sábado, 4 de junio de 2011

More is less


Ver el Alice de Disney justo después de haber visto el Alice de Svankmajer no se puede definir de otra forma que una inmensa decepción. O por ser más explícito, como una película puede contar con una animación insuperable aún hoy, a pesar de los ordenadores, tal y como se esperaría de la productora del ratón, y al mismo tiempo ser una adaptación completamente errada, tal y como también se espera de la empresa del ratón.

Vayamos por partes.

Hay egregias obras literarias que, por una razón u otra, han sido presas habituales de un proceso de infantilización, en el que se han ido desvirtuando las intenciones originales, hasta que la relación con el contenido original es poco menos con anecdótica. El caso más famoso es el de Gulliver's Travels, esa despiadada y demoledora sátira contra el género humano, convertida en una historia jocosa sobre diferencias de tamaño, con la que pasar una tarde con los niños. Tal es el caso de Alice's Adventures in Wonderland, esa carga de profundidad disfrazada de relato maravilloso, que en manos de Disney ve desaparecer todo aquello que pudiera agitar conciencias y sembrar dudas, lo cual provoca que, aunque más literal que la versión de Svankmajer,traicione al texto original por completo.

Curiosamente, esta película inaugura una década, la de los años 50 que contiene alguna de las obras más famosas de Disney, a pesar de él, podría decirse. Hay muchas maneras de narrar la biografía del director y empresario americano, pero una de datas podría resumirse en como paulatinamente se va apartando del mundo de animación en el que cosecho sus primeros éxitos, dejando de animar sus cortos para sólo dirigirlos, olvidándose de los cortos para ocuparse de los largos, para finalmente obsesionarse con las emisiones televisivas y los parques de atracciones. Este alejamiento provoca que en los años 50, el estilo de sus largos empiece a modernizarse y actualizarse, en parte también por la influencia de la UPA, dando origen a algunas de las obras más anómalas del estudio, en su aspecto estético.

He dicho en su aspecto estético, porque la influencia de años anteriores y la supervisión del amo se siguen notando, de forma que en obras como Alice in Wonderland, esa absoluta perfección técnica se asimila con los defectos de la casa, que aún hoy siguen produciendo que la obra de Disney se contemple, al menos desde un punto de vista crítico, con una mezcla de profunda admiración y no menos intenso rechazo.

Volviendo a Alice, la obra que abre esa década anómala como digo, lo primero que se observa es que el estilo Disney es especialmente inapropiado al contenido literario que se quiere adaptar, y cuando hablo de estilo Disney me refiero a su diseño de personajes, el que los hace parecer adorables y entrañables, el mundo en que habitan amable y gracioso, lo que entra en conflicto con el hecho de que Alice se ha adentrado en un mundo en el que no valen ninguna de nuestras reglas habituales, y por tanto, esencialmente inquietante y peligroso, como bien reflejaba la película de Svankmajer,

Esta dulcificación del mundo en el que se adentra Alice, desvirtuando la intenciones de Carroll, que sabía demasiado  bien de la crueldad que se esconde tras todos los cuentos infantiles, implica que la película se centre simplemente en los maravilloso del mundo en el que se adentra Alice, apartando la vista de todo lo demás. A esto se une la obsesión de la productora por trufar sus películas con continuas bromas visuales que se superponen a la narración, y que en muchos casos serían perfectamente aplicables a cualquiera de las producciones Disney, convirtiendo a la historia en una mero soporte donde colgar los tics del estudio, sin esforzarse en intentar analizar el texto y seguir las vias que apenas estaban implícitas en él.

¿Importa ésto? Como ya he dicho, la obra es impecable técnicamente, e incluso se podrían pasar las constantes bromas visuales, la omnipresente banda sonora y los constantes números musicales. Todo ello, queramos o no, podría representar otra forma de ver alice, más ligera, más amable, para todos los públicos, como ocurría con el Gulliver de los Fleischer. Sí, todo eso sería perdonable, pero lo que no es perdonable en ningún caso es que se retuerza el personaje de Alice, rebelde por antonomasia contra el mundo racional del que proviene y el irracional en el que se ha adentrado, en la vieja fábula moralística de la joven castigada por su curiosidad.

Ya se sabe, esa curiosidad que te lleva a hacerte preguntas.

Normalmente del género incómodo.