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| Estatua Orante de Pedro I de Castilla |
En la entrada anterior de mi revisión del nuevo montaje del MAN me quedé sin espacio cuando le llegaba el turno a las salas dedicadas a los reinos cristianos medievales. No obstante, esta detención aunque casual, ha sido muy oportuna. ya que remeda la que el propio MAN ha buscado en su narración de la historia peninsular. El hecho que se busca subrayar con esta interrupción es que la España actual es heredera directa de esos reinos medievales, siendo su evolución pareja a la del resto de la cristiandad occidental, hecho que incluso ahora, en estos tiempos laícos cuando no de negación directa de la divinidad, sigue pesando sobre nosotros.
Por esa razón, haberse llevado las colecciones medievales cristianas, junto con las de la edad moderna, a las nuevas salas de la planta primera, aisladas así del resto del objeto, es una decisión muy apropiada, ya que anuncia el comienzo de un tiempo nuevo: cómo la península Ibérica acabó integrada en el occidente cristiano, revertiendo un proceso de integración en el Islám que a principios del siglo X parecía una conclusión hecha y que durante los siglos XI y XII se mantuvo como una posibilidad.
Dejando esto a un lado, esta cisura espacial denota también un cambio en el origen de los objetos expuestos que ya les había comentado referente a las salas visigóticas y árabes. No estamos tratando ya, salvo excepciones, con objetos encontrados en excavaciones arqueológicas, sino con artefactos rescatados de edificios en ruina o derribados, o con conjuntos procedentes de colecciones nobiliarias y reales. O por redundar más aún en esta idea, no hablamos de artefactos culturales de civilizaciones desaparecidas, perdidos y vueltos a recuperar, sino de materiales que una civilización consideró valiosos como signos de identidad, para así ser salvados de la destrucción que les amenazaba... o ser reconstruidos cuidadosamente si esta se había producido.

























