martes, 14 de junio de 2011

Paradox











Por seguir con esta especie de retractación de mis juicio sobre la temporada actual de anime, vayan a continuación algunas reflexiones sobre Ano Hana, abreviatura de Ano Hi mita Hana no Namae wo Bokutachi mada shiranai, o en cristiano, Aún no nos acordamos del nombre de la flor que vimos aquel día, poético nombre que ya por si sólo bastaría por despertar el interés por esta serie.

Interés que no haría más que acrecentarse al saber que se emite en el espacio Noitamina, un refugio de la buena animación en la TV japonesa, donde regularmente se programan series que no están orientadas al nucleo duro de otakus y que en los últimos años nos han obsequiado con algunas de las series más interesantes del panorama (y algunos patinazo no menos estruendosos).

En el caso de la serie, y como ya debería haberles hecho sospechar el título, esta serie muestra una grave contradicción, que en mi opinión le impide pasar de ser notable a una auténtica obra maestra, o por explicarlo de otra manera, hay secciones magistrales acompañadas de otras que parecen invocar a lo peor del espíritu otaku, sin que los creadores parezcan darse cuenta de la inmensa contradicción que supone yuxtaponer contenidos tan dispares y casi inmiscibles.

Siendo más explícito y recurriendo a las capturas con las que he abierto esta entrada, esta serie, cuyo tema son los problemas de adaptación de un grupo de jovenes tras la muerte en accidente de uno de sus amigos, años atras, muestra una especial sensibilidad a la hora de describir sentimientos y emociones, mediante su representación en expresiones faciales y gestos corporales. Dicho así, puede parecer extraño, pero no es otra cosa que una de las técnica más antiguas de la animación occidental, lo que se llama la character animation, que busca suplir las deficiencias expresivas de toda expresión animada, su incapacidad de replicar las leves mutaciones del rostro de un actor que revelan cruciales transiciones anímicas, mediante la traslación de estos al lenguaje corporal, acompañados del uso del encuadre, la iluminación y el montaje.

Como pueden imaginarse character animation es casi sinónimo de full animation, al requerir que la animación utilice todos sus recursos de representación del movimiento y podía parecer ajena a una tradición, como la del anime, que se caracteriza por el uso exclusivo de la animación limitada, obligada por razones presupuestarias, y de un más que evidente estatismo y rigidez. Sin embargo, todo aquel que haya seguido la evolución de esta escuela, sabe que las secciones más tranquilas se ven rotas por momentos de especial vivacidad y del efecto mágico que provoca esa repentina e inesperada vitalidad en el espectador, especialmente cuando, como es el caso, se destinan a representar gestos aparentemente nimios, pero de importancia crucial en la evolución anímica de los personajes.

¿y dónde están los defectos de esta serie? Pues simplemente en cierto personaje, el espíritu o fantasma de la amiga muerta, que se aparece a uno de los personajes, y que encarna en sí lo peor del complejo moe/kawai que astraga el anime contemporáneo, un carácter cuya única motivación es la de ir por el mundo haciendo cosas monas y cuya edad mental es la de un niño de pecho, cosa que parece que al núcleo duro de otakus les parece el ideal de la mujer de la que enamorarse (ya hablaremos más sobre esto) y que en la serie se intenta justificar un poco, porque esa edad mental se corresponde con la edad en la que murió este personaje.

En resumen, que por un lado tenemos un drama de personajes en el tránsito a la madurez, que intentan librarse de la pesada carga de un suceso trágico, conflicto en cuya descripción la serie casi no tiene igual,  interrumpida en los peores momentos, por ese personaje mono que hace cosas monas y cuya inteligencia es nula, del cual se enamora perdidamente nuestra protagonista, olvidando a las mujeres de verdad que tiene alrededor y que le podrían hacer feliz.

Paradójico en verdad y realmente incompremsible