martes, 30 de agosto de 2016

Leyendo a Camus (V): Lettres à un Ami Allemand

Vous dites Europe, mais vous pensez terre à soldats, grenier à blé, industries domestiquées, intelligence dirigée. Vais-je trop loin ? Mais du moins je sais que lorsque vous dites Europe, même à vos meilleurs moments, lorsque vous vous laissez entraîner par vos propres mensonges, vous ne pouvez vous empêcher de penser à une cohorte de nations dociles menée par une Allemagne de seigneurs,  vers un avenir fabuleux et ensanglanté. je voudrais que vous sentiez bien cette différence, l'Europe est pour vous cet espace cerclé de mers et de monta-gnes, coupé de barrages, fouillé de mines, couvert de moissons, où l'Allemagne joue une partie, dont son seul destin est l'enjeu. Mais elle est pour nous cette terre de l'esprit où depuis vingt siècles se poursuit la plus étonnante aventure de l'esprit humain. Elle est cette arène privi-légiée où la lutte de l'homme d'Occident contre le monde, contre les dieux, contre lui-même, atteint aujourd'hui son moment le plus boule-versé. Vous le voyez, il n'y a pas de commune mesure.

Albert Camus, Cartas a un amigo alemán

Decís Europa, pero pensáis en una tierra de soldados, granero de trigo, industrias domesticadas, inteligencia dirigida. ¿Voy demasiado lejos? Pero al menos sé que cuando decís Europa, incluso en vuestros mejores momentos, cuando os dejáis arrastrar por vuestras propias mentiras, no podéis evitar pensar en un séquito de naciones dóciles dirigidas por una Alemania de amos, hacía un porvenir fabuloso y sangriento. Quisiera que os dierais bien cuenta de esta diferencia. Para vosotros, Europa es este espacio cercado de mares y montañas, aislado por diques, trufado de minas, cubierto de cosechas, donde os jugáis la partida, donde sólo se apuesta vuestro destino. Pero para nosotros es la tierra de la inteligencia, donde desde hace veinte siglos se desarrolla la aventura más asombrosa de la mente humana. Es ese espacio privilegiado donde la lucha del hombre occidental contra el mundo, contra los dioses, contra él mismo, alcanza hoy su momento definitivo. Como veis, no hay un terreno común.

Les había comentado con anterioridad que Albert Camus ha sido elevado al rango de Santo Laico, como ejemplo de un humanismo pacifista de izquierdas, apartado y opuesto a los excesos revolucionarios de sus correligionarios. Sin embargo, se suele olvidar que para la cristalización del existencialismo fue fundamental la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, momento en que los escritores de esa generación comienzan a publicar sus primeras obras de importancias, si bien algunos de ellos ya habían empezado un poco antes del conflicto. En el caso de la rama francesa de esa corriente filosófica, ese trauma bélico se puede resumir en dos factores principales: ocupación y resistencia. Presencia constante de un ejército extranjero que aplica su poder de forma arbitraria y cruel, con el objetivo de aplastar cualquier forma de oposición. Lucha contra el ocupante desde la clandestinidad, sin saber quién es amigo, quien es enemigo, quien fiel, quien traidor. En continuo peligro de ser descubierto, denunciado, encarcelado y eliminado.

Lettres à un a un ami allemand son así auténtica literatura de combate. Textos escritos durante el periodo de guerra, en los que Camus justifica la necesidad de la resistencia ante la barbarie nazi. Una resistencia que, no se olvide, no puede ni debe ser pacífica, puesto que se realiza en respuesta a una derrota militar y una ocupación armada. Implica, por tanto, la violencia, el uso de las armas contra ocupantes y colaboradores, así como la posibilidad cierta de la tortura y la ejecución a manos de un enemigo para el cual la humanidad, la clemencia y la indulgencia nunca formaron parte de las reglas del juego.


Lo vuelvo a repetir. Se trata de otro Camus muy distinto al que nos han hecho creer, pero muy similar al de su obra anterior y posterior. Hay que recordar que el núcleo de su pensamiento es precisamente el descubrimiento del absurdo del mundo, lo que otros llamarían el "mal", sino fuera porque ese mundo absurdo no tiene voluntad ni consciencia, no nos es hostil ni indiferente por decisión propia, sino simplemente porque es, está y existe, por su propia esencia. Frente a ese vacío, Camus escogía la acción y la rebelión. Si el mundo no tiene sentido, creémoslo nosotros, elijamos uno y luchemos sin descanso para conseguir su plasmación en la realidsd.

Esa selección libre de un sentido no significa que se pueda, ni se deba elegir cualuiqer sentido. Al tratarse de una elección personal implica necesariamente la exclusión de cualquier filosofía y religión que intente imponer el suyo de manera obligatoria, que impidad que cada uno de nosotros elija libremente su camino, según su consciencia y convencimiento. Tal sería el caso, por ejemplo, de la religión dogmática, para la que el hombre debe amoldarse a unos dogmas externos sin otra justificación que constituir la voluntad de un dios, o unos dioses, que sabemos que no existen. Tal sería también, en esta ocasión y este texto, el caso del fascismo en general, y del nazismo, en particular.

Para Camus, el objetivo de  la filosofía nazi es muy simple, pero no por ello menos aterrador. Se trata de una ideología eminentemente nacionalista expresada en términos raciales. Pretende convertir a sus ciudadanos en soldados al estilo espartano, engranajes mudos e irracionales dentro de una maquinaria bélica que tiene por objetivo implantar la hegemonía alemana en todo el continente europeo. Una Europa que no se considera habitada por iguales, ni por naciones aliadas, sino poblada por súbditos, un almacén rebosantes de recursos que están ahí para que la raza superior los utilice a su antojo, sin importarle las consecuencias para los esclavos a su servicio.

El nazismo es así un sistema creado para la guerra, cuyo sentido se define, resume y agota en ella. Concibe el mundo como fortaleza y no ve otra forma de relacionarse con él fuera de la destrucción o la crueldad. Son características inherentes a ese sistema frente a las cuales no queda otra opción decente que la oposición y el combate. Sea con las palabras, con las acciones, incluso con las armas.

Para que al menos quede constancia de que el mundo no es suyo. Que no tienen razón, nunca la han tenido y nunca la tendrán.