lunes, 13 de junio de 2011

TDS's archives (I): Waking Life

Para llenar el hueco de los lunes, con textos ya escritos, he decidido empezar a publicar los artículos que desgraciadamente ya no se pueden ver en Tren de Sombras. Empiezo, como se suele decir, por el principio, el primero que públique en esa revista, allá por el año 2003, dedicado a la película de animación Waking Life.

Un texto que demuestra como entonces ya se me veía el plumero animado y como en aquel entonces era capaz de controlar mi irrefrenable prolijidad natural.


Waking Life.
Producción: 2001, USA, Detour Films.
Escrita y Dirigida por Richard Lintlaker
Producida por Jonah Smith, Anne Walker-Mcbay, Palmer West, Tom Pallota
Música de Glover Will y Tosca Tango Orchesta
Animadores: Jason Archer, Paul Beck, John Bruch entre otros.
Voces de Wile Wiggins, Lorelei Lintleker, Trevor Jack Brooks, Glover Gill, Laura Hicks entre muchos otros


Vivimos en un sueño, como decía el clásico, o también como señalaba el obispo Berkeley, allá en el siglo XVIII, la realidad no existe y sólo es un producto de nuestros sentidos. Ése es quizá uno de los  mensajes, el más obvio, que se puede sacar de esta cinta. Y sin embargo, en esta película en la que no se hace más que hablar de filosofía, toda está orientada a su aplicación práctica, a su impacto sobre el mundo, a demostrar como puede influir por el mundo.



No es la primera de sus contradicciones.

Nos encontramos ante una cinta de animación, pero el espectador no avisado se encontrará en un terreno desconocido, ya que no estamos hablando de Disney, ni de animación japonesa, ni tampoco de la ironía y desparpajo de las series americanas destinadas a un público adulto. Estamos hablando de la obra de uno de los maestros del cine independiente Americano, Richard Lintlaker, y si esta cinta es una excepción en el panorama de la animación actual, no lo parece menos en el conjunto de la obra de este autor.

Sin embargo todo no es más que una ilusión, una más en el juego de espejos y espejismos que se descubren en esta película.


En primer lugar por su técnica. Las diferentes escenas que componen la película han sido rodadas en imagen real y luego transformadas en dibujo animado. ¿Una arbitrariedad? Quizás así parezca para la mayoría del público, pero en un mundo en que el dibujo animado, encarnado en los CGI, pretende copiar la realidad hasta el extremo de ser indistinguible de ella, no deja de tener su sentido que, en esta cinta, la realidad sea substituida y disuelta por la ilusión. En el fondo, nos hallamos ante un ejemplo magnífico de adecuación entre forma y fondo, que demuestra asimismo la originalidad del director, al ser utilizado este recurso para plasmar la irrealidad del mundo, sin recurrir a alucinaciones, sueños o flashbacks que revelen un mundo paralelo, el camino tan trillado de las películas de ciencia ficción, horror y misterio.

No es tan extraña esta postura, puesto que no estamos en el terreno de la fantasía. Vivimos en ese mundo, y al igual que su anónimo protagonista, no podemos escapar de él. Por esta razón, la animación varía a lo largo de toda la película, de acuerdo con el grado de consciencia y, casi podríamos decir, compromiso, que el joven experimenta. Pasa desde ser una leve presencia turbadora, intuida en el continuo movimiento de las formas y fondos, en la irrealidad de los colores, a cobrar vida propia, comentando las diferentes visiones del mundo que se nos presentan, para, al final, llegar a hacerse dueña de la realidad, destruyendo la seguridad y conformidad en que el protagonista, y nosotros, nos movemos.

Conformidad. Porque éste es otro de  los puntales de esta película. En este mundo moderno, donde la información nos bombardea continuamente por todos los canales imaginables, la mayor parte del tiempo nos limitamos a vagar, aprendiendo y olvidando, casi simultáneamente, todo tipo de ideas, sin reparar en que se contradigan o en lo que nos demanden. Así se mueve este joven durante toda la primera parte de la película, en todo similar al espectador pasivo que observa desde su butaca, incapaz de establecer un orden en el mundo que sale a su encuentro, hasta que algo, simple, extremadamente simple, le fuerza a cambiar de actitud y salir al encuentro del mundo.


Actuar. Quizás sea esta la tercera clave. Vivimos en la época más apasionante de la historia, afirma, lleno de optimismo, un vagabundo. Algunos críticos americanos ya señalaron la importancia del mensaje de esta película en un mundo post-11/9, inundado por el pesimismo, paralizado por la confusión de ideas y la falta de seguridad. Un mundo en el que es necesario, mas que nunca, el pensamiento aplicado a la acción, puesto que cada una de las visiones que se escuchan exige adoptar una actitud ante el mundo, y todas ellas  parecen apuntar hacia el mismo objetivo. Solidaridad, compromiso, democracia, libertad. Palabras que se escuchan una y otra vez a lo largo de la cinta. Pero esta no es una obra de tesis. Voces discordantes rompen el acuerdo y, como dice uno de los personajes al ver a un anciano encaramado a un poste, “él es todo acción, nosotros todo pensamiento”. Las palabras por sí solas, por muy grandes o importantes que sean, no sirven de nada disociadas del mundo.

No, no es una obra de tesis. El joven protagonista sigue su viaje, sin decantarse por ninguna filosofía ni participar en ella. Solo excepcionalmente se produce y es por que él se ha visto subyugado por la belleza irreal de una mujer encontrada en el camino. Muy al contrario, a medida que avanza la película y se obra el despertar, el falso despertar, del protagonista, se produce una transición del mundo exterior al mundo interior. Al final, la única cuestión importante es el significado de la propia existencia, la única pregunta ante la cual no es posible quedar indiferente o escapar, ya que, una vez planteada, no existen, ni para el joven protagonista, ni para nosotros, una vuelta atrás a la seguridad de la habitación o la comodidad de nuestra butaca. Ni siquiera dominar el sueño/realidad, nos servirá, ni, por supuesto, intentar despertar a la realidad auténtica, si es que ésta existe. Cada intento solo consigue acrecentar la desesperación y, como en la vida, la cinta se detiene en el umbral de la muerte, sin dar una respuesta.


Para concluir, no deja de ser irónico, que en una época en que se acumulan elogios sobre el magro contenido filosófico de algunas obras, una creación como ésta, henchida de pensamiento, original en su forma y planteamiento, haya pasado casi sin pena ni gloria, excepto para unos pocos.

Nadie dijo que la filosofía tuviera que ser fácil... ni agradable.