lunes, 19 de mayo de 2014

Bombing Civilians (II)

To prevent effective firefighting the incendiary load had to contain  not only regular incendiaries but also the delayed-action explosive incendiary, capable of maiming or killing enemy civil defence workers and deterring them from action. These devices were deliberately times to detonate at regular intervals, some after three minutes, a small proportion only after ten. In late 1942 a small anti-personnel high-explosive bomb with a trigger fuse was developed, which could be activated by any object, even a jet of water, and would kill those immediately around it without warning. It was suggested that a high proportion of delayed-action bombs should be used in 'incendiary attacks on virgin towns' to create a powerful deterrent effect on the enemy emergency services.

Richard Overy, The Bombing War, Europe 1939-1945

Hablaba en la entrada anterior de como Overy señala en su obra la extraña reticiencia de Hitler a bombardear civiles sólo porque sí. No es que Hitler rechazase bombardear civiles - los casos de Varsovia, Rotterdam, Londres, Coventry, Belgrado, Leningrado y Stalingrado, así lo demuestran - sino que prefería pensar que había una necesidad militar mayor que lo justificaba, bien la eliminación de la capacidad industrial/comercial del adversario - Londres -, bien la inclusión de la aglomeración urbana en el frente de operaciones militares - Varsovia, Rotterdam o Stalingrado -. El bombardear civiles por bombardear civiles fue asumido como tal muy tardíamente en la guerra, en 1942 con las acciones Baedeker sobre Inglaterra y en 1944 con las V1 y V2, justificadas como represalia contra las acciones de bombardeo aliadas.

Como pueden suponer, lo anterior no es un intento por "exculpar" a Hitler, de quien es conocido el poco valor que concedía a las razas inferiores a la aria, bien consignadas al exterminio, bien a la esclavitud si eran afortunadas, o el destino que reservaba a los miembros de la comunidad nacional alemana que fallaban a los ideales raciales del movimiento, número cada vez mayor a medida que la guerra se perdía. No. Lo que intento es poner en contexto el hecho más polémico de la acción militar aliada, la campaña de bombardeo estratégico contra Alemania primero y Japón después. Esos ataques contra los centros urbanos de las ciudades provocaron una destrucción sin precedentes hasta entonces, arrasando algunas aglomeraciones urbanas casi completamente, y causaron, según las cifras mínima de Overy, casi 400.000 muertes civiles sólo en Alemania.

El problema está en decidir si esas acciones militares consitituyeron o no crímenes de guerra por los cuales los aliados y sus jefes militares debieran considerarse responsables. El límite que separa los daños colaterales de la acción deliberada es muy estrecho, en un sentido y otro, pero los propios aliados, al enjuiciar los crímenes nazis, sintieron que sus acciones de bombardeo tenían poca justificación, lo que les llevó a evitar añadir este cargo a los muchos de la acusación contra los jerarcas nazis, sabiendo que a la defensa le bastaría alegar "usos admitidos" para exonerar a sus clientes de esa acusación.

En lo que a mí respecta, durante mucho tiempo me he resistido a considerarlos como crímenes de guerra, intentado exculparlos como una consecuencia de la exasperación y la crueldad del conflicto, que llegó a contagiarse a la cúpula militar aliada. Sin embargo, tras la lectura del libro reciente de Overy, tengo que admitir que sí, que fueron crímenes de guerra en toda regla, ya que en ellos existió la componente de premeditación.

Normalmente, los bombardeos aliados contra la población urbana, primero a cargo de la RAF, luego de la propia USAAF, han intentado justificarse como una progresión en la que una pequeña acción llevaba a la otra, de forma que lo impensable y repulsivo al principio de la guerra, la matanza de civiles, se convirtió en un acto normal y natural al final. Un resultado trágico al que ayudó el poner a un auténtico psicópata como Arthur Harris al frente del Bomber Command británico, ya que este mando aliado sólo concebía la victoria en la guerra mediante la eliminación previa de los alemanes, rechazando cualquier otro medio de guerra, incluso los que, como veremos, se revelaron realmente efectivos.

Esta tesis de la deriva inevitable justificaba los bombardeos sobre Alemania como una respuesta al Blitz alemán contra Inglaterra en 1940-1941, que llevó a la RAF y al Bomber Command a replicar los métodos germanos. Aún así, esta campaña fue primero diseñada como bombardeos nocturnos de precisión contra la industria alemana, intentando dejarla fuera de combate. Ésta era una  misión imposible para los medios técnicos de entonces, confirmada por datos estadísticos por los que apenas un 10 por ciento de las bombas llegaba a caer en un radio de 8 kilómetros del objetivo, lo que llevó desgraciadamente a comenzar las operaciones de bombardeo zonal (area bombing) en 1942, con las consecuencias ya conocidas.

El problema con esta tesis es que las fechas y las acciones no cuadran. Como bien señala Overy, la decisión de atacar las instalaciones industriales alemanas no es en respuesta al Blitz, sino mucho anterior, y se remonta a la ofensiva alemana en Occidente del 10 de mayo de 1940. En ese momento, el gobierno británico, ahora dirigido por Churchil decidió levantar las restricciones al bombardeo añereo, aceptando como inevitables las bajas civiles que pudieran producirse por esos ataques. Peor aún, cuando se desencadena la batalla de Inglaterra y el frente de batalla aereo se traslada al sur de este país, el gobierno decide que la única forma de contraatacar con efectividad es precisamente el ataque indiscriminado nocturno contra las ciudades, directriz adoptada antes de que se produzcan los bombardeos alemanes contra Londres.

Durante los dos años siguientes, la debilidad del Bomber Command y la imprecisión de los bombardeos nocturnos apenas producen bajas  ni resultados apreciables, de manera que la ofensiva británica no pasa de ser una molestia para el estado nazi. Es cuando llega Harris y se produce la transición a los ataques masivos contra zonas urbanas, inaugurado con los bombardeos contra Lübeck, Rostock y Colonia del 42, cuando la campaña aerea se convierte en un auténtico tercer frente y la cifra de víctimas humanas comienza a crecer, hasta alcanzar los records de Hamburgo, 40.000 en tres noches, y Dresde, 30.000 en una sola. No obstante, y en contra que de la propaganda aliada de ese tiempo, hay que subrayar que no se trata de víctimas colaterales. La política de Harris, aprovada por el gobierno británico, era la de de destruir la economía alemana, exterminando a los trabajadores que la mantenían a flote mediante la destrucción de los centros urbanos en los que habitaban.

Puede parecer una política exagerada, cruel fuera de toda medida, casi increíble pero como prueba basta recordar que en estas acciones en las que se destruían los centros urbanos, las zonas industriales quedaban repetidamente intactas. Añádase a eso el refinamiento diabólico que he ilustrado con el texto citado arriba, en el que las bombas incendiarias se diseñan para exterminar a los equipos de bomberos de las ciudades una vez finalizado el bombardeo, y se tendrá una idea del estado de locura de la mente de Harris, en realidad común a toda la cúpula política y militar aliada. Para mayor Inri, las acciones de Harris, aparte de causar un inmenso dolor humano y destruir incontables tesoros culturales, no sirvieron para nada, ya que la economía alemana multiplicó su producción militar incluso cuando ya no quedaban casi ciudades que arrasar.

Como indica Overy, para lo único que sirvió la campaña de bombardeo estratégico de Harris fue para detraer recursos de otros frentes militares. La campaña fue un auténtico tercer frente que obligo a mantener en Alemania a cientos de miles de soldados de las unidades antiaereas y a construir una fuerza de caza inmensa, mientras se dejaban de lado las unidades de bombardeo y se disminuía así el poder ofensivo de la Wehrmacht. Aún así, los logros fueron pocos, ya que el potencial industrial y militar de Alemania seguía siendo enorme y la campaña de bombardeo, aparte de constituir un derroche de recursos aliados, estuvo a punto de saldarse con una derrota en el invierno de 1943-1944.

De hecho, sólo empezaron a cosecharse resultados, cuando la USAAF, a principios del 44, decidió racionalizar su estrategia, basándola en tres objetivos principales. Primero, destruir la Luftwaffe, utilizando los bombarderos como cebo e introduciendo cazas de largo radio de acción para mantenerlos siempre protegidos. Segundo, atacando las instalaciones de producción y refino de combustible alemanas de forma repetida, de manera que la Luftwaffe  y la Wehrmacht se vieran oblidaga a ralentizar sus operaciones por falta de gasolina. Tercero, atacando las vías de comunicación alemanas de manera que los suministros y las materias primas no pudieran llegar a los ejércitos y a las industrias alemanas.

Sólo así se dieron las condiciones para que una victoria de las armas aliadas fuera posible, un avance que a su vez contribuyó a facilitar las acciones aereas aliadas. Desgraciadamente, para cuando la campaña aérea empezó a dar resultados apreciables en la primavera de 1944, el coste humano era ya inconmensurable, mientras que el tamaño desmedido de ambas flotas de bombardeo les llevaba a persistir en las tácticas habituales, simplemente porque algo había que hacer con ellas, aunque eso fuera incinerar ciudades inocentes.

The concentration of aproximately 1,200 tons of incendiaries on an area of two square miles created numerous major fires that soon merged together into a roaring inferno. Water shortages caused by the early raid hampered firefighting. Many emergency workers and vehicles were further west in the city (Hamburg) still coping with the aftermath of the first fires where the civil defence room had been destroyed. Efforts to stem the fires proved useless. What followed, in the words of Hamburg's police president was a 'hurricane of fire.. against which all human resistance seemed vain'. The illusion of a hurricane was caused by the scale and intense heat of the conflagration which caused fire winds that drove the flames across natural firebreaks, The inferno created a pillar of hot air and debris that rose quickly to height of more than two miles above the city. Greedy for more oxygen, the fire drive in cold air from the surrounding area with such force that the new winds reached hurricane-force strength in the area of the fire, collapsing buildings, uprooting trees and sucking human bodies into the flames where the were swiftly incinerated or mummified. Acting like giant bellows, the winds created temperatures in excess of 800ºC that destroyed everything combustibles barring brick and stone. Oxygen was sucked out of the thousands of basements and cellar shelters, leaving their inhabitants to die slowly of carbon monoxide poisoning. An estimated 18,474 people died during the night. An area of more than 12 square miles was burnt out.