jueves, 17 de diciembre de 2015

Diferentes modos de mirar (y III)































Meshes of the Afternoon (1943) de Maya Deren es una categoría cinematográfica en si misma. Es simplemente uno de los pocos cortos experimentales capaces de ser apreciado por el gran público, sin que esto suponga concesión alguna a la galería, ni merma en su rigor estético. Este pequeño milagro se consigue mediante una auténtica catarata de imágenes simbólicas de gran fuerza, engarzadas sobre  una espiral cerrada narrativa de curso riguroso, de manera que a pesar de su evidente condición de enigma insoluble, dejan una impresión indeleble en el espectador.

Un torbellino visual y narrativo, por tanto, como pocas veces se han visto, que fascina y enamora a todos sus primeros espectadores, con la consecuencia de llevarles a ver más cortos de esta directora única... y traer acarreada una compresible decepción. Tales alturas estéticas son casi imposibles de culminar, mucho menos de repetir. Tornan en banal e intranscendente cualquier otro intento posterior, cualquier otra supuesta y pretendida obra maestra.

Se pueden imaginar, por tanto, la emoción con la que esperaba la versión en HD contenida en la compilación de cortos experimentales realizada por Flicker Alley que les vengo comentando. No había visto el corto de Deren desde que lo descubrí una mañana de domingo de hace casi diez años, gracias a la recomendación del entonces director de la extinta publicación digital Tren de Sombras, en la que yo colaboraba. Este deseo por reencontrarme con Meshes of the Afternoon estaba conjugado, no obstante, con cierta aprensión. No sería la primera que uno de mis enamoramientos cinéfilos, repentinos y furibundos, se revela huero, incomprensible, pasados los años.

No ha ocurrido así. La obra magna de Deren me sigue pareciendo una de las obras definitivas del cine, más valiosa y enriquecedora que la cinematografía entera de bastantes grandes maestros, ni que decir tiene, que esas películas-festivales del hype, de las que tantos ejemplos actuales abundan. Sin embargo, si me ha desorientado bastante el modo en que Flicker Alley la ha presentado. Otro ejemplo más de los patinazos de una edición valiosa por su mero contenido, pero que falla en bastantes aspectos esenciales.

Flicker Alley ha preferido optar por una versión más próxima al producto que saliera de las manos de Deren - y su esposo Alexander Hammid, no lo olvidemos - en la que se incluyen algunos planos extras - tengo que comprobarlo -, al mismo tiempo que se elimina la música japonesa con la que este corto había sido visto por generaciones enteras de cinéfilos. No tengo nada que objetar a esta decisión, de hecho el corto gana mucho con el silencio repentino en el que se ve envuelto, pero sí bastante a que no se haya incluido la versión más familiar, con sus música y sus cortos, aunque sólo fuera para poder comparar ambas

Esta exclusión no tendría mayor importancia en una edición barata o espartana, pero sí la tiene, y mucha, en una compilación que se pretende definitiva, pero que como ya les he dicho en otras ocasiones, presenta importantes omisiones en su selección. Únase a esto que no todos los cortos han sido restaurados, ni incluso están en su mejor versión, o que los comentarios con que se acompañan son parcos y pobres, así que se podrán hacer una idea.

Esperemos que el volumen VI de los Treasures From American Film Archives venga a endulzar este mal sabor de boca. Si es que lo llegan a editar, claro.