lunes, 2 de mayo de 2016

La libertad




















A falta de ver el Kidou Senshi Gundam original de 1979, mis encuentros con otras series de la larga inmensa franquicia no han sido muy afortunados. Gundam Seed (2002) era un despropósito de principio a fin, en donde todo lo que ocurría parecía diseñado para poner palos en las ruedas de los protagonistas, así que no me quedaron muchas ganas de ver su continuación, Destiny. Gundam 00 (2007) proponía un mundo futuro fascinante, tanto en lo técnico como en lo político, pero casi en seguida se perdía por los caminos del melodrama desaforado y el espectáculo circense. 

Por otra parte, Gundam Unicorn (2010) tenía un arranque modélico, con referencias narrativas y estéticas a otros tiempos del anime, pero nuevamente lo echaba a perder con supuestos conflictos metafísicos que en realidad no eran más que comeduras de coco propias de la edad del pavo. Incluso un hito en la historia del anime como Turn A Gundam (1999), realizado por el creador de la serie original, Tomino Yoshishuki, malgastaba su metraje en historias paralelas que no venían a cuento, para verse luego forzado a cerrar su narración principal deprisa y corriendo, sin llegar a rematar ni concluir las diferentes posibilidades apuntadas.

Con estos antecedentes, pueden imaginarse que mi interés por nuevas entregas es próximo a cero, de manera que en cada temporada suelo eliminar de mi lista de para ver todo aquello que contenga la palabra Gundam en su título. Por ello, cuando el año pasado se comenzó a emitir, Gundam: Iron Blooded Orphans, no le presté ninguna atención, más aún cuando el hecho de que el reparto fuera en su mayoría menor de edad, cuando no infantil, me llevaba a creer que se trataba de una de esas habituales adaptaciones recientes para un público más joven que el de la serie original, en donde se substituye la dureza y la complejidad del modelo por el habitual conjunto de bromas, tics y clichés que se supone corresponde a estas edades.

Pues bien, me había equivocado. Me atreví a revisar Gudam IBO tras haber leído en la Internet recomendaciones de personas cuya opinión respeto - aunque eso no quiera decir que la comparta -, y debo decir que me he llevado una gran sorpresa. No es que sea una serie perfecta, ya que de vez en cuando se cuelan algunos de los vicios recientes del anime - y aún queda tiempo y capítulos para que todo se frustre -, pero estos no son de ninguna manera el centro de la narración,  enfocada en crear un mundo futuro coherente y verosímil en donde tienen la primacía los conflictos sociopolíticos. En resumen, un mundo con una fuerte división en clases, donde unas élites con su sede en el planeta tierra gobiernan - y explotan - una laxa colección de colonias en estaciones orbitales y otros planetas del sistema solar, con muy diferentes relaciones políticas y comerciales con la metrópoli fundadora.

Esta relaciones varían desde la dependencia directa del gobierno central, la condición de mera colonia comercial, o la empresa de independiente que oscila entre la piratería y el intercambio, la mafia y la economía sumergida. En resumidas cuentas, la extensión de este imperio solar y la dificultad de las comunicaciones han llevado a que el gobierno central delegue gran parte de sus responsabilidades de gobierno en las empresas y autoridades locales, ocupándose sólo de recaudar impuestos y de reprimir cualquier sublevación mediante el uso indiscriminado y aplastante de la fuerza militar. Fuera de esas obligaciones de obediencia y contribución, esas autoridades subordinadas pueden hacer lo que les plazca, sea explotar a sus trabajadores hasta la muerte, utilizar niños soldados para sus guerras particulares o embarcarse en experimentos biológicos sin reparar en objeciones legales o morales.  

El mundo de Gundam IBO se caracteriza así por una dureza y un cinismo extremo, donde la muerte es una presencia cotidiana y la existencia consiste en luchar por la supervicencia, en matar para no resultar muerto. Esta premisa justifica el nombre de esta nueva entrega, esos huérfanos de hierro, dotándola de un pesimismo que evita la caída en esos excesos modernos a los que hacía referencia, aunque algunos de los antiguos, como la exageración melodramátrica sigan bien presentes. No obstante, a pesar de la negrura subyacente a toda su narración, centrada en una serie de niños soldados a los que un cúmulo de circunstancias les permite obtener una cierta independencia y libertad, la serie tiene un claro objetivo optimista o al menos se permite soñar con una posible esperanza, que no sabemos aún si llegará a hacerse realidad o se revelará espejismo.

Porque la misión que estos niños/jóvenes soldados tienen, una vez recuperada su frágil libertad, es precisamente la de escoltar a uno de los líderes independentistas de Marte hasta la tierra. Un viaje lleno de peligros cuyo destino final es la revolución, la destrucción de un sistema injusto y cruel que mantiene sometida y esclavizada a la mayor parte de la humanidad. Considerándola apenas como peones y herramientas prescindibles para aquellos que gobiernan desde lo alto y disfrutan de todos los privilegios posibles.