martes, 13 de septiembre de 2016

Leyendo a Camus (VII): L'Etat de siège

LA PESTE: Je suppose que vous m'avez déjà compris. A partir d'aujourd'hui, vous allez apprendre à mourir dans l'ordre. jusqu'ici vous mourriez à l'espagnole, un peu au hasard, au jugé pour ainsi dire. Vous mourriez parce qu'il avait fait froid après qu'il eut fait chaud, parce que vos mulets bronchaient, parce que la ligne des Pyrénées était bleue, parce qu'au printemps le fleuve Guadalquivir est attirant pour le solitaire, ou parce qu'il y a des imbéciles mal embouchés qui tuent pour le profit ou pour l'honneur, quand il est tellement plus distingué de tuer pour les plaisirs de la logique. Oui, vous mourriez mal. Un mort par-ci, un mort par-là, celui-ci dans son lit, celui-là dans l'arène : c'était du libertinage. Mais heureusement, ce désordre va être admi-nistré. Une seule mort pour tous et selon le bel ordre d'une liste. Vous aurez vos fiches, vous ne mourrez plus par caprice. Le destin, désormais s'est assagi, il a pris ses bureaux. Vous serez dans la statistique et vous allez enfin servir à quelque chose. Parce que j'oubliais  de vous le dire, vous mourrez, c'est entendu, mais vous serez incinérés ensuite, ou même avant : c'est plus propre et ça fait partie du plan. Espagne d'abord !

Albert Camus, Estado de Sitio

La Peste: Supongo que ya me han comprendido. A partir de hoy, van a aprender a morir en orden. Hasta ahora morían a la española, un poco al azar, al capricho por así decirlo, Morían porque hacía frío después de hacer calor, por que vuestras mulas se constipaban, porque la línea de los Pirineos estaba azul, porque en primavera, el río Guadalquivir atrae a los solitarios, o porque hay de imbéciles embozados que matan por la ganancia o por el honor, cuándo es más distinguido hacerlo por el placer de la lógica. Si, Uds. morían mal. Un muerto, aquí, otro allá, éste en su lecho, el otro en la plaza: Un libertinaje. Pero afortunadamente, este desorden va a ser administrado. Una única muerte para todos y siguiendo el bello orden de una lista. Tendrán sus expedientes y no morirán por capricho. El destino, desde ahora, se ha asentado y ha abierto sus oficinas. Uds. formarán parte de la estadística y por fin servirán de algo. Se me olvidaba decírselo, Uds. morirán, por supuesto, pero serán incinerados inmediatamente, o incluso antes: es más limpio y forma parte del plan. ¡España ante todo!

Cuando leí por primera vez L'État de siège, allá en mi juventud en los años ochenta, me sentí un tanto defraudado. Viniendo, como todos mis contemporáneos, de leer La peste, esta obra de teatro me parecía ligera y frívola, puesto que la seriedad del tema estaba plasmada con un tono de comedia que me recordaba al teatro de títeres y la farsa, no a la tragedia que debía ser, y que había sido la novela anterior.

Mi apreciación ha cambiado completamente tras esta segunda lectura. En parte porque en mi primer encuentro no llegué a hacer una conexión evidente: que novela y pieza teatral son variaciones sobre un mismo tema. El mismo Camus indica en el prefacio - o advertencia como él lo llama - que la obra es producto de una colaboración con el director teatral Jean-Luis Barrault. Este último llevaba desde 1941 pensando en montar una representación sobre el mito de la peste y al enterarse de que Camus estaba escribiendo una novela sobre el mismo tema, le propuso hacerla entre ambos.

Como Camus advierte, no se trata de una versión teatral de la novela, sino de una reescritura de las ideas que llevaron a concebirla. Aunque ese fondo argumental es el mismo en ambas obras - una ciudad presa de la peste - la plasmación es completamente distinta, en gran parte por la intervenciones escénicas de Barrault que le dan esa artificiosidad teatral - de grand gignol - que tanto me molestaba en mi primera lectura y que ahora me parece tan pertinente. Esa atmósfera de algo representado y fingido, tan opuesta al realismo estricto de la novela, es subrayada por el mismo Camus, quien convierte a la peste - y a la muerte - en dos personajes centrales de la obra, otorgándoles la voz de la que carecían en La Peste.

Allí eran presencias abstractas, irracionales, inalcanzables e impredecibles. Indiferentes al destino de los humanos y semejantes al más puro azar. Aquí sin embargo son fuerzas activas que pretenden una transformación radical del mundo, aunque sea para convertirlo en un inmenso cementerio ordenado de manera racional.

jueves, 8 de septiembre de 2016

El gozne (I)

Schließlich: Das 19-Jahrhundert erfand die Aufzeichnung von Erscheinungen der äußeren Realität durch technische Apparate mittels optischer und chemischer Verfahren. Dies hatte kolossale Folgen für die spätere Erinnerung an die Epoche. Ein Schnitt geht dort durch das Jahrhundert, wo eine Bilddokumentation beginnt, die wir als authentisch anerkennen. Niemand weiß,   wie Ludwig van Beethoven, gestorben an 1827, wirklich aussah, aber wir wissen es von dem schon sterbenskranken Frédéric Chopin, der bis 1847 lebte. Von Franz Schubert gab es nur gemalte Portraits, der fünf Jahre ältere Gioachino Rossini lebte lange genug, um noch im Studio Nadars, des grössen Porträtisten, abgelichtet zu werden.

La transformación del mundo, Jürgen Osterhammel

Finalmente, el siglo XIX descubrió la representación del aspecto de la realidad externa mediante aparatos técnicos que utilizaban procesos químicos y ópticos. Esto tuvo consecuencias radicales para el recuerdo posterior de esa época. Una cisura cruza el siglo, a partir de donde comienza la documentación fotográfica, que reconocemos como auténtica. Nadie sabe, cual era el aspecto real de Ludwig van Beethoven, muerto en 1827, pero conocemos el del ya enfermo de muerte Federico Chopin, que vivió hasta 1847. De Franz  Schubert sólo hay retratos pictóricos, Giacomo Rossini, cinco años mayor, vivió lo suficiente para ser fotografiado en el Estudio Nadar, el gran retratista.

Desde hace ya varios domingos, vengo leyendo el libro del que les he incluido un fragmento. Se trata de una obra monstruo por dos razones: intentar abarcar el "largo" siglo XIX a un nivel mundial y utilizar para ello más de 1300 páginas, además en letra pequeña y apretada. Sin embargo, el principal problema que se le puede reprochar a esta obra no es éste, sino, paradójicamente, que se hace corta. Osterhammel acumula y compara multitud de fenómenos esparcidos por todo el mundo decimonónico, apila y enumera innumerables datos ilustrativos de la realidad de esa época, pero sin llegar a agotarlos, sin pasar de construir una mera introducción, una toma de contacto, detrás de la que se esconde una realidad mucho mayor, que exigiría no ya miles de páginas, sino decenas de miles. Dedicarle la vida completa.

Por ponerles un ejemplo de cuánto cuenta y cuánto se intuye que queda sin decir. Durante decenas de páginas Osterhammel discute una pregunta central en el estudio del siglo XIX. ¿Cuánto abarca? Normalmente se suele considerar que es un siglo "largo", opuesto a uno corto como sería el XX. Abarcaría desde el estallido de la Revolución Francesa en 1789 hasta la catástrofe de la Primera Guerra Mundial en el siglo XIX. Sin embargo, ambos límites son inadecuados, abarcan demasiado y contienen demasiado poco. No son comparables el mundo de 1800 con el mundo de 1900, puesto que la distancia entre ellos es abismal, como si pertenecieran a ámbitos completamente separados. 

martes, 6 de septiembre de 2016

Leyendo a Camus (VI): La Peste

D'ici là, je sais que je ne vaux plus rien pour ce monde lui-même et qu'à partir du moment où j'ai renoncé à tuer, je me suis condamné à un exil définitif. Ce sont les autres qui feront l'histoire. je sais aussi que je ne puis apparemment juger ces autres. Il y a une qualité qui me manque pour faire un meurtrier raisonnable. Ce n'est donc pas une supériorité. Mais maintenant, je consens à être ce que je suis, j'ai appris la modestie. Je dis seulement qu'il y a sur cette terre des fléaux et des victimes et qu'il faut, autant qu'il est possible, refuser d'être avec le fléau. Cela vous paraîtra peut-être un peu simple, et je ne sais si cela est simple, mais je sais que cela est vrai. J'ai entendu tant de raisonnements qui ont failli me tourner la tête, et qui ont tourné suffisamment d'autres têtes pour les faire consentir à l'assassinat, que j'ai compris que tout le malheur des hommes venait de ce qu'ils ne tenaient pas un langage clair. J'ai pris le parti alors de parler et d'agir clairement, pour me mettre sur le bon chemin. Par conséquent, je dis qu'il y a les fléaux et les victimes, et rien de plus. Si, disant cela, je deviens fléau moi-même, du moins, je n'y suis pas consentant. J'essaie d'être un meurtrier innocent. Vous voyez que ce n'est pas une grande ambition.
Il faudrait, bien sûr, qu'il y eût une troisième catégorie, celle des vrais médecins, niais c'est un fait qu'on n'en rencontre pas beaucoup et que ce doit être difficile. C'est pourquoi j'ai décidé de me mettre du côté des victimes, en toute occasion, pour limiter les dégâts. Au milieu d'elles, je peux du moins chercher comment on arrive à la troisième catégorie, c’est-à-dire à la paix.

Albert Camus, La Peste

Desde es momento, sé que no tengo valor alguno para este mundo y que desde el instante en que renuncié a matar, me condené a un exilio definitivo. Otros serán los que hagan historia, sé que no puedo juzgar a los demás. Hay una característica que me falta para ser un asesino razonable. No es un aire de superioridad. Pero ahora, acepto ser lo que soy, he aprendido a ser modesto. Sólo digo que sobre esta tierra hay plagas y víctimas y que es necesario, en la medida de lo posible, negarse a ser la plaga. Le parecerá un poco simple, y no sé si lo es, pero sí que la verdad. He oído tantos razonamientos que han estado a punto de hacerme saltar la cabeza y que a tantas otras les han llevado a consentir el asesinato, que he comprendo que toda la desgracia del hombre viene de que no se habla con claridad. He tomado el partido de hablar y actuar con claridad, de seguir el buen camino. Por consiguiente, digo que hay plaga y víctimas, nada más. Si diciendo esto, me convierto en plaga yo mismo, al menos es sin mi consentimiento. Intento ser un asesino inocente. Puede ver que no es una ambición muy grande.
Sería necesario, por supuesto, que hubiera una tercera categoría, la de los auténticos médicos, aunque de hecho se encuentran pocos y que debe ser difícil. Por ello he decidido de ponerme del lado de las víctimas, en todo momento, para contener los daños. En medio de ellos, puedo al menos buscar como llegar a la tercera categoría, es decir, a la paz.

Para los que tengan ya cierta edad, La Peste fue un libro imprescindible en su juventud. Había que leerlo sí o sí, como base de la formación del carácter, maestro vital, guía política y requisito para la madurez futura. Era considerado como la obra mayor de Camus, punto de inflexión en su carrera literaria, aquella novela en que había descubierto la solidaridad humana y la había plasmado en forma de plan de acción, auténtico manual de conducta. Esta consideración llevaba a curiosas interpretaciones interesadas, como la de los curas de mi colegio, que hacían de Camus un cristiano sin saberlo él y de La Peste, una cristalización del pensamiento moral de esa religión.

Como sabrán la primacía de La Peste dentro de la obra de Camus se atenuado bastante, cediendo en importancia frente a L'Étranger. En nuestra época cínica y desengañada, el supuesto optimismo humanista, pleno de esperanza y solidaridad, de La Peste nos parece bastante fuera de lugar. Sueños ingenuos que sabemos no se pueden plasmar en la realidad, frente a los que preferimos la desesperación y vacío, esa rebelión solitaria sin objeto, motivo o justificaciones que constituyen el núcleo de L'Étranger. El Nihilismo inconsciente como forma y modelo de conducta

Sin embargo, cabe preguntarse si esta dicotomía entre un Camus optimista y uno pesimista, uno desesperado y otro esperanzado, es real o constituye una ilusión intelectual, debida a lo mucho e interesado que se ha hablado de este libro. Cada uno, como se dice, intentando arrimar el ascua a su sardina.

martes, 30 de agosto de 2016

Leyendo a Camus (V): Lettres à un Ami Allemand

Vous dites Europe, mais vous pensez terre à soldats, grenier à blé, industries domestiquées, intelligence dirigée. Vais-je trop loin ? Mais du moins je sais que lorsque vous dites Europe, même à vos meilleurs moments, lorsque vous vous laissez entraîner par vos propres mensonges, vous ne pouvez vous empêcher de penser à une cohorte de nations dociles menée par une Allemagne de seigneurs,  vers un avenir fabuleux et ensanglanté. je voudrais que vous sentiez bien cette différence, l'Europe est pour vous cet espace cerclé de mers et de monta-gnes, coupé de barrages, fouillé de mines, couvert de moissons, où l'Allemagne joue une partie, dont son seul destin est l'enjeu. Mais elle est pour nous cette terre de l'esprit où depuis vingt siècles se poursuit la plus étonnante aventure de l'esprit humain. Elle est cette arène privi-légiée où la lutte de l'homme d'Occident contre le monde, contre les dieux, contre lui-même, atteint aujourd'hui son moment le plus boule-versé. Vous le voyez, il n'y a pas de commune mesure.

Albert Camus, Cartas a un amigo alemán

Decís Europa, pero pensáis en una tierra de soldados, granero de trigo, industrias domesticadas, inteligencia dirigida. ¿Voy demasiado lejos? Pero al menos sé que cuando decís Europa, incluso en vuestros mejores momentos, cuando os dejáis arrastrar por vuestras propias mentiras, no podéis evitar pensar en un séquito de naciones dóciles dirigidas por una Alemania de amos, hacía un porvenir fabuloso y sangriento. Quisiera que os dierais bien cuenta de esta diferencia. Para vosotros, Europa es este espacio cercado de mares y montañas, aislado por diques, trufado de minas, cubierto de cosechas, donde os jugáis la partida, donde sólo se apuesta vuestro destino. Pero para nosotros es la tierra de la inteligencia, donde desde hace veinte siglos se desarrolla la aventura más asombrosa de la mente humana. Es ese espacio privilegiado donde la lucha del hombre occidental contra el mundo, contra los dioses, contra él mismo, alcanza hoy su momento definitivo. Como veis, no hay un terreno común.

Les había comentado con anterioridad que Albert Camus ha sido elevado al rango de Santo Laico, como ejemplo de un humanismo pacifista de izquierdas, apartado y opuesto a los excesos revolucionarios de sus correligionarios. Sin embargo, se suele olvidar que para la cristalización del existencialismo fue fundamental la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, momento en que los escritores de esa generación comienzan a publicar sus primeras obras de importancias, si bien algunos de ellos ya habían empezado un poco antes del conflicto. En el caso de la rama francesa de esa corriente filosófica, ese trauma bélico se puede resumir en dos factores principales: ocupación y resistencia. Presencia constante de un ejército extranjero que aplica su poder de forma arbitraria y cruel, con el objetivo de aplastar cualquier forma de oposición. Lucha contra el ocupante desde la clandestinidad, sin saber quién es amigo, quien es enemigo, quien fiel, quien traidor. En continuo peligro de ser descubierto, denunciado, encarcelado y eliminado.

Lettres à un a un ami allemand son así auténtica literatura de combate. Textos escritos durante el periodo de guerra, en los que Camus justifica la necesidad de la resistencia ante la barbarie nazi. Una resistencia que, no se olvide, no puede ni debe ser pacífica, puesto que se realiza en respuesta a una derrota militar y una ocupación armada. Implica, por tanto, la violencia, el uso de las armas contra ocupantes y colaboradores, así como la posibilidad cierta de la tortura y la ejecución a manos de un enemigo para el cual la humanidad, la clemencia y la indulgencia nunca formaron parte de las reglas del juego.

jueves, 25 de agosto de 2016

Leyendo a Camus (IV): Le Malentendu

MARTHA, après un silence, avec une passion croissante:Tout ce que la vie peut donner à un homme lui a été donné. Il a quitté ce pays. Il a connu d'autres espaces, la mer, des êtres libres. Moi, je suis restée ici. Je suis restée, petite et sombre, dans l'ennui, enfoncée au coeur du continent et j'ai grandi dans l'épaisseur des terres. Personne n'a embrassé ma bouche et même vous, n'avez vu mon corps sans vête-ments. Mère, je vous le jure, cela doit se payer. Et sous le vain prétexte qu'un homme est mort, vous ne pouvez vous dérober au moment où j'allais recevoir ce qui m'est dû. Com. prenez donc que, pour un homme qui a vécu, la mort est une petite affaire. Nous pouvons oublier mon frère et votre fils. Ce qui lui est arrivé est sans importance : il n'avait plus rien à connaître. Mais moi, vous me frustrez de tout et vous m'ôtez ce dont il a joui. Faut-il donc qu'il m'enlève encore l'amour de ma mère et qu'il vous emmène pour toujours dans sa rivière glacée ?

Albert Camus, El malentendido

Marta: (tras un silencio, con creciente apasionamiento) Todo lo que la vide puede dar a un hombre se le ha dado. Abandonó este país, conoció otros lugares, el mar, seres libres. Yo quedé aquí. Yo me quede, pequeña y sombría, en el hastío, hundida en el corazón del continente y crecí en el espesor de la tierra. Nadie ha besado mi noca y ni siquiera ud, madre, ha visto mi cuerpo desnudo. Madre, se lo juro ¡eso debe pagarse! Y con el vano pretexto de que un hombre ha muerto, no puede ud, abandonarse en el momento que iba a recibir lo que se me debe. Podemos olvidarnos de mi hermano y su hijo. Lo que le ha sucedido es irrelevante: no había nada más que debíamos saber. Pero a mi, ud me hunde por completo y me hurta lo que el ha disfrutado. ¿Era preciso que también me arrebate el amor de mi madre y que os arrastre para siempre a su río helado?

Le Malentendu marca una cierre en la producción literaria de Camus. Publicada originalmente junto con Caligula - de hecho el volumen que las contiene se llama El malentendido seguido de Calígula - se suele considerar que la primera obra es posterior a la segunda. Lo cierto es que conceptualmente con El malentendido se alcanza el límite, mejor dicho, el fondo, del estudio del hombre absurdo realizado por Camus. En El Extranjero se producía el descubrimiento del absurdo y la indiferencia del mundo, en El Mito de Sísifo se buscaba el medio de vivir en ese mundo al que habíamos sido arrojados y al que no pertenecíamos, mientras que en Calígula se ilustraban los riesgos que ese modo de vida tenía cuando se conjugaba con el poder absoluto. Sin embargo, El Malentendido va un paso más allá, ya que esta vez el horror surge cuando la frustración, la impotencia, el desaliento y la desesperación obscurecen aún más este mundo en que vivimos.

Sin embargo, a mi entender hay un defecto insalvable que lastra por completo esta última obra dedicada al absurdo. Se trata de que utiliza un recurso manido, el del reencuentro, la anagnórosis que decían los griegos, entre familiares que se habían separado hacía largos años y habían devenido completos extraños, incapaces ya de reconocerse. Es cierto que Camus da la vuelta a ese tópico teatral tan antiguo como el mismo teatro, puesto que ese reencuentro no confluye en reconciliación, sino en catástrofe. Las vidas de los protagonistas han divergido tanto que el mero hecho inocente de que sus trayectorias se crucen lleva a un malentendido, el del título, sin resolución posible, fuera de la catástrofe y la muerte. 

Y para los supervivientes que queden, la desesperación sin término.

sábado, 20 de agosto de 2016

Leyendo a Camus (III): Caligula

CALIGULA: Tu as raison. Je voulais seulement savoir si tu pensais comme moi. Couvrons-nous donc de masques. Utilisons nos mensonges. Parlons comme on se bat, couverts jusqu'à la garde. Cherea, pourquoi ne m'aimes-tu pas ?
CHEREA: Parce qu'il n'y a rien d'aimable en toi, Caïus. Parce que ces choses ne se commandent pas. Et aussi, parce que je te comprends trop bien et qu'on ne peut aimer celui de ses visages qu'on essaie de masquer en soi. 
CALIGULA: Pourquoi me haïr ?
CHEREA: Ici, tu te trompes, Caïus. Je ne te hais pas. Je te juge nuisible et cruel, égoïste et vaniteux. Mais je ne puis pas te haïr puisque je ne te crois pas heureux. Et je ne puis pas te mépriser puisque je sais que tu n'es pas lâche.
CALIGULA: Alors, pourquoi veux-tu me tuer ?
CHEREA: Je te l'ai dit : je te juge nuisible. J'ai le goût et le besoin de la sécurité. La plupart des hommes sont comme moi. Ils sont incapables de vivre dans un univers où la pensée la plus bizarre peut en une seconde entrer dans la réalité - où, la plus part du temps, elle y entre, comme un couteau dans un cœur. Moi non plus, je ne veux pas vivre dans un tel univers. Je préfère me tenir bien en main. 

Albert Camus, Caligula

CALIGULA: Tienes razón. Sólo quería saber si pensabas como yo. Pongámonos entonces las máscaras. Hagamos uso de nuestras mentiras. Hablemos como si nos batiésemos, protegidos hasta la cabeza. Querea: ¿Por qué no me amas?
QUEREA: Porque no hay nada que amar en tí, Cayo. Porque eso no se ordena. Y asímismo, porque te entiendo demasiado bien y no se puede amar a quien muestra el rostro que uno mismo intenta ocultar.
CALIGULA: ¿Por qué me odias?
QUEREA: En eso te equivocas, Cayo. No te odio. Te considero dañino y cruel, egoísta y vanidoso. Pero no te puedo odiar porque no creo que sea feliz. Y no puedo despreciarte porque sé que no eres un cobarde.
CALIGULA: Entonces ¿Por qué quieres matarme?
QUEREA: Ya te lo he dicho, te considero dañino. Amo y necesito la seguridad. La mayor parte de los hombres son como yo. Son incapaces de vivir en un mundo donde el pensamiento más extraño puede hacerse realidad en un segundo - donde entre, la mayoría de las veces, como un cuchillo en el corazón. Yo tampoco quiero vivir en ese universo. Prefiero tenerlo todo controlado.

En Caligula, Camus continúa su investigación sobre qué significa vivir en un mundo que es esencialmente absurdo y donde el único acto consecuente es aceptar ese mismo absurdo, seguir sus reglas, convertirlas en las tuyas. Negar, en definitiva, el efecto deletéreo de ese absurdo sobre nuestra persona y nuestras acciones, convirtiéndose en su agente para luchar contra él usando sus propias armas. Caligula, no obstante, es también una obra de combate, escrita en tiempo de guerra como acto de resistencia contra la ocupación nazi. Porque en ella de lo que se trata es del uso arbitrario del poder, de su utilización sin límites, cortapisas o miramientos. En este caso, por un exponente de ese tipo de hombre absurdo con el que había teorizado en las obras anteriores.

Esa intencionalidad política es manifiesta desde un principio, puesto que ese uso ilimitado del poder lleva inevitablemente al abuso, el exceso, la arbitrariedad y el crimen. Su conclusión es la dictadura, el totalitarismo y el terror organizado, independientemente de los justas y necesarias que fueran las intenciones de partida. Sin embargo, aquí se detienen la similitudes entre la ocupación nazi, cuyas acciones, por definición, no se sometían a ley alguna excepto las que permitieran mantenerla mediante el terror, con la denuncia en la ficción de ese uso ilimitado de la fuerza, el poder y la violencia. Porque Caligula, el protagonista de su tragedia, es un personaje tan humano como cualquiera de nosotros. 

Sometido al sueño de la fe y la esperanza. A los errores y desilusiones que se derivan de querer hacer realidad sus ideales.

lunes, 15 de agosto de 2016

Leyendo a Camus (II): Le Mythe de Sisyphe

Mais que signifie la vie dans un tel univers ? Rien d'autre pour le moment que l'indifférence à l'avenir et la passion d'épuiser tout ce qui est donné. La croyance au sens de la vie suppose toujours une échelle de valeurs, un choix, nos préférences. La croyance à l'absurde, selon nos définitions, enseigne le contraire. Mais cela vaut qu'on s'y arrête.
Savoir si l'on peut vivre sans appel, c'est tout ce qui m'intéresse. Je ne veux point sortir de ce terrain. Ce visage de la vie m'étant donné, puis-je m'en accommoder ? Or, en face de ce souci particulier, la croyance à l'absurde revient à remplacer la qualité des expériences par la quantité. Si je me persuade que cette vie n'a d'autre face que celle de l'absurde, si j'éprouve que tout son équilibre tient à cette perpétuelle opposition entre ma révolte consciente et l'obscurité où elle se débat, si j'admets que ma liberté n'a de sens que par rapport à son destin limité, alors je dois dire que ce qui compte n'est pas de vivre le mieux mais de vivre le plus. Je n'ai pas à me demander si cela est vulgaire ou écoeurant, élégant ou regrettable. Une fois pour toutes, les jugements de valeur sont écartés ici au profit des jugements de fait. J'ai seulement à tirer les conclusions de ce que je puis voir et à ne rien hasarder qui soit une hypothèse. À supposer que vivre ainsi ne fût pas honnête, alors la véritable honnêteté me commanderait d'être déshonnête.

Albert Camus, El mito de Sísifo

¿Pero qué significa la vida en ese universo? Nada menos que la indiferencia ante el porvenir y la pasión de agotar todo lo que se nos dé. Creer en el sentido de la vida siempre supone una escala de valores, una elección, nuestras preferencias. La creencia en el absurdo, según nuestra definición, muestra lo contrario. Merece la pena detenerse aquí.
Saber si se puede vivir sin vocación es todo lo que me interesa. No quiero salir de este terreno. Dando por supuesto este aspecto de la vida, ¿puedo encontrar un acomodo? Porque, ante esta preocupación particular, la creencia en el absurdo viene a reemplazar la calidad de las experiencias por su cantidad. Si me convenzo de que este vida no tiene otro rostro que el del absurdo, si siento que todo su equilibrio se sostiene por la perpetua oposición entre mi rebelión consciente y la obscuridad en la que se debate, si admito que mi libertad no tiene otro sentido que en relación a su destino limitado, entonces debo decir que lo que cuenta no es vivir mejor, sino vivir más. No tengo que preguntarme si esto es vulgar o repulsivo, elegante o lamentable. De una vez por todas, todo juicio de valor debe ser puesto a un lado a favor de los juicios de hecho. Sólo tengo que extraer las conclusiones de lo que puedo ver y no debo aventurarme en hipótesis. Si se supusiera que vivir así no es honesto, entonces la auténtica honestidad me exigiría ser deshonesto.

Les comentaba, en la primera entrada de esta serie, que L'Étranger me dejaba un poco frío, a pesar de su fama y de su importancia. Lo que le ocurría al protagonista de la novela me resultaba bastante lejano, incluso aunque parte de lo que el sentía y experimentaba era similar a mi manera de sentir y vivir en ese mundo. En concreto, esa extrañeza existencial que te hace sentir aparte del mundo, un cuerpo extraño en un organismo universal, del que pronto será rechazado y eliminado.

Sin embargo, me ocurre todo lo contrario con Le Mythe de Sisyphe. Cuando lo leí por primera vez - haciendo guardia de cuartelero en el servicio militar, no se lo pierdan -, me dio la impresión de estar escrito con fuego, de ser un torbellino que me arrastraba y consumía... con mi completo consentimiento y aprobación. Exagero, obviamente, pero aún hoy, desengañado y desesperanzado, me siguen quemando la mano los rescoldos que he encontrado en esta nueva lectura.

Simplemente, ocurre que la pregunta que se sigue planteando Camus en este ensayo sigue siendo la misma que me obsesionaba en mi juventud y a la que no he conseguido encontrar respuesta. ¿Por qué vivir? ¿Para qué nos obligamos a levantarnos todas las mañanas, realizar un trabajo, relacionarnos con nuestros semejantes? ¿Que sentido tiene este afán de simular que somos felices y que la existencia tiene un sentido? Porque si no lo tiene, y para Camus y para mí la respuesta es completamente negativa, la única acción lógica y honorable es la del suicidio. 

Poner término a este ridículo e infructuoso caminar en círculos al que nosotros mismos nos hemos condenado.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Viejos conocidos

El almuerzo de los remeros, Auguste Renoir
En el Caixaforum madrileño se puede visitar en estos meses una amplia selección de los fondos de la Colección Phillips de Washington DC. No es la primera vez que esa institución americana nos visita. Ya lo hizo en los años 90, entonces en las salas del MNCARS y con un invitado excepcional: El almuerzo de los Remeros, arriba ilustrado, de Augusto Renoir.

Obviamente, era mucho pedir que en esta ocasión volvieran a prestar ese cuadro excepcional, así que a pesar de las ganas que tenía de volver a verlo no me queda otra que resignarme. Sin embargo, dado que no compré el catálogo de la otra exposición aunque varias veces estuve a punto de hacerlo, no puedo juzgar si el resto de lo que trajeron era mejor o más representativo que lo que se puede ver ahora. Si les diré que no guardo un recuerdo claro, ni para bien ni para mal, de la primera muestra. Quizás porque en aquel entonces yo me guiaba por los nombres más famosos, sin haber descubierto aún la importancia de las carreteras secundarias en el arte... ni contar con el criterio o la experiencia para explorarlas.

Lo que queda bien a las claras es que esta colección, como la de gran parte de los museos de los EEUU, pertenece a un marco histórico muy preciso: el del auge económico de ese país en su camino hacia la hegemonía económica. Las riquezas acumuladas en manos privadas a finales del siglo XIX  principios del XX condujeron a que una buena parte del patrimonio artístico europeo migrase hacia el otro lado del Atlántico. No sólo el que podríamos llamar clásico y que estaba consagrado por la academia de aquel tiempo como digno de admirar y de continuar, sino también el de las vanguardias más avanzadas y tumultuosas, cuya adquisición permitía a los magnates en ascenso distinguirse de los demás también en su gusto artístico.

jueves, 4 de agosto de 2016

Nuevas visiones

Margaritas, Gustave Caillebotte
Cuando se piensa en el pintor impresionista Gustave Caillebotte, su obra suele quedar reducida a dos cuadros muy famosos: Los acuchilladores de Parqué y Calle de Paris, día lluvioso, ambas pertenecientes a la década de ruptura y triunfo de los impresionistas. Por otra parte, aunque ambas pinturas comparten la inmediatez y el gusto por la vida diaria de ese movimiento, su pincelada no deja de ser demasiado pulida para lo que Renoir o Monet estaban haciendo en esas mismas fechas. Caillebotte sigue terminando demasiado sus obras, a pesar de ser un moderno, lo que le coloca en una posición periférica del movimiento impresionista.

Precisamente lo que permite la otra - ya les hablé de la una - exposición abierta en la Thyssen, Caillebote, pintor y jardinero,  es romper esa dependencia de un pintor con sus obras más famosas, como si pintadas ellas, hubiera dejado de ser pintor, perdido para siempre su talento, su mirada y su brillo. Lo que se descubre en esta exposición, por el contrario, es un artista que siguió buscando  caminos nuevos, aunque estos le apartasen de lo que se consideraba su mejor producción. O quizás debido precisamente a esto, y no le quedase otro remedio que huir de sí mismo para evitar ser encasillado y malinterpretado, como desgraciadamente ocurrió con el juicio de la posteridad.

martes, 2 de agosto de 2016

Carreteras Secundarias

Caravaggio, Martirio de Santa Ursula
La exposición Caravaggio y los pintores del norte, que se puede visitar ahora en el Museo Thyssen, vale la pena sólo por este cuadro, el Martirio de Santa Ursula del pintor que da nombre a la muestra. Es una de sus mejores obras y además, de esas poco vistas por el aficionado, más acostrumbrado a su etapa inicial romana, por la facilidad de visitarla in situ, y menos a la producción del tiempo de fuga y exilio por Nápoles y Sicilia. 

En esa segunda fase, la pintura de Caravaggio se vuelve mas dura y al mismo tiempo más difusa. Si en Roma la luz esculpía las figuras haciéndolas surgir de la obscuridad, hasta crear imágenes semejantes a esculturas perfectas, en Sicilia y Nápoles esa misma luz extrae sólo detalles aislados, incluso incoherentes, llegando esa fiereza a convertir el cuadro casi en ilegible. Basta fijarse en la armadura del personaje del borde derecho, reducida a unas manchas blancas que simulan los reflejos de la luz casi cenital, y que sin embargo, a pesar de su abstracción radical, consiguen crear la ilusión del metal que lo cubre de pies a cabeza. Otro detalle típico de esta nueva manera de Caravaggio son los rostros de los dos personajes de la izquierda, comidos por las sombras, uno apenas identificable por sus ojos y frente iluminadas, el otro con la boca y los ojos convertidas en cavernas de obscuridad insondable.

Audacias pictóricas que llegan a su cumbre con dos detalles aún más desconcertantes, si cabe. Por un lado, la mano que aparece en el centro de la escena, que parece que quisiera parar la flecha que acaba de atravesar a la Santa,  pero que al mismo tiempo, parece no pertenecer a ninguno de los personajes, ser parte de un milagro fallido, de una intervención divina que no tuvo éxito. Por otro lado, la palidez cadavérica de la Santa, como si ya llevara muerta varias horas, incluso días, y la escena que estamos presenciando fuera sólo un trámite necesario para hacer conocer su martirio al mundo. Esa violencia extrema que presenciamos no sería así otra cosa que una representación, una escena más ya ensayada dentro de la tragedia divina.