotecnia atronadora.

Pero aquí queda todo, porque el corto naufraga sin remedio en medio de su propio vacío. No es que, como otras obras, un posible significado sea sepultado bajo capa tras capa de símbolos o de acciones/reacciones contradictorias. Es que simplemente no hay nada y dudo de que realmente lo hubiera alguna vez, aparte de una vaga y confusa llamada a una liberación que no es posible hallar en este mundo, la de un carnaval eterno que no tiene ya lugar en la mañana de una ciudad adormecida y con resaca.

De hecho, el propio corto no parece darse cuenta de las implicaciones trágicas de su supuesto mensaje poético. En realidad, a lo que hemos asistido es al suicidio del personaje principal, probablemente aún borracho tras los excesos de la noche precedente, e incapaz, por tanto, de distinguir entre realidad y fantasía... y quizás deseoso de no hacerlo. Un sinnúmero de posibilidades dramáticas, ocultas tras una anécdota estirada, que el corto se niega a seguir, y que con solo apuntarlas, sugerirlas, le hubieran conferido la solidez y la consistencia, incluso la transcendencia, que ahora mismo no tiene.

No les  entretengo más. Como siempre, les dejo aquí el corto. Lamento la filípica, pero me da bastante rabia ver como se malgastan oportunidades, especialmente cuando el resto de los elementos utilizados eran más que notables, propios de quienes pueden y deben aspirar a más.