...la ciudad (Atenas) necesitaba importarlo absolutamente todo, y de ciudad que era pasó a ser una plaza fuerte. De día, los atenienses montaban guardia por turnos en las fortificaciones y, de noche, la hacían todos a excepción de la caballería, unos en los distintos puestos de guardia y otros en las murallas, y sufrían penalidades tanto en invierno como en verano . Pero lo que sobre todo les tenía cogidos era el hecho de sostener dos guerras al mismo tiempo, y habían llegado a una exaltación bélica tal que antes nadie hubiera creído que fuera posible si hubiera oído hablar de ella. Porque, a pesar de que ellos mismos sufrían el cerco de los peloponesios con una fortificación en su territorio, ni aun así se retiraron de Sicilia, sino que, a su vez, impusieron allí un cerco semejante a Siracusa, una ciudad que por sí misma no era en nada inferior a Atenas. Y hasta tal punto sorprendieron a los griegos respecto a su poderío y audacia (por cuanto al principio de ía guerra algunos consideraban que los atenienses resistirían un año, otros que dos, y otros que tres años, pero ninguno les daba un período más largo si los peloponesios invadían su territorio), que al año decimoséptimo de la primera invasión marcharon a Sicilia, cuando en todos los aspectos ya se encontraban agotados por la guerra, y se cargaron con el nuevo peso de una guerra en nada inferior a la que ya sostenían con el Peloponeso. Por todo ello, debido a los muchos daños provocados por Decelia y a los otros considerables gastos que se les vinieron encima, también en esta ocasión se vieron en la penuria financiera.
Tucidides Historia de la Guerra del Peloponeso
Cuando escribía mis comentarios sobre la narración de la expedición ateniense a Sicilia, me di cuenta que estaba dejando fuera la impresión que la lectura el relato de Tucidídes me producía ... y eso que describir ese impacto había sido precisamente el motivo de esa entrada. A estas alturas, he leído ya cuatro veces la Historia de la Guerra del Peloponeso, la primera en una una inmensa compilación de obras grecolatinas impresa en letra diminuta y a dos columnas, que saque de la biblioteca popular de Cuatro Caminos. La segunda y tercera fueron en una de las ediciones baratas de Alianza Editorial, de ésas de tapa blanda que enseguida se deshacía y en la que notas e introducción estaban reducidas al mínimo imprescindible. La última visita, por ahora, ha sido en la versión de cuatro volúmenes de la editorial Gredos en la que hay páginas donde sólo hay dos líneas de texto escritas por Tucidides, mientras que el resto son notas que comentan los detalles más nímios y triviales de la época. Por ejemplo, los sistemas de cerrajería, algo que, lo crean o no, es esencial a la hora de entender alguna operación militar.
Sin embargo, a pesar de la multiplicidad de versiones y traducciones, de haberlo leído en muy diferentes épocas de mi vida, antes de entrar en la universidad, después de titularme en la escuela de Teleco, ahora mismo, que ya empiezo a ser un hombre más que maduro en años y desengaños, la impresión ha continuado siendo la misma. A pesar de saber perfectamente lo que va a pasar, que los atenienses serán derrotados y que esta derrota será catastrófica, definitiva e inapelable, me encuentro imaginando, anhelando, que quizás ahora los protagonistas tomarán una decisión distinta a la histórica, que la cadena inexorable de casualidades se quebrará en algún instante, que la suerte sonreirá a los perdedores y conseguirán salvar algo del desastre, aunque sólo sea sus vidas.
Que la historia se modificará ante mis ojos.

























