domingo, 24 de mayo de 2015

La Lista de Beltesassar (XCVI): Blowhard (1978) Brad Caslor y Christopher Hinton


















Como todos los domingos, continúo mi con revisión de la lista de cortos animados realizada por el misterioso profesor Beltesassar. Esta vez ha llegado el turno a Blowhard, corto realizado en 1991 por los animador canadienses Brad Caslor y Christopher Hinton.

Caslor es más conocido por su corto posterior Get a Job (1985), donde realizaba un sentido homenaje a la Warner de los años 40 - Camplett y Avery - con grandes doses de cinismo y amargura en su adaptación al presente de su país. Hinton, por otra parte, ha oscilado entre la animación puramente vanguardista, como es el caso de Flux (2002), y otra más tradicional y accesible, caso de Backfly (1991). Blowhard consituye la única colaboración de ambos directores, realizada al principio de sus carreras, y en más de un aspecto, claro producto de su tiempo.

Esa dependencia de un momento histórico preciso no debe tomarse en sentido derogatorio, sino como una necesaria constatación. Blowhard pertenece a una época, la década de los sesenta del siglo XX y sus consecuencias, durante la que la civilización occidental se replanteó sus fundamentos ideológicos. La conclusión de esa búsqueda interior ya la sabemos, vivimos en ella desde hace varias décadas, y se tradujo en una victoria sin paliativos de la derecha que poco a poco fue reconquistando las parcelas perdidas durante las décadas anteriores en su combate con la izquierda europea, ya fuera marxista o socialdemócrata.

Por ello, como corto realizado en los años setenta, Blowhard se caracteriza por realizar una crítica de los fundamentos del sistema capitalista. Mediante los medios del humor, eso sí, e incluso con un enfoque que podía parecer un tanto leve e intrascendente en su época pero no en la nuestra, donde la más leve sospecha de apartarse de los dogmas del neoliberalismo imperante puede llevar al linchamiento público por parte de los voceros de la ortodoxia. Brevemente, el mensaje de Blowhard, por utilizar la fraseología de aquellos tiempos, es de orden ecologista, mostrando como la explotación sin medida de un recurso natural no renovable - los dragones cuyo fuego permite el despegue tecnológico de la ciudad de Blowhard -  conducen a un efímero bienestar social, pero se resuelven en la pérdida de esos mismos beneficios, una vez agotados sin posibilidad de recambio.

La ingenuidad del corto - repito, para su tiempo - se halla en que al final, tras la crisis ecónomica que sigue a la casi extinción de los dragones, sí surge una posibilidad de recambio que permite a esa sociedad, quieras que no, seguir su camino. Sin embargo, lo que pudiera parecer una claudicación en esos tiempos de exasperación política, toma rasgos de cruel ironía cuando se mira el corto desde una sociedad como la nuestra, donde el conformismo y la moderación mal entendida permiten precisamente que se llegue a los absurdos que muestra el corto. Sin sentidos debidos a que el camino de progreso iniciado por el avispado industrial que descubre el potencial energético de los dragones de Blowhard no necesitaba de ellos en absoluto. Siempre había existido otro recurso natural inextinguible, el viento cuyo soplo constante da nombre a la ciudad, que siempre había estado allí, sin descubrir ni utilizar, ni siquiera por quienes se suponen tienen ojo avizor para los negocios, pero sólo saben aplicar siempre las mismas soluciones en todos los lugares, sin preguntarse si tienen validez o no.

La ironía del corto, a pesar de su aparente levedad e intrascendencia, se torna así sangrante. Sólo empezaremos a utilizar esas otras soluciones cuando las habituales se muestren imposibles de seguir usando. Mensaje positivo, cierto, de continuidad y permanencia de nuestra sociedad a pesar de las catástrofes, pero al mismo tiempo profundamente pesimista, porque en el camino de prueba y error, habremos destruido nuestro mundo, eliminado sus tesoros de forma irremediable.

No les entretengo más. Como siempre, aquí les pego el corto. No es una obra maestra, pero sigue siendo interesante, a pesar del tiempo transcurrido.